Copio las páginas 174 y 175 de SKAGBOYS, la precuela de TRAINSPOTTING:
NOTAS SOBRE UNA EPIDEMIA 2
Bajo el gobierno laborista de James Callaghan (1976-1979), la inflación y el paro aumentaron hasta alcanzar niveles de posguerra.
El cartel electoral del partido conservador reflejaba el espíritu de la época; en él se veían personas abatidas en la cola del subsidio del desempleo y el eslogan LABOUR ISN´T WORKING.
Tras la elección de Margaret Thatcher, en la primavera de 1979, la tasa del paro laboral se triplicó, pasando de 1,2 millones de parados a 3,6 millones en 1982, y se mantuvo por encima de los tres millones hasta 1986.
Durante el mismo periodo, el número de parados de larga duración aumentó hasta superar el millón de personas.
Se calculó que había treinta y cinco personas compitiendo por cada vacante.
Durante este intervalo, también se reemplazó el empleo a tiempo completo por empleo a tiempo parcial y cursos universitarios (muchas veces a tiempo parcial), que supuestamente servirían para "reconvertir" la mano de obra, con el fin de situarla a la altura de los requisitos del nuevo orden económico.
A lo largo de este periodo, las estadísticas gubernamentales se politizaron más que nunca; con veintinueve cambios en la forma de calcular las cifras de desempleo se consiguió que, en la práctica, fuera imposible establecer el total real. Cientos de millares de personas desaparecieron de las listas del paro, con lo cual cada vez era más difícil acceder a subsidios, y, además, sólo se contabilizaban como auténticos parados a quienes los percibían, en lugar de contabilizar a todos los solicitantes.
Al margen de todas las dispuestas políticas de esta era, hubo un factor irrefutable: cientos de millares de jóvenes de clase trabajadora del Reino Unido tenían mucho menos dinero en el bolsillo y disponían de mucho más tiempo. >>>
Y ahí entra en juego LA HEORÍNA.
Sombrerazo para IRVINE WELSH.
viernes, 4 de julio de 2014
miércoles, 2 de julio de 2014
ENTREVISTA CON MIEKE BAL
La hice en 2009. Juraría que no la he subido a Internet aún.
ENTREVISTA CON MIEKE BAL
ANDRÉS LOMEÑA: Va a publicar la tercera edición de su libro “Narratología”. ¿Alguna novedad importante?
MIEKE BAL: ¿Importante? No lo sé. Hay más descripciones, más sobre cine y menos sobre pintura. Hay cientos de cambios pequeños. En conjunto es algo refrescante.
A.L.: Admito que su nombre me indujo a pensar que era un hombre. Pido disculpas por mi error androcéntrico. ¿Tendría una narratología feminista sentido?
M.B.: Alguno tendría, pero no en un sentido esencialista. Deben de haber diferencias en las sensibilidades estéticas y sociales, y esto se muestra en la elección de ejemplos y lo que digo sobre ellos. Pero si pensabas que era un hombre, esto no te resultará muy llamativo.
A.L.: Genette es muy crítico con usted en “Nuevo discurso del relato”. ¿Por qué parece tan enfadado?
M.B.: Pregúntale a Genette. Al principio era muy positivo. Creo que es la posición política lo que le molesta. La idea de que el narrador, un focalizador, es un sujeto y es responsable. Él no tenía nada que decir sobre eso.
A.L.: ¿Qué opinión te merece el libro que recomienda Jonathan Culler: “Towards natural narratology”?
M.B.: Un libro muy serio e importante, pero no estoy convencida del todo de que la narrativa pueda considerarse como “natural”.
A.L.: ¿Es la narratología una sintaxis de la narración mientras que la teoría de los mundos posibles es una semántica de la narración? ¿Podemos unir ambos estudios?
M.B.: Ésa es una buena forma de decirlo. Claro que pueden converger estos estudios, pero los mundos posibles son una teoría de la ficcionalidad mientras que la narratología es una teoría de la sintaxis.
A.L.: Supongo que su forma favorita de descripción es su modelo narratológico. Sin embargo, ¿qué forma de interpretación prefiere?
M.B.: No creo que la descripción y la interpretación puedan separarse. Me atraen las formas de interpretación que integran grandes imágenes con pequeños detalles (como Images of Bliss de Murat Aydemir, un estudio sobre el orgasmo masculino en Occidente).
Andrés Lomeña
Miércoles 25 de marzo de 2009
ENTREVISTA CON MIEKE BAL
ANDRÉS LOMEÑA: Va a publicar la tercera edición de su libro “Narratología”. ¿Alguna novedad importante?
MIEKE BAL: ¿Importante? No lo sé. Hay más descripciones, más sobre cine y menos sobre pintura. Hay cientos de cambios pequeños. En conjunto es algo refrescante.
A.L.: Admito que su nombre me indujo a pensar que era un hombre. Pido disculpas por mi error androcéntrico. ¿Tendría una narratología feminista sentido?
M.B.: Alguno tendría, pero no en un sentido esencialista. Deben de haber diferencias en las sensibilidades estéticas y sociales, y esto se muestra en la elección de ejemplos y lo que digo sobre ellos. Pero si pensabas que era un hombre, esto no te resultará muy llamativo.
A.L.: Genette es muy crítico con usted en “Nuevo discurso del relato”. ¿Por qué parece tan enfadado?
M.B.: Pregúntale a Genette. Al principio era muy positivo. Creo que es la posición política lo que le molesta. La idea de que el narrador, un focalizador, es un sujeto y es responsable. Él no tenía nada que decir sobre eso.
A.L.: ¿Qué opinión te merece el libro que recomienda Jonathan Culler: “Towards natural narratology”?
M.B.: Un libro muy serio e importante, pero no estoy convencida del todo de que la narrativa pueda considerarse como “natural”.
A.L.: ¿Es la narratología una sintaxis de la narración mientras que la teoría de los mundos posibles es una semántica de la narración? ¿Podemos unir ambos estudios?
M.B.: Ésa es una buena forma de decirlo. Claro que pueden converger estos estudios, pero los mundos posibles son una teoría de la ficcionalidad mientras que la narratología es una teoría de la sintaxis.
A.L.: Supongo que su forma favorita de descripción es su modelo narratológico. Sin embargo, ¿qué forma de interpretación prefiere?
M.B.: No creo que la descripción y la interpretación puedan separarse. Me atraen las formas de interpretación que integran grandes imágenes con pequeños detalles (como Images of Bliss de Murat Aydemir, un estudio sobre el orgasmo masculino en Occidente).
Andrés Lomeña
Miércoles 25 de marzo de 2009
domingo, 22 de junio de 2014
ENTREVISTA CON DAVID SHIELDS
ENTREVISTA CON DAVID SHIELDS
ANDRÉS LOMEÑA: He leído que James Fenimore Cooper escribió sus mejores obras porque estaba tan decepcionado con la literatura de su tiempo que afirmó que hasta él mismo podría hacerlo mejor. La mujer le desafió y él aceptó el reto. ¿Nació su manifiesto Hambre de realidad de un estado de insatisfacción parecido?
DS: Sin duda. El libro nace de mi insatisfacción lacerante con la dirección que estaba tomando la literatura contemporánea. El libro es un intento de teorizar y de personificar una nueva dirección.
A.L.: La novela convencional está moribunda porque ignora la cultura que le rodea. Usted propone nuevas formas de narración. ¿Cuáles son esas formas? Siempre pienso en el powerpoint final de la última novela de Jennifer Egan.
D.S.: Esos son gestos menores. A grandes rasgos y casi de forma excluyente, he de decir que no me interesa la ficción contemporánea, o al menos la ficción que se identifica fácilmente como ficción. Me interesa el ensayo con la longitud de un libro y el collage literario.
A.L.: Algo se debe de estar haciendo muy mal cuando las series de televisión son más significativas para las personas que las buenas novelas.
D.S.: Desde mi perspectiva, el objetivo no es incluir programas televisivos o gestos contemporáneos en una obra de literatura; se trata más bien de encontrar una escritura congruente con la existencia contemporánea. Prácticamente ninguna novela hace eso.
A.L.: Las novelas suelen advertir al principio que todos los hechos son ficticios. ¿No es un gesto bastante infantil el intento de protegerse de la realidad con esa especie de aura?
D.S.: Desde luego. Así es como empezó mi fuga de la ficción. Escribí y publiqué tres novelas a mis veinte y a mis treinta años. Me aburrí muchísimo con la actitud de los escritores de ficción: esa extraña convicción de que, al igual que Dios, el autor crea ex nihilo.
A.L.: ¿Le dice algo la crítica literaria?
D.S.: Tampoco me interesa la crítica que se expresa como simple crítica literaria. Me atraen las obras que se saltan las fronteras. Me gusta la crítica que se hace desde una posición imaginativa, como The End of the Novel of Love de Vivian Gornick.
A.L.: ¿Le sirven las teorías de la ficcionalidad para sus propósitos?
D.S.: Me gusta Mímesis de Erich Auerbach y The Poetics of Prose de Tzvetan Todorov. Me encanta Cioran, Barthes, Foucault y Derrida, así como Blaise Pascal, Schopenhauer y Nietzsche: una vez más, la crítica imaginativa. Otro ejemplo sería Eros the Bittersweet de Anne Carson y toda la historia del pensamiento y de la consciencia.
A.L.: ¿La nueva literatura tiene que superar los límites geográficos? Una novela geopolítica para una era de globalización.
D.S.: Hay una prosa muy plana que implica atravesar las fronteras geopolíticas. Yo estoy más consagrado a la violación de las fronteras de género e intento explicarlo en muchas de mis obras: Reality Hunger, How Literature Saved My Life, Enough About You, y mi próximo libro I Think You´re Totally Wrong: a Quarrel.
A.L.: ¿Qué nos recomendaría?
D.S.: Aquí te dejo una lista de escritores que me gustan:
Henry Adams, The Education of Henry Adams
Renata Adler, Speedboat
James Agee, Let Us Now Praise Famous Men
Hilton Als, The Women
W.H. Auden, A Certain World
Augustine, Confessions
Nicholson Baker, A Box of Matches
James Baldwin, Notes of a Native Son
Julian Barnes, Flaubert’s Parrot
Roland Barthes, S/Z
Jo Ann Beard, The Boys of My Youth
Samuel Beckett, Proust
Alan Bennett, Writing Home
Sandra Bernhard, Without You I’m Nothing
Thomas Bernhard, Concrete
John Berryman, The Dream Songs
Eula Biss, The Balloonists
Grégoire Bouillier, The Mystery Guest
Jorge Luis Borges, Other Inquisitions
Joe Brainard, I Remember
Richard Brautigan, Trout Fishing in America
Sophie Calle, Exquisite Pain
Albert Camus, The Fall
Mary Cappello, Awkward
Anne Carson, Plainwater
Terry Castle, “My Heroin Christmas”
John Cheever, Journals
Frank Conroy, Stop-Time
E.M. Cioran, “On Sickness”
J.M. Coetzee, Elizabeth Costello
Billy Collins, The Art of Drowning
Bernard Cooper, Maps to Anywhere
Cyril Connolly, The Unquiet Grave
Douglas Coupland, Generation X
John D’Agata, About a Mountain
Charles Darwin, Origin of the Species
Alphonse Daudet, In the Land of Pain
Larry David, Curb Your Enthusiasm
Thomas DeQuincey, Confessions of an English Opium-Eater
Joan Didion, “Sentimental Journeys”
Annie Dillard, For the Time Being
Marguerite Duras, The Lover
Geoff Dyer, Out of Sheer Rage
Johann Peter Eckermann, Conversations with Goethe
Annie Ernaux, Things Seen
Frederick Exley, A Fan’s Notes
Brian Fawcett, Cambodia
F.Scott Fitzgerald, The Crack-Up
E.M. Forster, Commonplace Book
Joe Frank, In the Dark
Amy Fusselman, The Pharmacist’s Mate
Mary Gaitskill, “Lost Cat”
Eduardo Galeano, The Book of Embraces
Vivian Gornick, The End of the Novel of Love
Simon Gray, The Smoking Diaries
Spalding Gray, Morning, Noon, and Night
Barry Hannah, Boomerang
Elizabeth Hardwick, Sleepless Nights
Kathryn Harrison, The Kiss
John Haskell, I Am Not Jackson Pollock
Nathaniel Hawthorne, “Custom-House”
Robin Hemley, “Riding the Whip”
William James, Varieties of Religious Experience
Frank Kafka, Letter to My Father
Nic Kelman, Girls
David Kirby, The House on Boulevard Street
Wayne Koestenbaum, The Queen’s Throat
Charles Lamb, The Essays of Elia
Philip Larkin, The Whitsun Weddings
D.H. Lawrence, Studies in Classical American Literature
Denis Leary, No Cure for Cancer
Michel Leiris, Manhood
Ben Lerner, Leaving the Atocha Station
Michael Lesy, Wisconsin Death Trip
Jonathan Lethem, The Disappointment Artist
Sven Lindqvist, A History of Bombing
Ross McElwee, Sherman’s March
Rosemary Mahoney, Down the Nile
Janet Malcolm, The Journalist and the Murderer
Rian Malan, My Traitor’s Heart
Sarah Manguso, The Guardians
David Markson, This Is Not a Novel
Carole Maso, The Art Lover
Herman Melville, Moby-Dick
Daniel Mendelsohn, The Elusive Embrace
Leonard Michaels, Shuffle
Michel de Montaigne, Essays
Danger Mouse, The Grey Album
Vladimir Nabokov, Gogol
V.S. Naipaul, A Way in the World
Maggie Nelson, Bluets
Friedrich Nietzsche, Ecce Homo
George Orwell, “Such, Such Were the Joys”
Blaise Pascal, Pensées
Don Patterson, Best Thought, Worst Thought
Fernando Pessoa, The Book of Disquiet
Plato, Dialogues of Socrates
Marcel Proust, In Search of Lost Time
Jonathan Raban, For Love & Money
James Richardson, Vectors
Alain Robbe-Grillet, Ghosts in the Mirror
François Le Rochefoucauld, Maxims
Rick Reynolds, Only the Truth Is Funny
Chris Rock, Bring the Pain
Jean-Jacques Rousseau, Confessions
Arthur Schnopenhauer, The World as Will and Representation
W.G. Sebald, The Emigrants
Wallace Shawn, My Dinner with André
Sarah Silverman, Jesus Is Magic
Lauren Slater, Lying
Gilbert Sorrentino, “The Moon in its Flight”
Art Spiegelman, Maus
Jean Stafford, A Mother in History
Stendahl, On Love
Laurence Sterne, Tristram Shandy
Jean Stein, Edie
Melanie Thernstrom, The Dead Girl
Jean Toomer, Cane
Thucydides, The History of the Peloponnesian War
George W.S. Trow, Within the Context of No Context
Kurt Vonnegut, Slaughterhouse-Five
D.J. Waldie, Holy Land
Joe Wenderoth, Letters to Wendy’s
Geoffrey Wolff, The Duke of Deception
22 de junio de 2014
Andrés Lomeña
ANDRÉS LOMEÑA: He leído que James Fenimore Cooper escribió sus mejores obras porque estaba tan decepcionado con la literatura de su tiempo que afirmó que hasta él mismo podría hacerlo mejor. La mujer le desafió y él aceptó el reto. ¿Nació su manifiesto Hambre de realidad de un estado de insatisfacción parecido?
DS: Sin duda. El libro nace de mi insatisfacción lacerante con la dirección que estaba tomando la literatura contemporánea. El libro es un intento de teorizar y de personificar una nueva dirección.
A.L.: La novela convencional está moribunda porque ignora la cultura que le rodea. Usted propone nuevas formas de narración. ¿Cuáles son esas formas? Siempre pienso en el powerpoint final de la última novela de Jennifer Egan.
D.S.: Esos son gestos menores. A grandes rasgos y casi de forma excluyente, he de decir que no me interesa la ficción contemporánea, o al menos la ficción que se identifica fácilmente como ficción. Me interesa el ensayo con la longitud de un libro y el collage literario.
A.L.: Algo se debe de estar haciendo muy mal cuando las series de televisión son más significativas para las personas que las buenas novelas.
D.S.: Desde mi perspectiva, el objetivo no es incluir programas televisivos o gestos contemporáneos en una obra de literatura; se trata más bien de encontrar una escritura congruente con la existencia contemporánea. Prácticamente ninguna novela hace eso.
A.L.: Las novelas suelen advertir al principio que todos los hechos son ficticios. ¿No es un gesto bastante infantil el intento de protegerse de la realidad con esa especie de aura?
D.S.: Desde luego. Así es como empezó mi fuga de la ficción. Escribí y publiqué tres novelas a mis veinte y a mis treinta años. Me aburrí muchísimo con la actitud de los escritores de ficción: esa extraña convicción de que, al igual que Dios, el autor crea ex nihilo.
A.L.: ¿Le dice algo la crítica literaria?
D.S.: Tampoco me interesa la crítica que se expresa como simple crítica literaria. Me atraen las obras que se saltan las fronteras. Me gusta la crítica que se hace desde una posición imaginativa, como The End of the Novel of Love de Vivian Gornick.
A.L.: ¿Le sirven las teorías de la ficcionalidad para sus propósitos?
D.S.: Me gusta Mímesis de Erich Auerbach y The Poetics of Prose de Tzvetan Todorov. Me encanta Cioran, Barthes, Foucault y Derrida, así como Blaise Pascal, Schopenhauer y Nietzsche: una vez más, la crítica imaginativa. Otro ejemplo sería Eros the Bittersweet de Anne Carson y toda la historia del pensamiento y de la consciencia.
A.L.: ¿La nueva literatura tiene que superar los límites geográficos? Una novela geopolítica para una era de globalización.
D.S.: Hay una prosa muy plana que implica atravesar las fronteras geopolíticas. Yo estoy más consagrado a la violación de las fronteras de género e intento explicarlo en muchas de mis obras: Reality Hunger, How Literature Saved My Life, Enough About You, y mi próximo libro I Think You´re Totally Wrong: a Quarrel.
A.L.: ¿Qué nos recomendaría?
D.S.: Aquí te dejo una lista de escritores que me gustan:
Henry Adams, The Education of Henry Adams
Renata Adler, Speedboat
James Agee, Let Us Now Praise Famous Men
Hilton Als, The Women
W.H. Auden, A Certain World
Augustine, Confessions
Nicholson Baker, A Box of Matches
James Baldwin, Notes of a Native Son
Julian Barnes, Flaubert’s Parrot
Roland Barthes, S/Z
Jo Ann Beard, The Boys of My Youth
Samuel Beckett, Proust
Alan Bennett, Writing Home
Sandra Bernhard, Without You I’m Nothing
Thomas Bernhard, Concrete
John Berryman, The Dream Songs
Eula Biss, The Balloonists
Grégoire Bouillier, The Mystery Guest
Jorge Luis Borges, Other Inquisitions
Joe Brainard, I Remember
Richard Brautigan, Trout Fishing in America
Sophie Calle, Exquisite Pain
Albert Camus, The Fall
Mary Cappello, Awkward
Anne Carson, Plainwater
Terry Castle, “My Heroin Christmas”
John Cheever, Journals
Frank Conroy, Stop-Time
E.M. Cioran, “On Sickness”
J.M. Coetzee, Elizabeth Costello
Billy Collins, The Art of Drowning
Bernard Cooper, Maps to Anywhere
Cyril Connolly, The Unquiet Grave
Douglas Coupland, Generation X
John D’Agata, About a Mountain
Charles Darwin, Origin of the Species
Alphonse Daudet, In the Land of Pain
Larry David, Curb Your Enthusiasm
Thomas DeQuincey, Confessions of an English Opium-Eater
Joan Didion, “Sentimental Journeys”
Annie Dillard, For the Time Being
Marguerite Duras, The Lover
Geoff Dyer, Out of Sheer Rage
Johann Peter Eckermann, Conversations with Goethe
Annie Ernaux, Things Seen
Frederick Exley, A Fan’s Notes
Brian Fawcett, Cambodia
F.Scott Fitzgerald, The Crack-Up
E.M. Forster, Commonplace Book
Joe Frank, In the Dark
Amy Fusselman, The Pharmacist’s Mate
Mary Gaitskill, “Lost Cat”
Eduardo Galeano, The Book of Embraces
Vivian Gornick, The End of the Novel of Love
Simon Gray, The Smoking Diaries
Spalding Gray, Morning, Noon, and Night
Barry Hannah, Boomerang
Elizabeth Hardwick, Sleepless Nights
Kathryn Harrison, The Kiss
John Haskell, I Am Not Jackson Pollock
Nathaniel Hawthorne, “Custom-House”
Robin Hemley, “Riding the Whip”
William James, Varieties of Religious Experience
Frank Kafka, Letter to My Father
Nic Kelman, Girls
David Kirby, The House on Boulevard Street
Wayne Koestenbaum, The Queen’s Throat
Charles Lamb, The Essays of Elia
Philip Larkin, The Whitsun Weddings
D.H. Lawrence, Studies in Classical American Literature
Denis Leary, No Cure for Cancer
Michel Leiris, Manhood
Ben Lerner, Leaving the Atocha Station
Michael Lesy, Wisconsin Death Trip
Jonathan Lethem, The Disappointment Artist
Sven Lindqvist, A History of Bombing
Ross McElwee, Sherman’s March
Rosemary Mahoney, Down the Nile
Janet Malcolm, The Journalist and the Murderer
Rian Malan, My Traitor’s Heart
Sarah Manguso, The Guardians
David Markson, This Is Not a Novel
Carole Maso, The Art Lover
Herman Melville, Moby-Dick
Daniel Mendelsohn, The Elusive Embrace
Leonard Michaels, Shuffle
Michel de Montaigne, Essays
Danger Mouse, The Grey Album
Vladimir Nabokov, Gogol
V.S. Naipaul, A Way in the World
Maggie Nelson, Bluets
Friedrich Nietzsche, Ecce Homo
George Orwell, “Such, Such Were the Joys”
Blaise Pascal, Pensées
Don Patterson, Best Thought, Worst Thought
Fernando Pessoa, The Book of Disquiet
Plato, Dialogues of Socrates
Marcel Proust, In Search of Lost Time
Jonathan Raban, For Love & Money
James Richardson, Vectors
Alain Robbe-Grillet, Ghosts in the Mirror
François Le Rochefoucauld, Maxims
Rick Reynolds, Only the Truth Is Funny
Chris Rock, Bring the Pain
Jean-Jacques Rousseau, Confessions
Arthur Schnopenhauer, The World as Will and Representation
W.G. Sebald, The Emigrants
Wallace Shawn, My Dinner with André
Sarah Silverman, Jesus Is Magic
Lauren Slater, Lying
Gilbert Sorrentino, “The Moon in its Flight”
Art Spiegelman, Maus
Jean Stafford, A Mother in History
Stendahl, On Love
Laurence Sterne, Tristram Shandy
Jean Stein, Edie
Melanie Thernstrom, The Dead Girl
Jean Toomer, Cane
Thucydides, The History of the Peloponnesian War
George W.S. Trow, Within the Context of No Context
Kurt Vonnegut, Slaughterhouse-Five
D.J. Waldie, Holy Land
Joe Wenderoth, Letters to Wendy’s
Geoffrey Wolff, The Duke of Deception
22 de junio de 2014
Andrés Lomeña
miércoles, 4 de junio de 2014
ENTREVISTA CON TOM STANDAGE
ENTREVISTA CON TOM STANDAGE
A.L.: Su libro Writing on the wall es una historia de los medios
sociales, así que tengo que preguntarle por el papel que juega la
burbuja de filtros de Eli Pariser dentro de sus consideraciones sobre
Internet.
T.S.: Creo que la burbuja de filtros se ha exagerado mucho y puede que esté completamente equivocada. Las personas leen muchos más periódicos online que en papel. Hace algunos años quizás leían un periódico; ahora pueden ver artículos de una docena de periódicos en su Facebook o a través de Twitter. Solía haber un puñado de canales de televisión para elegir, mientras que ahora hay cientos, además de los vídeos de Internet. La tecnología digital ha complicado que exista una burbuja de noticias como ocurría antes.
A.L.: ¿Había spam y malware en el pasado?
T.S.: En el pasado no había tantas formas de rivalizar con el correo.
De hecho, no hubo servicio oficial de correo durante la mayor
parte de la historia. Las personas contactaban con los amigos, o con
mensajeros pagados, para entregar cosas. Hoy lo que vemos es una
competición entre servicios rivales gratuitos. Eso no ocurría en el
pasado. Así que me temo que ni spam (porque enviar mensajes no era gratuito) ni
malware.
A.L.: Propone términos actuales (viral, underground, etcétera) para viejos conceptos (revolución, panfletos, imprenta) ¿Ha sido eso un problema para los académicos?
T.S.: Algunas personas criticaron mi uso deliberado de expresiones
modernas para hablar de las viejas formas de los medios. A la
mayoría de la gente le gustó. Y de hecho algunos historiadores han hecho cosas similares en el pasado, por ejemplo, señalando similitudes entre los panfletos y los blogs, o llamando las redes de noticias de la temprana Iglesia cristiana “La Internet
sagrada”. Así que lo hago con más frecuencia que los historiadores,
pero algunos de ellos también lo hacen. Creo que ayuda a los lectores
a trazar analogías con mayor facilidad.
A.L.: The Victorian Internet tiene un prólogo escrito por Vinton Cerf. ¿Qué figuras parecidas a Cerf había en el pasado? ¿Y a Tim Berners-Lee?
T.S.: Tim Berners-Lee creó la web, que es la cima de Internet.
Vint Cerf cocreó los protocolos con los que funciona la red, así que
Cerf es un poco como Morse y Berners-Lee como Edison, que hizo
innovaciones en la plataforma que Morse había creado. Por otra parte,
he comparado a Mark Zuckerberg con Benjamin Franklin:
https://medium.com/technology-and-society/benjamin-franklin-social-media-pioneer-3fb505b1ce7c
A.L.: ¿Cuál es su próximo proyecto?
T.S.: Aún no lo sé, pero pensaré algo a finales de año.
A.L.: Una recomendación final...
T.S.: No sin nuestro consentimiento de Rebecca MacKinnon fue
un libro muy agudo sobre el impacto político de Internet y de los medios
sociales.
4 de junio de 2014
Andrés Lomeña
A.L.: Su libro Writing on the wall es una historia de los medios
sociales, así que tengo que preguntarle por el papel que juega la
burbuja de filtros de Eli Pariser dentro de sus consideraciones sobre
Internet.
T.S.: Creo que la burbuja de filtros se ha exagerado mucho y puede que esté completamente equivocada. Las personas leen muchos más periódicos online que en papel. Hace algunos años quizás leían un periódico; ahora pueden ver artículos de una docena de periódicos en su Facebook o a través de Twitter. Solía haber un puñado de canales de televisión para elegir, mientras que ahora hay cientos, además de los vídeos de Internet. La tecnología digital ha complicado que exista una burbuja de noticias como ocurría antes.
A.L.: ¿Había spam y malware en el pasado?
T.S.: En el pasado no había tantas formas de rivalizar con el correo.
De hecho, no hubo servicio oficial de correo durante la mayor
parte de la historia. Las personas contactaban con los amigos, o con
mensajeros pagados, para entregar cosas. Hoy lo que vemos es una
competición entre servicios rivales gratuitos. Eso no ocurría en el
pasado. Así que me temo que ni spam (porque enviar mensajes no era gratuito) ni
malware.
A.L.: Propone términos actuales (viral, underground, etcétera) para viejos conceptos (revolución, panfletos, imprenta) ¿Ha sido eso un problema para los académicos?
T.S.: Algunas personas criticaron mi uso deliberado de expresiones
modernas para hablar de las viejas formas de los medios. A la
mayoría de la gente le gustó. Y de hecho algunos historiadores han hecho cosas similares en el pasado, por ejemplo, señalando similitudes entre los panfletos y los blogs, o llamando las redes de noticias de la temprana Iglesia cristiana “La Internet
sagrada”. Así que lo hago con más frecuencia que los historiadores,
pero algunos de ellos también lo hacen. Creo que ayuda a los lectores
a trazar analogías con mayor facilidad.
A.L.: The Victorian Internet tiene un prólogo escrito por Vinton Cerf. ¿Qué figuras parecidas a Cerf había en el pasado? ¿Y a Tim Berners-Lee?
T.S.: Tim Berners-Lee creó la web, que es la cima de Internet.
Vint Cerf cocreó los protocolos con los que funciona la red, así que
Cerf es un poco como Morse y Berners-Lee como Edison, que hizo
innovaciones en la plataforma que Morse había creado. Por otra parte,
he comparado a Mark Zuckerberg con Benjamin Franklin:
https://medium.com/technology-and-society/benjamin-franklin-social-media-pioneer-3fb505b1ce7c
A.L.: ¿Cuál es su próximo proyecto?
T.S.: Aún no lo sé, pero pensaré algo a finales de año.
A.L.: Una recomendación final...
T.S.: No sin nuestro consentimiento de Rebecca MacKinnon fue
un libro muy agudo sobre el impacto político de Internet y de los medios
sociales.
4 de junio de 2014
Andrés Lomeña
sábado, 3 de mayo de 2014
ENTREVISTA CON DAVID M. BERRY
ENTREVISTA CON DAVID M. BERRY
Especialista en teoría de los medios y editor de Understanding Digital Humanities. Berry ha conectado hábilmente la cultura digital con la teoría crítica y ha levantado los primeros cimientos de una verdadera filosofía del software.
El autor relativiza la importancia de los análisis tecnológicos estrictamente materialistas y apunta hacia lo que podría convertirse en toda una Crítica de la razón computacional.
ANDRÉS LOMEÑA: Según Luciano Floridi, vivimos en la era del zettabyte. Las posibilidades del Big Data son apabullantes, de ahí que usted nos haya advertido sobre la cesión de numerosos procesos cognitivos a los ordenadores. ¿Qué significa para la condición humana esta rendición a la cultura tecnológica?
DAVID M. BERRY: En mi obra, lo crucial no son los datos, sino la computación, así que más que la era del zettabyte prefiero pensar en “la era de la computación ubicua”. Ésta es una distinción fundamental porque la computación es una precondición necesaria para el Big Data. No quiero decir que el Big Data no plantee importantes e interesantes preguntas filosóficas, sino que en un nivel de análisis más primordial, la computación es una condición de posibilidad para responder a muchas de las preguntas clave que se hace la especie humana (el cambio climático, por ejemplo). Por lo tanto, la computación es esencial, tanto teórica como empíricamente. El desafío para la condición humana es aclarar que lo que está en juego es exactamente la pregunta por el ser humano, la cual avanza en varias direcciones nihilistas, como determinadas manifestaciones de lo posthumano y ciertas filosofías del realismo.
A.L.: Hay que entender el software como un metamedio. No obstante, Geert Lovink suele recordarnos que el monomedio es un “sueño húmedo” para los defensores de la convergencia. Comparto las preocupaciones de José van Dijck sobre cómo se ha delegado la esfera pública a unas pocas empresas privadas (Facebook, Google y Twitter, entre otras). ¿Cuál es el fallo en esa cultura de la convergencia, si es que lo hay?
D.B.: No creo que Geert Lovink se esté refiriendo al modo en que lo digital y los medios computacionales están reconfigurando formas mediáticas previas. Sin embargo, Lovink acierta de pleno en el hecho de que la materialidad digital no se traduce automáticamente en un monomedio. El software puede estar invadiendo el mundo, pero lo está haciendo a través de un proceso de fuerzas parciales y contradictorias debido a múltiples conflictos internos e irracionalidades, pero también debido a la mediación del trabajo social a cargo de las fuerzas capitalistas. El software, de este modo, existe como un lugar de convergencia y salida, de control y libertad, de poder y resistencia. Esto muestra la importancia de la politización de la computación y la necesidad de nuevas alfabetizaciones digitales, lo que en otro lugar he bautizado como iteración. Si conocemos la lectura y la escritura de la nueva sociedad digital, los tipos de cultura convergente sobre los que previene van Dijck pueden deconstruirse y combartirse.
A.L.: Hay un completo caos de “formatos”: el HTML5, el MP4, los diferentes lenguajes de programación, las plataformas de integración como SAP, el epub3 y así sucesivamente. Usted habla de entropía del software en su libro La filosofía del software. Entiendo, por tanto, que aún sufrimos las consecuencias de una crisis ecológica de los medios: la infobesidad y la infoxicación siguen siendo términos válidos para analizar la sociedad actual.
D.B.: La proliferación de formas y protocolos de medios computacionales son una señal importante del potencial creativo de la computación, no sólo a nivel técnico, sino también en cuanto a las posibilidades culturales, sociales y políticas que el software materializa. Tenemos que distinguir entre la rápida proliferación que se produce bajo la superficie de la cultura computacional y la aparentemente benigna quietud de las interfaces. La computación se suele identificar con una estructura económica de ganador absoluto y está claro que la contestación política en el nivel de la interfaz y del código es muy relevante. También deberíamos admitir que lo que parece un caos desde lejos es mucho más sutil de cerca porque la computación funciona a través de un mecanismo de abstracción generalizada; el proceso que impulsa la innovación de los sistemas computacionales también muestra que la computación siempre está inmersa en un proceso de contestación y construcción de alianzas. En mi opinión, una esfera pública que permite la contestación democrática a nivel técnico es políticamente saludable.
A.L.: Ha contribuido junto a otros autores al desarrollo de los estudios de software. ¿Qué pasa con los estudios de hardware? Es un campo que parece inexistente. Ya hay una historia cultural del mp3 escrita por Jonathan Sterne y sería genial asistir al nacimiento de historias culturales de otras tecnologías y formatos.
D.B.: Ha habido algunas obras importantes sobre hardware que provienen de la teoría alemana de los medios. Por ejemplo, la obra de Friedrich Kittler, aunque también pienso en la historia de las técnicas culturales y en la arqueología de los medios. En cualquier caso, la importancia de la materialidad de la computación y lo digital no puede exagerarse. Mi obra, en la medida en que es una contribución a los estudios de software, ha sido muy precisa en este aspecto. Necesitamos reconocer que el software está revolucionando el hardware hasta el punto de que los algoritmos diseñan y dirigen la producción de hardware (piensa en las fábricas de chips), ya que se exceden las capacidades humanas para desarrollarlo a ese nivel. Hay contribuciones importantes a la historia cultural del hardware, pero deberíamos ser cuidadosos a la hora de hacer distinciones estrictas y saber que el software y el hardware son dos lados de la misma moneda de la computación.
A.L.: ¿Qué puede contarnos de su proyecto New aesthetics?
D.B.: La nueva estética tiene que ver con las tecnologías digitales: son manifestaciones de lo post-digital. Esas instancias pueden leerse sintomáticamente y en un sentido estético para así ayudarnos a que nuestra condición computacional contemporánea tenga sentido. Interpreto las creaciones como artefactos culturales que representan historias encriptadas, momentos metafísicos que nos permiten observar la reconfiguración de nuestro horizonte de inteligibilidad.
A.L.: ¿Alguna recomendación final para mejorar nuestro entendimiento sobre la cultura computacional?
D.B.: Tenemos una tarea urgente: movilizar una filosofía crítica que ofrezca respuestas e interpretaciones a nuestra condición histórica actual, la cual está marcada por la computación. Cuanto más penetra la computación en nuestras vidas cotidianas y cuanto más interviene en nuestras vidas personales y sociales, más urgente se vuelve la tarea. Esto implica una relectura crítica de las claves teóricas y de nuestro trabajo filosófico; necesitamos proponer nuevos conceptos, pero también debemos proporcionar indicadores sobre el desarrollo del trabajo empírico en la sociedad computacional.
Mi trabajo es contribuir con esta tarea y mi nueva obra está centrada en el modo de codificar y descodificar la empobrecida, aunque potencialmente reveladora, cultura de la computación. Estoy explorando nuevos enfoques para leer y escribir lo digital, lo cual nos permitirá criticar y construir nuevos mundos dentro de un campo de computación criptográficamente opaco, pero también movilizaré el pensamiento crítico de épocas anteriores para proporcionar una crítica de la vida computacional.
3 de mayo de 2014
Andrés Lomeña
Especialista en teoría de los medios y editor de Understanding Digital Humanities. Berry ha conectado hábilmente la cultura digital con la teoría crítica y ha levantado los primeros cimientos de una verdadera filosofía del software.
El autor relativiza la importancia de los análisis tecnológicos estrictamente materialistas y apunta hacia lo que podría convertirse en toda una Crítica de la razón computacional.
ANDRÉS LOMEÑA: Según Luciano Floridi, vivimos en la era del zettabyte. Las posibilidades del Big Data son apabullantes, de ahí que usted nos haya advertido sobre la cesión de numerosos procesos cognitivos a los ordenadores. ¿Qué significa para la condición humana esta rendición a la cultura tecnológica?
DAVID M. BERRY: En mi obra, lo crucial no son los datos, sino la computación, así que más que la era del zettabyte prefiero pensar en “la era de la computación ubicua”. Ésta es una distinción fundamental porque la computación es una precondición necesaria para el Big Data. No quiero decir que el Big Data no plantee importantes e interesantes preguntas filosóficas, sino que en un nivel de análisis más primordial, la computación es una condición de posibilidad para responder a muchas de las preguntas clave que se hace la especie humana (el cambio climático, por ejemplo). Por lo tanto, la computación es esencial, tanto teórica como empíricamente. El desafío para la condición humana es aclarar que lo que está en juego es exactamente la pregunta por el ser humano, la cual avanza en varias direcciones nihilistas, como determinadas manifestaciones de lo posthumano y ciertas filosofías del realismo.
A.L.: Hay que entender el software como un metamedio. No obstante, Geert Lovink suele recordarnos que el monomedio es un “sueño húmedo” para los defensores de la convergencia. Comparto las preocupaciones de José van Dijck sobre cómo se ha delegado la esfera pública a unas pocas empresas privadas (Facebook, Google y Twitter, entre otras). ¿Cuál es el fallo en esa cultura de la convergencia, si es que lo hay?
D.B.: No creo que Geert Lovink se esté refiriendo al modo en que lo digital y los medios computacionales están reconfigurando formas mediáticas previas. Sin embargo, Lovink acierta de pleno en el hecho de que la materialidad digital no se traduce automáticamente en un monomedio. El software puede estar invadiendo el mundo, pero lo está haciendo a través de un proceso de fuerzas parciales y contradictorias debido a múltiples conflictos internos e irracionalidades, pero también debido a la mediación del trabajo social a cargo de las fuerzas capitalistas. El software, de este modo, existe como un lugar de convergencia y salida, de control y libertad, de poder y resistencia. Esto muestra la importancia de la politización de la computación y la necesidad de nuevas alfabetizaciones digitales, lo que en otro lugar he bautizado como iteración. Si conocemos la lectura y la escritura de la nueva sociedad digital, los tipos de cultura convergente sobre los que previene van Dijck pueden deconstruirse y combartirse.
A.L.: Hay un completo caos de “formatos”: el HTML5, el MP4, los diferentes lenguajes de programación, las plataformas de integración como SAP, el epub3 y así sucesivamente. Usted habla de entropía del software en su libro La filosofía del software. Entiendo, por tanto, que aún sufrimos las consecuencias de una crisis ecológica de los medios: la infobesidad y la infoxicación siguen siendo términos válidos para analizar la sociedad actual.
D.B.: La proliferación de formas y protocolos de medios computacionales son una señal importante del potencial creativo de la computación, no sólo a nivel técnico, sino también en cuanto a las posibilidades culturales, sociales y políticas que el software materializa. Tenemos que distinguir entre la rápida proliferación que se produce bajo la superficie de la cultura computacional y la aparentemente benigna quietud de las interfaces. La computación se suele identificar con una estructura económica de ganador absoluto y está claro que la contestación política en el nivel de la interfaz y del código es muy relevante. También deberíamos admitir que lo que parece un caos desde lejos es mucho más sutil de cerca porque la computación funciona a través de un mecanismo de abstracción generalizada; el proceso que impulsa la innovación de los sistemas computacionales también muestra que la computación siempre está inmersa en un proceso de contestación y construcción de alianzas. En mi opinión, una esfera pública que permite la contestación democrática a nivel técnico es políticamente saludable.
A.L.: Ha contribuido junto a otros autores al desarrollo de los estudios de software. ¿Qué pasa con los estudios de hardware? Es un campo que parece inexistente. Ya hay una historia cultural del mp3 escrita por Jonathan Sterne y sería genial asistir al nacimiento de historias culturales de otras tecnologías y formatos.
D.B.: Ha habido algunas obras importantes sobre hardware que provienen de la teoría alemana de los medios. Por ejemplo, la obra de Friedrich Kittler, aunque también pienso en la historia de las técnicas culturales y en la arqueología de los medios. En cualquier caso, la importancia de la materialidad de la computación y lo digital no puede exagerarse. Mi obra, en la medida en que es una contribución a los estudios de software, ha sido muy precisa en este aspecto. Necesitamos reconocer que el software está revolucionando el hardware hasta el punto de que los algoritmos diseñan y dirigen la producción de hardware (piensa en las fábricas de chips), ya que se exceden las capacidades humanas para desarrollarlo a ese nivel. Hay contribuciones importantes a la historia cultural del hardware, pero deberíamos ser cuidadosos a la hora de hacer distinciones estrictas y saber que el software y el hardware son dos lados de la misma moneda de la computación.
A.L.: ¿Qué puede contarnos de su proyecto New aesthetics?
D.B.: La nueva estética tiene que ver con las tecnologías digitales: son manifestaciones de lo post-digital. Esas instancias pueden leerse sintomáticamente y en un sentido estético para así ayudarnos a que nuestra condición computacional contemporánea tenga sentido. Interpreto las creaciones como artefactos culturales que representan historias encriptadas, momentos metafísicos que nos permiten observar la reconfiguración de nuestro horizonte de inteligibilidad.
A.L.: ¿Alguna recomendación final para mejorar nuestro entendimiento sobre la cultura computacional?
D.B.: Tenemos una tarea urgente: movilizar una filosofía crítica que ofrezca respuestas e interpretaciones a nuestra condición histórica actual, la cual está marcada por la computación. Cuanto más penetra la computación en nuestras vidas cotidianas y cuanto más interviene en nuestras vidas personales y sociales, más urgente se vuelve la tarea. Esto implica una relectura crítica de las claves teóricas y de nuestro trabajo filosófico; necesitamos proponer nuevos conceptos, pero también debemos proporcionar indicadores sobre el desarrollo del trabajo empírico en la sociedad computacional.
Mi trabajo es contribuir con esta tarea y mi nueva obra está centrada en el modo de codificar y descodificar la empobrecida, aunque potencialmente reveladora, cultura de la computación. Estoy explorando nuevos enfoques para leer y escribir lo digital, lo cual nos permitirá criticar y construir nuevos mundos dentro de un campo de computación criptográficamente opaco, pero también movilizaré el pensamiento crítico de épocas anteriores para proporcionar una crítica de la vida computacional.
3 de mayo de 2014
Andrés Lomeña
lunes, 24 de marzo de 2014
ENTREVISTA CON JENNIFER GROULING Y SARAH LYNNE BOWMAN
ENTREVISTA CON JENNIFER GROULING Y SARAH LYNNE BOWMAN
ANDRÉS LOMEÑA: Me gustaría preguntarles por la eclosión de estudios y análisis sobre los juegos de rol. ¿Qué ha pasado en los últimos años? Sospecho que arrancó con The fantasy role-playing game: a new performing art de Daniel Mackay y con Shared fantasy de Gary Alan Fine.
JENNIFER GROULING: Me sorprendió mucho ver que aparecían numerosos estudios sobre los juegos de rol de mesa. El libro de Fine se publicó en los ochenta y fue una exploración sociológica antes de que los game studies despegaran. Cuando estaba escribiendo el libro, era como si todo el mundo hablara de videojuegos y realidad virtual, y citar a Fine o Mackay para reflexionar sobre juegos de mesa era un poco informal, algo así como: “Vale, estamos hablando de videojuegos, pero todos proceden de los juegos de mesa”. Me molestaba ese tipo de afirmaciones porque creía que los juegos de mesa (tanto los de rol como los de tablero) tenían un potencial académico real. Me alegra que otros lo vieran de la misma forma.
SARAH LYNNE BOWMAN: Si miras en las historias de la comunicación del último siglo aproximadamente, el interés académico en un medio emergente suele tardar algunas décadas en manifestarse. Lo habitual es que los individuos que crecieron en ese medio tiendan a ganar posiciones de autoridad y a establecer sus intereses como un objeto valioso de estudio. En la historia del teatro, el cine y los videojuegos, el proceso a menudo implica batallar contra una tremenda cantidad de resistencias que vienen de círculos académicos que cuestionan la validez artística de esas nuevas formas.
Además del desdén de los gatekeepers académicos, los juegos de rol también se han enfrentado a la cultura mainstream durante el “pánico satánico” de los años ochenta y a los frecuentes ataques sensacionalistas sobre el medio como algo meramente “escapista”. Los académicos especializados en juegos de rol por fin estamos llegando a una fase en la que nos comunicamos y mantenemos un vivo diálogo con otros campos, incluyendo la dramaturgia, los estudios sobre juegos, la psicología o la sociología. Queremos establecer en el mundo académico lo que ya sabemos como jugadores: los juegos de rol pueden promover un inmenso proceso de transformación personal en los participantes.
A.L.: Yo jugaba a rol cuando era adolescente y admito que hace mucho que no juego. ¿Ustedes jugaron antes de escribir sobre ellos?
J.G.: Jugué a rol antes de estudiarlo. Sin embargo, llegué a los juegos de rol de manera formal cuando ya era adulta. Cuando era más joven, parecía una cosa de chicos. Escribía cartas a mis amigos del tipo Star Trek: the Next Generation characters. En esencia hacíamos lo mismo, aunque no lo llamáramos así. La primera vez que intenté entrar en un grupo de Dragones y Mazmorras me dijeron que no era para chicas. Así, el grupo que estudié fue realmente mi primer grupo formal de juegos de rol. También estudié un máster de lengua durante ese tiempo y análisis narrativo y lingüístico. Vi ciertos solapamientos, así que decidí estudiar a mi grupo para mi proyecto de tesina. Para el libro, amplié el contenido observando y hablando con jugadores de rol que no pertenecían a mi grupo, pero aún hay una fuerte dependencia en mi obra con la observación participante.
Mis intereses han cambiado con el tiempo. Ahora estoy en el campo de la retórica y la escritura y sobre todo estudio la enseñanza de la escritura. No obstante, doy una asignatura sobre juegos y narrativa, lo que resulta muy divertido. No juego mucho al rol desde esos días, sino que me centro en los Eurogames.
S.B.: Empecé a jugar en entornos digitales como los MUDs, los MOOs y los MUSHes a los quince años. Empecé a jugar a rol en vivo y a los juegos de rol de mesa a mis veinte y mis treinta, aunque mis experiencias se limitaban a Mundo de Tinieblas y a Dragones y Mazmorras. Ahora disfruto con juegos muy distintos en Wyrd Con, Intercon y Fastaval: juegos de mesa indies, sistemas libres norteamericanos, rol en vivo sobre un apocalipsis zombi y rol en vivo nórdico.
Mi interés académico es interdisciplinar. Mi formación es en comunicación, filología y humanidades, aunque también me he aproximado a la psicología, la dramaturgia, los juegos y la sociología para mi obra. La observación participante y la etnografía están en el corazón de toda mi obra, independientemente de mi metodología y de mis concepciones teóricas, razones por las que intento experimentar estilos tan diferentes de juegos de rol como me sea posible. Mi juego favorito de todos los tiempos es: Mago: La Ascensión.
A.L.: Me parece inevitable preguntarles por la crisis de los juegos de rol.
J.G.: Creo que siempre será un juego de “nichos”. Lleva mucho tiempo y trabajo reunir a un grupo unido que quede habitualmente. Hay personas que juegan en convenciones y convenciones para jugar, pero el juego en las convenciones es diferente que sentarte alrededor de un grupo regular. Mi libro sostiene que los juegos de rol de tablero tienen unas exigencias para los participantes diferentes a otros juegos, así que no creo que la crisis se vaya a ir. La veo cambiando en cuanto a la forma en que la gente queda. Tengo un amigo que ahora juega a D&D a través de http://roll20.net. Creo que la tecnología nos está invadiendo de tal forma que en realidad podemos capturar experiencias “cara a cara” de forma online. En todo caso, el rol siempre seguirá ahí y será una experiencia distinta de los videojuegos y de otras prácticas sociales.
S.B.: Me imagino que te refieres al aspecto económico de la industria de los juegos de rol. Ganarse la vida escribiendo materiales para juegos y jugar a rol en vivo siempre son empresas arriesgadas, sobre todo desde que los juegos de rol enseñan a las personas a usar su propia imaginación más que a depender de la imaginación de otros.
Sin embargo, como a muchos nos apasiona este hobby, creamos juegos gratuitos, colgando esos materiales en sitios públicos para que los disfruten personas de todo el mundo. En el apartado lucrativo, DriveThruRPG ha proporcionado un gran servicio a la industria de los juegos de rol, ofreciendo versiones PDF baratas de los juegos. Kickstarter ayuda a muchos diseñadores a conseguir que sus juegos se publiquen. Las convenciones estadounidenses como Intercon, Wyrd Con, Gen Con, Origins, PAX, Dexcon, Dreamation y otras presentan juegos de rol de distintos niveles.
Las conferencias semiacadémicas como las Knutpunkt en los países nórdicos, las Mittelpunkt en Alemania y las GNiales en Francia ayudan a elevar el nivel del discurso, un modelo que hemos intentado imitar en Estados Unidos con una convención como Wyrd Con. Esos encuentros suelen ir acompañados de compilaciones de artículos para estimular el debate y algunos suelen tener una gran base académica. En Estados Unidos ayudo a editar Wyrd Con Companion Book, una publicación libre y online que ofrece a los lectores artículos periodísticos y académicos. Este año hemos hecho revisión de pares para los autores en la sección académica dirigida a expertos. Otra tendencia creciente es la documentación de los juegos que existen, algo ejemplificado en publicaciones como el Nordic Larp book y los magníficos libros editados por la danesa Rollespilsakademiet.
En resumen, veo que el campo florece en lugar de marchitarse. Internet ha ofrecido niveles sin precedentes de conectividad y colaboración, lo que ha ayudado a expandir el campo tanto en el diseño como en lo académico.
A.L.: Building imaginary worlds de Mark J. P. Wolf trata sobre los mundos narrativos y virtuales. ¿Ve una convergencia entre juegos de rol, mundos literarios y la fan fiction?
J.G.: Creo que hay una gran conexión y es algo que se ha explorado hasta cierto punto. Tengo un capítulo en mi libro que menciona al fandom y la fan fiction, pero sólo de manera superficial. Espero que cada vez más personas estudien esas conexiones. En cierto modo, veo los juegos de rol como algo muy similar a la fan fiction: exploramos áreas de un mundo ficcional que no es posible dentro de los libros o la televisión.
S.B.: Creo que todos esos ejemplos son expresiones del mismo impulso humano: crear y conectar con narrativas significativas. En este sentido, recomiendo fervientemente el libro As If: Modern Enchantment and the Literary Pre-History of Virtual Reality de Michael Saler, que explica cómo los fans de la fantasía, la ciencia ficción y el género detectivesco han conectado con los textos a través de la participación activa. Este libro encaja perfectamente con el trabajo de los estudios de la recepción respecto al comportamiento “cocreador” de los fans: mírate los libros de Henry Jenkins Piratas de textos y Convergence Culture.
Los juegos de rol llevan ese comportamiento a un nuevo nivel, ofreciendo un espacio imaginativo aún más expansivo para los jugadores que protagonizan sus fantasías. Algunos de esos espacios o “círculos mágicos”, como los llamamos dentro de los game studies, se centran en los mundos basados en un género, mientras que otros enfatizan el realismo social. Nuestro objetivo actual con las diversas narrativas es ensalzar la interactividad y el alto nivel de compromiso creativo que existe, más que privilegiar a un artista particular o un canon de textos recibidos pasivamente.
A.L.: Ya para terminar, ¿en qué trabajan ahora mismo?
J.G.: Ahora no estoy haciendo nada relacionado con juegos de rol. Lo más parecido que he hecho es un estudio colaborativo sobre cómo usar los juegos en las clases de escritura profesional. Eso se convertirá en un libro que se llamará Computer Games and Technical Communication. He cambiado hacia una mayor preocupación por la enseñanza de la escritura.
Cuando escribí mi trabajo de investigación y después el libro, las personas me preguntaban por las implicaciones pedagógicas. En ese momento, no quería meterme en eso porque pensaba que el libro se sostenía como un análisis de género. Creo que una obra no siempre tiene que buscar implicaciones pedagógicas y a veces creo que las implicaciones pueden ser forzadas. Me he divertido muchísimo enseñando mi curso de narrativa y juegos y este otoño hacía participar a los alumnos en una sesión de D&D. Disfrutaron mucho y se generó un debate sobre narrativa, juegos y escritura. No creo que debamos empezar a añadir juegos de rol a todas nuestras clases, pero creo que es importante estudiar los juegos de rol en nuestra investigación académica y con nuestros estudiantes.
S.B.: Como ya mencioné antes, edito el Wyrd Con Companion Book, que ahora mismo está aceptando artículos para la publicación de 2014. Además, varios académicos están colaborando para escribir un manual sobre juegos de rol, una especie de libro de texto para los Role-playing Studies. Voy a contribuir en varios capítulos de ese libro. También estudio los juegos de rol educativos (edu-larp) y estoy redactando los resultados de un estudio de caso cuantitativo y cualitativo sobre la organización sin ánimo de lucro Seekers Unlimited (http://seekersunlimited.com), usando edu-larp para enseñar ciencia en un instituto de Los Ángeles.
Estoy metida en un proyecto a largo plazo sobre el conflicto social y las comunidades de jugadores de rol. Los resultados de mi etnografía preliminar se publicaron el año pasado en el International Journal of Role-playing y pensamos publicar una encuesta cuantitativa a nivel internacional en las próximas semanas. También estoy contribuyendo con un capítulo sobre juegos de rol para una antología sobre Harry Potter y los performance studies. Este verano espero compilar un libro con documentación para el post-apocalipsis zombi americano del rol en vivo de Dystopia Rising (http://www.dystopiarisinglarp.com).
Por último, mi objetivo es escribir otro libro haciendo énfasis en los procesos psicológicos y fenomenológicos que hay detrás de la identidad, los juegos de rol, la creatividad y la representación de personajes. Presenté una investigación en esta área en la Living Games Conference este mes, la primera conferencia de rol en vivo académica de Estados Unidos, que tuvo lugar en la universidad de Nueva York. Espero publicar la investigación a finales de año.
24 de marzo de 2014
Andrés Lomeña
ANDRÉS LOMEÑA: Me gustaría preguntarles por la eclosión de estudios y análisis sobre los juegos de rol. ¿Qué ha pasado en los últimos años? Sospecho que arrancó con The fantasy role-playing game: a new performing art de Daniel Mackay y con Shared fantasy de Gary Alan Fine.
JENNIFER GROULING: Me sorprendió mucho ver que aparecían numerosos estudios sobre los juegos de rol de mesa. El libro de Fine se publicó en los ochenta y fue una exploración sociológica antes de que los game studies despegaran. Cuando estaba escribiendo el libro, era como si todo el mundo hablara de videojuegos y realidad virtual, y citar a Fine o Mackay para reflexionar sobre juegos de mesa era un poco informal, algo así como: “Vale, estamos hablando de videojuegos, pero todos proceden de los juegos de mesa”. Me molestaba ese tipo de afirmaciones porque creía que los juegos de mesa (tanto los de rol como los de tablero) tenían un potencial académico real. Me alegra que otros lo vieran de la misma forma.
SARAH LYNNE BOWMAN: Si miras en las historias de la comunicación del último siglo aproximadamente, el interés académico en un medio emergente suele tardar algunas décadas en manifestarse. Lo habitual es que los individuos que crecieron en ese medio tiendan a ganar posiciones de autoridad y a establecer sus intereses como un objeto valioso de estudio. En la historia del teatro, el cine y los videojuegos, el proceso a menudo implica batallar contra una tremenda cantidad de resistencias que vienen de círculos académicos que cuestionan la validez artística de esas nuevas formas.
Además del desdén de los gatekeepers académicos, los juegos de rol también se han enfrentado a la cultura mainstream durante el “pánico satánico” de los años ochenta y a los frecuentes ataques sensacionalistas sobre el medio como algo meramente “escapista”. Los académicos especializados en juegos de rol por fin estamos llegando a una fase en la que nos comunicamos y mantenemos un vivo diálogo con otros campos, incluyendo la dramaturgia, los estudios sobre juegos, la psicología o la sociología. Queremos establecer en el mundo académico lo que ya sabemos como jugadores: los juegos de rol pueden promover un inmenso proceso de transformación personal en los participantes.
A.L.: Yo jugaba a rol cuando era adolescente y admito que hace mucho que no juego. ¿Ustedes jugaron antes de escribir sobre ellos?
J.G.: Jugué a rol antes de estudiarlo. Sin embargo, llegué a los juegos de rol de manera formal cuando ya era adulta. Cuando era más joven, parecía una cosa de chicos. Escribía cartas a mis amigos del tipo Star Trek: the Next Generation characters. En esencia hacíamos lo mismo, aunque no lo llamáramos así. La primera vez que intenté entrar en un grupo de Dragones y Mazmorras me dijeron que no era para chicas. Así, el grupo que estudié fue realmente mi primer grupo formal de juegos de rol. También estudié un máster de lengua durante ese tiempo y análisis narrativo y lingüístico. Vi ciertos solapamientos, así que decidí estudiar a mi grupo para mi proyecto de tesina. Para el libro, amplié el contenido observando y hablando con jugadores de rol que no pertenecían a mi grupo, pero aún hay una fuerte dependencia en mi obra con la observación participante.
Mis intereses han cambiado con el tiempo. Ahora estoy en el campo de la retórica y la escritura y sobre todo estudio la enseñanza de la escritura. No obstante, doy una asignatura sobre juegos y narrativa, lo que resulta muy divertido. No juego mucho al rol desde esos días, sino que me centro en los Eurogames.
S.B.: Empecé a jugar en entornos digitales como los MUDs, los MOOs y los MUSHes a los quince años. Empecé a jugar a rol en vivo y a los juegos de rol de mesa a mis veinte y mis treinta, aunque mis experiencias se limitaban a Mundo de Tinieblas y a Dragones y Mazmorras. Ahora disfruto con juegos muy distintos en Wyrd Con, Intercon y Fastaval: juegos de mesa indies, sistemas libres norteamericanos, rol en vivo sobre un apocalipsis zombi y rol en vivo nórdico.
Mi interés académico es interdisciplinar. Mi formación es en comunicación, filología y humanidades, aunque también me he aproximado a la psicología, la dramaturgia, los juegos y la sociología para mi obra. La observación participante y la etnografía están en el corazón de toda mi obra, independientemente de mi metodología y de mis concepciones teóricas, razones por las que intento experimentar estilos tan diferentes de juegos de rol como me sea posible. Mi juego favorito de todos los tiempos es: Mago: La Ascensión.
A.L.: Me parece inevitable preguntarles por la crisis de los juegos de rol.
J.G.: Creo que siempre será un juego de “nichos”. Lleva mucho tiempo y trabajo reunir a un grupo unido que quede habitualmente. Hay personas que juegan en convenciones y convenciones para jugar, pero el juego en las convenciones es diferente que sentarte alrededor de un grupo regular. Mi libro sostiene que los juegos de rol de tablero tienen unas exigencias para los participantes diferentes a otros juegos, así que no creo que la crisis se vaya a ir. La veo cambiando en cuanto a la forma en que la gente queda. Tengo un amigo que ahora juega a D&D a través de http://roll20.net. Creo que la tecnología nos está invadiendo de tal forma que en realidad podemos capturar experiencias “cara a cara” de forma online. En todo caso, el rol siempre seguirá ahí y será una experiencia distinta de los videojuegos y de otras prácticas sociales.
S.B.: Me imagino que te refieres al aspecto económico de la industria de los juegos de rol. Ganarse la vida escribiendo materiales para juegos y jugar a rol en vivo siempre son empresas arriesgadas, sobre todo desde que los juegos de rol enseñan a las personas a usar su propia imaginación más que a depender de la imaginación de otros.
Sin embargo, como a muchos nos apasiona este hobby, creamos juegos gratuitos, colgando esos materiales en sitios públicos para que los disfruten personas de todo el mundo. En el apartado lucrativo, DriveThruRPG ha proporcionado un gran servicio a la industria de los juegos de rol, ofreciendo versiones PDF baratas de los juegos. Kickstarter ayuda a muchos diseñadores a conseguir que sus juegos se publiquen. Las convenciones estadounidenses como Intercon, Wyrd Con, Gen Con, Origins, PAX, Dexcon, Dreamation y otras presentan juegos de rol de distintos niveles.
Las conferencias semiacadémicas como las Knutpunkt en los países nórdicos, las Mittelpunkt en Alemania y las GNiales en Francia ayudan a elevar el nivel del discurso, un modelo que hemos intentado imitar en Estados Unidos con una convención como Wyrd Con. Esos encuentros suelen ir acompañados de compilaciones de artículos para estimular el debate y algunos suelen tener una gran base académica. En Estados Unidos ayudo a editar Wyrd Con Companion Book, una publicación libre y online que ofrece a los lectores artículos periodísticos y académicos. Este año hemos hecho revisión de pares para los autores en la sección académica dirigida a expertos. Otra tendencia creciente es la documentación de los juegos que existen, algo ejemplificado en publicaciones como el Nordic Larp book y los magníficos libros editados por la danesa Rollespilsakademiet.
En resumen, veo que el campo florece en lugar de marchitarse. Internet ha ofrecido niveles sin precedentes de conectividad y colaboración, lo que ha ayudado a expandir el campo tanto en el diseño como en lo académico.
A.L.: Building imaginary worlds de Mark J. P. Wolf trata sobre los mundos narrativos y virtuales. ¿Ve una convergencia entre juegos de rol, mundos literarios y la fan fiction?
J.G.: Creo que hay una gran conexión y es algo que se ha explorado hasta cierto punto. Tengo un capítulo en mi libro que menciona al fandom y la fan fiction, pero sólo de manera superficial. Espero que cada vez más personas estudien esas conexiones. En cierto modo, veo los juegos de rol como algo muy similar a la fan fiction: exploramos áreas de un mundo ficcional que no es posible dentro de los libros o la televisión.
S.B.: Creo que todos esos ejemplos son expresiones del mismo impulso humano: crear y conectar con narrativas significativas. En este sentido, recomiendo fervientemente el libro As If: Modern Enchantment and the Literary Pre-History of Virtual Reality de Michael Saler, que explica cómo los fans de la fantasía, la ciencia ficción y el género detectivesco han conectado con los textos a través de la participación activa. Este libro encaja perfectamente con el trabajo de los estudios de la recepción respecto al comportamiento “cocreador” de los fans: mírate los libros de Henry Jenkins Piratas de textos y Convergence Culture.
Los juegos de rol llevan ese comportamiento a un nuevo nivel, ofreciendo un espacio imaginativo aún más expansivo para los jugadores que protagonizan sus fantasías. Algunos de esos espacios o “círculos mágicos”, como los llamamos dentro de los game studies, se centran en los mundos basados en un género, mientras que otros enfatizan el realismo social. Nuestro objetivo actual con las diversas narrativas es ensalzar la interactividad y el alto nivel de compromiso creativo que existe, más que privilegiar a un artista particular o un canon de textos recibidos pasivamente.
A.L.: Ya para terminar, ¿en qué trabajan ahora mismo?
J.G.: Ahora no estoy haciendo nada relacionado con juegos de rol. Lo más parecido que he hecho es un estudio colaborativo sobre cómo usar los juegos en las clases de escritura profesional. Eso se convertirá en un libro que se llamará Computer Games and Technical Communication. He cambiado hacia una mayor preocupación por la enseñanza de la escritura.
Cuando escribí mi trabajo de investigación y después el libro, las personas me preguntaban por las implicaciones pedagógicas. En ese momento, no quería meterme en eso porque pensaba que el libro se sostenía como un análisis de género. Creo que una obra no siempre tiene que buscar implicaciones pedagógicas y a veces creo que las implicaciones pueden ser forzadas. Me he divertido muchísimo enseñando mi curso de narrativa y juegos y este otoño hacía participar a los alumnos en una sesión de D&D. Disfrutaron mucho y se generó un debate sobre narrativa, juegos y escritura. No creo que debamos empezar a añadir juegos de rol a todas nuestras clases, pero creo que es importante estudiar los juegos de rol en nuestra investigación académica y con nuestros estudiantes.
S.B.: Como ya mencioné antes, edito el Wyrd Con Companion Book, que ahora mismo está aceptando artículos para la publicación de 2014. Además, varios académicos están colaborando para escribir un manual sobre juegos de rol, una especie de libro de texto para los Role-playing Studies. Voy a contribuir en varios capítulos de ese libro. También estudio los juegos de rol educativos (edu-larp) y estoy redactando los resultados de un estudio de caso cuantitativo y cualitativo sobre la organización sin ánimo de lucro Seekers Unlimited (http://seekersunlimited.com), usando edu-larp para enseñar ciencia en un instituto de Los Ángeles.
Estoy metida en un proyecto a largo plazo sobre el conflicto social y las comunidades de jugadores de rol. Los resultados de mi etnografía preliminar se publicaron el año pasado en el International Journal of Role-playing y pensamos publicar una encuesta cuantitativa a nivel internacional en las próximas semanas. También estoy contribuyendo con un capítulo sobre juegos de rol para una antología sobre Harry Potter y los performance studies. Este verano espero compilar un libro con documentación para el post-apocalipsis zombi americano del rol en vivo de Dystopia Rising (http://www.dystopiarisinglarp.com).
Por último, mi objetivo es escribir otro libro haciendo énfasis en los procesos psicológicos y fenomenológicos que hay detrás de la identidad, los juegos de rol, la creatividad y la representación de personajes. Presenté una investigación en esta área en la Living Games Conference este mes, la primera conferencia de rol en vivo académica de Estados Unidos, que tuvo lugar en la universidad de Nueva York. Espero publicar la investigación a finales de año.
24 de marzo de 2014
Andrés Lomeña
domingo, 23 de marzo de 2014
ENTREVISTA CON JOSÉ VAN DIJCK
ENTREVISTA CON JOSÉ VAN DIJCK
ANDRÉS LOMEÑA: The culture of connectivity describe la rápida evolución del ecosistema de los medios. Con la compra de WhatsApp por el gigante Facebook, vislumbramos una nueva fase en la creciente presión hacia la participación y la conectividad. Esas plataformas de Internet promueven la desregulación neoliberal a través de sus insaciables modelos de negocio. ¿Acaso funcionan los medios sociales como una especie de esfera pública distópica?
JOSÉ VAN DIJCK: El ecosistema de los medios ligados a la conectividad está evolucionando muy rápido y apenas tenemos la oportunidad de escrutar la textura del sistema: los modelos de negocio, propiedad y gobierno o las tecnologías (ocultas o visibles) que canalizan la participación de los usuarios a través de las plataformas.
La compra de WhatsApp por una suma astronómica (diecinueve mil millones de dólares por una empresa con cincuenta y cuatro empleados) es sólo un paso más en la rápida secuencia de absorciones de Facebook (tras la compra de Instagram y la operación fallida para comprar Snapchat), lo que consolida su rol de “puerta de entrada privilegiada” en el universo de las redes. Algunas empresas de tecnología punta (Google, Facebook y Amazon) están convirtiéndose en los gatekeepers dominantes de la red, si no son ya los únicos. Este ecosistema está privatizado casi en su totalidad. Los usuarios, por su parte, se han convertido en productos de los medios sociales: el número de usuarios es una variable importante a la hora de concretar el valor económico de las plataformas en caso de que haya absorciones u ofertas públicas.
¿Nos lleva todo esto a una esfera pública distópica? Mi mayor reparo tiene que ver con la desaparición de la esfera pública en sí: si toda la comunicación en red y el tráfico social on line se controla a través de un ecosistema producido, gobernado y regulado por dos o tres empresas, ¿qué queda del “valor público”? Hay bastante preocupación por la privacidad en el contexto de los medios sociales, pero esa inquietud mantiene una esfera pública sin teorizar. En mi próximo libro, que he coescrito con Thomas Poell, el tema de los medios sociales y el valor público será algo central.
A.L.: Su argumento parece bastante cercano a la burbuja de filtros de Eli Pariser. Él también persigue nuevas definiciones para lo público y nos ha hecho recordar que el gatekeeping de Facebook, Twitter y otras redes sociales es de todo menos neutral. ¿Confluyen sus pensamientos con los de Pariser?
J.V.D.: Mi tesis es mucho más amplia que la de Pariser, pero evidentemente contiene sus preocupaciones sobre la burbuja de filtros: la información y los datos que se filtran a través de los mismos canales carecen de neutralidad. Cada plataforma se programa para insertar a los usuarios en una cierta tendencia a través de algoritmos invisibles y de modelos de negocio cambiantes. Pero más allá de los filtros individuales y de las plataformas, encontramos una lógica de los medios sociales: un conjunto de principios y mecanismos con los que se gobierna el tráfico social. Esta lógica ha pasado a formar parte de nuestro tejido social y ahora determina cómo interactuamos, qué noticias llegan a ser populares, qué información vemos y cómo nuestro comportamiento on line define lo que queremos ver en el futuro.
Todas las plataformas de medios sociales se están convirtiendo en empresas de datos y están interconectadas a través de acuerdos y sistemas de intercambio de información; esas plataformas (Facebook, Twitter, Google+, Snapchat, Vine, Instagram, WhatsApp, Reddit, etcétera) no son tanto una colección de burbujas de filtros como lo que yo he llamado un ecosistema de medios para la conectividad. El ecosistema forma un “nirvana de interoperabilidad”. Google y Facebook tienen su propia cadena vertical de plataformas y quizás sean competidores, pero ambos operan de acuerdo con una lógica similar; si una plataforma no responde a esta lógica, simplemente se sale del radar y se aleja de la órbita de los usuarios. Las plataformas sin ánimo de lucro o “públicas” (la Wikipedia es la más representativa) dependen casi enteramente de Google, Facebook o Twitter (en ese orden) para atraer tráfico a sus páginas web.
A.L.: ¿Qué autores están haciendo un buen trabajo crítico? El software toma el mando de Lev Manovich ha sido muy inspirador para mí. Desde mi punto de vista, Internet está lleno de manifiestos neoliberales más o menos velados: el manifiesto cluetrain, la retórica psicológica del fluir (flow) y la adaptabilidad a los cambios tecnológicos, la “clase creativa” y los modelos wiki adaptados a la economía de mercado, la autoorganización y un largo etcétera. ¿Tiene una propuesta concreta para redefinir la esfera pública?
J.V.D.: En primer lugar, soy una seguidora de la obra de Lev Manovich y desde luego también puedo recomendar el libro coeditado por Tarleton Gillespie Media Technologies: Essays on Communication, Materiality and Society (MIT Press, 2013). Lo que necesitamos como antídoto para los múltiples manifiestos neoliberales que ensalzan el “nuevo poder de los usuarios” es un conjunto de herramientas críticas para analizar esas plataformas y para comprender sus mecanismos invisibles. Afortunadamente, la ola tecnoutópica de gurús que elogiaban a Google, Facebook, YouTube y Twitter por ser los supuestos nuevos libertadores de la cultura, los promotores de la ciudadanía y los motores de las revoluciones democráticas ha llegado a su fin. En lugar de eso, necesitamos un pensamiento más realista, crítico y matizado sobre los social media que evalúe el estado de las instituciones públicas y privadas y cómo éstas se ven afectadas por la economía de la interconexión en red.
A.L.: Michael Hardt propuso cuatro figuras subjetivas de la crisis en la Declaración que escribió junto con Toni Negri. Una de ellas era “el mediatizado” (las otras figuras eran el endeudado, el asegurado y el representado). ¿Se puede escapar de esta idea negativa de la conectividad? Parece que la única forma de resistencia es saber decir no.
J.V.D.: La resistencia es uno de los temas más importantes en este campo: ¿cómo resisten los usuarios ante los poderosos sistemas en los que están inmersos? Yo he identificado hackers, tweakers, manifestantes, objetores legales, quitters y activistas, pero la ingenuidad metódica de las voces críticas tiene fórmulas más variadas y por eso merecen atención académica. Decir no, desgraciadamente, no es suficiente para escapar al ambiente de la conectividad (ni qué decir que la conectividad tiene cosas buenas y malas). Es crucial entender cómo funcionan las plataformas de los medios sociales, una actitud que exige bastante esfuerzo. Salirse de una red social no es una opción para muchas personas (especialmente para los más jóvenes) porque se están autoexcluyendo de la socialización. En mi libro sobre la cultura de la conectividad he dicho: “Estamos enfrentados no sólo a los obstáculos tecnoeconómicos, sino también a las normas sociales, a los imperativos ideológicos y a la lógica cultural” (Página 171). La comodidad es parte de la lógica cultural: el poder seductor de la mayoría de las plataformas radica en su uso libre y gratuito. La comodidad es el enemigo de la agudeza crítica.
A.L. Le doy las gracias por ayudarnos a construir una nueva esfera pública en la era digital. ¿Algo que añadir?
J.V.D.: El título provisional de mi nuevo libro es Los medios sociales y la transformación del espacio público. Thomas Poell y yo estamos organizando una gran conferencia en Amsterdam sobre este tema y tendremos listas varias publicaciones que aparecerán a raíz de este proyecto.
23 de marzo de 2014
Andrés Lomeña
ANDRÉS LOMEÑA: The culture of connectivity describe la rápida evolución del ecosistema de los medios. Con la compra de WhatsApp por el gigante Facebook, vislumbramos una nueva fase en la creciente presión hacia la participación y la conectividad. Esas plataformas de Internet promueven la desregulación neoliberal a través de sus insaciables modelos de negocio. ¿Acaso funcionan los medios sociales como una especie de esfera pública distópica?
JOSÉ VAN DIJCK: El ecosistema de los medios ligados a la conectividad está evolucionando muy rápido y apenas tenemos la oportunidad de escrutar la textura del sistema: los modelos de negocio, propiedad y gobierno o las tecnologías (ocultas o visibles) que canalizan la participación de los usuarios a través de las plataformas.
La compra de WhatsApp por una suma astronómica (diecinueve mil millones de dólares por una empresa con cincuenta y cuatro empleados) es sólo un paso más en la rápida secuencia de absorciones de Facebook (tras la compra de Instagram y la operación fallida para comprar Snapchat), lo que consolida su rol de “puerta de entrada privilegiada” en el universo de las redes. Algunas empresas de tecnología punta (Google, Facebook y Amazon) están convirtiéndose en los gatekeepers dominantes de la red, si no son ya los únicos. Este ecosistema está privatizado casi en su totalidad. Los usuarios, por su parte, se han convertido en productos de los medios sociales: el número de usuarios es una variable importante a la hora de concretar el valor económico de las plataformas en caso de que haya absorciones u ofertas públicas.
¿Nos lleva todo esto a una esfera pública distópica? Mi mayor reparo tiene que ver con la desaparición de la esfera pública en sí: si toda la comunicación en red y el tráfico social on line se controla a través de un ecosistema producido, gobernado y regulado por dos o tres empresas, ¿qué queda del “valor público”? Hay bastante preocupación por la privacidad en el contexto de los medios sociales, pero esa inquietud mantiene una esfera pública sin teorizar. En mi próximo libro, que he coescrito con Thomas Poell, el tema de los medios sociales y el valor público será algo central.
A.L.: Su argumento parece bastante cercano a la burbuja de filtros de Eli Pariser. Él también persigue nuevas definiciones para lo público y nos ha hecho recordar que el gatekeeping de Facebook, Twitter y otras redes sociales es de todo menos neutral. ¿Confluyen sus pensamientos con los de Pariser?
J.V.D.: Mi tesis es mucho más amplia que la de Pariser, pero evidentemente contiene sus preocupaciones sobre la burbuja de filtros: la información y los datos que se filtran a través de los mismos canales carecen de neutralidad. Cada plataforma se programa para insertar a los usuarios en una cierta tendencia a través de algoritmos invisibles y de modelos de negocio cambiantes. Pero más allá de los filtros individuales y de las plataformas, encontramos una lógica de los medios sociales: un conjunto de principios y mecanismos con los que se gobierna el tráfico social. Esta lógica ha pasado a formar parte de nuestro tejido social y ahora determina cómo interactuamos, qué noticias llegan a ser populares, qué información vemos y cómo nuestro comportamiento on line define lo que queremos ver en el futuro.
Todas las plataformas de medios sociales se están convirtiendo en empresas de datos y están interconectadas a través de acuerdos y sistemas de intercambio de información; esas plataformas (Facebook, Twitter, Google+, Snapchat, Vine, Instagram, WhatsApp, Reddit, etcétera) no son tanto una colección de burbujas de filtros como lo que yo he llamado un ecosistema de medios para la conectividad. El ecosistema forma un “nirvana de interoperabilidad”. Google y Facebook tienen su propia cadena vertical de plataformas y quizás sean competidores, pero ambos operan de acuerdo con una lógica similar; si una plataforma no responde a esta lógica, simplemente se sale del radar y se aleja de la órbita de los usuarios. Las plataformas sin ánimo de lucro o “públicas” (la Wikipedia es la más representativa) dependen casi enteramente de Google, Facebook o Twitter (en ese orden) para atraer tráfico a sus páginas web.
A.L.: ¿Qué autores están haciendo un buen trabajo crítico? El software toma el mando de Lev Manovich ha sido muy inspirador para mí. Desde mi punto de vista, Internet está lleno de manifiestos neoliberales más o menos velados: el manifiesto cluetrain, la retórica psicológica del fluir (flow) y la adaptabilidad a los cambios tecnológicos, la “clase creativa” y los modelos wiki adaptados a la economía de mercado, la autoorganización y un largo etcétera. ¿Tiene una propuesta concreta para redefinir la esfera pública?
J.V.D.: En primer lugar, soy una seguidora de la obra de Lev Manovich y desde luego también puedo recomendar el libro coeditado por Tarleton Gillespie Media Technologies: Essays on Communication, Materiality and Society (MIT Press, 2013). Lo que necesitamos como antídoto para los múltiples manifiestos neoliberales que ensalzan el “nuevo poder de los usuarios” es un conjunto de herramientas críticas para analizar esas plataformas y para comprender sus mecanismos invisibles. Afortunadamente, la ola tecnoutópica de gurús que elogiaban a Google, Facebook, YouTube y Twitter por ser los supuestos nuevos libertadores de la cultura, los promotores de la ciudadanía y los motores de las revoluciones democráticas ha llegado a su fin. En lugar de eso, necesitamos un pensamiento más realista, crítico y matizado sobre los social media que evalúe el estado de las instituciones públicas y privadas y cómo éstas se ven afectadas por la economía de la interconexión en red.
A.L.: Michael Hardt propuso cuatro figuras subjetivas de la crisis en la Declaración que escribió junto con Toni Negri. Una de ellas era “el mediatizado” (las otras figuras eran el endeudado, el asegurado y el representado). ¿Se puede escapar de esta idea negativa de la conectividad? Parece que la única forma de resistencia es saber decir no.
J.V.D.: La resistencia es uno de los temas más importantes en este campo: ¿cómo resisten los usuarios ante los poderosos sistemas en los que están inmersos? Yo he identificado hackers, tweakers, manifestantes, objetores legales, quitters y activistas, pero la ingenuidad metódica de las voces críticas tiene fórmulas más variadas y por eso merecen atención académica. Decir no, desgraciadamente, no es suficiente para escapar al ambiente de la conectividad (ni qué decir que la conectividad tiene cosas buenas y malas). Es crucial entender cómo funcionan las plataformas de los medios sociales, una actitud que exige bastante esfuerzo. Salirse de una red social no es una opción para muchas personas (especialmente para los más jóvenes) porque se están autoexcluyendo de la socialización. En mi libro sobre la cultura de la conectividad he dicho: “Estamos enfrentados no sólo a los obstáculos tecnoeconómicos, sino también a las normas sociales, a los imperativos ideológicos y a la lógica cultural” (Página 171). La comodidad es parte de la lógica cultural: el poder seductor de la mayoría de las plataformas radica en su uso libre y gratuito. La comodidad es el enemigo de la agudeza crítica.
A.L. Le doy las gracias por ayudarnos a construir una nueva esfera pública en la era digital. ¿Algo que añadir?
J.V.D.: El título provisional de mi nuevo libro es Los medios sociales y la transformación del espacio público. Thomas Poell y yo estamos organizando una gran conferencia en Amsterdam sobre este tema y tendremos listas varias publicaciones que aparecerán a raíz de este proyecto.
23 de marzo de 2014
Andrés Lomeña
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