jueves, 19 de mayo de 2011
ENTREVISTA CON CHRISTY CANYON
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jueves, 5 de mayo de 2011
ENTREVISTA CON ANDREW MILNER
Entrevista sobre estudios culturales, literatura y sociedad. Aisladamente no se entiende nada, pero a mí me ayuda a centrarme en algunos temas sobre los que quiero leer/aprender. Conclusión: no leer salvo que tengas un interés específico en el tema :)
ENTREVISTA CON ANDREW MILNER
ANDRÉS LOMEÑA: Como pasa con muchos otros autores, es una pena que sus libros no se hayan traducido al español. ¿Cuál es su mayor aportación a los estudios culturales y a la teoría cultural?
ANDREW MILNER: Es posible que mis libros no sean lo suficientemente importantes para ser traducidos al español. Pero he sido traducido al chino, al farsi, al alemán, al coreano y al portugués. Y, curiosamente, Jeff Browit, mi coautor en la tercera edición de Contemporary Cultural Theory: An Introduction (2002), es un experto en Latinoamérica, con un muy buen español, al que le gustaría cooperar con un hablante nativo para la traducción española. No se ha hecho todavía, eso es todo. En cuanto a la importancia de mi propio trabajo, no soy la persona indicada para juzgarlo, pero puedo decirte lo que he estado haciendo.
La relación entre la literatura y las políticas utópicas o casi utópicas ha sido un tema recurrente en mi obra. Mi primer libro, John Milton and the English Revolution: A Study in the Sociology of Literature (1981), se preocupaba por analizar el impacto del radicalismo político protestante de Milton en su poesía. Aunque las preocupaciones eran principalmente anglófonas, el marco teórico no lo era: el libro debía mucho a El Dios oculto de Lucien Goldmann. Seguí con The Road to St Kilda Pier (1984), un estudio de Orwell menos sustancial, aunque igualmente entusiasta, que se centraba en su izquierdismo nada ortodoxo, como demostró en su apoyo al ILP en Inglaterra y al POUM en Cataluña.
Después vino la primera edición de mi primer libro en solitario, Contemporary Cultural Theory (1991), escrito porque mi editor australiano (de la editorial Allen and Unwin), John Iremonger, me incitó. Éste es el único libro de texto que he escrito y, como todos los libros de texto, su principal propósito es guiar a los estudiantes a través de un conjunto de debates ya existentes. Pero las tres ediciones del libro (1991, 1994 y 2002) tenían también un argumento. Buscaban resistir a la creciente polarización entre los estudios literarios, por un lado, y los estudios culturales por otro, tratando los estudios literarios como parte importante de los estudios culturales. Expresaban una cierta cautela sobre el relativismo cultural implícito en la postmodernidad y su posible complicidad con la lógica del capitalismo corporativo globalizador. También llamaba la atención de manera positiva sobre la obra de Raymond Williams. Supongo que mis aliados teóricos habían cambiado gradualmente de Goldmann (y Georg Lukàcs) a Williams (y Pierre Bourdieu).
Durante los noventa, mi obra giró hacia el materialismo cultural de Williams. En 1993, publiqué un libro muy breve, Cultural Materialism, y en 1994 un artículo académico en Theory, Culture and Society, los cuales sostenían que Williams fue el mayor crítico cultural inglés de finales del siglo XX, comparable a líderes del pensamiento francés y alemán como Derrida y Foucault, Bourdieu y Habermas. Williams entabló relación con los primeros “culturalistas” ingleses, una relación parecida a la de Derrida y Foucault con el estructuralismo, en definitiva, como una especie de “postculturalista”.
La primera edición de Literature, Culture and Society (1996) era un intento de reconectar con la sociología de la literatura, lo cual pasaba al tomarse en serio a Williams (él describió su trabajo final como “sociología”, después de todo), Frankenstein, la novela de ciencia ficción de Mary Shelley, o incluso Blade Runner de Ridley Scott, junto con Milton y la Biblia. El libro de 1999 Class, destacó la importancia de los usos de la clase social en Williams como un puente crucial entre los estudios culturales y la sociología. Y mi Re-Imagining Cultural Studies (2002) hizo una evaluación sistemática del legado intelectual de Williams, siguiendo su giro desde la izquierda leavisiana (a través del materialismo cultural) hacia una especie de antipostmodernismo. Recoge sus contribuciones a áreas tan diversas como las nuevas políticas de izquierda, los drama studies, la teoría literaria, los estudios de cine y televisión, y examiné críticamente su marco teórico general sobre literatura y cultura popular.
Mientras investigaba en Re-Imagining Cultural Studies, me di cuenta de cuánto había escrito Williams sobre utopismo y ciencia ficción y qué poca atención habían prestado los académicos a esto. No hice nada por rectificar eso en el monográfico, pero seguidamente publiqué un artículo con el título Science Fiction Studies. La segunda edición de Literature, Culture and Society (2005) (que es mucho mejor libro que el primero, por cierto) fue un intento deliberado de hacer un ejercicio sobre materialismo cultural y se centró en la ciencia ficción como género.
Así que exploré las conexiones específicas entre utopía, distopía y ciencia ficción, no sólo en Frankenstein y Blade Runner, sino también en R.U.R. de Karel Čapek, Metrópolis de Fritz Lang, Experiente X de Chris Carter y Buffy la cazavampiros de Joss Whedon. Hace un uso más creativo de Bourdieu (y de Franco Moretti y Fredric Jameson) que la primera edición.
Me gustaría pensar que algunas de esas cosas fueron importantes, especialmente mi insistencia (fuera de onda) sobre la conexión necesaria entre los estudios culturales y literarios; sobre la vigencia de la obra de Williams, y sobre la importancia de la ciencia ficción como un lugar para la ensoñación social contemporánea. Pero nada de esto es completamente original. Quizás la originalidad es demasiado para una era postmoderna. Pero quizás el nuevo libro será diferente.
AL: ¿Cuál es el estado de la sociología de la literatura? La literatura comparada, los estudios culturales y la teoría literaria la están fagocitando.
AM: Es una muy buena pregunta, pero no es fácil de responder. Depende de qué quieres decir con sociología. Pienso que Greenblatt e Eagleton, Jameson y Watt hacen con frecuencia sociología. Hay un tipo de de sociología de la literatura y el arte que, sin embargo, se mueve al lado, como una clase de compañía menor a la sociología mainstream: Sociología de la literatura y La Révolution du livre de Robert Escarpit, Books: The Culture and Commerce of Publishing de Coser, Kadushin and Powell, Art Worlds de Howard Becker, etcétera. Ésta es la sociología que estaba institucionalizada en Francia y Estados Unidos, pero no es sociología de la literatura porque nunca abordó la pregunta sobre la literariedad de la literatura. Es una sociología del comercio del libro o de la autoría o de los lectores. Esto importa, por supuesto, y es una parte indispensable de una aproximación general a la sociología de la literatura. Pero necesita ser complementada por una sociología del texto. En cuanto a esto último, Moretti sostuvo que los mejores resultados son aquellos que buscan definir las leyes internas y el campo histórico de un género específico.
Él cita aquí la sociología de la novela de Lukács, El dios oculto de Goldmann, Ursprung des deutschen Trauerspiels de Walter Benjamin, los estudios sobre la música de Theodor Adorno y yo añadiría El campo y la ciudad de Williams, Immortal Comedy de Agnes Heller, Arqueología del futuro de Jameson y quizás Il romanzo di formazione de Moretti. Aunque no es una sociología de las formas simbólicas, es igualmente importante como sociología el Charles Baudelaire de Benjamin. Debemos añadir en otro tipo de sociología no reduccionista, sobre todo aquella que sitúa a los textos dentro de sus contextos culturales e institucionales, Las reglas del arte de Bourdieu así como Teoría de la vanguardia de Peter Bürger y La república mundial de las letras de Pascale Casanova. Podemos discutir sobre a quién incluimos y a quién excluimos, pero lo más destacable de esta o de otra lista es su carácter estructural como un conjunto de puntos de referencia sin campo, como montañas sin pie de la montaña. Estos son impresionantes logros individuales, pero con poco o ningún sentido de proyecto colectivo o de disciplina. Lo cual significa quizás que la sociología de la literatura se entiende mejor como una intervención en los estudios literarios que como una subdisciplina de la sociología.
En cuanto a las fronteras disciplinares, unas se tocan con otras. Mi impresión es que todos los acercamientos a los estudios literarios requieren algún tipo de teoría literaria, pero los análisis sociológicos también exigen algún tipo de teoría social. La literatura comparada (como el estudio de las literaturas nacionales) puede ser estudiada sociológicamente, pero también de forma psicoanalítica, por decir algo. En cuanto a los estudios culturales, esto significará el estudio de la cultura popular, para distinguirlo del estudio de la literatura. Pienso que el término se usaría mejor para describir el estudio de la cultura en general, así que los estudios literarios, de cine y otros serían ramas de los estudios culturales.
AL: ¿Qué recomendaciones nos hace sobre sociología de la literatura? ¿Leo Löwental? ¿El nuevo método de Moretti?
AM: Me remito a las recomendaciones anteriores. Y sí, también incluiría a Leo Löwenthal. En cuanto a Moretti, asumo que te refieres a su intento de aplicar la “teoría del sistema-mundo” a la literatura comparada. Eso me parece de lo más interesante y estoy tratando de aplicarlo a la ciencia ficción en el libro que actualmente escribo. Este género se desarrolló en lo que Moretti llama el “núcleo” anglofrancés del sistema literario mundial, sobre todo en Julio Verne y en HG Wells, y luego se extendió a la periferia y la semiperiferia, especialmente Norteamérica, donde el desarrollo combinado produjo un cambio de paradigma capaz de generalizar un subgénero literario marginal a través de todo el campo virtual. O así es como me parece en la actualidad. Tomo las palabras de Gayatri Spivak de que no hay razón para suponer que este debería llegar a ser el único método para la literatura comparada.
También espero que el modelo de Bourdieu del campo literario francés del siglo XIX (descrito en Las reglas del arte) y desarrollado en inglés en The Field of Cultural Production puede ser incorporado a la ciencia ficción francesa del XIX, y luego ser extendido para desarrollar un modelo del campo de la ciencia ficción globalizado durante el siglo XX y principios del XXI. Pero ese marco sigue siendo muy nacional, lo que puede estar bien para la Francia de finales del XIX, pero es inapropiado para nuestra cultura cada vez más globalizada. Así que me gustaría intentar una síntesis de Moretti y Bourdieu. Sólo el tiempo dirá si esto funciona.
AL: ¿Es Harold Bloom el último intento de destruir las consecuencias sociales de la literatura? ¿Es un digno continuador de Mathew Arnold, Carlyle y Leavis?
AM: Bloom rechaza las consecuencias sociales de la literatura, pero sobre todo las causas sociales de la literatura. No sé si será el último en intentarlo. En cuanto a Arnold, Carlyle y Leavis, creo que no es acertado porque todos ellos pensaron en la literatura como un problema de una considerable importancia social. El punto de vista de Bloom es que la literatura sólo existe para sí misma y no tiene ningún valor social más amplio, lo cual es una versión equivocada de los viejos argumentos del humanismo literario.
AL: ¿Prepara ya una tercera edición de Literature, Culture and Society?
AM: He coeditado tres colecciones de ensayos sobre la utopía y la ciencia ficción, Imagining the Future (2006), Demanding the Impossible (2008) y Changing the Climate, que aún está por publicarse. También he recopilado los escritos de Williams sobre utopía y ciencia ficción en un único volumen, Tenses of Imagination (2010) con un comentario crítico sobre toda la obra. Ahora trabajo en otro monográfico, Locating Science Fiction, para la Liverpool University Press.
No he considerado aún una tercera edición de Literature, Culture and Society, pero estoy seguro de que mi trabajo reciente sobre la ciencia ficción creció en la segunda edición. Lo que me interesa particularmente de la ciencia ficción es la forma en que un género definido en relación con la ciencia se encuentra obligado a producir respuestas ficticias a problemas nacidos de la investigación científica. Como señaló Paolo Bacigalupi (ganador en 2010 del premio Hugo a la mejor novela por La mujer mecánica): “La ciencia del medio ambiente nos dice mucho sobre nuestro futuro, sobre lo que hablamos del calentamiento global, o sobre la pérdida de la diversidad genética en nuestra demanda de alimentos, o acerca de los efectos de los químicos en el desarrollo humano. El exceso de estas malas tendencias me empuja a situar mis historias en mundos que son versiones disminuidas de nuestro presente”.
AL: ¿Alguna conclusión?
AM: No. Quizás debería dejar la última palabra, como suelo hacer, a Raymond Williams:
The art is there, as an activity, with the production, the trading, the politics, the raising of families ... It is ... not a question of relating the art to the society, but of studying all the activities and their interrelations, without any concession of priority to any one of them we may choose to abstract ... I would define the theory of culture as the study of relationships between elements in a whole way of life. The analysis of culture is the attempt to discover the nature of the organization which is the complex of these relationships. Analysis of particular works or institutions is, in this context, analysis of their essential kind of organization, the relationships which works or institutions embody as parts of the organization of a whole (The Long Revolution, 1965, pp. 61-63).
Honestamente, tengo poco que añadir a eso.
Andrés Lomeña
5 de mayo de 2011
ENTREVISTA CON ANDREW MILNER
ANDRÉS LOMEÑA: Como pasa con muchos otros autores, es una pena que sus libros no se hayan traducido al español. ¿Cuál es su mayor aportación a los estudios culturales y a la teoría cultural?
ANDREW MILNER: Es posible que mis libros no sean lo suficientemente importantes para ser traducidos al español. Pero he sido traducido al chino, al farsi, al alemán, al coreano y al portugués. Y, curiosamente, Jeff Browit, mi coautor en la tercera edición de Contemporary Cultural Theory: An Introduction (2002), es un experto en Latinoamérica, con un muy buen español, al que le gustaría cooperar con un hablante nativo para la traducción española. No se ha hecho todavía, eso es todo. En cuanto a la importancia de mi propio trabajo, no soy la persona indicada para juzgarlo, pero puedo decirte lo que he estado haciendo.
La relación entre la literatura y las políticas utópicas o casi utópicas ha sido un tema recurrente en mi obra. Mi primer libro, John Milton and the English Revolution: A Study in the Sociology of Literature (1981), se preocupaba por analizar el impacto del radicalismo político protestante de Milton en su poesía. Aunque las preocupaciones eran principalmente anglófonas, el marco teórico no lo era: el libro debía mucho a El Dios oculto de Lucien Goldmann. Seguí con The Road to St Kilda Pier (1984), un estudio de Orwell menos sustancial, aunque igualmente entusiasta, que se centraba en su izquierdismo nada ortodoxo, como demostró en su apoyo al ILP en Inglaterra y al POUM en Cataluña.
Después vino la primera edición de mi primer libro en solitario, Contemporary Cultural Theory (1991), escrito porque mi editor australiano (de la editorial Allen and Unwin), John Iremonger, me incitó. Éste es el único libro de texto que he escrito y, como todos los libros de texto, su principal propósito es guiar a los estudiantes a través de un conjunto de debates ya existentes. Pero las tres ediciones del libro (1991, 1994 y 2002) tenían también un argumento. Buscaban resistir a la creciente polarización entre los estudios literarios, por un lado, y los estudios culturales por otro, tratando los estudios literarios como parte importante de los estudios culturales. Expresaban una cierta cautela sobre el relativismo cultural implícito en la postmodernidad y su posible complicidad con la lógica del capitalismo corporativo globalizador. También llamaba la atención de manera positiva sobre la obra de Raymond Williams. Supongo que mis aliados teóricos habían cambiado gradualmente de Goldmann (y Georg Lukàcs) a Williams (y Pierre Bourdieu).
Durante los noventa, mi obra giró hacia el materialismo cultural de Williams. En 1993, publiqué un libro muy breve, Cultural Materialism, y en 1994 un artículo académico en Theory, Culture and Society, los cuales sostenían que Williams fue el mayor crítico cultural inglés de finales del siglo XX, comparable a líderes del pensamiento francés y alemán como Derrida y Foucault, Bourdieu y Habermas. Williams entabló relación con los primeros “culturalistas” ingleses, una relación parecida a la de Derrida y Foucault con el estructuralismo, en definitiva, como una especie de “postculturalista”.
La primera edición de Literature, Culture and Society (1996) era un intento de reconectar con la sociología de la literatura, lo cual pasaba al tomarse en serio a Williams (él describió su trabajo final como “sociología”, después de todo), Frankenstein, la novela de ciencia ficción de Mary Shelley, o incluso Blade Runner de Ridley Scott, junto con Milton y la Biblia. El libro de 1999 Class, destacó la importancia de los usos de la clase social en Williams como un puente crucial entre los estudios culturales y la sociología. Y mi Re-Imagining Cultural Studies (2002) hizo una evaluación sistemática del legado intelectual de Williams, siguiendo su giro desde la izquierda leavisiana (a través del materialismo cultural) hacia una especie de antipostmodernismo. Recoge sus contribuciones a áreas tan diversas como las nuevas políticas de izquierda, los drama studies, la teoría literaria, los estudios de cine y televisión, y examiné críticamente su marco teórico general sobre literatura y cultura popular.
Mientras investigaba en Re-Imagining Cultural Studies, me di cuenta de cuánto había escrito Williams sobre utopismo y ciencia ficción y qué poca atención habían prestado los académicos a esto. No hice nada por rectificar eso en el monográfico, pero seguidamente publiqué un artículo con el título Science Fiction Studies. La segunda edición de Literature, Culture and Society (2005) (que es mucho mejor libro que el primero, por cierto) fue un intento deliberado de hacer un ejercicio sobre materialismo cultural y se centró en la ciencia ficción como género.
Así que exploré las conexiones específicas entre utopía, distopía y ciencia ficción, no sólo en Frankenstein y Blade Runner, sino también en R.U.R. de Karel Čapek, Metrópolis de Fritz Lang, Experiente X de Chris Carter y Buffy la cazavampiros de Joss Whedon. Hace un uso más creativo de Bourdieu (y de Franco Moretti y Fredric Jameson) que la primera edición.
Me gustaría pensar que algunas de esas cosas fueron importantes, especialmente mi insistencia (fuera de onda) sobre la conexión necesaria entre los estudios culturales y literarios; sobre la vigencia de la obra de Williams, y sobre la importancia de la ciencia ficción como un lugar para la ensoñación social contemporánea. Pero nada de esto es completamente original. Quizás la originalidad es demasiado para una era postmoderna. Pero quizás el nuevo libro será diferente.
AL: ¿Cuál es el estado de la sociología de la literatura? La literatura comparada, los estudios culturales y la teoría literaria la están fagocitando.
AM: Es una muy buena pregunta, pero no es fácil de responder. Depende de qué quieres decir con sociología. Pienso que Greenblatt e Eagleton, Jameson y Watt hacen con frecuencia sociología. Hay un tipo de de sociología de la literatura y el arte que, sin embargo, se mueve al lado, como una clase de compañía menor a la sociología mainstream: Sociología de la literatura y La Révolution du livre de Robert Escarpit, Books: The Culture and Commerce of Publishing de Coser, Kadushin and Powell, Art Worlds de Howard Becker, etcétera. Ésta es la sociología que estaba institucionalizada en Francia y Estados Unidos, pero no es sociología de la literatura porque nunca abordó la pregunta sobre la literariedad de la literatura. Es una sociología del comercio del libro o de la autoría o de los lectores. Esto importa, por supuesto, y es una parte indispensable de una aproximación general a la sociología de la literatura. Pero necesita ser complementada por una sociología del texto. En cuanto a esto último, Moretti sostuvo que los mejores resultados son aquellos que buscan definir las leyes internas y el campo histórico de un género específico.
Él cita aquí la sociología de la novela de Lukács, El dios oculto de Goldmann, Ursprung des deutschen Trauerspiels de Walter Benjamin, los estudios sobre la música de Theodor Adorno y yo añadiría El campo y la ciudad de Williams, Immortal Comedy de Agnes Heller, Arqueología del futuro de Jameson y quizás Il romanzo di formazione de Moretti. Aunque no es una sociología de las formas simbólicas, es igualmente importante como sociología el Charles Baudelaire de Benjamin. Debemos añadir en otro tipo de sociología no reduccionista, sobre todo aquella que sitúa a los textos dentro de sus contextos culturales e institucionales, Las reglas del arte de Bourdieu así como Teoría de la vanguardia de Peter Bürger y La república mundial de las letras de Pascale Casanova. Podemos discutir sobre a quién incluimos y a quién excluimos, pero lo más destacable de esta o de otra lista es su carácter estructural como un conjunto de puntos de referencia sin campo, como montañas sin pie de la montaña. Estos son impresionantes logros individuales, pero con poco o ningún sentido de proyecto colectivo o de disciplina. Lo cual significa quizás que la sociología de la literatura se entiende mejor como una intervención en los estudios literarios que como una subdisciplina de la sociología.
En cuanto a las fronteras disciplinares, unas se tocan con otras. Mi impresión es que todos los acercamientos a los estudios literarios requieren algún tipo de teoría literaria, pero los análisis sociológicos también exigen algún tipo de teoría social. La literatura comparada (como el estudio de las literaturas nacionales) puede ser estudiada sociológicamente, pero también de forma psicoanalítica, por decir algo. En cuanto a los estudios culturales, esto significará el estudio de la cultura popular, para distinguirlo del estudio de la literatura. Pienso que el término se usaría mejor para describir el estudio de la cultura en general, así que los estudios literarios, de cine y otros serían ramas de los estudios culturales.
AL: ¿Qué recomendaciones nos hace sobre sociología de la literatura? ¿Leo Löwental? ¿El nuevo método de Moretti?
AM: Me remito a las recomendaciones anteriores. Y sí, también incluiría a Leo Löwenthal. En cuanto a Moretti, asumo que te refieres a su intento de aplicar la “teoría del sistema-mundo” a la literatura comparada. Eso me parece de lo más interesante y estoy tratando de aplicarlo a la ciencia ficción en el libro que actualmente escribo. Este género se desarrolló en lo que Moretti llama el “núcleo” anglofrancés del sistema literario mundial, sobre todo en Julio Verne y en HG Wells, y luego se extendió a la periferia y la semiperiferia, especialmente Norteamérica, donde el desarrollo combinado produjo un cambio de paradigma capaz de generalizar un subgénero literario marginal a través de todo el campo virtual. O así es como me parece en la actualidad. Tomo las palabras de Gayatri Spivak de que no hay razón para suponer que este debería llegar a ser el único método para la literatura comparada.
También espero que el modelo de Bourdieu del campo literario francés del siglo XIX (descrito en Las reglas del arte) y desarrollado en inglés en The Field of Cultural Production puede ser incorporado a la ciencia ficción francesa del XIX, y luego ser extendido para desarrollar un modelo del campo de la ciencia ficción globalizado durante el siglo XX y principios del XXI. Pero ese marco sigue siendo muy nacional, lo que puede estar bien para la Francia de finales del XIX, pero es inapropiado para nuestra cultura cada vez más globalizada. Así que me gustaría intentar una síntesis de Moretti y Bourdieu. Sólo el tiempo dirá si esto funciona.
AL: ¿Es Harold Bloom el último intento de destruir las consecuencias sociales de la literatura? ¿Es un digno continuador de Mathew Arnold, Carlyle y Leavis?
AM: Bloom rechaza las consecuencias sociales de la literatura, pero sobre todo las causas sociales de la literatura. No sé si será el último en intentarlo. En cuanto a Arnold, Carlyle y Leavis, creo que no es acertado porque todos ellos pensaron en la literatura como un problema de una considerable importancia social. El punto de vista de Bloom es que la literatura sólo existe para sí misma y no tiene ningún valor social más amplio, lo cual es una versión equivocada de los viejos argumentos del humanismo literario.
AL: ¿Prepara ya una tercera edición de Literature, Culture and Society?
AM: He coeditado tres colecciones de ensayos sobre la utopía y la ciencia ficción, Imagining the Future (2006), Demanding the Impossible (2008) y Changing the Climate, que aún está por publicarse. También he recopilado los escritos de Williams sobre utopía y ciencia ficción en un único volumen, Tenses of Imagination (2010) con un comentario crítico sobre toda la obra. Ahora trabajo en otro monográfico, Locating Science Fiction, para la Liverpool University Press.
No he considerado aún una tercera edición de Literature, Culture and Society, pero estoy seguro de que mi trabajo reciente sobre la ciencia ficción creció en la segunda edición. Lo que me interesa particularmente de la ciencia ficción es la forma en que un género definido en relación con la ciencia se encuentra obligado a producir respuestas ficticias a problemas nacidos de la investigación científica. Como señaló Paolo Bacigalupi (ganador en 2010 del premio Hugo a la mejor novela por La mujer mecánica): “La ciencia del medio ambiente nos dice mucho sobre nuestro futuro, sobre lo que hablamos del calentamiento global, o sobre la pérdida de la diversidad genética en nuestra demanda de alimentos, o acerca de los efectos de los químicos en el desarrollo humano. El exceso de estas malas tendencias me empuja a situar mis historias en mundos que son versiones disminuidas de nuestro presente”.
AL: ¿Alguna conclusión?
AM: No. Quizás debería dejar la última palabra, como suelo hacer, a Raymond Williams:
The art is there, as an activity, with the production, the trading, the politics, the raising of families ... It is ... not a question of relating the art to the society, but of studying all the activities and their interrelations, without any concession of priority to any one of them we may choose to abstract ... I would define the theory of culture as the study of relationships between elements in a whole way of life. The analysis of culture is the attempt to discover the nature of the organization which is the complex of these relationships. Analysis of particular works or institutions is, in this context, analysis of their essential kind of organization, the relationships which works or institutions embody as parts of the organization of a whole (The Long Revolution, 1965, pp. 61-63).
Honestamente, tengo poco que añadir a eso.
Andrés Lomeña
5 de mayo de 2011
domingo, 3 de abril de 2011
SOCIOLOGÍA DE LOS PREMIOS LITERARIOS: ENTREVISTA CON JAMES F. ENGLISH
¿Cómo se otorgan los premios literarios? ¿Y los de cine? ¿Qué mecanismos ocultos hay detrás de un jurado? ¿Por qué tienen tanto éxito estas formas de legitimación? ¿Por qué los premios suelen levantar tanta polémica?
Éstas y otras preguntas rondaban mi cabeza desde hace tiempo. No tenía ni idea de si existía algo así como una "sociología de los premios". Así que buscando en Internet di con un libro (que compré en su versión Kindle)... y con su autor. Os paso la entrevista que le he hecho para dar a conocer su libro THE ECONOMY OF PRESTIGE, aún sin traducir al español.
ENTREVISTA CON JAMES F. ENGLISH
ANDRÉS LOMEÑA: ¿Qué reacción ha provocado su libro La economía del prestigio: premios, galardones y la circulación del capital cultural?
JAMES ENGLISH: La economía del prestigio ha tenido fortuna con sus críticos, cosechando muchas opiniones mayoritariamente favorables desde la crítica autorizada. El libro atrajo a lectores fuera de la academia, algo que la editorial y yo deseábamos. Las principales críticas de quienes estaban decepcionados era que no había un discurso contra los premios culturales, tal y como ellos defendían, o que no señalaba nada para escapar felizmente del deprimente sistema de premios en constante expansión en la literatura y las demás artes. Pienso que esos lectores no entendieron bien que la exigencia de una jerarquía más autónoma del capital cultural es en realidad un rasgo estándar de los premios necesario para su propio funcionamiento. Es más, si crees que los premios son de alguna forma perjudiciales para el capital cultural, no deberías estar junto a quienes se alzan contra ellos; así se consigue apoyar a la industria de los premios, en lugar de socavarla. Por mi parte, la tarea nunca fue denunciar los premios culturales o exponer sus efectos perniciosos; la ambición era, más bien, mostrar su continuidad con otras maneras menos sospechosas de producir capital cultural, como por ejemplo las publicaciones en una revista literaria y las entrevistas con autores y académicos, por ejemplo.
AL: Hay cientos de premios locales en el mundo del cine y las letras. ¿Se promueve así la “baja cultura”? El sociólogo John Thompson parecía algo ingenuo cuando afirmaba que los premios son simplemente un consenso entre expertos.
JE: Tienes razón: los premios representan algo más que un consenso entre expertos. Ahora, algunos jurados de los premios literarios incluyen un “lector ordinario”, un “lector famoso” o una figura pública sin conexión con el campo literario. La idea tiene menos que ver con abandonar la presunción de que los premios son elitistas o demasiado políticos (un comercio cerrado de adulación recíproca), que con el hecho de fomentar el desacuerdo de quienes los consideran ilegítimos, demasiado bajos o de calidad media. Esa disconformidad es bienvenida por los organizadores de los premios como una forma saludable de publicidad. Pero más importante es el poder de selección que está en manos de personas detrás de los bastidores, aquellos que seleccionan a los jueces, que determinan las reglas de selección y los protocolos de nominación, que supervisan la preselección para reducir el campo a grupos manejables de contendientes. Aquí es donde se hace el trabajo más trascendente porque se decide el “universo de los posibles”, los contornos básicos de la calidad estética de los que obtienen ese premio. Los actos siguientes de selección se hacen dentro de un margen cultural mucho más estrecho. Así que si vamos a pensar en los premios como algo dictado por expertos, necesitamos incluir en esa categoría a todos los funcionarios más o menos invisibles que están tras las cortinas.
AL: En España, muchos premios son un adelanto a las ventas. ¿Tiene esto alguna solución?
JE: La verdad es que no tengo información sobre lo que me cuentas. Suena a fraudulento en la medida en que ya están decididos, con un jurado que tiene más fines propagandísticos que otra cosa. En cualquier caso, deberíamos tener en mente lo que dije sobre la importancia de todos los pasos en la selección que precede al jurado. Hasta en los premios más legítimos y escrupulosos, el trabajo de selección está ya casi completo antes de que los jueces se sienten a debatir. Como Pierre Bourdieu dijo: necesitamos prestar más atención a quienes seleccionan a los seleccionadores.
AL: ¿Qué ha sido de la sociología de la literatura? La teoría literaria parece haberla devorado. Usted plantea esta situación en su artículo "Everywhere and nowhere: the sociology of literature after the sociology of literature".
JE: Tienes toda la razón. Desde principios de los ochenta, los estudios literarios han absorbido la “vieja” sociología de la literatura. Al hacerlo, se ha descartado la palabra sociología y en Norteamérica, al menos, se ha endurecido el desacuerdo con las ciencias sociales, que ahora se asocian en la mente de los teóricos de la literatura con el empirismo ingenuo y con métodos cuantitativos, lo que está muy asociado con los despreciados nuevos directivos de la educación superior y su reestructuración de las universidades para alcanzar el modelo empresarial. Así que tenemos una situación curiosa, donde los estudios literarios han llegado a ser más sociológicos, abriendo nuevas oportunidades para la colaboración productiva con científicos sociales, a pesar de que los muros ideológicos e institucionales de estas disciplinas son más altos. Ésa es la situación que describo como la sociología de la literatura “después” de la sociología de la literatura.
AL: Una broma final, ¿a quién premiaría por su contribución a la sociología? Mis candidatos serían: Bruno Latour, Randall Collins, Gary Alan Fine y Robert Putnam.
JE: Creo que todos esos académicos han ganado ya muchos premios. La economía del prestigio es una economía de ganadores absolutos; unos pocos “genios” tienden a amontonar premios más que a democratizar la admiración cultural. En este momento, los estudios literarios parecen estar descubriendo a Bruno Latour, apropiándose tardíamente de la teoría del actor-red como un arma poderosa contra la ortodoxia de la crítica de los últimos años. No estoy seguro de que este movimiento se convierta en una crítica más allá de la crítica, pero creo que hay proyectos muy interesantes que tienen que ver con la teoría del actor-red, la historia y el análisis institucional de la producción literaria, y espero que esa zona de convergencia sea una parte importante de nuestra disciplina en la próxima década. Un premio para Latour desde la dirección de los estudios literarios no estaría fuera de lugar, y quizás sería una interesante suma en su abundante palmarés.
3 de abril de 2011
Andrés Lomeña
Éstas y otras preguntas rondaban mi cabeza desde hace tiempo. No tenía ni idea de si existía algo así como una "sociología de los premios". Así que buscando en Internet di con un libro (que compré en su versión Kindle)... y con su autor. Os paso la entrevista que le he hecho para dar a conocer su libro THE ECONOMY OF PRESTIGE, aún sin traducir al español.
ENTREVISTA CON JAMES F. ENGLISH
ANDRÉS LOMEÑA: ¿Qué reacción ha provocado su libro La economía del prestigio: premios, galardones y la circulación del capital cultural?
JAMES ENGLISH: La economía del prestigio ha tenido fortuna con sus críticos, cosechando muchas opiniones mayoritariamente favorables desde la crítica autorizada. El libro atrajo a lectores fuera de la academia, algo que la editorial y yo deseábamos. Las principales críticas de quienes estaban decepcionados era que no había un discurso contra los premios culturales, tal y como ellos defendían, o que no señalaba nada para escapar felizmente del deprimente sistema de premios en constante expansión en la literatura y las demás artes. Pienso que esos lectores no entendieron bien que la exigencia de una jerarquía más autónoma del capital cultural es en realidad un rasgo estándar de los premios necesario para su propio funcionamiento. Es más, si crees que los premios son de alguna forma perjudiciales para el capital cultural, no deberías estar junto a quienes se alzan contra ellos; así se consigue apoyar a la industria de los premios, en lugar de socavarla. Por mi parte, la tarea nunca fue denunciar los premios culturales o exponer sus efectos perniciosos; la ambición era, más bien, mostrar su continuidad con otras maneras menos sospechosas de producir capital cultural, como por ejemplo las publicaciones en una revista literaria y las entrevistas con autores y académicos, por ejemplo.
AL: Hay cientos de premios locales en el mundo del cine y las letras. ¿Se promueve así la “baja cultura”? El sociólogo John Thompson parecía algo ingenuo cuando afirmaba que los premios son simplemente un consenso entre expertos.
JE: Tienes razón: los premios representan algo más que un consenso entre expertos. Ahora, algunos jurados de los premios literarios incluyen un “lector ordinario”, un “lector famoso” o una figura pública sin conexión con el campo literario. La idea tiene menos que ver con abandonar la presunción de que los premios son elitistas o demasiado políticos (un comercio cerrado de adulación recíproca), que con el hecho de fomentar el desacuerdo de quienes los consideran ilegítimos, demasiado bajos o de calidad media. Esa disconformidad es bienvenida por los organizadores de los premios como una forma saludable de publicidad. Pero más importante es el poder de selección que está en manos de personas detrás de los bastidores, aquellos que seleccionan a los jueces, que determinan las reglas de selección y los protocolos de nominación, que supervisan la preselección para reducir el campo a grupos manejables de contendientes. Aquí es donde se hace el trabajo más trascendente porque se decide el “universo de los posibles”, los contornos básicos de la calidad estética de los que obtienen ese premio. Los actos siguientes de selección se hacen dentro de un margen cultural mucho más estrecho. Así que si vamos a pensar en los premios como algo dictado por expertos, necesitamos incluir en esa categoría a todos los funcionarios más o menos invisibles que están tras las cortinas.
AL: En España, muchos premios son un adelanto a las ventas. ¿Tiene esto alguna solución?
JE: La verdad es que no tengo información sobre lo que me cuentas. Suena a fraudulento en la medida en que ya están decididos, con un jurado que tiene más fines propagandísticos que otra cosa. En cualquier caso, deberíamos tener en mente lo que dije sobre la importancia de todos los pasos en la selección que precede al jurado. Hasta en los premios más legítimos y escrupulosos, el trabajo de selección está ya casi completo antes de que los jueces se sienten a debatir. Como Pierre Bourdieu dijo: necesitamos prestar más atención a quienes seleccionan a los seleccionadores.
AL: ¿Qué ha sido de la sociología de la literatura? La teoría literaria parece haberla devorado. Usted plantea esta situación en su artículo "Everywhere and nowhere: the sociology of literature after the sociology of literature".
JE: Tienes toda la razón. Desde principios de los ochenta, los estudios literarios han absorbido la “vieja” sociología de la literatura. Al hacerlo, se ha descartado la palabra sociología y en Norteamérica, al menos, se ha endurecido el desacuerdo con las ciencias sociales, que ahora se asocian en la mente de los teóricos de la literatura con el empirismo ingenuo y con métodos cuantitativos, lo que está muy asociado con los despreciados nuevos directivos de la educación superior y su reestructuración de las universidades para alcanzar el modelo empresarial. Así que tenemos una situación curiosa, donde los estudios literarios han llegado a ser más sociológicos, abriendo nuevas oportunidades para la colaboración productiva con científicos sociales, a pesar de que los muros ideológicos e institucionales de estas disciplinas son más altos. Ésa es la situación que describo como la sociología de la literatura “después” de la sociología de la literatura.
AL: Una broma final, ¿a quién premiaría por su contribución a la sociología? Mis candidatos serían: Bruno Latour, Randall Collins, Gary Alan Fine y Robert Putnam.
JE: Creo que todos esos académicos han ganado ya muchos premios. La economía del prestigio es una economía de ganadores absolutos; unos pocos “genios” tienden a amontonar premios más que a democratizar la admiración cultural. En este momento, los estudios literarios parecen estar descubriendo a Bruno Latour, apropiándose tardíamente de la teoría del actor-red como un arma poderosa contra la ortodoxia de la crítica de los últimos años. No estoy seguro de que este movimiento se convierta en una crítica más allá de la crítica, pero creo que hay proyectos muy interesantes que tienen que ver con la teoría del actor-red, la historia y el análisis institucional de la producción literaria, y espero que esa zona de convergencia sea una parte importante de nuestra disciplina en la próxima década. Un premio para Latour desde la dirección de los estudios literarios no estaría fuera de lugar, y quizás sería una interesante suma en su abundante palmarés.
3 de abril de 2011
Andrés Lomeña
sábado, 26 de marzo de 2011
ENTREVISTA CON JOHN URRY
El 14 de abril sale a la venta UN MUNDO SIN COCHES (AFTER THE CAR), de JOHN URRY, por 23,90 euros.
He hecho unas preguntas simplonas a John Urry para hacer algo de publicidad sobre la edición de su libro en español. Saludos cordiales.
---
ANDRÉS LOMEÑA: Veo que ha publicado muchos libros en sus últimos años. ¿Qué espera publicar próximamente?
JOHN URRY: Sí, he publicado Automobilities (2005), Mobilities (2007), Aeromobilities (2009), After the Car (2009), Mobile Lives (2010), Mobile Methods (2011), Climate Change and Society (2011), y The Tourist Gaze 3.0 (2011), entre otros. Tengo en mente escribir un nuevo libro sobre las interconexiones entre el petróleo y la sociedad.
AL: El crecimiento de coches y aviones perjudicó el desarrollo del tren y el transporte público. ¿Acaso hay una dominante cultural entre la sociedad y sus métodos de transporte?
JU: Sí, el sistema de movilidad dominante es el de la automovilidad, que fue un efecto derivado del descubrimiento del petróleo a finales del siglo XIX. Reducir el poder de la automovilidad y, consecuentemente, del petróleo, mejoraría de manera significativa la vida social y la política mundial.
AL: Hay historias de la comunicación y de la tecnología. ¿Hay una historia general de los medios de transporte?
JU: Hay libros de esa clase. Supongo que mi libro Mobilities (2007) intenta hacer algo similar.
AL: Sherry Turkle ha escrito Alone Together, un libro un tanto pesimista sobre las consecuencias psicosociales de redes como Facebook o Twitter. ¿Cuál es su opinión?
JU: Las tecnologías digitales son muy interesantes e importantes, pero no han sustituido de forma satisfactoria la necesidad de la copresencia y por tanto de viajar. Por eso en parte Sherry Turkle habla de estar “solos” más que estar realmente “juntos”.
AL: Robert D. Putnam escribió sobre el colapso de la “comunidad” en su libro "Solo en la bolera". Ahora sustituimos nuestras carencias con teléfonos móviles, Ipads y demás. ¿Estamos maximizando nuestras posibilidades como individuos o sucumbimos al consumismo?
JU: Pienso que hay demasiado consumismo organizado alrededor de la elección individual. La elección produce consecuencias realmente desastrosas. Para mí el individualismo y el consumismo son lo mismo. Me parecen importantes las relaciones en la sociedad civil que están menos mediadas por los productos y servicios del consumidor.
AL: ¿Es "Up in the air" una obra maestra de las relaciones sociales que trata de describir?
JU: Sí, la novela y la película capturan algunos aspectos interesantes de la hipermovilidad, lo que yo llamo “vidas móviles”. Echa un vistazo al libro que coedité, Aeromobilities.
AL: No le robo más tiempo.
JU: Muchos cambios en la naturaleza de la vida social se acercan a través del cruce entre viaje físico y comunicaciones digitales. Me parece interesante imaginar cómo serán esos cambios por llegar y si éstos reducirán a escala global los costes del petrólego de los viajes físicos.
26 de marzo de 2011.
Andrés Lomeña.
He hecho unas preguntas simplonas a John Urry para hacer algo de publicidad sobre la edición de su libro en español. Saludos cordiales.
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ANDRÉS LOMEÑA: Veo que ha publicado muchos libros en sus últimos años. ¿Qué espera publicar próximamente?
JOHN URRY: Sí, he publicado Automobilities (2005), Mobilities (2007), Aeromobilities (2009), After the Car (2009), Mobile Lives (2010), Mobile Methods (2011), Climate Change and Society (2011), y The Tourist Gaze 3.0 (2011), entre otros. Tengo en mente escribir un nuevo libro sobre las interconexiones entre el petróleo y la sociedad.
AL: El crecimiento de coches y aviones perjudicó el desarrollo del tren y el transporte público. ¿Acaso hay una dominante cultural entre la sociedad y sus métodos de transporte?
JU: Sí, el sistema de movilidad dominante es el de la automovilidad, que fue un efecto derivado del descubrimiento del petróleo a finales del siglo XIX. Reducir el poder de la automovilidad y, consecuentemente, del petróleo, mejoraría de manera significativa la vida social y la política mundial.
AL: Hay historias de la comunicación y de la tecnología. ¿Hay una historia general de los medios de transporte?
JU: Hay libros de esa clase. Supongo que mi libro Mobilities (2007) intenta hacer algo similar.
AL: Sherry Turkle ha escrito Alone Together, un libro un tanto pesimista sobre las consecuencias psicosociales de redes como Facebook o Twitter. ¿Cuál es su opinión?
JU: Las tecnologías digitales son muy interesantes e importantes, pero no han sustituido de forma satisfactoria la necesidad de la copresencia y por tanto de viajar. Por eso en parte Sherry Turkle habla de estar “solos” más que estar realmente “juntos”.
AL: Robert D. Putnam escribió sobre el colapso de la “comunidad” en su libro "Solo en la bolera". Ahora sustituimos nuestras carencias con teléfonos móviles, Ipads y demás. ¿Estamos maximizando nuestras posibilidades como individuos o sucumbimos al consumismo?
JU: Pienso que hay demasiado consumismo organizado alrededor de la elección individual. La elección produce consecuencias realmente desastrosas. Para mí el individualismo y el consumismo son lo mismo. Me parecen importantes las relaciones en la sociedad civil que están menos mediadas por los productos y servicios del consumidor.
AL: ¿Es "Up in the air" una obra maestra de las relaciones sociales que trata de describir?
JU: Sí, la novela y la película capturan algunos aspectos interesantes de la hipermovilidad, lo que yo llamo “vidas móviles”. Echa un vistazo al libro que coedité, Aeromobilities.
AL: No le robo más tiempo.
JU: Muchos cambios en la naturaleza de la vida social se acercan a través del cruce entre viaje físico y comunicaciones digitales. Me parece interesante imaginar cómo serán esos cambios por llegar y si éstos reducirán a escala global los costes del petrólego de los viajes físicos.
26 de marzo de 2011.
Andrés Lomeña.
martes, 15 de marzo de 2011
LOS ESTUDIOS DE MEDIOS DE COMUNICACIÓN E INTERNET EMPIEZAN AHORA
Siempre pensé que los estudios sobre Internet (medios de comunicación, redes sociales, etcétera) estaban desfasadísimos. Un ejemplo cristalino: si alguien lee LA VIDA EN LA PANTALLA de Sherry Turkle, se dará cuenta de que está leyendo algo muy antiguo, prácticamente inservible para 2011. Y es ahí cuando he visto que por fin han salido novedades que están verdaderamente actualizadas (evidentemente, en unos años también quedarán desfasadas, pero en mi opinión mucho menos):
1) The Net delusion: The dark side of Internet freedom.
2) The Googlization of everything.
3) Alone together, de Sherry Turkle.
Hay más libros, aunque sólo señalo tres. Por fin tengo la sensación de que estos libros hablan de una realidad que más o menos conocen. El problema de los libros anteriores es que ya parecían antiguos incluso cuando se publicaron (otro ejemplo: Hamlet en la holocubierta).
Quizás el problema es que esos libros se referían "al futuro". Ahora los libros que se están publicando se refieren al presente. La red ha madurado y sus críticos también. Es un momento apasionante para leer sobre estos temas. Los estudios de medios de comunicación e Internet acaban de empezar.
1) The Net delusion: The dark side of Internet freedom.
2) The Googlization of everything.
3) Alone together, de Sherry Turkle.
Hay más libros, aunque sólo señalo tres. Por fin tengo la sensación de que estos libros hablan de una realidad que más o menos conocen. El problema de los libros anteriores es que ya parecían antiguos incluso cuando se publicaron (otro ejemplo: Hamlet en la holocubierta).
Quizás el problema es que esos libros se referían "al futuro". Ahora los libros que se están publicando se refieren al presente. La red ha madurado y sus críticos también. Es un momento apasionante para leer sobre estos temas. Los estudios de medios de comunicación e Internet acaban de empezar.
ENTREVISTA CON ANTONIO ESCOHOTADO
RECUPERO LA PRIMERA ENTREVISTA QUE HICE DE FORMA ESPONTÁNEA (ES DECIR, NO ERA PARA NINGÚN PERIÓDICO).
EL ENCUENTRO DIGITAL FUE CON ANTONIO ESCOHOTADO PARA LA REVISTA CRONOPIS... EN ALGÚN MOMENTO DE 2006-2007.
---
Un encuentro con el filósofo y sociólogo Antonio Escohotado es todo un viaje hacia el conocimiento. El escritor de la monumental “Historia General de las Drogas” nos habla sobre su visión del mundo, obviando las polémicas que a veces han ido asociadas a su nombre. Este defensor del consumo responsable nos ofrece una lectura atenta del presente, dejándonos entrever una miríada de sueños e ideas.
ANDRÉS LOMEÑA: Leí en una de sus entrevistas que uno de los mayores placeres de la vida es dormir sin soñar. ¿Dónde estamos en ese instante? Así dicho, parece que es lo más cercano a la experiencia de la muerte.
ANTONIO ESCOHOTADO: Dormir sin sueños es la eternidad serena, efectivamente. Nos repara cada día, y responde también a la pregunta sobre el más allá: la ultratumba es dormir.
AL: ¿Ha sido muy aventurero en la vida?
AE: Sí, sentimental y profesionalmente, quizás demasiado, y también me hinché de viajar por la geografía exterior e interior.
AL: ¿Se han trivializado últimamente los viajes interiores?
AE: En los años sesenta y setenta no estuvo ausente la trivialidad.
AL: Muchos le consideran un gurú. ¿Le incomoda? ¿Cómo acabaría con esta mitificación?
AE: He intentado conocer de primera mano y disfrutar con algunas drogas, sin masoquismo. Mi vocación es técnico-científica, y me molesta ser tomado por guía religioso, santón o chamán tanto como a un ingeniero con un brujo. Toda magia es risible, cuando no criminal.
AL: Como filósofo, ¿Qué opinión le merece Peter Sloterdijk? ¿Qué pensadores deberíamos conocer todos, si es que hay alguno?
AE: Me avergüenza no haber leído aún a Sloterdijk, aunque lo haré. Aristóteles y Hegel son a mi juicio las dos cabezas supremas.
AL: Las utopías del siglo XVII describían una sociedad ideal; Francis Bacon o Tomás Moro especularon con el futuro. Yo tengo una utopía propia: una sociedad donde la cultura del prohibicionismo se ha abolido (drogas, prostitución) y en la que existe una Renta Básica (Un ingreso mínimo para todos los ciudadanos, independientemente de que trabajen o no). ¿Qué inconvenientes tiene mi utopía?
AE: Una sociedad como la española actual, por no decir la danesa o la canadiense, ha abolido la angustia de sobrevivir. Nadie se muere aquí de hambre o siquiera se acerca a estados de necesidad aguda, pero esa prosperidad no se ha conseguido gracias a un plan sino por una autoorganización en gran medida impersonal e inconsciente. Las sociedades educadas son ricas, vivan donde vivan, porque basta no obstaculizar la comunicación para promover opulencia.
En cuanto al trabajo, sustituirlo por un salario social desincentiva demasiados actos y supone un retorno al sistema de cartillas de racionamiento que fulminó al Imperio Romano y luego a las llamadas democracias populares. Descubra cada cual modos de ser útil a otros, aplíquese a ello en función de las ganas que tiene de gastar dinero, y en situaciones de pleno empleo eso bastará para que los ingresos se difundan. La fuente de todos los males económicos es considerar que una sociedad compleja puede dirigirse mediante decretos. La economía es tan refractaria al voluntarismo simplista como el clima. Pedir que llueva el martes y haga Sol el miércoles no es menos absurdo, por ejemplo, que elevar el salario mínimo sin un previo incremento de la productividad. El resultado de esto último sólo puede ser que se reduzca la capacidad adquisitiva real.
AL: Un viaje alucinógeno puede provocar una sensación que algunos describen como "estallido de significado". Este colapso, ¿Puede ser un síntoma de que la persona tomó una dosis excesiva, o acaso que no estaba preparada para que abrieran las puertas de su percepción?
AE: Es consustancial al viaje profundo quedarse sin significados, y los viajeros deberían saberlo a priori. Las bondades de ese "colapso" vienen de que poco a poco nos recobramos, con un sentimiento de inmenso alivio. Haber atravesado el duro trance nos hace más humildes e inteligentes.
AL: Terence Mckenna , ¿Era un loco o un visionario?
AE: Era un tipo de entendimiento despierto que habría llegado a conclusiones menos arbitrarias estudiando bastante más.
AL: La ficción literaria me ha hecho viajar a sitios que nunca podré encontrar en la realidad; no puedo visitar maravillas como "Castroforte del Baralla" si no es gracias a una novela. ¿Qué lugares literarios visita usted?
AE: Leo ante todo historia, porque la realidad es siempre más profunda y variada que la fantasía, a mi juicio.
AL: Me gustaría saber si la búsqueda de conocimiento puede convertirse en algo destructivo, aumentando nuestra neurosis o sumergiéndonos en la melancolía.
AE: La búsqueda de conocimiento puede ser un cajón de sastre. Si se trata de una experiencia introspectiva empieza y termina en nuestro yo. A mí me interesa cada vez más el tipo de conocimiento que alcanzan los profesionales en sus respectivos campos.
AL: ¿Confía, como Habermas, en la posibilidad de salvar el proyecto ilustrado?
AE: Aborrezco el verbo salvar tanto como el verbo creer, que atribuyo a los pobres de espíritu. Nuestras sociedades han ido progresando en civismo sin que nos diésemos cuenta, simplemente al espabilarse la mayoría de sus miembros en términos prosaicos, aprendiendo a prestarnos servicios. Hay ilustrados sabios como Hume o Kant, e ilustrados no sabios; el mejor antídoto para las trivialidades autoritarias de Voltaire, Rousseau, Helvecio o D'Holbach es leerlos, comprobando hasta qué punto su crítica es acrítica y está envuelta en autocomplacencia.
AL: Se dice que su libro "Historia General de las Drogas" no tiene precedentes en ninguna lengua. ¿Es cierto o es puro márketing editorial? ¿Podemos compararlo en algún grado con "Historia de la sexualidad" y "Vigilar y Castigar", o sería erróneo equipararlo con las obras de Foucault?
AE: Mi historia de las drogas es sólo el esqueleto de un trabajo que esperaba ver completado por muchos otros investigadores, pues ver el mundo desde esa perspectiva implica abrir una ventana donde no la había, pero requiere encontrar muchísimas más informaciones diseminadas en infinitas fuentes. Lástima que sólo haya estimulado unos pocos estudios de rango científico, como el de J.C. Usó.
En cuanto a Foucault, su trabajo es muy irregular. El libro sobre la cárcel es excelente, todo lo contrario que su historia de la sexualidad. Mi vocación no es impresionar o provocar, sino enterarme de qué pasó aquí y allá. Cuanto más sepa del pasado y el presente más cumplo el destino elegido.
AL: ¿La antropología está en peligro de extinción?
AE: Las disciplinas vienen y van. El hecho de que hayan desaparecido los grupos ágrafos de cazadores-recolectores obliga a otra antropología. También la sociología parece en trance de extinción.
AL: Según muchos intelectuales, la postmodernidad no nos ha enseñado nada y está a punto de llegar a su fin. ¿Está de acuerdo con la afirmación?
AE: La postmodernidad es inseparable del "epatamiento", y a mi juicio nace con "Crítica de la razón dialéctica" de Sartre, que sería un fracaso conceptual si no fuese una obra ridícula.
AL: ¿Se puede tener sexo cuando se está en un viaje alucinógeno?
AE: Sí, incluso en la subida, y entonces tenemos una potencia y una fantasía inigualables.
AL: Por último, ¿qué diagnóstico tiene del presente? ¿Qué viaje nos propone para el futuro?
AE: El simplismo voluntarista de los anticomerciales seguirá convergiendo con el simplismo voluntarista de los islámicos, y la sensación de fragilidad, sinsentido y aburrimiento dentro de la opulencia seguirá aguijoneándonos. Mi propuesta es la ya antigua: "sapere aude", atrévete a saber.
DESPIECE 1.
AL: Su plato de cocina favorito.
AE: Las migas con huevo frito.
AL: Un deporte.
AE: El ajedrez.
AL: Un disco de música.
AE: Cualquier antología de los Beatles.
AL: Una película.
AE: Sin perdón.
AL: Algo que no perdonaría.
AE: La crueldad.
AL: La última vez que lloró.
AE: Lloro siempre de entusiasmo, cuando un libro me muestra actos de grandeza ética.
AL: Un pronóstico.
AE: Más de lo que ya hay.
AL: Un vicio inconfesable.
AE: Las películas X.
AL: Alguien que le saca de quicio.
AE: El charlatán.
DESPIECE 2.
AL: ¿Cómo cree que se le recordará?
AE: Ni idea. Querría quedar como alguien que se buscó a sí mismo estudiando el resto de la realidad.
AL: ¿Cuántos libros lee de media al año?
AE: 40 o 50.
AL: ¿Cómo celebra su cumpleaños?
AE: No lo celebro.
AL: En una escala de uno a diez, qué importancia tiene el sexo en su vida. ¿Y la amistad?
AE: 8 para el sexo y 10 para la amistad.
AL: Con quién viajaría a la India... ¿Y de viaje de negocios?
AE: No me gusta la India, y hace mucho que no hago negocios.
AL: ¿Le asustan las nuevas tecnologías?
AE: Para nada.
AL: ¿Es usted... cínico?
AE: En el sentido de buscar la naturalidad.
AL: ¿Conversador?
AE: Hasta la verborragia.
AL: ¿Gracioso?
AE: El humor del absurdo es el único que me conmueve.
EL ENCUENTRO DIGITAL FUE CON ANTONIO ESCOHOTADO PARA LA REVISTA CRONOPIS... EN ALGÚN MOMENTO DE 2006-2007.
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Un encuentro con el filósofo y sociólogo Antonio Escohotado es todo un viaje hacia el conocimiento. El escritor de la monumental “Historia General de las Drogas” nos habla sobre su visión del mundo, obviando las polémicas que a veces han ido asociadas a su nombre. Este defensor del consumo responsable nos ofrece una lectura atenta del presente, dejándonos entrever una miríada de sueños e ideas.
ANDRÉS LOMEÑA: Leí en una de sus entrevistas que uno de los mayores placeres de la vida es dormir sin soñar. ¿Dónde estamos en ese instante? Así dicho, parece que es lo más cercano a la experiencia de la muerte.
ANTONIO ESCOHOTADO: Dormir sin sueños es la eternidad serena, efectivamente. Nos repara cada día, y responde también a la pregunta sobre el más allá: la ultratumba es dormir.
AL: ¿Ha sido muy aventurero en la vida?
AE: Sí, sentimental y profesionalmente, quizás demasiado, y también me hinché de viajar por la geografía exterior e interior.
AL: ¿Se han trivializado últimamente los viajes interiores?
AE: En los años sesenta y setenta no estuvo ausente la trivialidad.
AL: Muchos le consideran un gurú. ¿Le incomoda? ¿Cómo acabaría con esta mitificación?
AE: He intentado conocer de primera mano y disfrutar con algunas drogas, sin masoquismo. Mi vocación es técnico-científica, y me molesta ser tomado por guía religioso, santón o chamán tanto como a un ingeniero con un brujo. Toda magia es risible, cuando no criminal.
AL: Como filósofo, ¿Qué opinión le merece Peter Sloterdijk? ¿Qué pensadores deberíamos conocer todos, si es que hay alguno?
AE: Me avergüenza no haber leído aún a Sloterdijk, aunque lo haré. Aristóteles y Hegel son a mi juicio las dos cabezas supremas.
AL: Las utopías del siglo XVII describían una sociedad ideal; Francis Bacon o Tomás Moro especularon con el futuro. Yo tengo una utopía propia: una sociedad donde la cultura del prohibicionismo se ha abolido (drogas, prostitución) y en la que existe una Renta Básica (Un ingreso mínimo para todos los ciudadanos, independientemente de que trabajen o no). ¿Qué inconvenientes tiene mi utopía?
AE: Una sociedad como la española actual, por no decir la danesa o la canadiense, ha abolido la angustia de sobrevivir. Nadie se muere aquí de hambre o siquiera se acerca a estados de necesidad aguda, pero esa prosperidad no se ha conseguido gracias a un plan sino por una autoorganización en gran medida impersonal e inconsciente. Las sociedades educadas son ricas, vivan donde vivan, porque basta no obstaculizar la comunicación para promover opulencia.
En cuanto al trabajo, sustituirlo por un salario social desincentiva demasiados actos y supone un retorno al sistema de cartillas de racionamiento que fulminó al Imperio Romano y luego a las llamadas democracias populares. Descubra cada cual modos de ser útil a otros, aplíquese a ello en función de las ganas que tiene de gastar dinero, y en situaciones de pleno empleo eso bastará para que los ingresos se difundan. La fuente de todos los males económicos es considerar que una sociedad compleja puede dirigirse mediante decretos. La economía es tan refractaria al voluntarismo simplista como el clima. Pedir que llueva el martes y haga Sol el miércoles no es menos absurdo, por ejemplo, que elevar el salario mínimo sin un previo incremento de la productividad. El resultado de esto último sólo puede ser que se reduzca la capacidad adquisitiva real.
AL: Un viaje alucinógeno puede provocar una sensación que algunos describen como "estallido de significado". Este colapso, ¿Puede ser un síntoma de que la persona tomó una dosis excesiva, o acaso que no estaba preparada para que abrieran las puertas de su percepción?
AE: Es consustancial al viaje profundo quedarse sin significados, y los viajeros deberían saberlo a priori. Las bondades de ese "colapso" vienen de que poco a poco nos recobramos, con un sentimiento de inmenso alivio. Haber atravesado el duro trance nos hace más humildes e inteligentes.
AL: Terence Mckenna , ¿Era un loco o un visionario?
AE: Era un tipo de entendimiento despierto que habría llegado a conclusiones menos arbitrarias estudiando bastante más.
AL: La ficción literaria me ha hecho viajar a sitios que nunca podré encontrar en la realidad; no puedo visitar maravillas como "Castroforte del Baralla" si no es gracias a una novela. ¿Qué lugares literarios visita usted?
AE: Leo ante todo historia, porque la realidad es siempre más profunda y variada que la fantasía, a mi juicio.
AL: Me gustaría saber si la búsqueda de conocimiento puede convertirse en algo destructivo, aumentando nuestra neurosis o sumergiéndonos en la melancolía.
AE: La búsqueda de conocimiento puede ser un cajón de sastre. Si se trata de una experiencia introspectiva empieza y termina en nuestro yo. A mí me interesa cada vez más el tipo de conocimiento que alcanzan los profesionales en sus respectivos campos.
AL: ¿Confía, como Habermas, en la posibilidad de salvar el proyecto ilustrado?
AE: Aborrezco el verbo salvar tanto como el verbo creer, que atribuyo a los pobres de espíritu. Nuestras sociedades han ido progresando en civismo sin que nos diésemos cuenta, simplemente al espabilarse la mayoría de sus miembros en términos prosaicos, aprendiendo a prestarnos servicios. Hay ilustrados sabios como Hume o Kant, e ilustrados no sabios; el mejor antídoto para las trivialidades autoritarias de Voltaire, Rousseau, Helvecio o D'Holbach es leerlos, comprobando hasta qué punto su crítica es acrítica y está envuelta en autocomplacencia.
AL: Se dice que su libro "Historia General de las Drogas" no tiene precedentes en ninguna lengua. ¿Es cierto o es puro márketing editorial? ¿Podemos compararlo en algún grado con "Historia de la sexualidad" y "Vigilar y Castigar", o sería erróneo equipararlo con las obras de Foucault?
AE: Mi historia de las drogas es sólo el esqueleto de un trabajo que esperaba ver completado por muchos otros investigadores, pues ver el mundo desde esa perspectiva implica abrir una ventana donde no la había, pero requiere encontrar muchísimas más informaciones diseminadas en infinitas fuentes. Lástima que sólo haya estimulado unos pocos estudios de rango científico, como el de J.C. Usó.
En cuanto a Foucault, su trabajo es muy irregular. El libro sobre la cárcel es excelente, todo lo contrario que su historia de la sexualidad. Mi vocación no es impresionar o provocar, sino enterarme de qué pasó aquí y allá. Cuanto más sepa del pasado y el presente más cumplo el destino elegido.
AL: ¿La antropología está en peligro de extinción?
AE: Las disciplinas vienen y van. El hecho de que hayan desaparecido los grupos ágrafos de cazadores-recolectores obliga a otra antropología. También la sociología parece en trance de extinción.
AL: Según muchos intelectuales, la postmodernidad no nos ha enseñado nada y está a punto de llegar a su fin. ¿Está de acuerdo con la afirmación?
AE: La postmodernidad es inseparable del "epatamiento", y a mi juicio nace con "Crítica de la razón dialéctica" de Sartre, que sería un fracaso conceptual si no fuese una obra ridícula.
AL: ¿Se puede tener sexo cuando se está en un viaje alucinógeno?
AE: Sí, incluso en la subida, y entonces tenemos una potencia y una fantasía inigualables.
AL: Por último, ¿qué diagnóstico tiene del presente? ¿Qué viaje nos propone para el futuro?
AE: El simplismo voluntarista de los anticomerciales seguirá convergiendo con el simplismo voluntarista de los islámicos, y la sensación de fragilidad, sinsentido y aburrimiento dentro de la opulencia seguirá aguijoneándonos. Mi propuesta es la ya antigua: "sapere aude", atrévete a saber.
DESPIECE 1.
AL: Su plato de cocina favorito.
AE: Las migas con huevo frito.
AL: Un deporte.
AE: El ajedrez.
AL: Un disco de música.
AE: Cualquier antología de los Beatles.
AL: Una película.
AE: Sin perdón.
AL: Algo que no perdonaría.
AE: La crueldad.
AL: La última vez que lloró.
AE: Lloro siempre de entusiasmo, cuando un libro me muestra actos de grandeza ética.
AL: Un pronóstico.
AE: Más de lo que ya hay.
AL: Un vicio inconfesable.
AE: Las películas X.
AL: Alguien que le saca de quicio.
AE: El charlatán.
DESPIECE 2.
AL: ¿Cómo cree que se le recordará?
AE: Ni idea. Querría quedar como alguien que se buscó a sí mismo estudiando el resto de la realidad.
AL: ¿Cuántos libros lee de media al año?
AE: 40 o 50.
AL: ¿Cómo celebra su cumpleaños?
AE: No lo celebro.
AL: En una escala de uno a diez, qué importancia tiene el sexo en su vida. ¿Y la amistad?
AE: 8 para el sexo y 10 para la amistad.
AL: Con quién viajaría a la India... ¿Y de viaje de negocios?
AE: No me gusta la India, y hace mucho que no hago negocios.
AL: ¿Le asustan las nuevas tecnologías?
AE: Para nada.
AL: ¿Es usted... cínico?
AE: En el sentido de buscar la naturalidad.
AL: ¿Conversador?
AE: Hasta la verborragia.
AL: ¿Gracioso?
AE: El humor del absurdo es el único que me conmueve.
ENTREVISTA CON JOHN STOREY
Los estudios culturales importan. El estudio de la cultura popular es más importante que los estudios de comunicación y que muchos otros estudios de humanidades. Ésa es mi opinión, de ahí que quiera rendir un pequeñísimo tributo a los cultural studies con esta entrevista a John Storey, autor del libro TEORÍA CULTURAL Y CULTURA POPULAR.
ANDRÉS LOMEÑA: ¿Son los estudios culturales el nuevo compañero de aventuras de la sociología y la antropología?
JOHN STOREY: Los estudios culturales han transformado nuestra forma de pensar en la cultura y en la vida cotidiana. Ahora se une a la antropología y la sociología como la mejor forma de pensar seriamente en la cultura popular. Quizás su mayor contribución ha sido tomarse la cultura en serio y pensar en ella en relación con el poder sin ahogarse en un mar de pesimismo.
AL: La edición española de Teoría cultural y cultura popular corresponde a la tercera edición inglesa. Usted ya ha publicado la quinta edición. ¿La podremos ver en nuestro idioma?
JS: No estoy seguro de si habrá una quinta edición en español. Ojalá, pero realmente no lo sé. Pienso que la mayor novedad de la quinta edición fue la inclusión explícita de contenidos sobre raza y etnicidad. Ahora trabajo en la sexta edición y todavía estoy pensando qué la diferenciará de la quinta.
AL: Sabemos que Dumas, Dickens o Hugo eran escritores populares y en la actualidad son considerados unos genios. Sin embargo, escritores populares como Dan Brown o Ken Follett no sobrevivirán como autores de prestigio. ¿Qué ha cambiado?
JS: No creo que haya una division natural entre alta cultura y cultura popular. Una de las condiciones más importantes para la existencia de la alta cultura es el poder institucional para legitimar esas distinciones. La formación de un canon, que es siempre un aspecto clave en la formación de un campo particular de la alta cultura, es necesaria, pero también expone la artificialidad de las distinciones que propone. Y tienes razón, es muy poco probable que Brown o Follett pertenezcan al canon de la literatura occidental.
AL: Mi generación se ha visto más influenciada por el porno que por los intelectuales. No sé si incluirá los “porn studies” en su libro. ¿Se puede hablar de una “poscultura”, como sugirió George Steiner?
JS: No tengo planes de incluir los estudios porno en la sexta edición. Steiner tiene algo de razón al pensar el momento actual como “poscultural”. Pero esto es poco más que un momento histórico dentro de lo que podríamos llamar la precultura del siglo XVIII. En otras palabras, el concepto, inventado en el siglo XIX, ha perdido gran parte de su poder en el siglo XXI.
AL: ¿Qué nuevos fenómenos culturales espera? ¿El parkour?
JS: El que mencionas ya tiene ese estatus. Es difícil predecir el futuro, que traerá cosas que no podemos imaginar ahora.
AL: ¿Cuál es el futuro de los estudios culturales? ¿Quién trabaja en ellos en la actualidad? ¿Armand Mattelart? ¿Zizek?
JS: Los dos que mencionas son importantes. Sin embargo, el futuro de los estudios culturales no dependerá de los grandes pensadores, sino de los profesores, instituciones y estudiantes.
AL: Ya que hablamos de cultura popular, ¿tiene gustos extraños?
JS: No, me gusta el fútbol, las películas y la música.
AL: ¿Alguna conclusión?
JS: Las personas no deberían esperar demasiado de los estudios culturales, pero tampoco deberían subestimar su impacto en la vida académica.
15 de marzo de 2011
Andrés Lomeña
ANDRÉS LOMEÑA: ¿Son los estudios culturales el nuevo compañero de aventuras de la sociología y la antropología?
JOHN STOREY: Los estudios culturales han transformado nuestra forma de pensar en la cultura y en la vida cotidiana. Ahora se une a la antropología y la sociología como la mejor forma de pensar seriamente en la cultura popular. Quizás su mayor contribución ha sido tomarse la cultura en serio y pensar en ella en relación con el poder sin ahogarse en un mar de pesimismo.
AL: La edición española de Teoría cultural y cultura popular corresponde a la tercera edición inglesa. Usted ya ha publicado la quinta edición. ¿La podremos ver en nuestro idioma?
JS: No estoy seguro de si habrá una quinta edición en español. Ojalá, pero realmente no lo sé. Pienso que la mayor novedad de la quinta edición fue la inclusión explícita de contenidos sobre raza y etnicidad. Ahora trabajo en la sexta edición y todavía estoy pensando qué la diferenciará de la quinta.
AL: Sabemos que Dumas, Dickens o Hugo eran escritores populares y en la actualidad son considerados unos genios. Sin embargo, escritores populares como Dan Brown o Ken Follett no sobrevivirán como autores de prestigio. ¿Qué ha cambiado?
JS: No creo que haya una division natural entre alta cultura y cultura popular. Una de las condiciones más importantes para la existencia de la alta cultura es el poder institucional para legitimar esas distinciones. La formación de un canon, que es siempre un aspecto clave en la formación de un campo particular de la alta cultura, es necesaria, pero también expone la artificialidad de las distinciones que propone. Y tienes razón, es muy poco probable que Brown o Follett pertenezcan al canon de la literatura occidental.
AL: Mi generación se ha visto más influenciada por el porno que por los intelectuales. No sé si incluirá los “porn studies” en su libro. ¿Se puede hablar de una “poscultura”, como sugirió George Steiner?
JS: No tengo planes de incluir los estudios porno en la sexta edición. Steiner tiene algo de razón al pensar el momento actual como “poscultural”. Pero esto es poco más que un momento histórico dentro de lo que podríamos llamar la precultura del siglo XVIII. En otras palabras, el concepto, inventado en el siglo XIX, ha perdido gran parte de su poder en el siglo XXI.
AL: ¿Qué nuevos fenómenos culturales espera? ¿El parkour?
JS: El que mencionas ya tiene ese estatus. Es difícil predecir el futuro, que traerá cosas que no podemos imaginar ahora.
AL: ¿Cuál es el futuro de los estudios culturales? ¿Quién trabaja en ellos en la actualidad? ¿Armand Mattelart? ¿Zizek?
JS: Los dos que mencionas son importantes. Sin embargo, el futuro de los estudios culturales no dependerá de los grandes pensadores, sino de los profesores, instituciones y estudiantes.
AL: Ya que hablamos de cultura popular, ¿tiene gustos extraños?
JS: No, me gusta el fútbol, las películas y la música.
AL: ¿Alguna conclusión?
JS: Las personas no deberían esperar demasiado de los estudios culturales, pero tampoco deberían subestimar su impacto en la vida académica.
15 de marzo de 2011
Andrés Lomeña
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