Entrevista sobre la novela histórica al autor de "The historical novel".
ENTREVISTA CON JEROME DE GROOT
ANDRÉS LOMEÑA: En El arte de la ficción, David Lodge escribió un capítulo sobre el género “faction” [ficción de hechos: “facts” y “fiction”]. ¿Cuáles son las diferencias entre esos dos géneros gemelos, a saber, la novela histórica y la ficción basada en hechos reales? Este tipo de narrativa se practica, al menos, desde Diario del año de la peste de Daniel Defoe.
JEROME DE GROOT: El “faction” es un gran género y las novelas contrafácticas son también un subgénero interesante. La novela histórica tiene algunas similitudes, pero debe ser más sutil y ambigua; además, la mayoría de novelas históricas incluyen algunos guiños hacia la “realidad”, como una nota del autor o una referencia bibliográfica. Cada autor tiene un modo de acercarse a su labor historiográfica: vemos las decisiones éticas a las que se enfrentan todas las narraciones históricas en el “vacío” que surge entre la realidad y su representación.
¿Está bien escribir sobre gente “real” e inventar cosas? ¿Cómo conciliamos una ficción con nuestro entendimiento de que obviamente tal o cual acontecimiento no es verdadero? Esto también permite que la novela histórica se entienda como un género sobre la naturaleza de la verdad, la autenticidad y la representación; he discutido sobre estos temas para dejar claro que toda narración del pasado es parcial y sesgada.
A.L.: Es casi imposible encontrar una traducción española de Waverley, de Walter Scott. Sin embargo, creo que Ivanhoe, del mismo autor, conserva su popularidad en España. ¿Tiene alguna explicación para la recepción irregular de este autor? Esto es lo que Stephen Greenblatt llamaría un caso de “movilidad cultural”.
J.G.: No, no creo que la tenga. La influencia de Scott fue inmensa durante el siglo XIX, así que tiene que haber alguna forma de seguir la tradición de la novela histórica en España. Por otra parte, las arbitrariedades de por qué los libros se traducen o no son muy complejas dentro del ámbito de la edición contemporánea. Una pregunta más interesante para mí sería qué tipo de “traducción” emprende el autor cuando escribe el pasado, o también cómo es el extrañamiento inherente de leer novelas sobre “otros” pasados (por ejemplo, la historia de determinadas naciones extranjeras). En pocas palabras: ¿cómo me relaciono con la historia española a través de la ficción?
A.L.: La ucronía o historia alternativa se ha hecho cada vez más popular, gracias en parte a las obras de Philip K. Dick o Harry Turtledove, entre otros. El ensayo de Niall Ferguson Historia virtual y el libro de Karen Hellekson The alternate history: figuring historical time refuerzan esta tendencia. ¿Qué problemas tiene la historia alternativa como subgénero?
J.G.: En cierto modo, toda historia es una historia alternativa. Eso es lo que dijo Michel de Certeau sobre la “ficción versus historia”: la escritura permite especular sobre lo “posible”, así que la ficción llegaría a ser, en última instancia, una práctica más sincera. Las historias contrafácticas son muy útiles para meditar acerca de cómo funciona la historia (y cómo se narra el pasado), como hizo Philip Roth en La conjura contra América o Robert Harris en Patria. No obstante, muchas novelas contrafácticas tienden a usar visiones demasiado estáticas del proceso histórico, por lo que son bastante controvertidas como herramienta histórica (también suelen ignorar el desarrollo económico y social como conductores del cambio histórico, centrándose en su lugar en las acciones de un grupo muy restringido de personas).
A.L.: Un capítulo de su libro trata sobre las novelas bélicas. No he podido dejar de acordarme del artículo El matadero de la literatura, de Franco Moretti. Según él, nuestro canon literario debe de ser el 0,5 por ciento de todo lo que una vez se publicó. Habrá que replantearse la investigación de la historia literaria. ¿Echa en falta algún otro subgénero?
J.G.: Hay cientos de novelas perdidas, sobre todo en el siglo XIX, algo que quisiera rectificar, pero como ha dicho Moretti, nunca tendríamos tiempo para leerlas todas. Quizás podríamos usar el análisis de sistemas o la teoría de redes para analizarlas. De todos modos, disfruto de la novela histórica porque me permite escribir sobre cualquier periodo histórico (y a menudo sobre geografía). Hay muchos otros subgéneros prácticamente perdidos, como los libros infantiles.
A.L.: La novela histórica es un género literario que también destaca por sus ventas. Incluso parece que hoy novela histórica y best seller van de la mano. ¿Por qué?
J.G.: En la actualidad, la escritura histórica en inglés está en boga, aunque alguien puede decir que esto es sólo una moda literaria. Se ha recuperado la novela histórica como género; los escritores ilustres solían rehuir de ella, pero esas tendencias suelen ser cíclicas. La novela histórica es ahora una herramienta genuina para el entendimiento del pasado, como se ha demostrado tras el aumento de la atención académica prestada al género (la de los historiadores no ha sido menor). También se da el caso de que se publican cientos de novelas históricas al año (yo escribo críticas de muchas de ellas para History Today) y algunas simplemente están por debajo del “radar académico”, pero tienen un gran alcance y buenas ventas.
A.L.: Lukács fue el primer estudioso de la novela histórica y hasta el momento no tiene continuadores, con la excepción de usted.
J.G.: Creo que deberíamos mirar a ambos lados: a los que escriben sobre la representación histórica y a la historia de forma más general. Lukács sigue siendo magnífico, pero era muy limitado en sus análisis. En cualquier caso, él se acercó al género para comprender la historia (y nuestra experiencia sobre ella), más que estudiar la forma literaria, y me arriesgaría a decir que eso es lo que necesitamos hacer. Un gran exponente de esto es Robert Rosenstone, cuyo History on Film/ Film on History es excelente.
A.L.: Gracias por ilustrarnos sobre “las ficciones del pasado”.
J.G.: Me gusta debatir sobre cómo varía nuestra comprensión del pasado en función de nuestras culturas.
Andrés Lomeña
17 de junio de 2013
lunes, 17 de junio de 2013
miércoles, 5 de junio de 2013
ENTREVISTA DE DOUGLAS RUSHKOFF
"Digifrenia", "fractalnoia" y otros efectos nocivos de los mass media.
ENTREVISTA CON DOUGLAS RUSHKOFF
ANDRÉS LOMEÑA: Ha recibido, entre muchos otros, los premios Marshall McLuhan y Neil Postman. Siento cierta vergüenza porque mis profesores de periodismo nunca me hablaron de su obra cuando yo era estudiante. ¿Se siente como la última gran figura de la “ecología de los medios” y de la escuela de Toronto?
DOUGLAS RUHKOFF: No mucho. Los ecologistas de los medios son muy tardíos. Para ser exactos, ellos dieron conmigo después de que yo publicara mi libro Media Virus. Me preguntaron por McLuchan y cuánta influencia había tenido en mi obra. Tuve que admitir que no le había leído. Entonces empecé a ser invitado a los comités. Yo era el optimista digital, mientras que Neil Postman era el pesimista digital. Así llegamos a ser amigos.
Tus profesores no te hablaron de mí porque en realidad yo no era uno de ellos. Hice teatro en la universidad. No obtuve mi doctorado hasta el pasado verano y lo hice por pura diversión. No soy un académico, así que la mayoría de los académicos ven mi obra como algo poco riguroso, pero tiene la rigurosidad de la conexión real con el mundo, los medios de comunicación y la cultura. Eso se acerca mucho al modo de trabajo de McLuhan: escribe primero, pon las notas al pie a continuación. Así que en ese sentido soy un continuador.
A.L.: ¿Qué piensa de Clay Shirky, Chris Anderson y otros pensadores “tecnoutópicos”? ¿Qué me dice de Nicholas Carr y Mark Bauerlein, o de cualquiera que cree que nuestros cerebros están sufriendo ciertos cambios como consecuencia de las nuevas tecnologías?
D.R.: Me gustan Clay, Chris, Nicholas y Mark. Pienso que se les ve como pro o antitecnología, lo cual es una trampa. No sé hasta qué punto son ellos los responsables o en qué medida es la forma en que a los periodistas les gusta cubrir las cosas... siempre polarizadas. Si escribes artículos donde dices cosas como “Google nos hace tontos”, vas a ser visto como un opositor a la tecnología. Prefiero no criticar tanto las tecnologías como la forma en que las usamos. No me saca de quicio la bandeja de entrada de mi correo electrónico; me sacan de mis casillas las personas al otro lado de esos emails porque esperan que responda inmediatamente, como si ellos me estuvieran llamando al teléfono.
A.L.: No quiero perder la oportunidad de preguntarle por Morozov. El grupo de sociología al que pertenezco suele debatir acaloradamente sobre él.
D.R.: Mi opinión sobre él cambió cuando me vi en el lado equivocado en una de sus críticas. Me da la sensación de que está un poco desesperado por recibir atención e intenta captarla atacando a las personas. Sé cómo funciona esto y estoy seguro de que yo lo hice en el pasado. Solía escribir artículos explicando que un ciberexperto era mala persona por aquello en lo que creía... Eso es lo que en Internet se conoce como un “troll”. Consigues atención atacando a cualquiera que sea popular. El caso de Morozov es una vergüenza porque creo que es una de las personas más brillantes a la hora de reflexionar sobre las relaciones entre la red, la democracia y la acción social. Es muy difícil (básicamente imposible) enfrentarse a él.
A.L.: ¿Es El shock del presente su obra maestra? Supongo que es una especie de homenaje crítico a El shock del futuro de Alvin Toffler.
D.R.: Sí, es mi magnum opus. Al menos es lo mejor de lo que soy capaz. Creo que siempre será considerado mi mejor libro (no quiero decir que no vaya a escribir otros, pero éste dice probablemente todo cuanto tenía que decir). No es tanto una crítica o un elogio a El shock del futuro como su sucesor. El futuro fue hace diez minutos. Estamos en una fase diferente, con un desafío temporal distinto. Estamos viviendo de muchas maneras dentro del futuro que Toffler describió. No es algo que se aproxime a nosotros, es algo en lo que estamos inmersos. Y eso es muy distinto. Además, ya no estamos volcados hacia el futuro. Estamos aquí, en el presente. No hay futuro. Sólo existe el ahora. Eso es diferente.
A.L.: En El shock del presente ha descrito cinco importantes efectos narcóticos de los medios de masas: el colapso narrativo, la “digifrenia”, el pasarse de rosca [overwinding], la “fractalnoia” y el apocalipsis. Siempre cabe preguntar: ¿Qué deberíamos hacer? ¿Abrazar el movimiento a favor de la lentitud?
D.R.: Desacelerar es una buena estrategia. Es una gran idea para imponerse un ritmo en el mundo, pero no es apropiado en todas las circunstancias. A veces quieres hacer las cosas deprisa. Una pregunta más importante es cómo permitir que tu propio sentido del tiempo dicte las cosas, antes de que un reloj dicte todo lo que haces. Hay que conectarse al ritmo natural de las personas, e incluso al día y a la noche, o a la luna, más que a los números de algún reloj. Hay muchos relojes dentro de la persona, muchos ritmos que ignoramos por nuestra cuenta y riesgo.
Esto es muy fácil. Mira al cielo ocasionalmente. Recuerda que el tiempo no es algo genérico. No te conformes con tus tecnologías; haz que tus tecnologías se acomoden a ti. Los humanos son lo que está en juego, no nuestros microprocesadores.
A.L.: ¿Alguna recomendación que no debamos pasar por alto?
D.R.: Honradamente, sugeriría hacer algo como yoga o taichí. Cualquier cosa que estimule un poco el acto de escuchar los ritmos internos de uno mismo. Pienso que aprender a programar (o, al menos, entender de verdad un dispositivo digital) es también una idea realmente buena. Hace que esas máquinas parezcan menos “sabelotodo”. También animaría a las personas a no estar siempre “en línea”. Aléjate de tus cacharros. No vivas en un estado de miedo permanente a sufrir “desconexiones”. No es divertido.
5 de junio de 2013
Andrés Lomeña
ENTREVISTA CON DOUGLAS RUSHKOFF
ANDRÉS LOMEÑA: Ha recibido, entre muchos otros, los premios Marshall McLuhan y Neil Postman. Siento cierta vergüenza porque mis profesores de periodismo nunca me hablaron de su obra cuando yo era estudiante. ¿Se siente como la última gran figura de la “ecología de los medios” y de la escuela de Toronto?
DOUGLAS RUHKOFF: No mucho. Los ecologistas de los medios son muy tardíos. Para ser exactos, ellos dieron conmigo después de que yo publicara mi libro Media Virus. Me preguntaron por McLuchan y cuánta influencia había tenido en mi obra. Tuve que admitir que no le había leído. Entonces empecé a ser invitado a los comités. Yo era el optimista digital, mientras que Neil Postman era el pesimista digital. Así llegamos a ser amigos.
Tus profesores no te hablaron de mí porque en realidad yo no era uno de ellos. Hice teatro en la universidad. No obtuve mi doctorado hasta el pasado verano y lo hice por pura diversión. No soy un académico, así que la mayoría de los académicos ven mi obra como algo poco riguroso, pero tiene la rigurosidad de la conexión real con el mundo, los medios de comunicación y la cultura. Eso se acerca mucho al modo de trabajo de McLuhan: escribe primero, pon las notas al pie a continuación. Así que en ese sentido soy un continuador.
A.L.: ¿Qué piensa de Clay Shirky, Chris Anderson y otros pensadores “tecnoutópicos”? ¿Qué me dice de Nicholas Carr y Mark Bauerlein, o de cualquiera que cree que nuestros cerebros están sufriendo ciertos cambios como consecuencia de las nuevas tecnologías?
D.R.: Me gustan Clay, Chris, Nicholas y Mark. Pienso que se les ve como pro o antitecnología, lo cual es una trampa. No sé hasta qué punto son ellos los responsables o en qué medida es la forma en que a los periodistas les gusta cubrir las cosas... siempre polarizadas. Si escribes artículos donde dices cosas como “Google nos hace tontos”, vas a ser visto como un opositor a la tecnología. Prefiero no criticar tanto las tecnologías como la forma en que las usamos. No me saca de quicio la bandeja de entrada de mi correo electrónico; me sacan de mis casillas las personas al otro lado de esos emails porque esperan que responda inmediatamente, como si ellos me estuvieran llamando al teléfono.
A.L.: No quiero perder la oportunidad de preguntarle por Morozov. El grupo de sociología al que pertenezco suele debatir acaloradamente sobre él.
D.R.: Mi opinión sobre él cambió cuando me vi en el lado equivocado en una de sus críticas. Me da la sensación de que está un poco desesperado por recibir atención e intenta captarla atacando a las personas. Sé cómo funciona esto y estoy seguro de que yo lo hice en el pasado. Solía escribir artículos explicando que un ciberexperto era mala persona por aquello en lo que creía... Eso es lo que en Internet se conoce como un “troll”. Consigues atención atacando a cualquiera que sea popular. El caso de Morozov es una vergüenza porque creo que es una de las personas más brillantes a la hora de reflexionar sobre las relaciones entre la red, la democracia y la acción social. Es muy difícil (básicamente imposible) enfrentarse a él.
A.L.: ¿Es El shock del presente su obra maestra? Supongo que es una especie de homenaje crítico a El shock del futuro de Alvin Toffler.
D.R.: Sí, es mi magnum opus. Al menos es lo mejor de lo que soy capaz. Creo que siempre será considerado mi mejor libro (no quiero decir que no vaya a escribir otros, pero éste dice probablemente todo cuanto tenía que decir). No es tanto una crítica o un elogio a El shock del futuro como su sucesor. El futuro fue hace diez minutos. Estamos en una fase diferente, con un desafío temporal distinto. Estamos viviendo de muchas maneras dentro del futuro que Toffler describió. No es algo que se aproxime a nosotros, es algo en lo que estamos inmersos. Y eso es muy distinto. Además, ya no estamos volcados hacia el futuro. Estamos aquí, en el presente. No hay futuro. Sólo existe el ahora. Eso es diferente.
A.L.: En El shock del presente ha descrito cinco importantes efectos narcóticos de los medios de masas: el colapso narrativo, la “digifrenia”, el pasarse de rosca [overwinding], la “fractalnoia” y el apocalipsis. Siempre cabe preguntar: ¿Qué deberíamos hacer? ¿Abrazar el movimiento a favor de la lentitud?
D.R.: Desacelerar es una buena estrategia. Es una gran idea para imponerse un ritmo en el mundo, pero no es apropiado en todas las circunstancias. A veces quieres hacer las cosas deprisa. Una pregunta más importante es cómo permitir que tu propio sentido del tiempo dicte las cosas, antes de que un reloj dicte todo lo que haces. Hay que conectarse al ritmo natural de las personas, e incluso al día y a la noche, o a la luna, más que a los números de algún reloj. Hay muchos relojes dentro de la persona, muchos ritmos que ignoramos por nuestra cuenta y riesgo.
Esto es muy fácil. Mira al cielo ocasionalmente. Recuerda que el tiempo no es algo genérico. No te conformes con tus tecnologías; haz que tus tecnologías se acomoden a ti. Los humanos son lo que está en juego, no nuestros microprocesadores.
A.L.: ¿Alguna recomendación que no debamos pasar por alto?
D.R.: Honradamente, sugeriría hacer algo como yoga o taichí. Cualquier cosa que estimule un poco el acto de escuchar los ritmos internos de uno mismo. Pienso que aprender a programar (o, al menos, entender de verdad un dispositivo digital) es también una idea realmente buena. Hace que esas máquinas parezcan menos “sabelotodo”. También animaría a las personas a no estar siempre “en línea”. Aléjate de tus cacharros. No vivas en un estado de miedo permanente a sufrir “desconexiones”. No es divertido.
5 de junio de 2013
Andrés Lomeña
sábado, 1 de junio de 2013
ENTREVISTA CON BOB BLACK, AUTOR DE "LA ABOLICIÓN DEL TRABAJO".
ENTREVISTA A BOB BLACK
ANDRÉS LOMEÑA: En 2013, una editorial española ha publicado su manifiesto La abolición del trabajo. En ese texto critica al marxismo y al capitalismo porque ambos creen en el mito de la producción. Usted proponía, nada más y nada menos, “no trabajar”. Un amigo mío le critica sin haber leído su obra porque, según él, es probable que usted tenga trabajo. Sería interesante que nos contara algún dato biográfico para hacernos una idea de la persona con la que tenemos el gusto de compartir esta conversación.
BOB BLACK: Si tuviera un empleo, mi crítica del trabajo sería más creíble, no menos. De ese modo, tendría alguna experiencia personal en lo que estoy criticando. La observación de tu amigo es irrelevante, un mecanismo de distracción que protege la institución laboral. La abolición del trabajo no es un manual sobre cómo salirse del sistema; no soy un “orientador vocacional” ni tampoco uno antilaboral. Escribí una crítica del trabajo, no una crítica de los trabajadores. No aconsejo a ningún individuo cómo desenvolverse en un mundo dominado por el trabajo. Critico el trabajo como una institución y también critico las ideologías que glorifican el trabajo o que lo ignoran, tanto si son calvinistas, marxistas o anarcosindicalistas. Eso es lo que quise decir cuando escribí: “Todas las ideologías son conservadores porque creen en el trabajo”.
A.L.: ¿Cómo se puede abolir el trabajo? Pienso en Lenin y en que la revolución será mundial o no será. La fuerza de los trabajadores vencerá a los “desempleados voluntarios” si éstos no tienen un alcance global. En todo caso, la pregunta que todos se hacen es: ¿Cómo vivirían las personas que no trabajan?
B.B.: Lo que estás preguntando realmente es: ¿Cómo hacer una revolución social? No dije mucho sobre eso en mi ensayo sobre la abolición. Cuando lo escribí, muchas personas discutían, al igual que Lenin, sobre “qué hay que hacer”. Casi nadie hablaba sobre qué hacer después del “qué hay que hacer”. El marxismo ridiculizó el socialismo “utópico” por especular sobre cómo deberíamos vivir después de la revolución. Luego, lo que ocurrió es que algunos marxistas dirigieron estados (algunos todavía lo hacen). Ya nadie puede afirmar de manera convincente que los estados marxista-leninistas estaban traicionando al marxismo porque, ¿dónde dice Marx que lo que estaban haciendo esos estados no fuera marxista? Ahora son los socialistas utópicos los que parecen realistas y los socialistas científicos parecen bobos que se engañan a sí mismos. La revolución es un arte, no una ciencia.
Creo que la propagación de la “retirada del trabajo” (la “huelga general”) es esencial para el derrocamiento de los estados y la parálisis del capitalismo. Fueron los mismos medios que derrocaron el comunismo de Europa del Este, aunque aquellas sólo eran revoluciones políticas. ¿Qué mejor forma de empezar la abolición del trabajo que el rechazo general al trabajo? Tal y como dije una vez, lo que nosotros queremos es una Huelga General que nunca acabe.
AL: Numerosos críticos sostienen que estos pensamientos son pura ciencia-ficción política, como en las novelas de Úrsula K. Le Guin. ¿Es utópico el postanarquismo?
B.B.: En primer lugar, no soy un “postanarquista”. A pesar de haber leído varios libros postanarquistas, no entiendo qué significa el postanarquismo. La culpa no es mía. Se supone que los postanarquistas describen algunas críticas del llamado anarquismo clásico, pero todas esas críticas se han hecho (yo, sin ir más lejos, he hecho la mayoría de las mismas) antes de que hubiera profesores universitarios que se hacían llamar a sí mismos postanarquistas. El postanarquismo es posiblemente un fenómeno exclusivo de los campus universitarios. El “postanarquismo” es, en el mejor de los casos, el anarquismo postizquierdista expresado, no muy bien, en jerga postmoderna. Y a menudo, no es ese el caso.
En cuanto a Úrsula K. Le Guin, La mano izquierda de la oscuridad es el único libro que he leído de esta autora porque es explícitamente anarquista... y lo leí hace cuarenta años. ¡Ese libro es tan viejo que no puede ser postanarquista! Como explicación de una sociedad anarquista, “Anarres” era, para mí, decepcionante... y yo no era anarquista aún. Su descripción de un mundo anarquista era una sociedad de trabajos duros y un bajo (y ascético) nivel de vida; había comunidades que eran como monasterios medievales, pero sin abades. Se escribió en la misma época en la que ciertos antropólogos (el padre de Le Guin era un famoso antropólogo) como Marshall Sahlins (en La sociedad opulenta primitiva) mostraban que en la mayoría de sociedades de cazadores-recolectores, que eran anarquistas, había mucho menos trabajo, y que éste era más diverso y estimulante que en cualquier momento histórico posterior de sociedades más complejas. Eran ricos, en el sentido de una vida rica, sin mercancías.
Le Guin no es, para mí, lo suficientemente utópica.
AL: ¿Apoyaría una Renta Básica Universal? Phillipe Van Parijs piensa que esta propuesta es una solución ética y una vía comunista al capitalismo.
B.B.: El ingreso garantizado es una idea verdaderamente conservadora, lo cual no equivale a decir que sea una mala idea. En Estados Unidos, la idea fue promovida por el economista conservador Milton Friedman en los años sesenta. Fue aceptada por la administración republicana del presidente Richard Nixon y se propuso en el Congreso. Una de las justificaciones era eliminar todos esos programas burocráticos caritativos para la gente pobre, lo cual ahorraría muchos gastos generales administrativos y solamente se le daría a las personas un mínimo con el que empezar. En realidad, sería más barato que los actuales programas. En la versión de Friedman, esto se iba a implementar a través del sistema impositivo federal como un “impuesto negativo” para personas que fueran demasiado pobres para pagar sus impuestos. Pero esto no se aprobó. Los capitalistas destacan por sus errores a la hora de comprender y mantener sus propios intereses liberales a largo plazo. Ésta es una de las pocas razones para la esperanza.
Mi actitud como anarquista (como mi propio modo de anarquista) es que no tengo problemas con nadie que consiga dinero fuera del estado, siempre y cuando no devuelva al estado nada, donde incluyo la gratitud. Una vez escribí: “¿Por qué no morder la mano que te da de comer? El sabor es excelente”. Así que respondiendo a tu pregunta: no, no “apoyo” el ingreso garantizado, pero cobraría los cheques.
A.L.: El anarquista Hakim Bey cree que el poder revolucionario del ciberespacio está muerto desde hace tiempo. ¿Dónde reside la fuerza para el cambio social ahora?
B.B.: Hakim Bey tiene una larga trayectoria abrazando novedades del presente como otro avance cualitativo hacia un futuro libre. Se entusiasmó con la afinidad entre su “anarquismo ontológico” y la “teoría del caos”, que era un tema candente para los físicos de la época. Estoy seguro de que él no entendía mejor que yo la teoría del caos, lo que equivale a decir que no entendía nada. Le gustaba la sonoridad de la expresión “teoría del caos”. Después de eso, el idealismo tomó el mando. Ni los anarquistas ontológicos ni los físicos del caos se prestan atención. Pocos anarquistas y ningún físico lo hizo en su momento.
Es lo mismo con el entusiasmo inicial de Bey por el ciberespacio. El ciberespacio no es, después de todo, la frontera final. El concepto de “frontera”, no en el sentido inglés de borde, sino en el sentido norteamericano de lugares que están temporalmente más allá, fuera de la sociedad convencional y de la autoridad, anticipan la supresión de los espacios autónomos por la sociedad urbana. La sociedad de la frontera es una sociedad temporal. No son las zonas temporales autónomas de Bey con el empuje gravitacional de la sociedad y donde la mayoría de los hombres de frontera esperan volver a ingresar. No es imposible ser controlado, mercantilizado o censurado en el ciberespacio. No puede ser imposible porque ya ha ocurrido de las peores maneras. Cualquier cosa real tiene que ser posible.
¿De dónde surgirá la energía para el cambio social? Yo he aprendido el ejemplo de Hakim Bey, así que no voy a seguirle. Como uno de mis profesores de derecho me enseñó a decir cuando fuera interrogado: “Todo lo que estoy diciendo es que no estoy diciendo nada”.
A.L.: ¿Qué podemos esperar de las ONG? Parece que algunas sólo trabajan para mantener sus puestos de trabajo.
B.B.: No espero nada de las organizaciones “no gubernamentales”, más que nada porque operan en un campo social capitalista y estatal y no podría hacerse de otro modo. En todas las organizaciones burocráticas, el objetivo primordial es la perpetuación. Esto no es una insana polémica anarquista, es lo que lees en la aburrida literatura sociológica sobre organizaciones. Algunas veces, la única forma de funcionar fuera del mercado como una organización no gubernamental es siendo una organización gubernamental, como hizo la organización sionista en Palestina y más recientemente la organización nacionalista árabe, también en Palestina. No se suele pensar en los jemeres rojos o en los sandinistas como una organización, pero ¿por qué no? ETA es otro ejemplo: siempre hay entre bastidores un suplente esperando la oportunidad de entrar en el escenario.
Hay más formas comunes de organización sin ánimo de lucro para adquirir la inmortalidad. He aquí un ejemplo: en los años cincuenta Estados Unidos tenía algo llamado marzo de centavos [March of Dimes], que movilizó a los niños para ir puerta a puerta a pedir dinero para encontrar una cura contra la polio.
Esto era algo emotivo para todo el mundo porque veías a las víctimas lisiadas por la polio y la maravilla de esos niños ayudando a los más desafortunados. Luego llegó el desastre para el marzo caritativo. ¡El doctor Jonas Salk descubrió una vacuna para la polio! Como se cumplió este propósito, la organización se salió del negocio, ¿no? Craso error. Cambió su objetivo por los “defectos de nacimiento”, que eran de muchos tipos y que respondían a diversas causas. Siempre habrá algunos defectos de nacimiento con los que gastarse el dinero, después de la prioridad de los gastos administrativos y los gastos en relaciones públicas. Los medios justifican los fines.
Enviar dinero a OxFam o Amnistía Internacional te hará sentir menos culpable por tener tanto dinero que puedes permitirte repartir algo. Espero que ayude a las personas, pero no tienen la capacidad de cambiar el mundo.
AL: ¿Qué me dice del anarquismo y la cultura popular?
B.B.: La relación del anarquismo con la cultura popular en los últimos años (¡en los últimos cincuenta años!) es problemática del mismo modo en que lo fue en 1890. Los anarquistas de los años sesenta, en parte porque eran pocos, en parte porque estaban viejos y desanimados, fracasaron a la hora de ser fuertes dentro de la Nueva Izquierda e incluso dentro de la contracultura, la cual era “anarquista” (dicho por sus admiradores, pero especialmente por sus detractores), aunque no era distintivamente anarquista. En los años setenta, una nueva subcultura juvenil afloró: el punk. Todas las cosas terribles que esos jóvenes habían escuchado sobre la anarquía sólo les hacía estar más interesados en ella. La subcultura punk, incluso más que la subcultura hippie, se centró en la música. Algunas de las bandas, como sabemos (eso es parte de la leyenda), empezaron cantando a la anarquía y flirteando con los símbolos. Muchos de ellos sólo estaban siguiendo la tradición vanguardista (advertencia: ¡Estoy siendo irónico!) de conmocionar a la sociedad más respetable, ya fuera de forma sincera o por notoriedad. En cualquier caso, las ideas y las actitudes anarquistas hundieron sus raíces en la subcultura punk, que ha producido algunos anarquistas serios durante un largo periodo. Si el movimiento anarquista de hoy en día es pequeño, más pequeño aún era antes del punk.
Ésas son las buenas noticias. Las malas es que la identificación del punk con el anarquismo, aunque sólo es una contingencia histórica y expandió el ambiente anarquista, también lo encerró y lo constriñó. Las ideas anarquistas ya son difíciles de aceptar y de tomárselas en serio para la mayoría de la gente, aunque no son difíciles de comprender. Si los mensajeros de esas ideas son jóvenes, ruidosos, visten de forma grotesca, están tatuados de manera tribal y hablan como si tuvieran todas las respuestas, entonces levantan barreras culturales que se suman a las poderosas barreras ideológicas. Esto no es una crítica a quienes viven como les place, es una observación sobre las fortalezas y debilidades del anarquismo actual.
A.L.: ¿Qué opina, en pocas palabras, de Obama? Podría preguntarle por muchos otros personajes como Richard Stallman, David Graeber, Michael Moore o George Soros.
B.B.: Voy a rehusar la invitación de ofrecer “unas pocas palabras” sobre Barack Obama, Michael Moore, George Soros y otros. Podría hacer eso en televisión, pero no en papel. Sin embargo, puedo decir algo general sobre esas estrellas. Como observó Karl Kraus: “Hay muchísimo sobre lo que permanecer en silencio”.
A.L.: Muchísimas gracias. ¿Alguna pregunta importante que haya olvidado hacerle?
B.B.: No se me ocurre ninguna. ¡Enhorabuena por el trabajo bien hecho!
Andrés Lomeña
1 de junio de 2013
ANDRÉS LOMEÑA: En 2013, una editorial española ha publicado su manifiesto La abolición del trabajo. En ese texto critica al marxismo y al capitalismo porque ambos creen en el mito de la producción. Usted proponía, nada más y nada menos, “no trabajar”. Un amigo mío le critica sin haber leído su obra porque, según él, es probable que usted tenga trabajo. Sería interesante que nos contara algún dato biográfico para hacernos una idea de la persona con la que tenemos el gusto de compartir esta conversación.
BOB BLACK: Si tuviera un empleo, mi crítica del trabajo sería más creíble, no menos. De ese modo, tendría alguna experiencia personal en lo que estoy criticando. La observación de tu amigo es irrelevante, un mecanismo de distracción que protege la institución laboral. La abolición del trabajo no es un manual sobre cómo salirse del sistema; no soy un “orientador vocacional” ni tampoco uno antilaboral. Escribí una crítica del trabajo, no una crítica de los trabajadores. No aconsejo a ningún individuo cómo desenvolverse en un mundo dominado por el trabajo. Critico el trabajo como una institución y también critico las ideologías que glorifican el trabajo o que lo ignoran, tanto si son calvinistas, marxistas o anarcosindicalistas. Eso es lo que quise decir cuando escribí: “Todas las ideologías son conservadores porque creen en el trabajo”.
A.L.: ¿Cómo se puede abolir el trabajo? Pienso en Lenin y en que la revolución será mundial o no será. La fuerza de los trabajadores vencerá a los “desempleados voluntarios” si éstos no tienen un alcance global. En todo caso, la pregunta que todos se hacen es: ¿Cómo vivirían las personas que no trabajan?
B.B.: Lo que estás preguntando realmente es: ¿Cómo hacer una revolución social? No dije mucho sobre eso en mi ensayo sobre la abolición. Cuando lo escribí, muchas personas discutían, al igual que Lenin, sobre “qué hay que hacer”. Casi nadie hablaba sobre qué hacer después del “qué hay que hacer”. El marxismo ridiculizó el socialismo “utópico” por especular sobre cómo deberíamos vivir después de la revolución. Luego, lo que ocurrió es que algunos marxistas dirigieron estados (algunos todavía lo hacen). Ya nadie puede afirmar de manera convincente que los estados marxista-leninistas estaban traicionando al marxismo porque, ¿dónde dice Marx que lo que estaban haciendo esos estados no fuera marxista? Ahora son los socialistas utópicos los que parecen realistas y los socialistas científicos parecen bobos que se engañan a sí mismos. La revolución es un arte, no una ciencia.
Creo que la propagación de la “retirada del trabajo” (la “huelga general”) es esencial para el derrocamiento de los estados y la parálisis del capitalismo. Fueron los mismos medios que derrocaron el comunismo de Europa del Este, aunque aquellas sólo eran revoluciones políticas. ¿Qué mejor forma de empezar la abolición del trabajo que el rechazo general al trabajo? Tal y como dije una vez, lo que nosotros queremos es una Huelga General que nunca acabe.
AL: Numerosos críticos sostienen que estos pensamientos son pura ciencia-ficción política, como en las novelas de Úrsula K. Le Guin. ¿Es utópico el postanarquismo?
B.B.: En primer lugar, no soy un “postanarquista”. A pesar de haber leído varios libros postanarquistas, no entiendo qué significa el postanarquismo. La culpa no es mía. Se supone que los postanarquistas describen algunas críticas del llamado anarquismo clásico, pero todas esas críticas se han hecho (yo, sin ir más lejos, he hecho la mayoría de las mismas) antes de que hubiera profesores universitarios que se hacían llamar a sí mismos postanarquistas. El postanarquismo es posiblemente un fenómeno exclusivo de los campus universitarios. El “postanarquismo” es, en el mejor de los casos, el anarquismo postizquierdista expresado, no muy bien, en jerga postmoderna. Y a menudo, no es ese el caso.
En cuanto a Úrsula K. Le Guin, La mano izquierda de la oscuridad es el único libro que he leído de esta autora porque es explícitamente anarquista... y lo leí hace cuarenta años. ¡Ese libro es tan viejo que no puede ser postanarquista! Como explicación de una sociedad anarquista, “Anarres” era, para mí, decepcionante... y yo no era anarquista aún. Su descripción de un mundo anarquista era una sociedad de trabajos duros y un bajo (y ascético) nivel de vida; había comunidades que eran como monasterios medievales, pero sin abades. Se escribió en la misma época en la que ciertos antropólogos (el padre de Le Guin era un famoso antropólogo) como Marshall Sahlins (en La sociedad opulenta primitiva) mostraban que en la mayoría de sociedades de cazadores-recolectores, que eran anarquistas, había mucho menos trabajo, y que éste era más diverso y estimulante que en cualquier momento histórico posterior de sociedades más complejas. Eran ricos, en el sentido de una vida rica, sin mercancías.
Le Guin no es, para mí, lo suficientemente utópica.
AL: ¿Apoyaría una Renta Básica Universal? Phillipe Van Parijs piensa que esta propuesta es una solución ética y una vía comunista al capitalismo.
B.B.: El ingreso garantizado es una idea verdaderamente conservadora, lo cual no equivale a decir que sea una mala idea. En Estados Unidos, la idea fue promovida por el economista conservador Milton Friedman en los años sesenta. Fue aceptada por la administración republicana del presidente Richard Nixon y se propuso en el Congreso. Una de las justificaciones era eliminar todos esos programas burocráticos caritativos para la gente pobre, lo cual ahorraría muchos gastos generales administrativos y solamente se le daría a las personas un mínimo con el que empezar. En realidad, sería más barato que los actuales programas. En la versión de Friedman, esto se iba a implementar a través del sistema impositivo federal como un “impuesto negativo” para personas que fueran demasiado pobres para pagar sus impuestos. Pero esto no se aprobó. Los capitalistas destacan por sus errores a la hora de comprender y mantener sus propios intereses liberales a largo plazo. Ésta es una de las pocas razones para la esperanza.
Mi actitud como anarquista (como mi propio modo de anarquista) es que no tengo problemas con nadie que consiga dinero fuera del estado, siempre y cuando no devuelva al estado nada, donde incluyo la gratitud. Una vez escribí: “¿Por qué no morder la mano que te da de comer? El sabor es excelente”. Así que respondiendo a tu pregunta: no, no “apoyo” el ingreso garantizado, pero cobraría los cheques.
A.L.: El anarquista Hakim Bey cree que el poder revolucionario del ciberespacio está muerto desde hace tiempo. ¿Dónde reside la fuerza para el cambio social ahora?
B.B.: Hakim Bey tiene una larga trayectoria abrazando novedades del presente como otro avance cualitativo hacia un futuro libre. Se entusiasmó con la afinidad entre su “anarquismo ontológico” y la “teoría del caos”, que era un tema candente para los físicos de la época. Estoy seguro de que él no entendía mejor que yo la teoría del caos, lo que equivale a decir que no entendía nada. Le gustaba la sonoridad de la expresión “teoría del caos”. Después de eso, el idealismo tomó el mando. Ni los anarquistas ontológicos ni los físicos del caos se prestan atención. Pocos anarquistas y ningún físico lo hizo en su momento.
Es lo mismo con el entusiasmo inicial de Bey por el ciberespacio. El ciberespacio no es, después de todo, la frontera final. El concepto de “frontera”, no en el sentido inglés de borde, sino en el sentido norteamericano de lugares que están temporalmente más allá, fuera de la sociedad convencional y de la autoridad, anticipan la supresión de los espacios autónomos por la sociedad urbana. La sociedad de la frontera es una sociedad temporal. No son las zonas temporales autónomas de Bey con el empuje gravitacional de la sociedad y donde la mayoría de los hombres de frontera esperan volver a ingresar. No es imposible ser controlado, mercantilizado o censurado en el ciberespacio. No puede ser imposible porque ya ha ocurrido de las peores maneras. Cualquier cosa real tiene que ser posible.
¿De dónde surgirá la energía para el cambio social? Yo he aprendido el ejemplo de Hakim Bey, así que no voy a seguirle. Como uno de mis profesores de derecho me enseñó a decir cuando fuera interrogado: “Todo lo que estoy diciendo es que no estoy diciendo nada”.
A.L.: ¿Qué podemos esperar de las ONG? Parece que algunas sólo trabajan para mantener sus puestos de trabajo.
B.B.: No espero nada de las organizaciones “no gubernamentales”, más que nada porque operan en un campo social capitalista y estatal y no podría hacerse de otro modo. En todas las organizaciones burocráticas, el objetivo primordial es la perpetuación. Esto no es una insana polémica anarquista, es lo que lees en la aburrida literatura sociológica sobre organizaciones. Algunas veces, la única forma de funcionar fuera del mercado como una organización no gubernamental es siendo una organización gubernamental, como hizo la organización sionista en Palestina y más recientemente la organización nacionalista árabe, también en Palestina. No se suele pensar en los jemeres rojos o en los sandinistas como una organización, pero ¿por qué no? ETA es otro ejemplo: siempre hay entre bastidores un suplente esperando la oportunidad de entrar en el escenario.
Hay más formas comunes de organización sin ánimo de lucro para adquirir la inmortalidad. He aquí un ejemplo: en los años cincuenta Estados Unidos tenía algo llamado marzo de centavos [March of Dimes], que movilizó a los niños para ir puerta a puerta a pedir dinero para encontrar una cura contra la polio.
Esto era algo emotivo para todo el mundo porque veías a las víctimas lisiadas por la polio y la maravilla de esos niños ayudando a los más desafortunados. Luego llegó el desastre para el marzo caritativo. ¡El doctor Jonas Salk descubrió una vacuna para la polio! Como se cumplió este propósito, la organización se salió del negocio, ¿no? Craso error. Cambió su objetivo por los “defectos de nacimiento”, que eran de muchos tipos y que respondían a diversas causas. Siempre habrá algunos defectos de nacimiento con los que gastarse el dinero, después de la prioridad de los gastos administrativos y los gastos en relaciones públicas. Los medios justifican los fines.
Enviar dinero a OxFam o Amnistía Internacional te hará sentir menos culpable por tener tanto dinero que puedes permitirte repartir algo. Espero que ayude a las personas, pero no tienen la capacidad de cambiar el mundo.
AL: ¿Qué me dice del anarquismo y la cultura popular?
B.B.: La relación del anarquismo con la cultura popular en los últimos años (¡en los últimos cincuenta años!) es problemática del mismo modo en que lo fue en 1890. Los anarquistas de los años sesenta, en parte porque eran pocos, en parte porque estaban viejos y desanimados, fracasaron a la hora de ser fuertes dentro de la Nueva Izquierda e incluso dentro de la contracultura, la cual era “anarquista” (dicho por sus admiradores, pero especialmente por sus detractores), aunque no era distintivamente anarquista. En los años setenta, una nueva subcultura juvenil afloró: el punk. Todas las cosas terribles que esos jóvenes habían escuchado sobre la anarquía sólo les hacía estar más interesados en ella. La subcultura punk, incluso más que la subcultura hippie, se centró en la música. Algunas de las bandas, como sabemos (eso es parte de la leyenda), empezaron cantando a la anarquía y flirteando con los símbolos. Muchos de ellos sólo estaban siguiendo la tradición vanguardista (advertencia: ¡Estoy siendo irónico!) de conmocionar a la sociedad más respetable, ya fuera de forma sincera o por notoriedad. En cualquier caso, las ideas y las actitudes anarquistas hundieron sus raíces en la subcultura punk, que ha producido algunos anarquistas serios durante un largo periodo. Si el movimiento anarquista de hoy en día es pequeño, más pequeño aún era antes del punk.
Ésas son las buenas noticias. Las malas es que la identificación del punk con el anarquismo, aunque sólo es una contingencia histórica y expandió el ambiente anarquista, también lo encerró y lo constriñó. Las ideas anarquistas ya son difíciles de aceptar y de tomárselas en serio para la mayoría de la gente, aunque no son difíciles de comprender. Si los mensajeros de esas ideas son jóvenes, ruidosos, visten de forma grotesca, están tatuados de manera tribal y hablan como si tuvieran todas las respuestas, entonces levantan barreras culturales que se suman a las poderosas barreras ideológicas. Esto no es una crítica a quienes viven como les place, es una observación sobre las fortalezas y debilidades del anarquismo actual.
A.L.: ¿Qué opina, en pocas palabras, de Obama? Podría preguntarle por muchos otros personajes como Richard Stallman, David Graeber, Michael Moore o George Soros.
B.B.: Voy a rehusar la invitación de ofrecer “unas pocas palabras” sobre Barack Obama, Michael Moore, George Soros y otros. Podría hacer eso en televisión, pero no en papel. Sin embargo, puedo decir algo general sobre esas estrellas. Como observó Karl Kraus: “Hay muchísimo sobre lo que permanecer en silencio”.
A.L.: Muchísimas gracias. ¿Alguna pregunta importante que haya olvidado hacerle?
B.B.: No se me ocurre ninguna. ¡Enhorabuena por el trabajo bien hecho!
Andrés Lomeña
1 de junio de 2013
lunes, 27 de mayo de 2013
ENTREVISTA CON JONATHAN CULLER
Dos conversaciones antiguas que recupero. Están en orden cronológico.
Dos conversaciones antiguas que recupero. Las pongo en orden cronológico.
PREGUNTA: Muchos autores tienen una concepción de la teoría fuertemente retórica y autocomplaciente. En mi opinión, una de sus virtudes es su capacidad pedagógica. ¿Cuáles son los elementos esenciales que deberíamos aprender de la teoría literaria?
JONATHAN CULLER: Estoy contento de que hayas disfrutado con la lectura de mi trabajo. Lo que nosotros deberíamos aprender depende en gran medida de lo que "nosotros" somos y qué queremos llegar a ser. Es importante hacer hincapié en la "teoría", tal como la llamamos hoy por hoy, que es algo mucho más amplio que la teoría literaria e incluye muchos elementos de filosofía y teoría social, así que hay muchas trayectorias posibles aquí. Si entendemos la teoría literaria en su sentido más estricto, recomiendo "Breve introducción a la teoría literaria", que es mi obra más traducida y mejor vendida, donde intento hablar sobre los elementos más básicos en teoría literaria (Cuestiones como la naturaleza de la literatura, la distinción entre poética y hermenéutica, la naturaleza de la narrativa y sus elementos de análisis, las funciones de las figuras literarias, etcétera).
P: ¿Qué ocurrirá después de la corriente postestructuralista (Derrida, Barthes, Foucault, etcétera)?
J.C.: ¡Ya desearía yo saberlo! Desde luego, si pudiera presagiar el futuro, sería rico. En los estudios literarios y culturales, al menos en EEUU, nosotros tuvimos un periodo historicista, deudor del pensamiento de Foucault, y esto ha sido visto con frecuencia como el sucesor natural del postestructuralismo. Pienso que ahora estamos viendo un regreso hacia intereses estéticos, que durante un tiempo fueron vistos como un concepto feo (Elitista, que intenta escapar de la historia); los estudiantes están interesados en leer a Kant, Hegel y Derrida de nuevo, así que quizás tendremos algo así como un neo-postestructuralismo.
P: Baudrillard habla del arte como simulacro. Ya no hay trabajos innovadores, según él. Todo es demasiado explícito, el arte está disolviéndose... toda creación es algo reciclado, regurgitado, que siente lástima de sí mismo, donde ya no hay jerarquías de valor claras. El arte se convierte en idea, en ideología. ¿Cuál es su opinión sobre la muerte del arte?
J.C.: Pienso que cualquier trabajo desarrollado en el espacio del arte deviene en arte, incluso cuando se produce como un intento de reaccionar contra él. Uno de los problemas para los artistas de hoy es que muchos retos han sido intentados ya, así que es complicado innovar mediante el desafío, pero de una forma o de otra el nuevo arte aparecerá porque hay un espacio para ello en el sistema de la cultura contemporánea.
P: ¿Es la estética de la recepción, con Wolfgang Iser a la cabeza, una corriente en trance de extinción?
J.C.: Creo que la idea de la estética de la recepción ha sido asimilada dentro del pensamiento crítico contemporáneo, de modo que éste ha llegado a tener varias posibilidades. Nadie sostiene que el trabajo artístico sea sólo una cuestión de recepción. Las ideas de Iser fueron siempre bastante moderadas; habla de puntos de indeterminación (Unbestimmtheitsstellen), en los que hay un espacio para que los lectores concreticen ese vacío. Esta sensata idea es perfectamente válida en la actualidad, pero no parece suficiente como para llamarla "teoría".
P: ¿Qué intelectual prefieres, Gérard Genette, Paul Ricoeur or Harold Bloom?
J.C.: Gérard Genette. Él todavía es una figura central para el estudio de la narrativa. Solamente Monika Fludernik ha tenido un trabajo narratológico que rivaliza con el de él (Su libro "Towards a natural narratology" merece ser mucho más conocido). El trabajo filosófico de Ricoeur nunca me ha atraído demasiado. En cuanto a Bloom, tras su poderoso comienzo (La angustia de la influencia), ha publicado una serie de libros en los cuales él busca ser el árbitro de la cultura y celebrar la literatura en un idioma humanístico, lo que ha rebajado sus primeros trabajos. El joven Bloom todavía me resulta importante, pero prefiero a Genette entre las figuras intelectuales.
P: ¿Dónde está Tzvetan Todorov y otros pensadores? Los estructuralistas parecen desaparecidos. ¿Necesita el movimiento un nuevo reto?
J.C.: Todorov ha sido una figura muy importante en la institución francesa como cabeza del CNRS, pero esta importancia ha llegado con el abandono de los proyectos estructuralistas de su juventud. Creo que los estudios culturales deberían regresar a los proyectos inacabados del estructuralismo.
P: ¿Tienen los estudios culturales alguna posibilidad de hacer progresos en la actualidad? Se les ha criticado continuamente por su falta de metodología.
J.C.: Sí, los estudios culturales son el heredero no reconocido del estructuralismo y esto debería ser bien conocido por ambos para regresar a los programas metodológicos del estructuralismo, lo cual implica que la cultura consiste en un número de "lenguajes" cuyas gramáticas deberían ser estudiadas y descritas, solamente como intentos que hacen explícitas las convenciones que hacen posible la comunicación lingüística. Hay un capítulo sobre esto en mi nuevo libro, "The Literary in Theory".
P: ¿Cómo es la relación entre estructuralismo y deconstrucción?
J.C.: Es una pregunta difícil, pero creo que hay una sección en mi libro "Sobre la deconstrucción" en el que intento situar la deconstrucción dentro del estructuralismo, como una forma de entendimiento de las funciones del lenguaje. Otros, por supuesto, verían la deconstrucción de una forma muy distinta.
P: ¿Qué novela nos recomienda?
J.C.: Soy un gran aficionado de Elizabeth Bowen, quien me parece la mejor novelista británica del siglo veinte (más grande que Woolf, Lawrence, etc.). Su prosa no es fácil de apreciar, por eso sin percibir la extraña elegancia de sus oraciones sus novelas costumbristas parecen más bien limitadas, lo cual es seguramente el motivo de por qué ella no es más conocida, pero yo recomendaría "La muerte del corazón", para empezar.
P: Para terminar, díganos alguna de sus expectativas e ilusiones en la vida.
J.C.: Sueño con la paz mundial, pero eso no es muy interesante. Soy aficionado al helado de café. Por definición otros estarían mucho mejor situados para hablar de mis ilusiones que yo mismo. Éste es el principio de De Man en "Ceguera e iluminación".
CONVERSACIONES CON JONATHAN CULLER 2
1) Hay demasiadas “narratologías” o teorías de la narración. ¿Cuál prefiere, la de Stanzel, la de Bal o la de Genette, si es que prefiere alguna? David Herman habla de estas narratologías como clásicas, a la que se acusa de frías, antihistóricas y antihumanistas. ¿Podremos ver una reconciliación entre las diferentes propuestas?
Creo que Bal ha refinado a Genette, pero también es muy valiosa, a mi juicio, la narratología de Monika Fludernik. “Towards a Natural Narratology” incorpora las dimensiones cognitivas e históricas dentro del análisis narratológico. Desgraciadamente, este importante libro fue publicado en tapa dura a un precio de más de cien dólares, aunque ella se ha comprometido a publicar una introducción accesible esta primavera.
2) Me he interesado por la fenomenología de la lectura para comprender la variedad de interpretaciones de una obra. La lectura nunca es un hecho autónomo: siempre hay personas, análisis o instituciones que contribuyen o fuerzan el sentido de los textos. Sin embargo, esas comunidades interpretativas nunca son algo monolítico: hay batallas dentro y fuera de esos grupos. Así que pensé que debería seguir las transformaciones continuas de los significados, lo cual me acerca bastante al postestructuralismo y su creencia en los sentidos no estables de un texto. El sociólogo Bruno Latour diría que no hay explicaciones, sólo descripciones densas. En definitiva, debo confesar, como ya puede imaginar, que estoy atrapado en una jaula textualista y espero que pueda ayudarme.
Hay varios caminos para el significado que pueden ser asociados a las obras literarias, lo cual puede emplearse con distintos fines. Puedo aceptar la afirmación de Latour, que reescribiría así: la interpretación no es la explicación (aunque por supuesto busca explicar problemas particulares), pero pienso que la poética en principio trata de proveer explicaciones, al menos en el sentido de ofrecer modelos: qué posibilita que una obra tenga los significados que tiene para los lectores. La cuestión clave es si tomas los significados como un sentido que hay que rescatar (descubrir o inventar) o como un fenómeno que los lectores atestiguan y cuya experiencia se da y se explica.
3) ¿Qué opina de la semántica de los mundos posibles en la teoría literaria?
No he estado muy interesado en esta cuestión, en parte por su sesgo al entender que la obra literaria es siempre vista como representación de un mundo, lo cual es quizás adecuado para la mayoría de las novelas, pero no para toda la literatura.
4) Quizás estamos obsesionados, como los físicos, por una teoría unitaria o “teoría del todo”. ¿Habrá una gran convergencia en el futuro?
No sé si sucederá algo así. Probablemente se darán divergencias, ya que como dije hay muchos usos diferentes con los que emplear las obras literarias y muchas perspectivas diferentes desde las que pueden estudiarse. Al menos albergo la esperanza de que un revival de la poética pueda traer alguna convergencia desde una posición particular como la suya.
5) ¿Cree en eso que llaman “académicos sin escuela”?
No creo que la noción de “escuela” sea particularmente útil.
19/03/09
Andrés Lomeña
Dos conversaciones antiguas que recupero. Las pongo en orden cronológico.
PREGUNTA: Muchos autores tienen una concepción de la teoría fuertemente retórica y autocomplaciente. En mi opinión, una de sus virtudes es su capacidad pedagógica. ¿Cuáles son los elementos esenciales que deberíamos aprender de la teoría literaria?
JONATHAN CULLER: Estoy contento de que hayas disfrutado con la lectura de mi trabajo. Lo que nosotros deberíamos aprender depende en gran medida de lo que "nosotros" somos y qué queremos llegar a ser. Es importante hacer hincapié en la "teoría", tal como la llamamos hoy por hoy, que es algo mucho más amplio que la teoría literaria e incluye muchos elementos de filosofía y teoría social, así que hay muchas trayectorias posibles aquí. Si entendemos la teoría literaria en su sentido más estricto, recomiendo "Breve introducción a la teoría literaria", que es mi obra más traducida y mejor vendida, donde intento hablar sobre los elementos más básicos en teoría literaria (Cuestiones como la naturaleza de la literatura, la distinción entre poética y hermenéutica, la naturaleza de la narrativa y sus elementos de análisis, las funciones de las figuras literarias, etcétera).
P: ¿Qué ocurrirá después de la corriente postestructuralista (Derrida, Barthes, Foucault, etcétera)?
J.C.: ¡Ya desearía yo saberlo! Desde luego, si pudiera presagiar el futuro, sería rico. En los estudios literarios y culturales, al menos en EEUU, nosotros tuvimos un periodo historicista, deudor del pensamiento de Foucault, y esto ha sido visto con frecuencia como el sucesor natural del postestructuralismo. Pienso que ahora estamos viendo un regreso hacia intereses estéticos, que durante un tiempo fueron vistos como un concepto feo (Elitista, que intenta escapar de la historia); los estudiantes están interesados en leer a Kant, Hegel y Derrida de nuevo, así que quizás tendremos algo así como un neo-postestructuralismo.
P: Baudrillard habla del arte como simulacro. Ya no hay trabajos innovadores, según él. Todo es demasiado explícito, el arte está disolviéndose... toda creación es algo reciclado, regurgitado, que siente lástima de sí mismo, donde ya no hay jerarquías de valor claras. El arte se convierte en idea, en ideología. ¿Cuál es su opinión sobre la muerte del arte?
J.C.: Pienso que cualquier trabajo desarrollado en el espacio del arte deviene en arte, incluso cuando se produce como un intento de reaccionar contra él. Uno de los problemas para los artistas de hoy es que muchos retos han sido intentados ya, así que es complicado innovar mediante el desafío, pero de una forma o de otra el nuevo arte aparecerá porque hay un espacio para ello en el sistema de la cultura contemporánea.
P: ¿Es la estética de la recepción, con Wolfgang Iser a la cabeza, una corriente en trance de extinción?
J.C.: Creo que la idea de la estética de la recepción ha sido asimilada dentro del pensamiento crítico contemporáneo, de modo que éste ha llegado a tener varias posibilidades. Nadie sostiene que el trabajo artístico sea sólo una cuestión de recepción. Las ideas de Iser fueron siempre bastante moderadas; habla de puntos de indeterminación (Unbestimmtheitsstellen), en los que hay un espacio para que los lectores concreticen ese vacío. Esta sensata idea es perfectamente válida en la actualidad, pero no parece suficiente como para llamarla "teoría".
P: ¿Qué intelectual prefieres, Gérard Genette, Paul Ricoeur or Harold Bloom?
J.C.: Gérard Genette. Él todavía es una figura central para el estudio de la narrativa. Solamente Monika Fludernik ha tenido un trabajo narratológico que rivaliza con el de él (Su libro "Towards a natural narratology" merece ser mucho más conocido). El trabajo filosófico de Ricoeur nunca me ha atraído demasiado. En cuanto a Bloom, tras su poderoso comienzo (La angustia de la influencia), ha publicado una serie de libros en los cuales él busca ser el árbitro de la cultura y celebrar la literatura en un idioma humanístico, lo que ha rebajado sus primeros trabajos. El joven Bloom todavía me resulta importante, pero prefiero a Genette entre las figuras intelectuales.
P: ¿Dónde está Tzvetan Todorov y otros pensadores? Los estructuralistas parecen desaparecidos. ¿Necesita el movimiento un nuevo reto?
J.C.: Todorov ha sido una figura muy importante en la institución francesa como cabeza del CNRS, pero esta importancia ha llegado con el abandono de los proyectos estructuralistas de su juventud. Creo que los estudios culturales deberían regresar a los proyectos inacabados del estructuralismo.
P: ¿Tienen los estudios culturales alguna posibilidad de hacer progresos en la actualidad? Se les ha criticado continuamente por su falta de metodología.
J.C.: Sí, los estudios culturales son el heredero no reconocido del estructuralismo y esto debería ser bien conocido por ambos para regresar a los programas metodológicos del estructuralismo, lo cual implica que la cultura consiste en un número de "lenguajes" cuyas gramáticas deberían ser estudiadas y descritas, solamente como intentos que hacen explícitas las convenciones que hacen posible la comunicación lingüística. Hay un capítulo sobre esto en mi nuevo libro, "The Literary in Theory".
P: ¿Cómo es la relación entre estructuralismo y deconstrucción?
J.C.: Es una pregunta difícil, pero creo que hay una sección en mi libro "Sobre la deconstrucción" en el que intento situar la deconstrucción dentro del estructuralismo, como una forma de entendimiento de las funciones del lenguaje. Otros, por supuesto, verían la deconstrucción de una forma muy distinta.
P: ¿Qué novela nos recomienda?
J.C.: Soy un gran aficionado de Elizabeth Bowen, quien me parece la mejor novelista británica del siglo veinte (más grande que Woolf, Lawrence, etc.). Su prosa no es fácil de apreciar, por eso sin percibir la extraña elegancia de sus oraciones sus novelas costumbristas parecen más bien limitadas, lo cual es seguramente el motivo de por qué ella no es más conocida, pero yo recomendaría "La muerte del corazón", para empezar.
P: Para terminar, díganos alguna de sus expectativas e ilusiones en la vida.
J.C.: Sueño con la paz mundial, pero eso no es muy interesante. Soy aficionado al helado de café. Por definición otros estarían mucho mejor situados para hablar de mis ilusiones que yo mismo. Éste es el principio de De Man en "Ceguera e iluminación".
CONVERSACIONES CON JONATHAN CULLER 2
1) Hay demasiadas “narratologías” o teorías de la narración. ¿Cuál prefiere, la de Stanzel, la de Bal o la de Genette, si es que prefiere alguna? David Herman habla de estas narratologías como clásicas, a la que se acusa de frías, antihistóricas y antihumanistas. ¿Podremos ver una reconciliación entre las diferentes propuestas?
Creo que Bal ha refinado a Genette, pero también es muy valiosa, a mi juicio, la narratología de Monika Fludernik. “Towards a Natural Narratology” incorpora las dimensiones cognitivas e históricas dentro del análisis narratológico. Desgraciadamente, este importante libro fue publicado en tapa dura a un precio de más de cien dólares, aunque ella se ha comprometido a publicar una introducción accesible esta primavera.
2) Me he interesado por la fenomenología de la lectura para comprender la variedad de interpretaciones de una obra. La lectura nunca es un hecho autónomo: siempre hay personas, análisis o instituciones que contribuyen o fuerzan el sentido de los textos. Sin embargo, esas comunidades interpretativas nunca son algo monolítico: hay batallas dentro y fuera de esos grupos. Así que pensé que debería seguir las transformaciones continuas de los significados, lo cual me acerca bastante al postestructuralismo y su creencia en los sentidos no estables de un texto. El sociólogo Bruno Latour diría que no hay explicaciones, sólo descripciones densas. En definitiva, debo confesar, como ya puede imaginar, que estoy atrapado en una jaula textualista y espero que pueda ayudarme.
Hay varios caminos para el significado que pueden ser asociados a las obras literarias, lo cual puede emplearse con distintos fines. Puedo aceptar la afirmación de Latour, que reescribiría así: la interpretación no es la explicación (aunque por supuesto busca explicar problemas particulares), pero pienso que la poética en principio trata de proveer explicaciones, al menos en el sentido de ofrecer modelos: qué posibilita que una obra tenga los significados que tiene para los lectores. La cuestión clave es si tomas los significados como un sentido que hay que rescatar (descubrir o inventar) o como un fenómeno que los lectores atestiguan y cuya experiencia se da y se explica.
3) ¿Qué opina de la semántica de los mundos posibles en la teoría literaria?
No he estado muy interesado en esta cuestión, en parte por su sesgo al entender que la obra literaria es siempre vista como representación de un mundo, lo cual es quizás adecuado para la mayoría de las novelas, pero no para toda la literatura.
4) Quizás estamos obsesionados, como los físicos, por una teoría unitaria o “teoría del todo”. ¿Habrá una gran convergencia en el futuro?
No sé si sucederá algo así. Probablemente se darán divergencias, ya que como dije hay muchos usos diferentes con los que emplear las obras literarias y muchas perspectivas diferentes desde las que pueden estudiarse. Al menos albergo la esperanza de que un revival de la poética pueda traer alguna convergencia desde una posición particular como la suya.
5) ¿Cree en eso que llaman “académicos sin escuela”?
No creo que la noción de “escuela” sea particularmente útil.
19/03/09
Andrés Lomeña
lunes, 13 de mayo de 2013
ENTREVISTA CON STEVEN JONES
Entrevista al autor de THE EMERGENCE OF THE DIGITAL HUMANITIES.
http://stevenejones.org
http://emergenceofdhbook.tumblr.com
ANDRÉS LOMEÑA: He observado con Google Ngram un declive del término cibercultura desde el año 2001. Las Humanidades Digitales aún no despegan. ¿Qué le ocurrió a la cibercultura? ¿Son las Humanidades Digitales su digna sucesora?
STEVEN E. JONES: En realidad, el cálculo en las humanidades se remonta a mediados del siglo XX, pero el nombre “Humanidades Digitales” cobró protagonismo alrededor de 2004-2008, como Matthew Kirschenbaum, John Unsworth y otros han relatado. Me interesa el progresivo desuso del término “ciberespacio” y del prefijo “ciber”. Creo que ahora suena algo desfasado (sólo los militares y la policía lo usan con regularidad: en “ciberguerra” y “ciberacoso”, por ejemplo, al menos en Estados Unidos y en Gran Bretaña).
William Gibson, que acuñó el término, dijo recientemente que el ciberespacio está en “eversión”, esto es, volviéndose de adentro para afuera y colonizando el mundo físico. Esto es sólo una metáfora (al igual que lo era el ciberespacio) sobre qué está pasando desde 2004-2008; una serie de cambios en las tecnologías de redes y en la actitud de las personas llevaron a una nueva percepción colectiva que determinó “la muerte del ciberespacio” como la metáfora dominante y a la aceptación del vacío ideológico. Las personas se dieron cuenta de que la red no es un lugar trascendente alejado del mundo, es una parte mundana del mismo. Todo está a nuestro alrededor y somos parte del todo: la realidad aumentada, los dispositivos móviles y las impresoras 3D a precios asequibles son aplicaciones de esta nueva actitud.
Creo que este cambio, la eversión, ayuda a explicar la aparición de una corriente recientemente visible, el cálculo en las humanidades, algo que creció entre 2004 y 2008. Esto llegó a conocerse como Humanidades Digitales (o HD). El poder de la idea del ciberespacio se erosionó significativamente y con ello también empezó a decaer el “dualismo digital” (tal y como dijo el sociólogo Nathan Jurgenson), que asumía una separación clara de lo digital y lo físico. En ese momento las Humanidades Digitales obtuvieron atención pública, especialmente en Estados Unidos, con las nuevas funciones de las Humanidades Digitales en el NEH (http://www.neh.gov/), noticias en prensa, etcétera. Las nuevas Humanidades Digitales salieron al exterior: ideas sobre la “digitalización” como una forma de explorar los intercambios entre los objetos físicos y los datos digitales, por ejemplo, y también como una forma de mirar con nuevos ojos un corpus de textos relativamente largo. Las nuevas HD también empezaron a promover la fabricación de cosas y el hacking como métodos teóricos y exploratorios para las humanidades; se empezó a mirar los datos como si estuvieran enredados desde siempre con los textos, los archivos, los artefactos y las teorías de las humanidades. En este sentido, las humanidades han alcanzado la eversión.
Mi libro [aparecerá en septiembre de 2013] sólo aspira a hacer una contribución al discurso alrededor de las Humanidades Digitales. No es una introducción general ni una historia de la disciplina. Es un ensayo extenso sobre la confluencia de lo que Gibson ha llamado la eversión del ciberespacio y el crecimiento de los nuevos modelos de las Humanidades Digitales (fuera de la tradición del cálculo de las humanidades).
A.L.: ¿Le parece que las Humanidades Digitales son algo así como un revival de las dos culturas? La división entre ciencias y letras, para entendernos.
S.J.: Las Humanidades Digitales son parte de una tendencia mayor que borra la oposición binaria entre las dos culturas que señaló C. P. Snow, ya que se puede probar que los humanistas no son “luditas naturales”, como él afirmó. Además, las HD presentan ciertas formas de colaboración y métodos técnicos para historiadores, críticos literarios y otros académicos del ámbito humanístico. La colaboración es el objetivo. No pienses en la solitaria carga de un teórico de la literatura que tenga que aprender a programar o desarrollar análisis de datos. En lugar de eso, piensa en aprender sobre plataformas de publicación digital, de visualización y de programación para trabajar con varios equipos interdisciplinares. Eso es mucho más divertido, para empezar.
A.L.: ¿Cuál ha de ser el rol de las Humanidades Digitales en defensa de las “humanidades tradicionales”?
S.J.: Ésta es una pregunta complicada. En primer lugar, creo que las HD abren las humanidades hacia una perspectiva de la realidad sofisticada y orientada a objetos, algo que puede expandir la investigación de las humanidades más allá de algunas formas tradicionales y de las fronteras institucionales. No se trata solamente de aprender a usar ordenadores. También pienso que los practicantes de las HD tienen que resistirse a la cooptación; no deben venderse a la creciente corporativización de la universidad (Alan Liu es muy bueno en este problema). Observa la reciente controversia en Estados Unidos con los MOOCs: algunos dicen que las Humanidades Digitales son cómplices de su crecimiento y muchos dentro de las HD dicen que no, que nada tienen que ver con esto. Stephen Ramsay ha argumentado que no todo lo digital en la universidad es Humanidades Digitales y que no toda la tecnocracia puede asociarse con ellas ni podemos culparlas de todo. Es cierto que los humanistas digitales tienen que ser críticos y estar alerta con el trabajo académico y con las tecnologías, como por ejemplo el fetichismo de la educación STEM [ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas].
A.L.: Usted ha estudiado el fenómeno histórico del ludismo. El filósofo John Zerzan me dijo que el neoludismo será cada vez más común en esta sociedad desquiciada. No sé qué piensa de esta posibilidad, pero vuelve a haber estudios que aseguran que el progreso tecnológico es el causante de la destrucción de empleos, como el reciente libro Race against the machine.
S.J.: No estoy seguro de si el neoludismo va a crecer mucho más allá del tope de finales de los años noventa, ya se verá (Zerzan tiene sus propios motivos para creer que eso va a suceder). El objetivo de mi libro Contra la tecnología era diferenciar la ideología antitecnológica de la actualidad del ludismo histórico, que fue, después de todo, un movimiento social llevado a cabo por maquinistas y artesanos, maestros de sus propias tecnologías.
Parte de la confusión es que muchos (no todos) neoluditas están menos preocupados por los trabajos per se que por los estilos de vida que llevan, como alejarse de la vida urbana o pedir un “sabbath” de Internet. Otra vez recurro a Nathan Jurgenson, que ha llamado a esto el fetiche de “la vida real”. Todos los temas actuales son muy importantes: la automatización, los despidos, la externalización de la electrónica en China, etcétera. Que yo sepa, nadie de las Humanidades Digitales acepta ingenuamente la idea de “progreso” como sinónimo de más tecnología. Por otra parte, el neoludismo, la renuncia a la Tecnología (con esa “te” en mayúscula) puede ser un síntoma de ideología romántica y una parte del problema.
Lo que se necesita es más compromiso, no menos, una especie de actitud hacker positiva que consiga que las humanidades sean tan críticas con las tecnologías como el uso que les dan para los proyectos humanísticos. Esto tiene que hacerse desde un conocimiento elemental de las plataformas y el código. Ésa es la manera en que las nuevas Humanidades Digitales (con ese énfasis en montar, programar y construir cosas) puede tener un efecto progresista; puede enseñar un tipo de compromiso técnico y una responsabilidad práctica de los humanistas con las tecnologías, un compromiso crítico muy necesario desde una posición de la experiencia interdisciplinaria.
A.L.: ¿Las impresoras 3D serán simple vaporware o una nueva fase en la democratización de las tecnologías? ¿Qué me dice de las Google Glass?
S.J.: Las impresoras 3D ya son algo más que vaporware. Ahora mismo, sobre mi escritorio, tengo un pequeño objeto impreso. Las declaraciones que se vierten sobre esas tecnologías, especialmente en los círculos de las start-up, son pretenciosas, pero esas herramientas quizás puedan ser “útiles” de una forma menos obvia en las artes y las humanidades, como dispositivos especulativos, máquinas esculturales, recordatorios creativos y simbólicos de la eversión en la que vivimos, en la que datos digitales se llegan a manifestar como objetos físicos. Bethany Nowviskie (en Virginia) ha escrito con elocuencia sobre ese proceso y sobre los roles de hacer y jugar en las nuevas HD. En cierto modo, esto nos devuelve a tu pregunta sobre el valor instrumental de las humanidades. Creo que las HD entran en juego gracias al lado creativo de esos fabricantes/creadores y al movimiento de “hacedores” en general.
Las gafas de Google son una historia muy distinta. Es el primer gran relato público sobre la tecnología de Realidad Aumentada, así que refleja un amplio abanico de reacciones, desde el frenesí al horror. Incluso Google se da cuenta de que el prototipo está generando preguntas sobre privacidad, conectividad, ubicuidad y acceso. Yo recomendaría a cualquier persona que no espere a las gafas para lidiar con esos temas al salir a la calle; ya tenemos cámaras y procesadores casi en todas partes. Los datos fluyen como un torrente a nuestro alrededor.
A.L.: ¿Recomendaciones finales?
S.J.: Ya he citado a unas cuantas personas, pero recomendaría la compilación de Matt Gold Debates in the Digital Humanities, que pronto estará disponible en una edición open access. En realidad, más que una sola fuente, recomendaría Twitter, donde muchos de los humanistas digitales se muestran extremadamente activos. Sigue los hilos desde allí y te llevarán hacia otras fuentes.
14 de mayo de 2013
Andrés Lomeña
http://stevenejones.org
http://emergenceofdhbook.tumblr.com
ANDRÉS LOMEÑA: He observado con Google Ngram un declive del término cibercultura desde el año 2001. Las Humanidades Digitales aún no despegan. ¿Qué le ocurrió a la cibercultura? ¿Son las Humanidades Digitales su digna sucesora?
STEVEN E. JONES: En realidad, el cálculo en las humanidades se remonta a mediados del siglo XX, pero el nombre “Humanidades Digitales” cobró protagonismo alrededor de 2004-2008, como Matthew Kirschenbaum, John Unsworth y otros han relatado. Me interesa el progresivo desuso del término “ciberespacio” y del prefijo “ciber”. Creo que ahora suena algo desfasado (sólo los militares y la policía lo usan con regularidad: en “ciberguerra” y “ciberacoso”, por ejemplo, al menos en Estados Unidos y en Gran Bretaña).
William Gibson, que acuñó el término, dijo recientemente que el ciberespacio está en “eversión”, esto es, volviéndose de adentro para afuera y colonizando el mundo físico. Esto es sólo una metáfora (al igual que lo era el ciberespacio) sobre qué está pasando desde 2004-2008; una serie de cambios en las tecnologías de redes y en la actitud de las personas llevaron a una nueva percepción colectiva que determinó “la muerte del ciberespacio” como la metáfora dominante y a la aceptación del vacío ideológico. Las personas se dieron cuenta de que la red no es un lugar trascendente alejado del mundo, es una parte mundana del mismo. Todo está a nuestro alrededor y somos parte del todo: la realidad aumentada, los dispositivos móviles y las impresoras 3D a precios asequibles son aplicaciones de esta nueva actitud.
Creo que este cambio, la eversión, ayuda a explicar la aparición de una corriente recientemente visible, el cálculo en las humanidades, algo que creció entre 2004 y 2008. Esto llegó a conocerse como Humanidades Digitales (o HD). El poder de la idea del ciberespacio se erosionó significativamente y con ello también empezó a decaer el “dualismo digital” (tal y como dijo el sociólogo Nathan Jurgenson), que asumía una separación clara de lo digital y lo físico. En ese momento las Humanidades Digitales obtuvieron atención pública, especialmente en Estados Unidos, con las nuevas funciones de las Humanidades Digitales en el NEH (http://www.neh.gov/), noticias en prensa, etcétera. Las nuevas Humanidades Digitales salieron al exterior: ideas sobre la “digitalización” como una forma de explorar los intercambios entre los objetos físicos y los datos digitales, por ejemplo, y también como una forma de mirar con nuevos ojos un corpus de textos relativamente largo. Las nuevas HD también empezaron a promover la fabricación de cosas y el hacking como métodos teóricos y exploratorios para las humanidades; se empezó a mirar los datos como si estuvieran enredados desde siempre con los textos, los archivos, los artefactos y las teorías de las humanidades. En este sentido, las humanidades han alcanzado la eversión.
Mi libro [aparecerá en septiembre de 2013] sólo aspira a hacer una contribución al discurso alrededor de las Humanidades Digitales. No es una introducción general ni una historia de la disciplina. Es un ensayo extenso sobre la confluencia de lo que Gibson ha llamado la eversión del ciberespacio y el crecimiento de los nuevos modelos de las Humanidades Digitales (fuera de la tradición del cálculo de las humanidades).
A.L.: ¿Le parece que las Humanidades Digitales son algo así como un revival de las dos culturas? La división entre ciencias y letras, para entendernos.
S.J.: Las Humanidades Digitales son parte de una tendencia mayor que borra la oposición binaria entre las dos culturas que señaló C. P. Snow, ya que se puede probar que los humanistas no son “luditas naturales”, como él afirmó. Además, las HD presentan ciertas formas de colaboración y métodos técnicos para historiadores, críticos literarios y otros académicos del ámbito humanístico. La colaboración es el objetivo. No pienses en la solitaria carga de un teórico de la literatura que tenga que aprender a programar o desarrollar análisis de datos. En lugar de eso, piensa en aprender sobre plataformas de publicación digital, de visualización y de programación para trabajar con varios equipos interdisciplinares. Eso es mucho más divertido, para empezar.
A.L.: ¿Cuál ha de ser el rol de las Humanidades Digitales en defensa de las “humanidades tradicionales”?
S.J.: Ésta es una pregunta complicada. En primer lugar, creo que las HD abren las humanidades hacia una perspectiva de la realidad sofisticada y orientada a objetos, algo que puede expandir la investigación de las humanidades más allá de algunas formas tradicionales y de las fronteras institucionales. No se trata solamente de aprender a usar ordenadores. También pienso que los practicantes de las HD tienen que resistirse a la cooptación; no deben venderse a la creciente corporativización de la universidad (Alan Liu es muy bueno en este problema). Observa la reciente controversia en Estados Unidos con los MOOCs: algunos dicen que las Humanidades Digitales son cómplices de su crecimiento y muchos dentro de las HD dicen que no, que nada tienen que ver con esto. Stephen Ramsay ha argumentado que no todo lo digital en la universidad es Humanidades Digitales y que no toda la tecnocracia puede asociarse con ellas ni podemos culparlas de todo. Es cierto que los humanistas digitales tienen que ser críticos y estar alerta con el trabajo académico y con las tecnologías, como por ejemplo el fetichismo de la educación STEM [ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas].
A.L.: Usted ha estudiado el fenómeno histórico del ludismo. El filósofo John Zerzan me dijo que el neoludismo será cada vez más común en esta sociedad desquiciada. No sé qué piensa de esta posibilidad, pero vuelve a haber estudios que aseguran que el progreso tecnológico es el causante de la destrucción de empleos, como el reciente libro Race against the machine.
S.J.: No estoy seguro de si el neoludismo va a crecer mucho más allá del tope de finales de los años noventa, ya se verá (Zerzan tiene sus propios motivos para creer que eso va a suceder). El objetivo de mi libro Contra la tecnología era diferenciar la ideología antitecnológica de la actualidad del ludismo histórico, que fue, después de todo, un movimiento social llevado a cabo por maquinistas y artesanos, maestros de sus propias tecnologías.
Parte de la confusión es que muchos (no todos) neoluditas están menos preocupados por los trabajos per se que por los estilos de vida que llevan, como alejarse de la vida urbana o pedir un “sabbath” de Internet. Otra vez recurro a Nathan Jurgenson, que ha llamado a esto el fetiche de “la vida real”. Todos los temas actuales son muy importantes: la automatización, los despidos, la externalización de la electrónica en China, etcétera. Que yo sepa, nadie de las Humanidades Digitales acepta ingenuamente la idea de “progreso” como sinónimo de más tecnología. Por otra parte, el neoludismo, la renuncia a la Tecnología (con esa “te” en mayúscula) puede ser un síntoma de ideología romántica y una parte del problema.
Lo que se necesita es más compromiso, no menos, una especie de actitud hacker positiva que consiga que las humanidades sean tan críticas con las tecnologías como el uso que les dan para los proyectos humanísticos. Esto tiene que hacerse desde un conocimiento elemental de las plataformas y el código. Ésa es la manera en que las nuevas Humanidades Digitales (con ese énfasis en montar, programar y construir cosas) puede tener un efecto progresista; puede enseñar un tipo de compromiso técnico y una responsabilidad práctica de los humanistas con las tecnologías, un compromiso crítico muy necesario desde una posición de la experiencia interdisciplinaria.
A.L.: ¿Las impresoras 3D serán simple vaporware o una nueva fase en la democratización de las tecnologías? ¿Qué me dice de las Google Glass?
S.J.: Las impresoras 3D ya son algo más que vaporware. Ahora mismo, sobre mi escritorio, tengo un pequeño objeto impreso. Las declaraciones que se vierten sobre esas tecnologías, especialmente en los círculos de las start-up, son pretenciosas, pero esas herramientas quizás puedan ser “útiles” de una forma menos obvia en las artes y las humanidades, como dispositivos especulativos, máquinas esculturales, recordatorios creativos y simbólicos de la eversión en la que vivimos, en la que datos digitales se llegan a manifestar como objetos físicos. Bethany Nowviskie (en Virginia) ha escrito con elocuencia sobre ese proceso y sobre los roles de hacer y jugar en las nuevas HD. En cierto modo, esto nos devuelve a tu pregunta sobre el valor instrumental de las humanidades. Creo que las HD entran en juego gracias al lado creativo de esos fabricantes/creadores y al movimiento de “hacedores” en general.
Las gafas de Google son una historia muy distinta. Es el primer gran relato público sobre la tecnología de Realidad Aumentada, así que refleja un amplio abanico de reacciones, desde el frenesí al horror. Incluso Google se da cuenta de que el prototipo está generando preguntas sobre privacidad, conectividad, ubicuidad y acceso. Yo recomendaría a cualquier persona que no espere a las gafas para lidiar con esos temas al salir a la calle; ya tenemos cámaras y procesadores casi en todas partes. Los datos fluyen como un torrente a nuestro alrededor.
A.L.: ¿Recomendaciones finales?
S.J.: Ya he citado a unas cuantas personas, pero recomendaría la compilación de Matt Gold Debates in the Digital Humanities, que pronto estará disponible en una edición open access. En realidad, más que una sola fuente, recomendaría Twitter, donde muchos de los humanistas digitales se muestran extremadamente activos. Sigue los hilos desde allí y te llevarán hacia otras fuentes.
14 de mayo de 2013
Andrés Lomeña
miércoles, 8 de mayo de 2013
ENTREVISTA CON DANIEL CHAMOVITZ
Llevo unos años haciendo entrevistas, unas mejores y otras peores (me siento bastante orgulloso de unas pocas).
En este caso, copio aquí una de las peores que he hecho... pero es la más reciente y el tema me interesaba mucho. Después de todo, estas minientrevistas son un ejercicio de divulgación, una forma de compartir mis inquietudes y de trasladárselas a quien gasta unos minutos en leerme.
LO QUE SABE UNA PLANTA es un libro sobre cómo las plantas "huelen" gracias al etileno que desprenden, "ven" gracias a los fotorreceptores y "sienten" gracias a la propiocepción. La minientrevista sólo es una invitación a la lectura, nunca un ahorro de la misma (como siempre ha querido un amigo mío con la frase: "¿De qué va el libro?", queriendo un resumen para así no leerlo, como si ese atajo valiera para llegar a la meta del mismo modo).
Dedicada a mis queridos biólogos, a quienes pido disculpas por anticipado por todas las torpezas, preguntas tontas, errores de traducción o cualquier otra cosa que haya podido cometer.
¡PRÓSPEROS DÍAS!
ENTREVISTA CON DANIEL CHAMOVITZ
Autor de Lo que sabe una planta
http://www.whataplantknows.com
ANDRÉS LOMEÑA: En primer lugar, ¡enhorabuena! Siempre quise leer un libro como el suyo, pero La vida secreta de las plantas era pura pseudociencia. Por fin un libro rigurosamente científico sobre los “sentidos” de las plantas. ¿Veremos la edición española?
DANIEL CHAMOVITZ: ¡Eso espero! Mientras, tanto, WAPK [abreviatura del libro en inglés] se ha traducido a 12 idiomas. Ningún editor español ha mostrado interés aún; quizás puedas ayudarme a encontrar uno.
A.L.: Lo que sabe una planta sostiene que las diferencias genéticas entre plantas y animales no son tan significativas como pensamos; las plantas son organismos complejos con vidas sofisticadas y sensuales. Su libro me recuerda a La botánica del deseo de Michael Pollan, donde el autor intenta estudiar las plantas desde el punto de vista de la “coevolución”. Es decir, nosotros elegimos las plantas y las flores... pero ellas también nos eligen en cierto modo, a través de los colores, de sus frutos, etcétera. ¿Estaba intentando escapar de nuestra típica visión antropocéntrica?
D.CH.: Desde luego. Los humanos tendemos a vernos como la cúspide de la evolución, cuando en verdad la evolución humana es sólo una opción para la vida en La Tierra (y ha traído varios pequeños inconvenientes, como la dificultad en el parto). Tratamos de describir nuestras destrezas intelectuales con un valor evolutivo de “mejor” y “más complejo”, pero tal y como se muestra en el libro, las plantas pueden ser más complejas genéticamente que la mayoría de los animales. No debería sorprendernos porque todos los organismos (las plantas, los bichos y los humanos) necesitan responder a su entorno para sobrevivir; la única diferencia es que los humanos tratamos de analizar nuestras respuestas.
A.L.: ¿Sienten dolor las plantas?
D.CH.: No, no sienten dolor. El sufrimiento es por definición subjetivo y se necesita un cerebro desarrollado para procesar la subjetividad.
A.L.: ¿Hay alguna relación entre el tamaño de una planta y sus estructuras internas? Eso parecía sugerir Haldane con los animales.
D.CH.: No estoy muy familiarizado con las teorías de Haldane. La organización estructural es increíblemente parecida entre las plantas pequeñas y las grandes.
A.L.: En su libro describe cómo las plantas “ven”, “huelen”, “sienten” y “recuerdan”. Sin embargo, las plantas no “oyen”. Están sordas, por así decirlo. No pueden reaccionar a la música, como algunos sostienen. En cambio, quizás las plantas puedan “oír” algún tipo de vibraciones ultrasónicas; algunos científicos creen que las plantas podrían comunicarse a través de sonidos pasivos, como el crujir de la madera, en un periodo de sequía para preparar a otras plantas para la escasez de agua. ¿Hay algún estudio nuevo sobre bioacústica vegetal?
D.CH.: Alguna investigación reciente (http://www.cell.com/trends/plant-science/abstract/S1360-1385(12)00054-4) que viene del laboratorio de Monica Gagliano da a entender que las plantas podrían responder a los sonidos. No a la música, que es irrelevante para una planta, pero sí a ciertas vibraciones. Será muy interesante ver esos resultados y que se confirme en otros laboratorios.
A.L.: En Málaga, la ciudad donde vivo, algunos biólogos han descubierto cómo conseguir chirimoyas sin semillas gracias a una mutación natural. ¿Qué opinión te merecen estos avances? También es una buena ocasión para preguntarle por el interminable debate de los transgénicos.
D.CH.: Ésta es una pregunta importante. Creo que tú y tus lectores necesitan darse cuenta de que todo lo que comemos, cada cereal, fruta o vegetal que se cultiva es resultado de la manipulación genética y del cambio genético forzado por los humanos. Un tomate natural “salvaje”, que crecía en Perú, es en realidad muy pequeño y te haría enfermar si te lo comieras. Por otra parte, el tomate cultivado nunca podría sobrevivir en el entorno natural de Perú. La tecnología de los Organismos Genéticamente Modificados es solamente otra herramienta en nuestro arsenal para mejorar las plantas con fines agrícolas. En realidad, es una herramienta más exacta que la reproducción clásica, que a menudo deriva en rasgos no deseados introducidos en las plantas.
La oposición a los OGM está basada casi por completo en ideas políticas o económicas y en la pseudociencia. No tiene en cuenta los grandes avances que esa tecnología conlleva, como la posibilidad de prescindir del uso de pesticidas químicos venenosos (hay un montón de pruebas de cómo esos pesticidas contaminan el agua).
A.L.: Las plantas diferencian entre el azul y el rojo mediante los fotorreceptores. También diferencian entre lo frío y lo caliente. Supongo que no le interesa la jardinería, pero ese conocimiento ha de ser muy útil.
D.CH.: No soy muy jardinero que se diga (en realidad, y por desgracia, se me mueren las plantas de interior). Nuestra ciencia básica se traduce con frecuencia en ventajas agrícolas. Por ejemplo, los agricultores manipulan la luz para acelerar o inhibir la floración. Todo esto está basado en décadas de investigación sobre las respuestas de las plantas a la luz.
A.L.: Los hongos no son plantas estrictamente hablando. Pertenecen a otro reino. No sé si ha observado grandes diferencias acerca de cómo “huelen”, “ven” o “sienten”.
D.CH.: Todos los organismos necesitan responder al entorno y adaptarse a él para poder sobrevivir. Los hongos no son diferentes de las plantas o de las personas en este aspecto.
A.L.: ¿Publicará una segunda edición?
D.CH.: Ya veremos. Se puede concebir una segunda edición en unos años.
A.L.: Un pequeño e ingenuo juego final. Díganos qué le sugieren estas palabras...
El tomate.
Salsa.
La patata.
Hambrunas.
Plantas carnívoras.
La película La tienda de los horrores.
Los tulipanes.
Holanda.
El roble.
Majestuosidad.
La secuoya.
California.
El maíz.
Los campos.
La orquídea.
La perfección.
La rosa.
El amor.
La lechuga.
Conejos.
El peyote.
India.
El olivo.
El aceite.
Andrés Lomeña
8 de mayo de 2013
En este caso, copio aquí una de las peores que he hecho... pero es la más reciente y el tema me interesaba mucho. Después de todo, estas minientrevistas son un ejercicio de divulgación, una forma de compartir mis inquietudes y de trasladárselas a quien gasta unos minutos en leerme.
LO QUE SABE UNA PLANTA es un libro sobre cómo las plantas "huelen" gracias al etileno que desprenden, "ven" gracias a los fotorreceptores y "sienten" gracias a la propiocepción. La minientrevista sólo es una invitación a la lectura, nunca un ahorro de la misma (como siempre ha querido un amigo mío con la frase: "¿De qué va el libro?", queriendo un resumen para así no leerlo, como si ese atajo valiera para llegar a la meta del mismo modo).
Dedicada a mis queridos biólogos, a quienes pido disculpas por anticipado por todas las torpezas, preguntas tontas, errores de traducción o cualquier otra cosa que haya podido cometer.
¡PRÓSPEROS DÍAS!
ENTREVISTA CON DANIEL CHAMOVITZ
Autor de Lo que sabe una planta
http://www.whataplantknows.com
ANDRÉS LOMEÑA: En primer lugar, ¡enhorabuena! Siempre quise leer un libro como el suyo, pero La vida secreta de las plantas era pura pseudociencia. Por fin un libro rigurosamente científico sobre los “sentidos” de las plantas. ¿Veremos la edición española?
DANIEL CHAMOVITZ: ¡Eso espero! Mientras, tanto, WAPK [abreviatura del libro en inglés] se ha traducido a 12 idiomas. Ningún editor español ha mostrado interés aún; quizás puedas ayudarme a encontrar uno.
A.L.: Lo que sabe una planta sostiene que las diferencias genéticas entre plantas y animales no son tan significativas como pensamos; las plantas son organismos complejos con vidas sofisticadas y sensuales. Su libro me recuerda a La botánica del deseo de Michael Pollan, donde el autor intenta estudiar las plantas desde el punto de vista de la “coevolución”. Es decir, nosotros elegimos las plantas y las flores... pero ellas también nos eligen en cierto modo, a través de los colores, de sus frutos, etcétera. ¿Estaba intentando escapar de nuestra típica visión antropocéntrica?
D.CH.: Desde luego. Los humanos tendemos a vernos como la cúspide de la evolución, cuando en verdad la evolución humana es sólo una opción para la vida en La Tierra (y ha traído varios pequeños inconvenientes, como la dificultad en el parto). Tratamos de describir nuestras destrezas intelectuales con un valor evolutivo de “mejor” y “más complejo”, pero tal y como se muestra en el libro, las plantas pueden ser más complejas genéticamente que la mayoría de los animales. No debería sorprendernos porque todos los organismos (las plantas, los bichos y los humanos) necesitan responder a su entorno para sobrevivir; la única diferencia es que los humanos tratamos de analizar nuestras respuestas.
A.L.: ¿Sienten dolor las plantas?
D.CH.: No, no sienten dolor. El sufrimiento es por definición subjetivo y se necesita un cerebro desarrollado para procesar la subjetividad.
A.L.: ¿Hay alguna relación entre el tamaño de una planta y sus estructuras internas? Eso parecía sugerir Haldane con los animales.
D.CH.: No estoy muy familiarizado con las teorías de Haldane. La organización estructural es increíblemente parecida entre las plantas pequeñas y las grandes.
A.L.: En su libro describe cómo las plantas “ven”, “huelen”, “sienten” y “recuerdan”. Sin embargo, las plantas no “oyen”. Están sordas, por así decirlo. No pueden reaccionar a la música, como algunos sostienen. En cambio, quizás las plantas puedan “oír” algún tipo de vibraciones ultrasónicas; algunos científicos creen que las plantas podrían comunicarse a través de sonidos pasivos, como el crujir de la madera, en un periodo de sequía para preparar a otras plantas para la escasez de agua. ¿Hay algún estudio nuevo sobre bioacústica vegetal?
D.CH.: Alguna investigación reciente (http://www.cell.com/trends/plant-science/abstract/S1360-1385(12)00054-4) que viene del laboratorio de Monica Gagliano da a entender que las plantas podrían responder a los sonidos. No a la música, que es irrelevante para una planta, pero sí a ciertas vibraciones. Será muy interesante ver esos resultados y que se confirme en otros laboratorios.
A.L.: En Málaga, la ciudad donde vivo, algunos biólogos han descubierto cómo conseguir chirimoyas sin semillas gracias a una mutación natural. ¿Qué opinión te merecen estos avances? También es una buena ocasión para preguntarle por el interminable debate de los transgénicos.
D.CH.: Ésta es una pregunta importante. Creo que tú y tus lectores necesitan darse cuenta de que todo lo que comemos, cada cereal, fruta o vegetal que se cultiva es resultado de la manipulación genética y del cambio genético forzado por los humanos. Un tomate natural “salvaje”, que crecía en Perú, es en realidad muy pequeño y te haría enfermar si te lo comieras. Por otra parte, el tomate cultivado nunca podría sobrevivir en el entorno natural de Perú. La tecnología de los Organismos Genéticamente Modificados es solamente otra herramienta en nuestro arsenal para mejorar las plantas con fines agrícolas. En realidad, es una herramienta más exacta que la reproducción clásica, que a menudo deriva en rasgos no deseados introducidos en las plantas.
La oposición a los OGM está basada casi por completo en ideas políticas o económicas y en la pseudociencia. No tiene en cuenta los grandes avances que esa tecnología conlleva, como la posibilidad de prescindir del uso de pesticidas químicos venenosos (hay un montón de pruebas de cómo esos pesticidas contaminan el agua).
A.L.: Las plantas diferencian entre el azul y el rojo mediante los fotorreceptores. También diferencian entre lo frío y lo caliente. Supongo que no le interesa la jardinería, pero ese conocimiento ha de ser muy útil.
D.CH.: No soy muy jardinero que se diga (en realidad, y por desgracia, se me mueren las plantas de interior). Nuestra ciencia básica se traduce con frecuencia en ventajas agrícolas. Por ejemplo, los agricultores manipulan la luz para acelerar o inhibir la floración. Todo esto está basado en décadas de investigación sobre las respuestas de las plantas a la luz.
A.L.: Los hongos no son plantas estrictamente hablando. Pertenecen a otro reino. No sé si ha observado grandes diferencias acerca de cómo “huelen”, “ven” o “sienten”.
D.CH.: Todos los organismos necesitan responder al entorno y adaptarse a él para poder sobrevivir. Los hongos no son diferentes de las plantas o de las personas en este aspecto.
A.L.: ¿Publicará una segunda edición?
D.CH.: Ya veremos. Se puede concebir una segunda edición en unos años.
A.L.: Un pequeño e ingenuo juego final. Díganos qué le sugieren estas palabras...
El tomate.
Salsa.
La patata.
Hambrunas.
Plantas carnívoras.
La película La tienda de los horrores.
Los tulipanes.
Holanda.
El roble.
Majestuosidad.
La secuoya.
California.
El maíz.
Los campos.
La orquídea.
La perfección.
La rosa.
El amor.
La lechuga.
Conejos.
El peyote.
India.
El olivo.
El aceite.
Andrés Lomeña
8 de mayo de 2013
jueves, 2 de mayo de 2013
ENTREVISTA A ANDREW PIPER
Mi entrevista con "Andrés Fontanero".
ENTREVISTA CON ANDREW PIPER
ANDRÉS LOMEÑA: Usted ha intentado restaurar la “materialidad del libro” y me imagino que habrá encontrado numerosos obstáculos en el camino. Es paradójico que usted se enfrente a un “déficit bibliográfico” para describir una historia satisfactoria del libro en tanto que objeto cuando en sus textos ha hablado del “superávit bibliográfico”; conozco decenas de obras sobre la historia del libro y hay cientos sobre la historia de la literatura. Sin embargo, no hay libros sobre la historia de los editores, de los traductores o de aquellos que influyeron en las obras al margen de los propios autores. ¿Cuáles han sido los hitos más importantes de su investigación?
ANDREW PIPER: Algunas personas han intentado pensar en la “materialidad” de diferentes formas. En Dreaming in Books, por ejemplo, intenté traer a un primer plano a los agentes intermediarios: los editores [publishers] (capítulo dos), los correctores [editors] (capítulo tres) e incluso los traductores (capítulo cinco) y los ilustradores (capítulo seis). El papel que tuvieron durante el periodo romántico dio forma al significado de ciertos libros; como esos actores tienen un papel distinto en cada periodo histórico, también tienen historias diferentes basadas en las diversas épocas de los libros sobre los que actúan. Mi aspiración era pensar en esos circuitos de significado, para aproximarme a la noción de Robert Darnton de “circuito de comunicación”, más que centrarme en categorías singulares como “el corrector” o “el editor”, que son históricamente variables.
En Book Was There, en cambio, estaba interesado en la historia de las interacciones físicas con los libros, una forma muy diferente de pensar en la materialidad, no como un circuito de producción, sino como una experiencia vívida de la interacción. No creo que haya una historia “del” libro en esos términos, sino más bien diferentes tipos de historias de diferentes tipos de interacciones y prácticas comunicativas.
AL: Ni siquiera un sociólogo como John Urry ha sido capaz de ayudarme a establecer relaciones entre la lectura y el espacio. No sé si usted ha trabajado en esta dirección.
AP: En el capítulo seis de Book Was There, intento delinear la historia de las relaciones espaciales que los libros construyen. No sólo nuestra relación con respecto a los libros, sino el modo en que los libros median en nuestra relación con ciertos tipos de espacios. Pienso que la mayor diferencia entre una espacialidad de la lectura digital y una bibliográfica es la noción de “catching-up”: con el geoposicionamiento, leer digitalmente es a menudo encontrar dónde está alguien en relación a otros. Por el contrario, la lectura de libros se ha tratado históricamente como un modo de perderse.
AL: Estoy bastante interesado en las Humanidades Digitales desde que descubrí Macroanalysis de Matthew Jockers. En 2013, esta disciplina sigue siendo casi inexistente en España. ¿Está usted reciclándose como teórico literario digital? ¿Qué herramientas se precisan para empezar? Jockers me dijo que él tiene predilección por R, pero no sé si es demasiado complejo. Quizás las Humanidades Digitales pertenecerán en el futuro próximo a los ingenieros informáticos.
AP: Me interesan mucho las Humanidades Digitales y el análisis computacional de la literatura. Ahora uso R con regularidad para varios proyectos y he empleado el año en aprender estadísticas y rudimentos de programación. Me interesa, pero no como algo revolucionario o nuevo, sino como un ejemplo más del modo en que las tecnologías de la lectura cambian cómo leemos. Muchos profesores de literatura no saben nada de la historia de los libros y de cómo su producción influye en los tipos de significados que extraemos de ellos. El giro hacia la “hermenéutica computacional” es para mí sólo parte del estudio de la larga historia de cómo los materiales de la lectura dan forma a la lectura. Éstos son tecnológicamente más complicados que los libros, pero el principio es el mismo. Nunca es tarde para aprender y necesitamos asegurarnos de que los estudiantes estén entrenados en este campo: necesitan ser usuarios críticos de sus herramientas informáticas, no herramientas de las herramientas, por así decirlo.
AL: El macroanálisis cuantitativo y la lectura distante me parecen un cambio radical para la sociología de la literatura. ¿Quiénes son los pioneros de esta pequeña revolución teórica?
AP: La lectura computacional tiene diferentes genealogías si nos vamos a la idea de “concordancia” del periodo medieval o más recientemente a los años setenta con un montón de estudios sobre la atribución de la autoría. Eso ha sido así desde siempre, pero sólo ahora parece que está ganando empuje en la disciplina. Un efecto más de Google, diría yo. Franco Moretti fue muy bueno en señalar que los cambios de escala eran importantes para nuevos tipos de análisis literario, pero no me agrada la división binaria entre lectura distante y atenta que estableció. Como todas las dicotomías, son polémicas y están simplificadas. Contradice un gran rango de escalas de lectura: la lectura “distante” puede ser muy atenta en su atención a ciertas palabras, mientras que la lectura atenta puede ser muy expansiva y moverse a través de un gran número de textos y periodos. Yo prefiero la “lectura escalar”, donde necesitamos confrontar la relación que hay entre una escala textual y los tipos de conocimientos que podemos obtener de esa escala. Ésa es la mayor conclusión que extraigo de la lectura computacional.
AL: No sé si está implicado en el proyecto http://www.culturomics.org o qué piensa de él. Me gustaría saber si los académicos están trabajando de forma separada o comparten impresiones e investigaciones. En resumidas cuentas, quisiera saber qué opina del futuro de los estudios literarios.
AP: Aunque soy pesimista sobre el futuro de la raza humana, en general soy optimista sobre el futuro del pensamiento literario. Nuestra disciplina está cambiando, pero eso no es algo malo, sólo es un cambio. Muchas personas se sienten amenazadas porque esto erosiona su autoridad. Cada vez que alguna persona se resiste, necesitas preguntarte: ¿Qué tienen ellos que perder? La respuesta es: si eres profesor titular de universidad, mucho. La lectura computacional no va a borrar la lectura de libros o los estudios literarios tal y como los conocimos. Tampoco pasará con la literatura. El arte de la narración es parte de la condición humana, así que mientras haya humanos (leer más arriba), habrá literatura y personas cuya función es buscar sentidos. Leer computacionalmente es sólo añadir otra dimensión al pensamiento sobre el lenguaje y la naturaleza de la narración. Eso es algo bueno.
AL: Para terminar, dígame si http://literarytopologies.org terminará siendo un libro, sobre todo después de que usted haya redefinido lo que es un libro y de que haya marcado el camino de transición desde las bibliografías convencionales a las nuevas topologías literarias.
AP: Espero que algo de eso se refunda en un libro. Aún creo fervientemente en el valor intelectual de los libros y en el valor cognitivo de la lectura de libros no digitales por todas las razones que esgrimí en Book Was There. Espero que haya editores que publiquen libros en un futuro. El tiempo lo dirá. Pero como escribo en mi libro: “Cuando estemos sobrepasados por los ordenadores, del mismo modo en que estábamos sobrepasados por los libros, necesitamos recordar que lo que nos hace únicos como especie es nuestra habilidad para comunicarnos de formas complejas a través de las palabras y también nuestra habilidad para extender (o dicho de manera más artesanal, para tejer) diferentes modos de comunicación a otros y así otorgar a esas mismas palabras un significado más profundo. Muchos están buscando una poción mágica de convergencia (un único aparato que pueda realizar todas las tareas, como el control remoto universal); algunos de nosotros deberíamos estar continuamente alerta ante las nuevas especies comunicativas. Podemos menospreciar los libros de vez en cuando, pero deberíamos estar seguros de no permitir que el ordenador se convierta en el nuevo libro. El medio universal, como la biblioteca universal, es un sueño que provoca más daños que beneficios.
Andrés Lomeña
2 de mayo de 2013
ENTREVISTA CON ANDREW PIPER
ANDRÉS LOMEÑA: Usted ha intentado restaurar la “materialidad del libro” y me imagino que habrá encontrado numerosos obstáculos en el camino. Es paradójico que usted se enfrente a un “déficit bibliográfico” para describir una historia satisfactoria del libro en tanto que objeto cuando en sus textos ha hablado del “superávit bibliográfico”; conozco decenas de obras sobre la historia del libro y hay cientos sobre la historia de la literatura. Sin embargo, no hay libros sobre la historia de los editores, de los traductores o de aquellos que influyeron en las obras al margen de los propios autores. ¿Cuáles han sido los hitos más importantes de su investigación?
ANDREW PIPER: Algunas personas han intentado pensar en la “materialidad” de diferentes formas. En Dreaming in Books, por ejemplo, intenté traer a un primer plano a los agentes intermediarios: los editores [publishers] (capítulo dos), los correctores [editors] (capítulo tres) e incluso los traductores (capítulo cinco) y los ilustradores (capítulo seis). El papel que tuvieron durante el periodo romántico dio forma al significado de ciertos libros; como esos actores tienen un papel distinto en cada periodo histórico, también tienen historias diferentes basadas en las diversas épocas de los libros sobre los que actúan. Mi aspiración era pensar en esos circuitos de significado, para aproximarme a la noción de Robert Darnton de “circuito de comunicación”, más que centrarme en categorías singulares como “el corrector” o “el editor”, que son históricamente variables.
En Book Was There, en cambio, estaba interesado en la historia de las interacciones físicas con los libros, una forma muy diferente de pensar en la materialidad, no como un circuito de producción, sino como una experiencia vívida de la interacción. No creo que haya una historia “del” libro en esos términos, sino más bien diferentes tipos de historias de diferentes tipos de interacciones y prácticas comunicativas.
AL: Ni siquiera un sociólogo como John Urry ha sido capaz de ayudarme a establecer relaciones entre la lectura y el espacio. No sé si usted ha trabajado en esta dirección.
AP: En el capítulo seis de Book Was There, intento delinear la historia de las relaciones espaciales que los libros construyen. No sólo nuestra relación con respecto a los libros, sino el modo en que los libros median en nuestra relación con ciertos tipos de espacios. Pienso que la mayor diferencia entre una espacialidad de la lectura digital y una bibliográfica es la noción de “catching-up”: con el geoposicionamiento, leer digitalmente es a menudo encontrar dónde está alguien en relación a otros. Por el contrario, la lectura de libros se ha tratado históricamente como un modo de perderse.
AL: Estoy bastante interesado en las Humanidades Digitales desde que descubrí Macroanalysis de Matthew Jockers. En 2013, esta disciplina sigue siendo casi inexistente en España. ¿Está usted reciclándose como teórico literario digital? ¿Qué herramientas se precisan para empezar? Jockers me dijo que él tiene predilección por R, pero no sé si es demasiado complejo. Quizás las Humanidades Digitales pertenecerán en el futuro próximo a los ingenieros informáticos.
AP: Me interesan mucho las Humanidades Digitales y el análisis computacional de la literatura. Ahora uso R con regularidad para varios proyectos y he empleado el año en aprender estadísticas y rudimentos de programación. Me interesa, pero no como algo revolucionario o nuevo, sino como un ejemplo más del modo en que las tecnologías de la lectura cambian cómo leemos. Muchos profesores de literatura no saben nada de la historia de los libros y de cómo su producción influye en los tipos de significados que extraemos de ellos. El giro hacia la “hermenéutica computacional” es para mí sólo parte del estudio de la larga historia de cómo los materiales de la lectura dan forma a la lectura. Éstos son tecnológicamente más complicados que los libros, pero el principio es el mismo. Nunca es tarde para aprender y necesitamos asegurarnos de que los estudiantes estén entrenados en este campo: necesitan ser usuarios críticos de sus herramientas informáticas, no herramientas de las herramientas, por así decirlo.
AL: El macroanálisis cuantitativo y la lectura distante me parecen un cambio radical para la sociología de la literatura. ¿Quiénes son los pioneros de esta pequeña revolución teórica?
AP: La lectura computacional tiene diferentes genealogías si nos vamos a la idea de “concordancia” del periodo medieval o más recientemente a los años setenta con un montón de estudios sobre la atribución de la autoría. Eso ha sido así desde siempre, pero sólo ahora parece que está ganando empuje en la disciplina. Un efecto más de Google, diría yo. Franco Moretti fue muy bueno en señalar que los cambios de escala eran importantes para nuevos tipos de análisis literario, pero no me agrada la división binaria entre lectura distante y atenta que estableció. Como todas las dicotomías, son polémicas y están simplificadas. Contradice un gran rango de escalas de lectura: la lectura “distante” puede ser muy atenta en su atención a ciertas palabras, mientras que la lectura atenta puede ser muy expansiva y moverse a través de un gran número de textos y periodos. Yo prefiero la “lectura escalar”, donde necesitamos confrontar la relación que hay entre una escala textual y los tipos de conocimientos que podemos obtener de esa escala. Ésa es la mayor conclusión que extraigo de la lectura computacional.
AL: No sé si está implicado en el proyecto http://www.culturomics.org o qué piensa de él. Me gustaría saber si los académicos están trabajando de forma separada o comparten impresiones e investigaciones. En resumidas cuentas, quisiera saber qué opina del futuro de los estudios literarios.
AP: Aunque soy pesimista sobre el futuro de la raza humana, en general soy optimista sobre el futuro del pensamiento literario. Nuestra disciplina está cambiando, pero eso no es algo malo, sólo es un cambio. Muchas personas se sienten amenazadas porque esto erosiona su autoridad. Cada vez que alguna persona se resiste, necesitas preguntarte: ¿Qué tienen ellos que perder? La respuesta es: si eres profesor titular de universidad, mucho. La lectura computacional no va a borrar la lectura de libros o los estudios literarios tal y como los conocimos. Tampoco pasará con la literatura. El arte de la narración es parte de la condición humana, así que mientras haya humanos (leer más arriba), habrá literatura y personas cuya función es buscar sentidos. Leer computacionalmente es sólo añadir otra dimensión al pensamiento sobre el lenguaje y la naturaleza de la narración. Eso es algo bueno.
AL: Para terminar, dígame si http://literarytopologies.org terminará siendo un libro, sobre todo después de que usted haya redefinido lo que es un libro y de que haya marcado el camino de transición desde las bibliografías convencionales a las nuevas topologías literarias.
AP: Espero que algo de eso se refunda en un libro. Aún creo fervientemente en el valor intelectual de los libros y en el valor cognitivo de la lectura de libros no digitales por todas las razones que esgrimí en Book Was There. Espero que haya editores que publiquen libros en un futuro. El tiempo lo dirá. Pero como escribo en mi libro: “Cuando estemos sobrepasados por los ordenadores, del mismo modo en que estábamos sobrepasados por los libros, necesitamos recordar que lo que nos hace únicos como especie es nuestra habilidad para comunicarnos de formas complejas a través de las palabras y también nuestra habilidad para extender (o dicho de manera más artesanal, para tejer) diferentes modos de comunicación a otros y así otorgar a esas mismas palabras un significado más profundo. Muchos están buscando una poción mágica de convergencia (un único aparato que pueda realizar todas las tareas, como el control remoto universal); algunos de nosotros deberíamos estar continuamente alerta ante las nuevas especies comunicativas. Podemos menospreciar los libros de vez en cuando, pero deberíamos estar seguros de no permitir que el ordenador se convierta en el nuevo libro. El medio universal, como la biblioteca universal, es un sueño que provoca más daños que beneficios.
Andrés Lomeña
2 de mayo de 2013
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