lunes, 27 de mayo de 2013

ENTREVISTA CON JONATHAN CULLER

Dos conversaciones antiguas que recupero. Están en orden cronológico.

Dos conversaciones antiguas que recupero. Las pongo en orden cronológico.

PREGUNTA: Muchos autores tienen una concepción de la teoría fuertemente retórica y autocomplaciente. En mi opinión, una de sus virtudes es su capacidad pedagógica. ¿Cuáles son los elementos esenciales que deberíamos aprender de la teoría literaria?

JONATHAN CULLER: Estoy contento de que hayas disfrutado con la lectura de mi trabajo. Lo que nosotros deberíamos aprender depende en gran medida de lo que "nosotros" somos y qué queremos llegar a ser. Es importante hacer hincapié en la "teoría", tal como la llamamos hoy por hoy, que es algo mucho más amplio que la teoría literaria e incluye muchos elementos de filosofía y teoría social, así que hay muchas trayectorias posibles aquí. Si entendemos la teoría literaria en su sentido más estricto, recomiendo "Breve introducción a la teoría literaria", que es mi obra más traducida y mejor vendida, donde intento hablar sobre los elementos más básicos en teoría literaria (Cuestiones como la naturaleza de la literatura, la distinción entre poética y hermenéutica, la naturaleza de la narrativa y sus elementos de análisis, las funciones de las figuras literarias, etcétera).

P: ¿Qué ocurrirá después de la corriente postestructuralista (Derrida, Barthes, Foucault, etcétera)?
J.C.: ¡Ya desearía yo saberlo! Desde luego, si pudiera presagiar el futuro, sería rico. En los estudios literarios y culturales, al menos en EEUU, nosotros tuvimos un periodo historicista, deudor del pensamiento de Foucault, y esto ha sido visto con frecuencia como el sucesor natural del postestructuralismo. Pienso que ahora estamos viendo un regreso hacia intereses estéticos, que durante un tiempo fueron vistos como un concepto feo (Elitista, que intenta escapar de la historia); los estudiantes están interesados en leer a Kant, Hegel y Derrida de nuevo, así que quizás tendremos algo así como un neo-postestructuralismo.

P: Baudrillard habla del arte como simulacro. Ya no hay trabajos innovadores, según él. Todo es demasiado explícito, el arte está disolviéndose... toda creación es algo reciclado, regurgitado, que siente lástima de sí mismo, donde ya no hay jerarquías de valor claras. El arte se convierte en idea, en ideología. ¿Cuál es su opinión sobre la muerte del arte?
J.C.: Pienso que cualquier trabajo desarrollado en el espacio del arte deviene en arte, incluso cuando se produce como un intento de reaccionar contra él. Uno de los problemas para los artistas de hoy es que muchos retos han sido intentados ya, así que es complicado innovar mediante el desafío, pero de una forma o de otra el nuevo arte aparecerá porque hay un espacio para ello en el sistema de la cultura contemporánea.

P: ¿Es la estética de la recepción, con Wolfgang Iser a la cabeza, una corriente en trance de extinción?
J.C.: Creo que la idea de la estética de la recepción ha sido asimilada dentro del pensamiento crítico contemporáneo, de modo que éste ha llegado a tener varias posibilidades. Nadie sostiene que el trabajo artístico sea sólo una cuestión de recepción. Las ideas de Iser fueron siempre bastante moderadas; habla de puntos de indeterminación (Unbestimmtheitsstellen), en los que hay un espacio para que los lectores concreticen ese vacío. Esta sensata idea es perfectamente válida en la actualidad, pero no parece suficiente como para llamarla "teoría".

P: ¿Qué intelectual prefieres, Gérard Genette, Paul Ricoeur or Harold Bloom?
J.C.: Gérard Genette. Él todavía es una figura central para el estudio de la narrativa. Solamente Monika Fludernik ha tenido un trabajo narratológico que rivaliza con el de él (Su libro "Towards a natural narratology" merece ser mucho más conocido). El trabajo filosófico de Ricoeur nunca me ha atraído demasiado. En cuanto a Bloom, tras su poderoso comienzo (La angustia de la influencia), ha publicado una serie de libros en los cuales él busca ser el árbitro de la cultura y celebrar la literatura en un idioma humanístico, lo que ha rebajado sus primeros trabajos. El joven Bloom todavía me resulta importante, pero prefiero a Genette entre las figuras intelectuales.

P: ¿Dónde está Tzvetan Todorov y otros pensadores? Los estructuralistas parecen desaparecidos. ¿Necesita el movimiento un nuevo reto?
J.C.: Todorov ha sido una figura muy importante en la institución francesa como cabeza del CNRS, pero esta importancia ha llegado con el abandono de los proyectos estructuralistas de su juventud. Creo que los estudios culturales deberían regresar a los proyectos inacabados del estructuralismo.

P: ¿Tienen los estudios culturales alguna posibilidad de hacer progresos en la actualidad? Se les ha criticado continuamente por su falta de metodología.
J.C.: Sí, los estudios culturales son el heredero no reconocido del estructuralismo y esto debería ser bien conocido por ambos para regresar a los programas metodológicos del estructuralismo, lo cual implica que la cultura consiste en un número de "lenguajes" cuyas gramáticas deberían ser estudiadas y descritas, solamente como intentos que hacen explícitas las convenciones que hacen posible la comunicación lingüística. Hay un capítulo sobre esto en mi nuevo libro, "The Literary in Theory".

P: ¿Cómo es la relación entre estructuralismo y deconstrucción?
J.C.: Es una pregunta difícil, pero creo que hay una sección en mi libro "Sobre la deconstrucción" en el que intento situar la deconstrucción dentro del estructuralismo, como una forma de entendimiento de las funciones del lenguaje. Otros, por supuesto, verían la deconstrucción de una forma muy distinta.

P: ¿Qué novela nos recomienda?
J.C.: Soy un gran aficionado de Elizabeth Bowen, quien me parece la mejor novelista británica del siglo veinte (más grande que Woolf, Lawrence, etc.). Su prosa no es fácil de apreciar, por eso sin percibir la extraña elegancia de sus oraciones sus novelas costumbristas parecen más bien limitadas, lo cual es seguramente el motivo de por qué ella no es más conocida, pero yo recomendaría "La muerte del corazón", para empezar.

P: Para terminar, díganos alguna de sus expectativas e ilusiones en la vida.
J.C.: Sueño con la paz mundial, pero eso no es muy interesante. Soy aficionado al helado de café. Por definición otros estarían mucho mejor situados para hablar de mis ilusiones que yo mismo. Éste es el principio de De Man en "Ceguera e iluminación".

CONVERSACIONES CON JONATHAN CULLER 2

1) Hay demasiadas “narratologías” o teorías de la narración. ¿Cuál prefiere, la de Stanzel, la de Bal o la de Genette, si es que prefiere alguna? David Herman habla de estas narratologías como clásicas, a la que se acusa de frías, antihistóricas y antihumanistas. ¿Podremos ver una reconciliación entre las diferentes propuestas?
Creo que Bal ha refinado a Genette, pero también es muy valiosa, a mi juicio, la narratología de Monika Fludernik. “Towards a Natural Narratology” incorpora las dimensiones cognitivas e históricas dentro del análisis narratológico. Desgraciadamente, este importante libro fue publicado en tapa dura a un precio de más de cien dólares, aunque ella se ha comprometido a publicar una introducción accesible esta primavera.

2) Me he interesado por la fenomenología de la lectura para comprender la variedad de interpretaciones de una obra. La lectura nunca es un hecho autónomo: siempre hay personas, análisis o instituciones que contribuyen o fuerzan el sentido de los textos. Sin embargo, esas comunidades interpretativas nunca son algo monolítico: hay batallas dentro y fuera de esos grupos. Así que pensé que debería seguir las transformaciones continuas de los significados, lo cual me acerca bastante al postestructuralismo y su creencia en los sentidos no estables de un texto. El sociólogo Bruno Latour diría que no hay explicaciones, sólo descripciones densas. En definitiva, debo confesar, como ya puede imaginar, que estoy atrapado en una jaula textualista y espero que pueda ayudarme.
Hay varios caminos para el significado que pueden ser asociados a las obras literarias, lo cual puede emplearse con distintos fines. Puedo aceptar la afirmación de Latour, que reescribiría así: la interpretación no es la explicación (aunque por supuesto busca explicar problemas particulares), pero pienso que la poética en principio trata de proveer explicaciones, al menos en el sentido de ofrecer modelos: qué posibilita que una obra tenga los significados que tiene para los lectores. La cuestión clave es si tomas los significados como un sentido que hay que rescatar (descubrir o inventar) o como un fenómeno que los lectores atestiguan y cuya experiencia se da y se explica.

3) ¿Qué opina de la semántica de los mundos posibles en la teoría literaria?
No he estado muy interesado en esta cuestión, en parte por su sesgo al entender que la obra literaria es siempre vista como representación de un mundo, lo cual es quizás adecuado para la mayoría de las novelas, pero no para toda la literatura.

4) Quizás estamos obsesionados, como los físicos, por una teoría unitaria o “teoría del todo”. ¿Habrá una gran convergencia en el futuro?
No sé si sucederá algo así. Probablemente se darán divergencias, ya que como dije hay muchos usos diferentes con los que emplear las obras literarias y muchas perspectivas diferentes desde las que pueden estudiarse. Al menos albergo la esperanza de que un revival de la poética pueda traer alguna convergencia desde una posición particular como la suya.

5) ¿Cree en eso que llaman “académicos sin escuela”?
No creo que la noción de “escuela” sea particularmente útil.

19/03/09
Andrés Lomeña

lunes, 13 de mayo de 2013

ENTREVISTA CON STEVEN JONES

Entrevista al autor de THE EMERGENCE OF THE DIGITAL HUMANITIES.

http://stevenejones.org
http://emergenceofdhbook.tumblr.com

ANDRÉS LOMEÑA: He observado con Google Ngram un declive del término cibercultura desde el año 2001. Las Humanidades Digitales aún no despegan. ¿Qué le ocurrió a la cibercultura? ¿Son las Humanidades Digitales su digna sucesora?
STEVEN E. JONES: En realidad, el cálculo en las humanidades se remonta a mediados del siglo XX, pero el nombre “Humanidades Digitales” cobró protagonismo alrededor de 2004-2008, como Matthew Kirschenbaum, John Unsworth y otros han relatado. Me interesa el progresivo desuso del término “ciberespacio” y del prefijo “ciber”. Creo que ahora suena algo desfasado (sólo los militares y la policía lo usan con regularidad: en “ciberguerra” y “ciberacoso”, por ejemplo, al menos en Estados Unidos y en Gran Bretaña).
William Gibson, que acuñó el término, dijo recientemente que el ciberespacio está en “eversión”, esto es, volviéndose de adentro para afuera y colonizando el mundo físico. Esto es sólo una metáfora (al igual que lo era el ciberespacio) sobre qué está pasando desde 2004-2008; una serie de cambios en las tecnologías de redes y en la actitud de las personas llevaron a una nueva percepción colectiva que determinó “la muerte del ciberespacio” como la metáfora dominante y a la aceptación del vacío ideológico. Las personas se dieron cuenta de que la red no es un lugar trascendente alejado del mundo, es una parte mundana del mismo. Todo está a nuestro alrededor y somos parte del todo: la realidad aumentada, los dispositivos móviles y las impresoras 3D a precios asequibles son aplicaciones de esta nueva actitud.
Creo que este cambio, la eversión, ayuda a explicar la aparición de una corriente recientemente visible, el cálculo en las humanidades, algo que creció entre 2004 y 2008. Esto llegó a conocerse como Humanidades Digitales (o HD). El poder de la idea del ciberespacio se erosionó significativamente y con ello también empezó a decaer el “dualismo digital” (tal y como dijo el sociólogo Nathan Jurgenson), que asumía una separación clara de lo digital y lo físico. En ese momento las Humanidades Digitales obtuvieron atención pública, especialmente en Estados Unidos, con las nuevas funciones de las Humanidades Digitales en el NEH (http://www.neh.gov/), noticias en prensa, etcétera. Las nuevas Humanidades Digitales salieron al exterior: ideas sobre la “digitalización” como una forma de explorar los intercambios entre los objetos físicos y los datos digitales, por ejemplo, y también como una forma de mirar con nuevos ojos un corpus de textos relativamente largo. Las nuevas HD también empezaron a promover la fabricación de cosas y el hacking como métodos teóricos y exploratorios para las humanidades; se empezó a mirar los datos como si estuvieran enredados desde siempre con los textos, los archivos, los artefactos y las teorías de las humanidades. En este sentido, las humanidades han alcanzado la eversión.
Mi libro [aparecerá en septiembre de 2013] sólo aspira a hacer una contribución al discurso alrededor de las Humanidades Digitales. No es una introducción general ni una historia de la disciplina. Es un ensayo extenso sobre la confluencia de lo que Gibson ha llamado la eversión del ciberespacio y el crecimiento de los nuevos modelos de las Humanidades Digitales (fuera de la tradición del cálculo de las humanidades).

A.L.: ¿Le parece que las Humanidades Digitales son algo así como un revival de las dos culturas? La división entre ciencias y letras, para entendernos.
S.J.: Las Humanidades Digitales son parte de una tendencia mayor que borra la oposición binaria entre las dos culturas que señaló C. P. Snow, ya que se puede probar que los humanistas no son “luditas naturales”, como él afirmó. Además, las HD presentan ciertas formas de colaboración y métodos técnicos para historiadores, críticos literarios y otros académicos del ámbito humanístico. La colaboración es el objetivo. No pienses en la solitaria carga de un teórico de la literatura que tenga que aprender a programar o desarrollar análisis de datos. En lugar de eso, piensa en aprender sobre plataformas de publicación digital, de visualización y de programación para trabajar con varios equipos interdisciplinares. Eso es mucho más divertido, para empezar.

A.L.: ¿Cuál ha de ser el rol de las Humanidades Digitales en defensa de las “humanidades tradicionales”?
S.J.: Ésta es una pregunta complicada. En primer lugar, creo que las HD abren las humanidades hacia una perspectiva de la realidad sofisticada y orientada a objetos, algo que puede expandir la investigación de las humanidades más allá de algunas formas tradicionales y de las fronteras institucionales. No se trata solamente de aprender a usar ordenadores. También pienso que los practicantes de las HD tienen que resistirse a la cooptación; no deben venderse a la creciente corporativización de la universidad (Alan Liu es muy bueno en este problema). Observa la reciente controversia en Estados Unidos con los MOOCs: algunos dicen que las Humanidades Digitales son cómplices de su crecimiento y muchos dentro de las HD dicen que no, que nada tienen que ver con esto. Stephen Ramsay ha argumentado que no todo lo digital en la universidad es Humanidades Digitales y que no toda la tecnocracia puede asociarse con ellas ni podemos culparlas de todo. Es cierto que los humanistas digitales tienen que ser críticos y estar alerta con el trabajo académico y con las tecnologías, como por ejemplo el fetichismo de la educación STEM [ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas].

A.L.: Usted ha estudiado el fenómeno histórico del ludismo. El filósofo John Zerzan me dijo que el neoludismo será cada vez más común en esta sociedad desquiciada. No sé qué piensa de esta posibilidad, pero vuelve a haber estudios que aseguran que el progreso tecnológico es el causante de la destrucción de empleos, como el reciente libro Race against the machine.
S.J.: No estoy seguro de si el neoludismo va a crecer mucho más allá del tope de finales de los años noventa, ya se verá (Zerzan tiene sus propios motivos para creer que eso va a suceder). El objetivo de mi libro Contra la tecnología era diferenciar la ideología antitecnológica de la actualidad del ludismo histórico, que fue, después de todo, un movimiento social llevado a cabo por maquinistas y artesanos, maestros de sus propias tecnologías.
Parte de la confusión es que muchos (no todos) neoluditas están menos preocupados por los trabajos per se que por los estilos de vida que llevan, como alejarse de la vida urbana o pedir un “sabbath” de Internet. Otra vez recurro a Nathan Jurgenson, que ha llamado a esto el fetiche de “la vida real”. Todos los temas actuales son muy importantes: la automatización, los despidos, la externalización de la electrónica en China, etcétera. Que yo sepa, nadie de las Humanidades Digitales acepta ingenuamente la idea de “progreso” como sinónimo de más tecnología. Por otra parte, el neoludismo, la renuncia a la Tecnología (con esa “te” en mayúscula) puede ser un síntoma de ideología romántica y una parte del problema.
Lo que se necesita es más compromiso, no menos, una especie de actitud hacker positiva que consiga que las humanidades sean tan críticas con las tecnologías como el uso que les dan para los proyectos humanísticos. Esto tiene que hacerse desde un conocimiento elemental de las plataformas y el código. Ésa es la manera en que las nuevas Humanidades Digitales (con ese énfasis en montar, programar y construir cosas) puede tener un efecto progresista; puede enseñar un tipo de compromiso técnico y una responsabilidad práctica de los humanistas con las tecnologías, un compromiso crítico muy necesario desde una posición de la experiencia interdisciplinaria.

A.L.: ¿Las impresoras 3D serán simple vaporware o una nueva fase en la democratización de las tecnologías? ¿Qué me dice de las Google Glass?
S.J.: Las impresoras 3D ya son algo más que vaporware. Ahora mismo, sobre mi escritorio, tengo un pequeño objeto impreso. Las declaraciones que se vierten sobre esas tecnologías, especialmente en los círculos de las start-up, son pretenciosas, pero esas herramientas quizás puedan ser “útiles” de una forma menos obvia en las artes y las humanidades, como dispositivos especulativos, máquinas esculturales, recordatorios creativos y simbólicos de la eversión en la que vivimos, en la que datos digitales se llegan a manifestar como objetos físicos. Bethany Nowviskie (en Virginia) ha escrito con elocuencia sobre ese proceso y sobre los roles de hacer y jugar en las nuevas HD. En cierto modo, esto nos devuelve a tu pregunta sobre el valor instrumental de las humanidades. Creo que las HD entran en juego gracias al lado creativo de esos fabricantes/creadores y al movimiento de “hacedores” en general.
Las gafas de Google son una historia muy distinta. Es el primer gran relato público sobre la tecnología de Realidad Aumentada, así que refleja un amplio abanico de reacciones, desde el frenesí al horror. Incluso Google se da cuenta de que el prototipo está generando preguntas sobre privacidad, conectividad, ubicuidad y acceso. Yo recomendaría a cualquier persona que no espere a las gafas para lidiar con esos temas al salir a la calle; ya tenemos cámaras y procesadores casi en todas partes. Los datos fluyen como un torrente a nuestro alrededor.

A.L.: ¿Recomendaciones finales?
S.J.: Ya he citado a unas cuantas personas, pero recomendaría la compilación de Matt Gold Debates in the Digital Humanities, que pronto estará disponible en una edición open access. En realidad, más que una sola fuente, recomendaría Twitter, donde muchos de los humanistas digitales se muestran extremadamente activos. Sigue los hilos desde allí y te llevarán hacia otras fuentes.

14 de mayo de 2013
Andrés Lomeña

miércoles, 8 de mayo de 2013

ENTREVISTA CON DANIEL CHAMOVITZ

Llevo unos años haciendo entrevistas, unas mejores y otras peores (me siento bastante orgulloso de unas pocas).

En este caso, copio aquí una de las peores que he hecho... pero es la más reciente y el tema me interesaba mucho. Después de todo, estas minientrevistas son un ejercicio de divulgación, una forma de compartir mis inquietudes y de trasladárselas a quien gasta unos minutos en leerme.

LO QUE SABE UNA PLANTA es un libro sobre cómo las plantas "huelen" gracias al etileno que desprenden, "ven" gracias a los fotorreceptores y "sienten" gracias a la propiocepción. La minientrevista sólo es una invitación a la lectura, nunca un ahorro de la misma (como siempre ha querido un amigo mío con la frase: "¿De qué va el libro?", queriendo un resumen para así no leerlo, como si ese atajo valiera para llegar a la meta del mismo modo).

Dedicada a mis queridos biólogos, a quienes pido disculpas por anticipado por todas las torpezas, preguntas tontas, errores de traducción o cualquier otra cosa que haya podido cometer.

¡PRÓSPEROS DÍAS!

ENTREVISTA CON DANIEL CHAMOVITZ

Autor de Lo que sabe una planta
http://www.whataplantknows.com

ANDRÉS LOMEÑA: En primer lugar, ¡enhorabuena! Siempre quise leer un libro como el suyo, pero La vida secreta de las plantas era pura pseudociencia. Por fin un libro rigurosamente científico sobre los “sentidos” de las plantas. ¿Veremos la edición española?
DANIEL CHAMOVITZ: ¡Eso espero! Mientras, tanto, WAPK [abreviatura del libro en inglés] se ha traducido a 12 idiomas. Ningún editor español ha mostrado interés aún; quizás puedas ayudarme a encontrar uno.

A.L.: Lo que sabe una planta sostiene que las diferencias genéticas entre plantas y animales no son tan significativas como pensamos; las plantas son organismos complejos con vidas sofisticadas y sensuales. Su libro me recuerda a La botánica del deseo de Michael Pollan, donde el autor intenta estudiar las plantas desde el punto de vista de la “coevolución”. Es decir, nosotros elegimos las plantas y las flores... pero ellas también nos eligen en cierto modo, a través de los colores, de sus frutos, etcétera. ¿Estaba intentando escapar de nuestra típica visión antropocéntrica?
D.CH.: Desde luego. Los humanos tendemos a vernos como la cúspide de la evolución, cuando en verdad la evolución humana es sólo una opción para la vida en La Tierra (y ha traído varios pequeños inconvenientes, como la dificultad en el parto). Tratamos de describir nuestras destrezas intelectuales con un valor evolutivo de “mejor” y “más complejo”, pero tal y como se muestra en el libro, las plantas pueden ser más complejas genéticamente que la mayoría de los animales. No debería sorprendernos porque todos los organismos (las plantas, los bichos y los humanos) necesitan responder a su entorno para sobrevivir; la única diferencia es que los humanos tratamos de analizar nuestras respuestas.

A.L.: ¿Sienten dolor las plantas?
D.CH.: No, no sienten dolor. El sufrimiento es por definición subjetivo y se necesita un cerebro desarrollado para procesar la subjetividad.

A.L.: ¿Hay alguna relación entre el tamaño de una planta y sus estructuras internas? Eso parecía sugerir Haldane con los animales.
D.CH.: No estoy muy familiarizado con las teorías de Haldane. La organización estructural es increíblemente parecida entre las plantas pequeñas y las grandes.

A.L.: En su libro describe cómo las plantas “ven”, “huelen”, “sienten” y “recuerdan”. Sin embargo, las plantas no “oyen”. Están sordas, por así decirlo. No pueden reaccionar a la música, como algunos sostienen. En cambio, quizás las plantas puedan “oír” algún tipo de vibraciones ultrasónicas; algunos científicos creen que las plantas podrían comunicarse a través de sonidos pasivos, como el crujir de la madera, en un periodo de sequía para preparar a otras plantas para la escasez de agua. ¿Hay algún estudio nuevo sobre bioacústica vegetal?
D.CH.: Alguna investigación reciente (http://www.cell.com/trends/plant-science/abstract/S1360-1385(12)00054-4) que viene del laboratorio de Monica Gagliano da a entender que las plantas podrían responder a los sonidos. No a la música, que es irrelevante para una planta, pero sí a ciertas vibraciones. Será muy interesante ver esos resultados y que se confirme en otros laboratorios.

A.L.: En Málaga, la ciudad donde vivo, algunos biólogos han descubierto cómo conseguir chirimoyas sin semillas gracias a una mutación natural. ¿Qué opinión te merecen estos avances? También es una buena ocasión para preguntarle por el interminable debate de los transgénicos.
D.CH.: Ésta es una pregunta importante. Creo que tú y tus lectores necesitan darse cuenta de que todo lo que comemos, cada cereal, fruta o vegetal que se cultiva es resultado de la manipulación genética y del cambio genético forzado por los humanos. Un tomate natural “salvaje”, que crecía en Perú, es en realidad muy pequeño y te haría enfermar si te lo comieras. Por otra parte, el tomate cultivado nunca podría sobrevivir en el entorno natural de Perú. La tecnología de los Organismos Genéticamente Modificados es solamente otra herramienta en nuestro arsenal para mejorar las plantas con fines agrícolas. En realidad, es una herramienta más exacta que la reproducción clásica, que a menudo deriva en rasgos no deseados introducidos en las plantas.
La oposición a los OGM está basada casi por completo en ideas políticas o económicas y en la pseudociencia. No tiene en cuenta los grandes avances que esa tecnología conlleva, como la posibilidad de prescindir del uso de pesticidas químicos venenosos (hay un montón de pruebas de cómo esos pesticidas contaminan el agua).

A.L.: Las plantas diferencian entre el azul y el rojo mediante los fotorreceptores. También diferencian entre lo frío y lo caliente. Supongo que no le interesa la jardinería, pero ese conocimiento ha de ser muy útil.
D.CH.: No soy muy jardinero que se diga (en realidad, y por desgracia, se me mueren las plantas de interior). Nuestra ciencia básica se traduce con frecuencia en ventajas agrícolas. Por ejemplo, los agricultores manipulan la luz para acelerar o inhibir la floración. Todo esto está basado en décadas de investigación sobre las respuestas de las plantas a la luz.

A.L.: Los hongos no son plantas estrictamente hablando. Pertenecen a otro reino. No sé si ha observado grandes diferencias acerca de cómo “huelen”, “ven” o “sienten”.
D.CH.: Todos los organismos necesitan responder al entorno y adaptarse a él para poder sobrevivir. Los hongos no son diferentes de las plantas o de las personas en este aspecto.

A.L.: ¿Publicará una segunda edición?
D.CH.: Ya veremos. Se puede concebir una segunda edición en unos años.


A.L.: Un pequeño e ingenuo juego final. Díganos qué le sugieren estas palabras...

El tomate.
Salsa.

La patata.
Hambrunas.

Plantas carnívoras.
La película La tienda de los horrores.

Los tulipanes.
Holanda.

El roble.
Majestuosidad.

La secuoya.
California.

El maíz.
Los campos.

La orquídea.
La perfección.

La rosa.
El amor.

La lechuga.
Conejos.

El peyote.
India.

El olivo.
El aceite.

Andrés Lomeña
8 de mayo de 2013

jueves, 2 de mayo de 2013

ENTREVISTA A ANDREW PIPER

Mi entrevista con "Andrés Fontanero".

ENTREVISTA CON ANDREW PIPER

ANDRÉS LOMEÑA: Usted ha intentado restaurar la “materialidad del libro” y me imagino que habrá encontrado numerosos obstáculos en el camino. Es paradójico que usted se enfrente a un “déficit bibliográfico” para describir una historia satisfactoria del libro en tanto que objeto cuando en sus textos ha hablado del “superávit bibliográfico”; conozco decenas de obras sobre la historia del libro y hay cientos sobre la historia de la literatura. Sin embargo, no hay libros sobre la historia de los editores, de los traductores o de aquellos que influyeron en las obras al margen de los propios autores. ¿Cuáles han sido los hitos más importantes de su investigación?
ANDREW PIPER: Algunas personas han intentado pensar en la “materialidad” de diferentes formas. En Dreaming in Books, por ejemplo, intenté traer a un primer plano a los agentes intermediarios: los editores [publishers] (capítulo dos), los correctores [editors] (capítulo tres) e incluso los traductores (capítulo cinco) y los ilustradores (capítulo seis). El papel que tuvieron durante el periodo romántico dio forma al significado de ciertos libros; como esos actores tienen un papel distinto en cada periodo histórico, también tienen historias diferentes basadas en las diversas épocas de los libros sobre los que actúan. Mi aspiración era pensar en esos circuitos de significado, para aproximarme a la noción de Robert Darnton de “circuito de comunicación”, más que centrarme en categorías singulares como “el corrector” o “el editor”, que son históricamente variables.
En Book Was There, en cambio, estaba interesado en la historia de las interacciones físicas con los libros, una forma muy diferente de pensar en la materialidad, no como un circuito de producción, sino como una experiencia vívida de la interacción. No creo que haya una historia “del” libro en esos términos, sino más bien diferentes tipos de historias de diferentes tipos de interacciones y prácticas comunicativas.

AL: Ni siquiera un sociólogo como John Urry ha sido capaz de ayudarme a establecer relaciones entre la lectura y el espacio. No sé si usted ha trabajado en esta dirección.
AP: En el capítulo seis de Book Was There, intento delinear la historia de las relaciones espaciales que los libros construyen. No sólo nuestra relación con respecto a los libros, sino el modo en que los libros median en nuestra relación con ciertos tipos de espacios. Pienso que la mayor diferencia entre una espacialidad de la lectura digital y una bibliográfica es la noción de “catching-up”: con el geoposicionamiento, leer digitalmente es a menudo encontrar dónde está alguien en relación a otros. Por el contrario, la lectura de libros se ha tratado históricamente como un modo de perderse.

AL: Estoy bastante interesado en las Humanidades Digitales desde que descubrí Macroanalysis de Matthew Jockers. En 2013, esta disciplina sigue siendo casi inexistente en España. ¿Está usted reciclándose como teórico literario digital? ¿Qué herramientas se precisan para empezar? Jockers me dijo que él tiene predilección por R, pero no sé si es demasiado complejo. Quizás las Humanidades Digitales pertenecerán en el futuro próximo a los ingenieros informáticos.
AP: Me interesan mucho las Humanidades Digitales y el análisis computacional de la literatura. Ahora uso R con regularidad para varios proyectos y he empleado el año en aprender estadísticas y rudimentos de programación. Me interesa, pero no como algo revolucionario o nuevo, sino como un ejemplo más del modo en que las tecnologías de la lectura cambian cómo leemos. Muchos profesores de literatura no saben nada de la historia de los libros y de cómo su producción influye en los tipos de significados que extraemos de ellos. El giro hacia la “hermenéutica computacional” es para mí sólo parte del estudio de la larga historia de cómo los materiales de la lectura dan forma a la lectura. Éstos son tecnológicamente más complicados que los libros, pero el principio es el mismo. Nunca es tarde para aprender y necesitamos asegurarnos de que los estudiantes estén entrenados en este campo: necesitan ser usuarios críticos de sus herramientas informáticas, no herramientas de las herramientas, por así decirlo.

AL: El macroanálisis cuantitativo y la lectura distante me parecen un cambio radical para la sociología de la literatura. ¿Quiénes son los pioneros de esta pequeña revolución teórica?
AP: La lectura computacional tiene diferentes genealogías si nos vamos a la idea de “concordancia” del periodo medieval o más recientemente a los años setenta con un montón de estudios sobre la atribución de la autoría. Eso ha sido así desde siempre, pero sólo ahora parece que está ganando empuje en la disciplina. Un efecto más de Google, diría yo. Franco Moretti fue muy bueno en señalar que los cambios de escala eran importantes para nuevos tipos de análisis literario, pero no me agrada la división binaria entre lectura distante y atenta que estableció. Como todas las dicotomías, son polémicas y están simplificadas. Contradice un gran rango de escalas de lectura: la lectura “distante” puede ser muy atenta en su atención a ciertas palabras, mientras que la lectura atenta puede ser muy expansiva y moverse a través de un gran número de textos y periodos. Yo prefiero la “lectura escalar”, donde necesitamos confrontar la relación que hay entre una escala textual y los tipos de conocimientos que podemos obtener de esa escala. Ésa es la mayor conclusión que extraigo de la lectura computacional.

AL: No sé si está implicado en el proyecto http://www.culturomics.org o qué piensa de él. Me gustaría saber si los académicos están trabajando de forma separada o comparten impresiones e investigaciones. En resumidas cuentas, quisiera saber qué opina del futuro de los estudios literarios.
AP: Aunque soy pesimista sobre el futuro de la raza humana, en general soy optimista sobre el futuro del pensamiento literario. Nuestra disciplina está cambiando, pero eso no es algo malo, sólo es un cambio. Muchas personas se sienten amenazadas porque esto erosiona su autoridad. Cada vez que alguna persona se resiste, necesitas preguntarte: ¿Qué tienen ellos que perder? La respuesta es: si eres profesor titular de universidad, mucho. La lectura computacional no va a borrar la lectura de libros o los estudios literarios tal y como los conocimos. Tampoco pasará con la literatura. El arte de la narración es parte de la condición humana, así que mientras haya humanos (leer más arriba), habrá literatura y personas cuya función es buscar sentidos. Leer computacionalmente es sólo añadir otra dimensión al pensamiento sobre el lenguaje y la naturaleza de la narración. Eso es algo bueno.

AL: Para terminar, dígame si http://literarytopologies.org terminará siendo un libro, sobre todo después de que usted haya redefinido lo que es un libro y de que haya marcado el camino de transición desde las bibliografías convencionales a las nuevas topologías literarias.
AP: Espero que algo de eso se refunda en un libro. Aún creo fervientemente en el valor intelectual de los libros y en el valor cognitivo de la lectura de libros no digitales por todas las razones que esgrimí en Book Was There. Espero que haya editores que publiquen libros en un futuro. El tiempo lo dirá. Pero como escribo en mi libro: “Cuando estemos sobrepasados por los ordenadores, del mismo modo en que estábamos sobrepasados por los libros, necesitamos recordar que lo que nos hace únicos como especie es nuestra habilidad para comunicarnos de formas complejas a través de las palabras y también nuestra habilidad para extender (o dicho de manera más artesanal, para tejer) diferentes modos de comunicación a otros y así otorgar a esas mismas palabras un significado más profundo. Muchos están buscando una poción mágica de convergencia (un único aparato que pueda realizar todas las tareas, como el control remoto universal); algunos de nosotros deberíamos estar continuamente alerta ante las nuevas especies comunicativas. Podemos menospreciar los libros de vez en cuando, pero deberíamos estar seguros de no permitir que el ordenador se convierta en el nuevo libro. El medio universal, como la biblioteca universal, es un sueño que provoca más daños que beneficios.

Andrés Lomeña
2 de mayo de 2013

lunes, 8 de abril de 2013

ENTREVISTA CON MATTHEW JOCKERS

ENTREVISTA CON MATTHEW JOCKERS

Mi última entrevista hasta la fecha. Y como siempre digo: espero que la última.
Antes de empezar, el blog del autor: http://www.matthewjockers.net/

ANDRÉS LOMEÑA: Su libro Macroanálisis es un nuevo acercamiento a la historia literaria en la era del big data. Sostiene que la lectura atenta [close-reading] sería como la microeconomía, mientras que el macroanálisis cuantitativo se correspondería con la macroeconomía. Estoy seguro de que será modesto y no apostará por la existencia de ningún “elixir metodológico”. Sin embargo, me pregunto si su investigación no relega al olvido o a la basura los hallazgos de autores como René Wellek, Auerbach, Ian Watt, Curtius, Tania Modleski o Stephen Greenblatt.
MATTHEW JOCKERS: Sostengo que la lectura atenta [close] y la distante [distant] son complementarias. No veo el macroanálisis como un desafío a formas “más viejas” de la erudición literaria, y no imagino que el macronanálisis vaya a convertir los estudios tradicionales en algo obsoleto, relegándolos al olvido o a la basura, como tú dices.
Admiro mucho a los autores que mencionas y yo cito en mi libro a dos de ellos, Watt y Auerbach. En lugar de la antítesis “grande versus pequeño”, o “atenta versus distante”, me gustaría sugerir que el macroanálisis ofrece otra aproximación a la escritura de la historia literaria. Lo que lo hace único es que emplea una forma distinta de elaboración de argumentos o hipótesis. El macroanálisis aspira a una historia literaria basada en una gran operación de recopilación de evidencias; aunque la obra puede en ocasiones desafiar las visiones existentes de la historia literaria, no está diseñada para ese propósito.

A.L.: Ésta es una pregunta fácil de responder: ¿es el macroanálisis una especie de análisis sintáctico mientras que la lectura atenta es un análisis más bien de tipo semántico?
M.J.: No creo que sea correcto caracterizar esas opciones como específica o exclusivamente sintácticas o semánticas. Metodológicamente, las dos escalas de análisis son muy parecidas, y pienso que ambas están interesadas en traer ciertos detalles textuales a nuestro campo de estudio. Esto es algo que Julia Flanders y yo hicimos hace unas semanas en un discurso de apertura que dimos en la Universidad Northeastern. Nos pidieron escenificar un debate sobre los grandes datos contra los pequeños, y en el transcurso de ese debate, llegamos a la conclusión de que la escala es en cierto sentido irrelevante. Tus lectores pueden encontrar un enlace a la transcripción de nuestra presentación aquí: http://www.matthewjockers.net/2013/03/28/a-matter-of-scale

A.L.: Franco Moretti y usted son unos pioneros en este tipo de estudios. ¿Cuáles son vuestros predecesores? Estoy pensando en los formalistas rusos para los métodos cuantitativos y con pretensión de objetividad y en Ferdinand Brunetière para las ideas evolucionistas o darwinistas.
M.J.: Me siento halagado por el cumplido. Por supuesto, estoy en deuda con mis predecesores, especialmente con los formalistas, cuyos audaces trabajos sobre historia y evolución literaria estaban muy adelantados a su tiempo. Algunas de las grandes preguntas que intento afrontar en el libro pueden rastrearse hasta llegar a los formalistas. Tinianov, por ejemplo, escribe en 1927 sobre cómo uno no debe “estudiar el fenómeno literario fuera de sus interrelaciones”. En pocas palabras, ése es mi proyecto: estudiar el fenómeno literario en contexto y a gran escala, y aquí, por supuesto, es donde interviene el tema computacional.

A.L.: El crítico literario Stanley Fish ha dicho que las Humanidades Digitales socavan nociones como las de autoridad o preeminencia. ¿De qué tiene miedo? Parece que Fish va camino de convertirse en un nuevo Harold Bloom. Por otra parte, me gustaría saber si las Humanidades Digitales convergerán de alguna forma con los Estudios Culturales, algo con lo que probablemente estaría de acuerdo Kathleen Fitzpatrick.
M.J.: Creo que los comentarios de Fish sobre el peligro de las Humanidades Digitales son desatinados, pero eso es porque creo que malinterpreta el término “Humanidades Digitales”. Para que quede claro, yo tampoco comprendo lo que describe ese término y he estado haciendo “Humanidades Digitales” desde principios de los noventa. Criticar y debatir las HD es como intentar agarrarse a Proteo cuando éste cambia de león a agua. Es una trampa y Fish cae en ella: primero en ver el argumento de Fitzpatrick como el de “Las Humanidades Digitales”; en segundo lugar, por mezclar los blogs con las Humanidades Digitales; y en tercer lugar por ver las Humanidades Digitales como una agenda política específica o implícita (y eso es sólo el primer post de su serie sobre HD). Todo lo que Fish sostiene es incorrecto y correcto al mismo tiempo. Hace algunos años, cuando se pedía una definición de Humanidades Digitales escogí el modo Bartleby y respondí: “Preferiría no hacerlo”. Tengo que confesar el término HD es bastante inútil como forma de describir una aproximación al estudio de la literatura o de la historia. Incluso quienes se identifican como “humanistas digitales” discuten sobre lo que significa el término. Hace unos meses, me pidieron que ofreciera un consejo valioso de unos 3 o 4 minutos para recién llegados a las Humanidades Digitales. Como parte de ese consejo hablé sobre el amplio espectro de actividad que recae sobre esa etiqueta. Luego advertí: “Gastad muy poco tiempo pensando qué son y emplead tanto tiempo como podáis en hacer Humanidades Digitales”. Luego seguí diciendo que lo importante es la obra que uno hace, no cómo se la define. Puedes encontrar mi “Consejo para principiantes de las HD” en mi blog:
http://www.matthewjockers.net/2013/01/03/advice-for-dh-newbies

A.L.: La sociología de la literatura no ha avanzado absolutamente nada en cuanto al estado actual de la literatura. Hay decenas de subgéneros nuevos y poco estudiados como la chic-lit, el steampunk o el new weird. Además, creo que se deberían tener en cuenta las ventas de las editoriales y datos como los que ofrece Nielsen BookData. Es decir, hablo de una convergencia entre el macroanálisis y Mercaderes de la cultura de John B. Thompson (el mejor estudio hasta el momento sobre la industria editorial. ¿Veremos algo en esta línea?
M.J.: Recientemente varios colegas y yo anunciamos un proyecto de investigación para abordar ese tipo de preguntas, y casualmente, ese esfuerzo se lleva a cabo con la colaboración de booklamp.org (que mencionas en tu siguiente pregunta). Esta nueva iniciativa en la investigación, a la que hemos llamado “Unfolding the Novel” (http://www.matthewjockers.net/2013/02/20/unfolding-the-novel), es una colaboración entre académicos y estudiantes de la UNL y de Standford, la Universidad de Arizona y Booklamp. Uno de los objetivos principales del proyecto es crear mapas de las tendencias estilísticas y temáticas durante 300 años de literatura creativa, a través de múltiples géneros, incluyendo algunos géneros populares como el romance y la ciencia-ficción. Una de las cosas interesantes de este proyecto es que analizaremos datos literarios de libros escritos en el transcurso de tres siglos, desde 1700 a 2000.

A.L.: ¿Cuál es su opinión sobre el “Proyecto del genoma de los libros” (http://booklamp.org)?
M.J.: Estoy muy contento por el trabajo que se está haciendo en el Book Genome, pero tengo que reconocer que he estado trabajando durante varios años con el equipo del Book Genome como asesor en la investigación y ahora formo parte de ellos en el proyecto “Unfolding the Novel”.

A.L.: ¿Qué herramientas de visualización de datos nos recomendaría? ¿Gephy, Many eyes, Google Charts?
M.J.: Aunque la visualización de datos es una parte clave de mi obra, de ninguna manera me considero un experto en la visualización de datos. Con eso como advertencia, hay un número de herramientas que he encontrado útil para el análisis estadístico de datos y para la visualización. Mi herramienta favorita de todas es R. El paquete ggplot en R es maravilloso y cada día alguien está creando un nuevo paquete para alguna otra tarea orientada a datos. No está de más decir que R es de código abierto y la comunidad de usuarios ha explotado durante los últimos cinco años. Cuando empecé con R, la ayuda era muy difícil de conseguir. Actualmente Internet está llena de recursos para aprender a programar con R. Cuando se trata de explorar paquetes de datos [network packages], prefiero Gephi antes que otros paquetes disponibles en R. Desde luego no soy un gurú de Gephi, aprendí casi todo lo que sé sobre ese software de Elijah Meeks:
https://dhs.stanford.edu/author/emeeks

A.L.: El género literario es una característica estructural mientras que un “mundo ficcional” es un rasgo macroestructural. Esta idea está bastante próxima a su analogía entre macroanálisis cuantitativo y macroeconomía. ¿Es posible una convergencia entre el macroanálisis y la teoría de los mundos posibles? Es decir, una historia del crecimiento o declive de ciertas mundos literarios a través de la historia.
M.J.: Ése es un trabajo muy interesante y se parece a algunas de las cosas que hemos estado pensando en el proyecto “Unfolding the Novel”. El truco con estos trabajos es resolver cuáles son esas características y luego determinar si pueden ser detectadas algorítmicamente.

A.L.: Para terminar, nos gustaría conocer algunos de sus gustos literarios.
M.J.: Hace poco se refirieron a mí como un “quant” [analista cuantitativo] literario, y como esa etiqueta tiende a evocar imágenes de un androide procesando números, agradezco que me preguntes por mis gustos. Me encanta mi trabajo cuantitativo, pero también soy un lector e incluso un lector atento. Crimen y castigo, que leí por primera vez en el instituto, fue la puerta de entrada que me condujo hacia el estudio de la lengua inglesa. El Ulises de Joyce fue el libro que me llevó a la universidad y al estudio doctoral centrado en la literatura irlandesa. Nunca me cansaba de estudiar Ulises: sospecho que esto ocurría en la misma parte de mi cerebro que disfruta con las matemáticas y el cálculo. El último gran libro contemporáneo que leí fue Meridiano de sangre de Cormac McCarthy. Es un libro increíblemente violento, pero también, a mi entender, es una obra maestra en estilo, forma y contenido.

Andrés Lomeña
8 de abril de 2013

jueves, 28 de febrero de 2013

ENTREVISTA A DAVID CHALMERS

He realizado una entrevista sencilla y breve a uno de los pensadores más importantes del campo de la "filosofía de la mente" o "filosofía de la consciencia", el australiano David Chalmers.

Decía Richard Rorty (para mí, el pensador más infravalorado de los que tengo noticia) que la filosofía continental no tenía mucho interés por lo que ha ocurrido en las últimas décadas, mientras que la filosofía analítica despreciaba un artículo que tuviera más de dos o tres años de antigüedad.

Como él era un filósofo post-analítico (sintético, sincrético y conciliador) y como yo soy un simple licenciado en periodismo que molesta a la gente (más a los entrevistados que a vosotros, creedme), quería mezclar, en la medida de lo posible, esas dos vertientes. Me parece interesante y hasta imprescindible estar al día en filosofía porque hay vida más allá de Descartes.

En definitiva, ojalá que estas palabras sirvieran, aunque sea mínimamente, para que alguna editorial apueste por la traducción de su último libro, Constructing the world.

ENTREVISTA CON DAVID CHALMERS

ANDRÉS LOMEÑA: Me gustaría conocer su posición en relación con otros pensadores como Alva Noë, Steven Pinker o Thomas Nagel. Supongo que Daniel Dennett representa sus antípodas filosóficas.
DAVID CHALMERS: Sí, Dan Dennett es un fuerte reduccionista de la consciencia, mientras que yo soy un fuerte antirreduccionista. En ese aspecto, me siento más cercano a Nagel y Pinker, ya que piensan que la consciencia es algo enigmático y se inclinan hacia el antirreduccionismo. Mi obra La mente extendidatiene algunas similitudes con las ideas de Noë. Soy más cartesiano que él porque creo que la consciencia está dentro de la cabeza, aunque pienso que algunos estados no conscientes se extienden fuera de la cabeza.

AL: El novelista australiano de ciencia-ficción Greg Egan publicó Ciudad Permutación y Diáspora, obras donde las personas pueden transferir sus mentes dentro de los ordenadores. Según su punto de vista sobre la consciencia, ¿sería esto posible? A mí me parece que la mayoría de las visiones transhumanistas suelen ocultar una cierta teología cristiana.
DC: Sí, he escrito hace poco sobre eso en un artículo sobre la singularidad. En principio, creo que algún día será posible reemplazar nuestras neuronas por chips de silicio y que finalmente nuestros cerebros se volverán ordenadores. Esto suscita dos preguntas filosóficas sobre la entidad resultante: ¿será consciente? Y también: ¿seré yo? Me inclino a decir que sí, al menos a la primera pregunta y quizás a la segunda. Al menos es muy probable que los seres resultantes digan que sobrevivieron al proceso y que son conscientes.

AL: Hay un debate muy estimulante sobre la conciencia y los derechos animales desde Liberación animal, el libro de su compatriota Peter Singer. Me imagino que nuestras posiciones éticas varían en función de las conclusiones que se extraigan sobre la experiencia del dolor. Por otra parte, veo muy difícil sostener de qué forma sufren o sienten un pez y un insecto. Es más difícil cuanto más bajamos en la escala evolutiva.
DC: Hay muchas preguntas abiertas sobre la consciencia de los animales. Creo que la visión que predomina es que el pez siente dolor, pero demostrarlo empíricamente es muy difícil. Me decanto por la idea de que tienen estados simples de conciencia. De hecho, tengo alguna simpatía por el panpsiquismo, la visión de que todo tiene algún grado de consciencia. Eso tiene cierto impacto en la ética. Solía pensar que no debemos comer ninguna criatura con consciencia, pero el panpsiquismo descarta esa visión. Lo que importa éticamente es su tipo específico de consciencia.

AL: En España sabemos muy poco sobre la teoría de los mundos posibles. Por otro lado, el filósofo John Searle dijo que la semántica de los mundos posibles es lo peor que le ha ocurrido a la filosofía desde la prueba ontológica. ¿Qué piensa del llamado realismo modal?
DC: Me gustan los mundos posibles como una herramienta filosófica. Te ayudan a analizar muchos temas sobre el significado y la metafísica. Han sido muy útiles para mi obra. Dicho esto, no acepto el realismo modal de David Lewis, la visión de que todos esos mundos posibles existen como entidades concretas.Los veo como entidades abstractas semejantes a los números: son útiles para construir modelos de fenómenos concretos, pero no son fenómenos concretos por sí solos.

AL: En su libro Construir el mundo, rechaza el determinismo derivado del llamado “demonio de Laplace”. ¿Perseguía en esta obra un pequeño número de verdades y un vocabulario mínimo para describir el mundo? Dicho así, y al margen de Carnap (que fue el primero en intentar algo así), quizás se pueda emparentar su trabajo con las doce categorías kantianas.
DC: El proyecto del libro es encontrar un vocabulario simple que se pueda usar para describir completamente el mundo, en el sentido de que todas las verdades sobre el mundo puedan deducirse de ahí. Propongo algunas listas posibles, con la consciencia, la ley y la lógica como ejes centrales. Quizás haya lugar para añadir el espacio, el tiempo, las matemáticas, la fundamentalidad y ciertos deícticos como "yo". La relación con las categorías kantianas es interesante, tendré que pensar más sobre ello.

AL: ¿Construir el mundo es su obra maestra? ¿En qué está trabajando últimamente?
DC: Bueno, es un libro muy grande, así que es un magnum opus en el sentido literal. No sé si es una obra maestra en el sentido clásico. Me gusta mi primer libro sobre la consciencia y espero publicar más libros en el futuro. Desde luego, espero que Construir el mundo sea un libro que la gente se tome en serio. Une varios aspectos de mi obra y toca muchas áreas distintas de la filosofía.
Mi próximo libro, La multiplicidad del significado, tendrá que esperar un tiempo. Quiero que la gente lea este libro primero. De todos modos, en mis artículos sobre el significado ya he publicado gran parte de lo que saldrá en ese libro.

AL: Por último, ha popularizado conceptos como los “zombis filosóficos” y ha analizado películas como Matrix. ¿Qué lecturas nos recomendaría?
DC: Para esos dos temas, consulta mi primer libro La mente consciente y mi artículo "Matrix como metafísica". Otros autores han publicado Philosophers Explore the Matrix. El primer libro de filosofía que leí y me encantó fue Razones y personas [editorial Antonio Machado, 2005], de Derek Parfit. Lo recomendaría encarecidamente.

28 de febrero de 2013
Andrés Lomeña

martes, 26 de febrero de 2013

PSICÓPOLIS

El cortometraje dirigido por Miguel Mérida e interpretado por Aníbal Soto, con guión de Andrés Lomeña (un servidor). Espero que os guste.