Estas palabras sirven de continuación a las que ya tuve con Don Lincoln.
ENTREVISTA CON JEFF FORSHAW
ANDRÉS LOMEÑA: La dilatación del tiempo se produce por la gravedad y por la velocidad. ¿Viven más las personas que viajan en avión o en tren?
JEFF FORSHAW: Si pasaras toda la vida moviéndote a varios metros por segundo, envejecerías unas cuantas décimas de microsegundo menos que alguien que nunca se movió. Y si pasaras toda la vida en la cima de una gran montaña, envejecerías alrededor de un milisegundo más que alguien que estuvo a nivel del mar. Ambos efectos se tienen en cuenta para los sistemas GPS, que de lo contrario fallarían al cabo de unas horas, ya que los satélites se están moviendo muy rápido con una gravedad débil y se necesita una gran precisión para localizar un punto sobre la superficie de la tierra con un metro de error.
A.L.: Los atomistas decían que solamente existen los átomos y el vacío. ¿Cree que es así?
J.F.: ¡El vacío no está realmente vacío! Es un caldo hirviendo de partículas que aparecen y desaparecen como de la nada. Eso es lo que las leyes de la física cuántica dicen y esas leyes se han probado a una gran precisión, así que son fiables. Los cosmólogos incluso se atreven a relacionar ciertos patrones de las galaxias con la fluctuación cuántica del espacio vacío en un tiempo en el que el universo visible pudo estar contenido en un espacio del tamaño de un balón de fútbol.
A.L.: Me gusta la historia del descubrimiento del muón y aquella frase que se dijo: “¿Quién ha pedido esto?” ¿Qué puedes decirnos sobre la función de este tipo de partículas?
J.F.: La mayoría de las partículas elementales son inestables. Esto significa que mueren arbitraria y espontáneamente, convirtiéndose en partículas menos masivas cuando se desintegran. Las nuevas partículas aparecieron de la nada; no estaban dentro de la partícula original. Las partículas muón y tau son versiones pesadas del electrón, que sí nos resulta familiar. Parece que las partículas extra pueden haber sido necesarias para asegurar que el universo no esté hecho solamente de luz (las partículas de luz sobrepasan a las partículas de materia ordinaria en torno a mil millones a una, así que la materia de la que están hechas las estrellas, tú y yo es un residuo realmente pequeño que quedó después del Bing Bang).
A.L.: Cada vez que leo sobre física descubro más nombres de partículas, ya sean reales o sólo hipotéticas: kaones, axiones, WIMP, curvatones e inflatones. ¿Quién se encarga de ordenar todo eso?
J.F.: En realidad no hay tantas partículas elementales: 6 quarks, 6 leptones (electrones, taus y neutrinos), 6 bosones de gauge (incluyendo el gravitón) y la partícula de Higgs. Quizás haya más. Por ejemplo, pensamos que hay una partícula para la materia oscura (quizás la partícula WIMP que mencionas, o quizás el axión) y pensamos que hubo una partícula que dominó el universo justo antes de que el Big Bang empezara (lo que llamamos inflación). Los kaones o los protones están hechos de quarks.
A.L.: ¿Se puede explicar el espín con una imagen sencilla?
J.F.: El espín es difícil de explicar: no hay ningún ejemplo cotidiano que valga. Lo más cercano sería imaginar una pequeña pelota giratoria, pero es una imagen imperfecta porque en el caso del electrón sería como si tuviera que girar dos veces antes de que volviera a donde empezará a girar, lo cual suena bastante raro.
A.L.: Sé que los preones son simplemente hipotéticos, pero quería preguntarle por la idea de Don Lincoln de encontrar una subestructura en los quarks.
J.F.: No tengo ni idea. No hay bases teóricas para encontrar una subestructura en el quark, pero eso no significa gran cosa. Sería genial si los quarks tuvieran algo dentro que pudiéramos observar.
A.L.: ¿Veremos pronto su nuevo libro, Universal: What is Physics?
J.F.: Finalmente se publicará en 2016. Queremos escribir un libro en el que los lectores lleguen a apreciar cómo el conocimiento de la física está garantizado por una serie de pequeños pasos que van desde la simple observación de la vida cotidiana a la comprensión del nacimiento del cosmos.
Andrés Lomeña
11 de mayo de 2015
lunes, 11 de mayo de 2015
lunes, 20 de abril de 2015
ENTREVISTA CON SIOBHAN CARROLL
La literatura y las atopías.
ENTREVISTA CON SIOBHAN CARROLL
ANDRÉS LOMEÑA: An Empire of Air and Water empieza donde algunos mapas terminan, con el famoso Aquí yacen dragones [hic sunt dracones]. Usted ha explicado que los espacios en blanco de los mapas sirvieron como un sutil mecanismo de apropiación colonial y que el periodo romántico transformó los espacios incolonizables en espacios conquistables. ¿Cuál fue el itinerario y los tesoros de su viaje intelectual hacia terra incognita?
SIOBHAN CARROLL: Empecé con los polos norte y sur, que se manifiestan en la imaginación imperial británica. Me preguntaba por qué geografías de poco valor comercial provocaron en Europa una búsqueda y contemplación obsesivas. El momento literario más representativo para mí se dio en El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad, cuando Marlow invoca la historia de la expedición de Franklin antes de lanzarse a su propio viaje africano. ¿Cómo cambia uno del Ártico a África? ¿De qué forma un espacio “incolonizable” (el Ártico Alto no puede colonizarse en el sentido tradicional, el agrícola) legitima un proyecto colonial en cualquier otra parte?
Investigar este hecho me llevó a la historia cultural de otros espacios incolonizables: el océano, la atmósfera o el mundo subterráneo. Todos comparten características y cada región proporciona una perspectiva diferente sobre el impulso que lleva a definir la nación en relación a un mundo en tránsito.
A.L.: Su libro habla de la dificultad de encontrar un verdadero hogar en ciertos lugares inhóspitos. ¿Cuáles fueron los mayores descubrimientos encontrados en esas regiones? Entiendo el influjo del mar en las novelas, pero me desconcierta el espacio aéreo y algunas referencias como The aerostatic spy.
S.C.: El océano es, en muchos sentidos, el espacio más importante de Reino Unido por su historia como nación insular. Los ingleses imaginaron que cualquier espacio atípico estaba conectado con el océano, ya fuera de forma figurativa o literal. La atmósfera, por ejemplo, era un “océano de fuego”; las regiones polares aparecían como océanos helados y el mundo subterráneo se concibió como un lugar ahuecado por mares. Las personas que exploraron esas regiones reforzaron esas percepciones. Por ejemplo, los marineros a menudo lideraron las excavaciones porque tenían experiencia haciendo nudos y tirando cuerdas. Después de que se inventara el globo aerostático, los marineros se embarcaron en vuelos aéreos por esas mismas razones. Los británicos fueron la admirable punta de lanza en la exploración polar del siglo XIX, así que los marineros y los oficiales de la marina estuvieron entre los primeros en escribir sobre los espacios polares.
Esas atopías naturales incolonizables tuvieron distintas funciones simbólicas. La situación de pobreza extrema del espacio polar lo hizo un objeto atractivo para los ingleses. Arrojándose ellos mismos contra la frontera helada en nombre de la ciencia, los ingleses esperaban demostrar la pureza de sus intenciones imperiales. También probaron sus mercancías (sus abrigos de lana o sus envases de comida) para demostrar su superioridad moral y tecnológica. El objetivo real de la búsqueda de los polos no era llegar a ellos, sino buscar el fracaso, ya que la derrota ajena probaría la superioridad de los ingleses frente a las naciones incapaces o reticentes a realizar logros similares.
Otros espacios tuvieron una función diferente, aunque estaba relacionada. El polo representó el límite externo del imperio mientras que el océano definió los límites domésticos de los ingleses. La misma lógica que discutía el diseño providencial de la unidad británica (la idea de que Inglaterra, Escocia y Gales formaban una única isla-nación) problematizó la expansión por el océano. Los ingleses tuvieron una actitud complicada hacia los mares. Era la base de su poder imperial, pero el océano también representaba un rival capaz de socavar las ambiciones británicas. En algunos textos, como en el poema El naufragio de William Falconer, sostengo que el espectro del motín, la rebelión colonial y la agitación de los nativos llegó a identificarse con el mar.
El mundo subterráneo y la atmósfera se identificaron con el pasado y el futuro, respectivamente. El mundo subterráneo se representó como un conjunto de historias perdidas o alternativas, un lugar desde el que reimaginar el pasado de la nación. La atmósfera, en cambio, se representó como un espacio futurista y peligrosamente cosmopolita. Al igual que el océano, la atmósfera es un lugar en potencia para el transporte global y el nuevo medio de transporte aéreo perteneció más a Europa que a Gran Bretaña (debido a la historia del globo aerostático). Para hablar de la atmósfera, los ingleses invocan la vulnerabilidad de la nación frente a una invasión o frente a algo aún peor, la obsolescencia.
En la novela del siglo dieciocho El espía aerostático, la atmósfera proporciona un espacio más puro de circulación global que el océano, relacionado con el comercio colonial de esclavos. El protagonista surca el aire para redimirse después de que la guerra de la independencia de Estados Unidos le echara de casa. Los espíritus del aire y un doble de Robinson Crusoe aparecen para enseñarle que el poder combinado de los globos aerostáticos y la literatura dará lugar a un futuro postnacional. Es un libro demencial que disfruté al comentarlo en mi capítulo sobre la atmósfera.
A.L.: ¿Cómo dio forma al concepto de atopía?
S.C.: Deberíamos decir “atopía natural”, ya que en el libro también hablo de las atopías de Augé (espacios construidos que han perdido su identidad debido al crecimiento del capitalismo globalizado). Considero que estos dos tipos de atopía están relacionados. Por ejemplo, en el siglo XIX las personas estaban preocupadas por la polución provocada por la minería. La describieron como un fenómeno peligroso para el campo: si haces boquetes en tu país, los vapores venenosos del subsuelo destruirán el mundo rural. En aquella época se llegó a relacionar el mundo natural con la revolución industrial de una forma que puede sorprender a mucha gente.
A.L.: ¿Por qué no ha incluido los espacios extraterrestres en sus atopías naturales?
S.C.: Los espacios extraterrestres son atopías ahora, aunque no lo fueran en el siglo XIX. En mi definición, un espacio natural se considera una atopía si es un sitio que los humanos puedan llegar a visitar; si está totalmente fuera de nuestro alcance, se convierte en un lugar puramente fantástico, no en uno que los autores puedan tratar con realismo. Hemos presenciado este proceso con Marte durante el siglo XX. El planeta rojo pasó de ser el hogar de las reinas marcianas y de las culturas exóticas a un desierto hostil para la supervivencia humana. ¿Por qué pasó esto? Una vez que el hombre había llegado a la luna, era plausible pensar que llegaría a Marte. El Polo Norte sufrió un proceso similar a finales del siglo XVIII: pasó de ser un reino de fantasía a un lugar al que los humanos podían llegar al cabo de un año. En consecuencia, los escritores tuvieron que contener su imaginación y acabaron resentidos con el resultado de la exploración. El problema del éxito científico es que colonizas las provincias de la imaginación; el momento atópico invita a los escritores a volverse contra la exploración científica para así defender la ficción.
A.L.: La imaginación espacial de novelistas como Shelley o Dickens tiene consecuencias sociales. ¿Es muy simplista decir que Mary Shelley fue progresista mientras que Dickens fue conservador a la hora de imaginar la expansión imperial?
S.C.: Sí, es algo simplista. Soy muy cautelosa con el uso de palabras como “conservador”. Si te refieres a desear que las cosas sigan igual, entonces muchos de los autores que se levantaron contra la expansión colonial (incluidos el poeta escocés William Falconer y Mary Shelley) podrían considerarse conservadores.
En mi libro opto por una posición más matizada. Como algunos espacios como el mar o los polos estaban históricamente asociados con la imaginación, los autores que los representaron contribuyeron a articular la relación existente entre la imaginación literaria y el imperialismo. Mary Shelley protestó contra el alineamiento de la poesía y la ficción al servicio del imperialismo polar de John Barrow. Charles Dickens, por otra parte, promovió esta alianza, viéndola como una forma de promover el valor de la literatura para la nación. Autores como Wordsworth estuvieron más preocupados por esas dinámicas en el ámbito doméstico y apelaron en su poesía al Ártico o a la imaginación oceánica para llamar la atención sobre las inquietantes consecuencias de la urbanización.
A.L.: La ciencia-ficción plantea el control del pasado y del futuro a través de los viajes temporales. ¿Hay algún límite a los espacios colonizables?
S.C.: Los románticos querían que las atopías naturales sirvieran como un límite para demarcar las fronteras del conocimiento científico y el poder imperial. Con el avance de la tecnología moderna, es posible concebir una versión definitiva de lo que Rosalind Williams llamó “el triunfo del imperio humano”. Quizás la luna, el profundo océano o el interior de la tierra puedan ser colonizados. Puede que incluso el tiempo.
No obstante, la mayoría de las historias de viajes en el tiempo que conozco desarrollan una resistencia neorromántica a la colonización del pasado o del futuro. El viajero del tiempo de H. G. Wells es incapaz de reformar el futuro de los Eloi y de los Morlock de la forma que exige la ficción colonial. Del mismo modo, a pesar de todo su conocimiento científico, la protagonista de El libro del día del juicio final de Connie Willis no puede salvar a las personas de la peste negra. La única “posesión” valiosa que se lleva de la experiencia es su propia devastación emocional. Si tuviera que adentrarme en el imperialismo de los viajes temporales, me interesaría por la experiencia del fracaso. ¿Será quizás un reflejo del pesimismo de los proyectos “humanitarios” internacionales?
A.L.: ¿Podría facilitarnos algún ejemplo de atopía en la novela contemporánea?
S.C.: Los espacios naturales que describo en el libro reaparecen en la ficción postcolonial y especulativa, y cuando esto pasa, hay una fuerte resonancia histórica. El océano en El cementerio de barcos de Paulo Bacigalupi (una novela muy reciente) es una horrible fusión de atopías artificiales y naturales: ahogarse en el mar es ahogarse en un océano post-atópico que está sometido al capitalismo global.
Por su parte, la película Gravity plantea una vuelta literal a la atopía polar: Sandra Bullock trata de comunicarse con un Inuit en el Ártico cuando trata de escapar de la atopía del espacio exterior (Aningaaq, el cortometraje que acompaña a la película, muestra el otro lado de la conversación). En la ficción postcolonial citaría El paciente inglés, cuya historia alternativa aparece dentro de la Cueva de los Nadadores. Tanto si ha sido algo consciente como si no, el texto recurre a estos espacios.
A.L.: ¿Cómo avanza su próximo proyecto, Circulating nature? ¿Y qué quiere decir con la imaginación trasatlántica?
S.C.: Circulating Nature nace de mi investigación de los proyectos románticos de geoingeniería. Las personas del siglo XIX también estaban preocupadas por el calentamiento climático y algunos pensadores especularon con la posibilidad de alterar el clima mundial. Me interesa ese momento y la historia cultural del antropoceno. ¿Cómo llegaron las personas a creer que podrían controlar la naturaleza a escala global? ¿Cómo reconocieron una naturaleza global de elementos móviles como el agua, el aire y los animales? ¿Qué tipo de medios ayudaron a imaginar la transformación de la naturaleza? ¿Hay formas de la naturaleza que forzaron el pensamiento ambiental? Llevo a cabo un examen de los agentes que participan como especies en la era del antropoceno. Quiero saber si el individualismo de la novela perjudicó la imaginación de nuevos tipos de agencia.
Con imaginación transatlántica me refiero a una cultura internacional formada por ideas que cruzan el océano Atlántico. En este proyecto me voy a centrar en Estados Unidos y Reino Unido, pero quiero tener referencias de otras naciones transatlánticas, así que si tú o tus lectores tenéis alguna sugerencia, no dudéis en escribirme.
A.L.: Déjeme hacerle una broma final: ¿cuál es para usted el espacio más difícil de colonizar? Para mí las universidades son gigantes y extrañas atopías donde se necesitan poderes telepáticos (en el sentido de compartir un ethos con la comunidad).
S.C.: Creo que la universidad actual corre el riesgo de convertirse en una atopía en el sentido de Marc Augé: un modelo desalmado de corporativismo norteamericano producido para las masas de todo el globo, o lo que es lo mismo, un esquema absolutamente impersonal que nos convierte en débiles trabajadores que cumplen sin rechistar con el margen de beneficio del uno por ciento. Pero también hay muchas otras cosas distintivas en la universidad actual, un gran potencial utópico convertido en centros de aprendizaje, por lo que no debemos adoptar una visión tan pesimista.
Creo que el océano continúa siendo la atopía natural más poderosa de todas. Nos preocupamos por el cambio climático y por las alteraciones de la atmósfera, pero creo que es el océano, con su extrañeza y su impredecibilidad, la que decidirá nuestro destino.
20 de abril de 2015
Andrés Lomeña
ENTREVISTA CON SIOBHAN CARROLL
ANDRÉS LOMEÑA: An Empire of Air and Water empieza donde algunos mapas terminan, con el famoso Aquí yacen dragones [hic sunt dracones]. Usted ha explicado que los espacios en blanco de los mapas sirvieron como un sutil mecanismo de apropiación colonial y que el periodo romántico transformó los espacios incolonizables en espacios conquistables. ¿Cuál fue el itinerario y los tesoros de su viaje intelectual hacia terra incognita?
SIOBHAN CARROLL: Empecé con los polos norte y sur, que se manifiestan en la imaginación imperial británica. Me preguntaba por qué geografías de poco valor comercial provocaron en Europa una búsqueda y contemplación obsesivas. El momento literario más representativo para mí se dio en El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad, cuando Marlow invoca la historia de la expedición de Franklin antes de lanzarse a su propio viaje africano. ¿Cómo cambia uno del Ártico a África? ¿De qué forma un espacio “incolonizable” (el Ártico Alto no puede colonizarse en el sentido tradicional, el agrícola) legitima un proyecto colonial en cualquier otra parte?
Investigar este hecho me llevó a la historia cultural de otros espacios incolonizables: el océano, la atmósfera o el mundo subterráneo. Todos comparten características y cada región proporciona una perspectiva diferente sobre el impulso que lleva a definir la nación en relación a un mundo en tránsito.
A.L.: Su libro habla de la dificultad de encontrar un verdadero hogar en ciertos lugares inhóspitos. ¿Cuáles fueron los mayores descubrimientos encontrados en esas regiones? Entiendo el influjo del mar en las novelas, pero me desconcierta el espacio aéreo y algunas referencias como The aerostatic spy.
S.C.: El océano es, en muchos sentidos, el espacio más importante de Reino Unido por su historia como nación insular. Los ingleses imaginaron que cualquier espacio atípico estaba conectado con el océano, ya fuera de forma figurativa o literal. La atmósfera, por ejemplo, era un “océano de fuego”; las regiones polares aparecían como océanos helados y el mundo subterráneo se concibió como un lugar ahuecado por mares. Las personas que exploraron esas regiones reforzaron esas percepciones. Por ejemplo, los marineros a menudo lideraron las excavaciones porque tenían experiencia haciendo nudos y tirando cuerdas. Después de que se inventara el globo aerostático, los marineros se embarcaron en vuelos aéreos por esas mismas razones. Los británicos fueron la admirable punta de lanza en la exploración polar del siglo XIX, así que los marineros y los oficiales de la marina estuvieron entre los primeros en escribir sobre los espacios polares.
Esas atopías naturales incolonizables tuvieron distintas funciones simbólicas. La situación de pobreza extrema del espacio polar lo hizo un objeto atractivo para los ingleses. Arrojándose ellos mismos contra la frontera helada en nombre de la ciencia, los ingleses esperaban demostrar la pureza de sus intenciones imperiales. También probaron sus mercancías (sus abrigos de lana o sus envases de comida) para demostrar su superioridad moral y tecnológica. El objetivo real de la búsqueda de los polos no era llegar a ellos, sino buscar el fracaso, ya que la derrota ajena probaría la superioridad de los ingleses frente a las naciones incapaces o reticentes a realizar logros similares.
Otros espacios tuvieron una función diferente, aunque estaba relacionada. El polo representó el límite externo del imperio mientras que el océano definió los límites domésticos de los ingleses. La misma lógica que discutía el diseño providencial de la unidad británica (la idea de que Inglaterra, Escocia y Gales formaban una única isla-nación) problematizó la expansión por el océano. Los ingleses tuvieron una actitud complicada hacia los mares. Era la base de su poder imperial, pero el océano también representaba un rival capaz de socavar las ambiciones británicas. En algunos textos, como en el poema El naufragio de William Falconer, sostengo que el espectro del motín, la rebelión colonial y la agitación de los nativos llegó a identificarse con el mar.
El mundo subterráneo y la atmósfera se identificaron con el pasado y el futuro, respectivamente. El mundo subterráneo se representó como un conjunto de historias perdidas o alternativas, un lugar desde el que reimaginar el pasado de la nación. La atmósfera, en cambio, se representó como un espacio futurista y peligrosamente cosmopolita. Al igual que el océano, la atmósfera es un lugar en potencia para el transporte global y el nuevo medio de transporte aéreo perteneció más a Europa que a Gran Bretaña (debido a la historia del globo aerostático). Para hablar de la atmósfera, los ingleses invocan la vulnerabilidad de la nación frente a una invasión o frente a algo aún peor, la obsolescencia.
En la novela del siglo dieciocho El espía aerostático, la atmósfera proporciona un espacio más puro de circulación global que el océano, relacionado con el comercio colonial de esclavos. El protagonista surca el aire para redimirse después de que la guerra de la independencia de Estados Unidos le echara de casa. Los espíritus del aire y un doble de Robinson Crusoe aparecen para enseñarle que el poder combinado de los globos aerostáticos y la literatura dará lugar a un futuro postnacional. Es un libro demencial que disfruté al comentarlo en mi capítulo sobre la atmósfera.
A.L.: ¿Cómo dio forma al concepto de atopía?
S.C.: Deberíamos decir “atopía natural”, ya que en el libro también hablo de las atopías de Augé (espacios construidos que han perdido su identidad debido al crecimiento del capitalismo globalizado). Considero que estos dos tipos de atopía están relacionados. Por ejemplo, en el siglo XIX las personas estaban preocupadas por la polución provocada por la minería. La describieron como un fenómeno peligroso para el campo: si haces boquetes en tu país, los vapores venenosos del subsuelo destruirán el mundo rural. En aquella época se llegó a relacionar el mundo natural con la revolución industrial de una forma que puede sorprender a mucha gente.
A.L.: ¿Por qué no ha incluido los espacios extraterrestres en sus atopías naturales?
S.C.: Los espacios extraterrestres son atopías ahora, aunque no lo fueran en el siglo XIX. En mi definición, un espacio natural se considera una atopía si es un sitio que los humanos puedan llegar a visitar; si está totalmente fuera de nuestro alcance, se convierte en un lugar puramente fantástico, no en uno que los autores puedan tratar con realismo. Hemos presenciado este proceso con Marte durante el siglo XX. El planeta rojo pasó de ser el hogar de las reinas marcianas y de las culturas exóticas a un desierto hostil para la supervivencia humana. ¿Por qué pasó esto? Una vez que el hombre había llegado a la luna, era plausible pensar que llegaría a Marte. El Polo Norte sufrió un proceso similar a finales del siglo XVIII: pasó de ser un reino de fantasía a un lugar al que los humanos podían llegar al cabo de un año. En consecuencia, los escritores tuvieron que contener su imaginación y acabaron resentidos con el resultado de la exploración. El problema del éxito científico es que colonizas las provincias de la imaginación; el momento atópico invita a los escritores a volverse contra la exploración científica para así defender la ficción.
A.L.: La imaginación espacial de novelistas como Shelley o Dickens tiene consecuencias sociales. ¿Es muy simplista decir que Mary Shelley fue progresista mientras que Dickens fue conservador a la hora de imaginar la expansión imperial?
S.C.: Sí, es algo simplista. Soy muy cautelosa con el uso de palabras como “conservador”. Si te refieres a desear que las cosas sigan igual, entonces muchos de los autores que se levantaron contra la expansión colonial (incluidos el poeta escocés William Falconer y Mary Shelley) podrían considerarse conservadores.
En mi libro opto por una posición más matizada. Como algunos espacios como el mar o los polos estaban históricamente asociados con la imaginación, los autores que los representaron contribuyeron a articular la relación existente entre la imaginación literaria y el imperialismo. Mary Shelley protestó contra el alineamiento de la poesía y la ficción al servicio del imperialismo polar de John Barrow. Charles Dickens, por otra parte, promovió esta alianza, viéndola como una forma de promover el valor de la literatura para la nación. Autores como Wordsworth estuvieron más preocupados por esas dinámicas en el ámbito doméstico y apelaron en su poesía al Ártico o a la imaginación oceánica para llamar la atención sobre las inquietantes consecuencias de la urbanización.
A.L.: La ciencia-ficción plantea el control del pasado y del futuro a través de los viajes temporales. ¿Hay algún límite a los espacios colonizables?
S.C.: Los románticos querían que las atopías naturales sirvieran como un límite para demarcar las fronteras del conocimiento científico y el poder imperial. Con el avance de la tecnología moderna, es posible concebir una versión definitiva de lo que Rosalind Williams llamó “el triunfo del imperio humano”. Quizás la luna, el profundo océano o el interior de la tierra puedan ser colonizados. Puede que incluso el tiempo.
No obstante, la mayoría de las historias de viajes en el tiempo que conozco desarrollan una resistencia neorromántica a la colonización del pasado o del futuro. El viajero del tiempo de H. G. Wells es incapaz de reformar el futuro de los Eloi y de los Morlock de la forma que exige la ficción colonial. Del mismo modo, a pesar de todo su conocimiento científico, la protagonista de El libro del día del juicio final de Connie Willis no puede salvar a las personas de la peste negra. La única “posesión” valiosa que se lleva de la experiencia es su propia devastación emocional. Si tuviera que adentrarme en el imperialismo de los viajes temporales, me interesaría por la experiencia del fracaso. ¿Será quizás un reflejo del pesimismo de los proyectos “humanitarios” internacionales?
A.L.: ¿Podría facilitarnos algún ejemplo de atopía en la novela contemporánea?
S.C.: Los espacios naturales que describo en el libro reaparecen en la ficción postcolonial y especulativa, y cuando esto pasa, hay una fuerte resonancia histórica. El océano en El cementerio de barcos de Paulo Bacigalupi (una novela muy reciente) es una horrible fusión de atopías artificiales y naturales: ahogarse en el mar es ahogarse en un océano post-atópico que está sometido al capitalismo global.
Por su parte, la película Gravity plantea una vuelta literal a la atopía polar: Sandra Bullock trata de comunicarse con un Inuit en el Ártico cuando trata de escapar de la atopía del espacio exterior (Aningaaq, el cortometraje que acompaña a la película, muestra el otro lado de la conversación). En la ficción postcolonial citaría El paciente inglés, cuya historia alternativa aparece dentro de la Cueva de los Nadadores. Tanto si ha sido algo consciente como si no, el texto recurre a estos espacios.
A.L.: ¿Cómo avanza su próximo proyecto, Circulating nature? ¿Y qué quiere decir con la imaginación trasatlántica?
S.C.: Circulating Nature nace de mi investigación de los proyectos románticos de geoingeniería. Las personas del siglo XIX también estaban preocupadas por el calentamiento climático y algunos pensadores especularon con la posibilidad de alterar el clima mundial. Me interesa ese momento y la historia cultural del antropoceno. ¿Cómo llegaron las personas a creer que podrían controlar la naturaleza a escala global? ¿Cómo reconocieron una naturaleza global de elementos móviles como el agua, el aire y los animales? ¿Qué tipo de medios ayudaron a imaginar la transformación de la naturaleza? ¿Hay formas de la naturaleza que forzaron el pensamiento ambiental? Llevo a cabo un examen de los agentes que participan como especies en la era del antropoceno. Quiero saber si el individualismo de la novela perjudicó la imaginación de nuevos tipos de agencia.
Con imaginación transatlántica me refiero a una cultura internacional formada por ideas que cruzan el océano Atlántico. En este proyecto me voy a centrar en Estados Unidos y Reino Unido, pero quiero tener referencias de otras naciones transatlánticas, así que si tú o tus lectores tenéis alguna sugerencia, no dudéis en escribirme.
A.L.: Déjeme hacerle una broma final: ¿cuál es para usted el espacio más difícil de colonizar? Para mí las universidades son gigantes y extrañas atopías donde se necesitan poderes telepáticos (en el sentido de compartir un ethos con la comunidad).
S.C.: Creo que la universidad actual corre el riesgo de convertirse en una atopía en el sentido de Marc Augé: un modelo desalmado de corporativismo norteamericano producido para las masas de todo el globo, o lo que es lo mismo, un esquema absolutamente impersonal que nos convierte en débiles trabajadores que cumplen sin rechistar con el margen de beneficio del uno por ciento. Pero también hay muchas otras cosas distintivas en la universidad actual, un gran potencial utópico convertido en centros de aprendizaje, por lo que no debemos adoptar una visión tan pesimista.
Creo que el océano continúa siendo la atopía natural más poderosa de todas. Nos preocupamos por el cambio climático y por las alteraciones de la atmósfera, pero creo que es el océano, con su extrañeza y su impredecibilidad, la que decidirá nuestro destino.
20 de abril de 2015
Andrés Lomeña
jueves, 16 de abril de 2015
ENTREVISTA CON DON LINCOLN
Una introducción muy básica a la física de partículas.
ENTREVISTA CON DON LINCOLN
ANDRÉS LOMEÑA: Es lamentable que aún no podamos disfrutar de sus libros en castellano. ¿Qué obra le gustaría ver en nuestras estanterías?
DON LINCOLN: Me gustaría ver The Large Hadron Collider en español. La comunidad hispánica, tanto la de la península ibérica como la latinoamericana, contribuye enormemente al programa de investigación del LHC. Estaría bien poder contar a esa comunidad su historia.
A.L.: Hay doce partículas elementales (seis quarks y seis leptones), pero además podemos encontrar más de doscientos mesones y bariones. ¿Cuántos tipos de partículas podemos esperar?
D.L.: En principio podría haber miles. Los mesones y los bariones están hechos de quarks. El quark top es tan inestable que no puede ser un componente de una partícula compuesta. Eso nos deja cinco quarks relevantes. Los mesones están hechos de un quark y un antiquark, así que habría unos 25 tipos de mesones (cinco tipos de quarks y cinco tipos de antiquarks). Los bariones consisten en tres quarks. Así que si tomamos todos los tipos de quarks, podría haber 125 tipos de bariones (5x5x5). Sin embargo, estas sólo son las configuraciones más estables de quarks. Si estos pudieran orbitar dentro de los mesones y los bariones, se formarían partículas más pesadas. En resumen, una cantidad creciente de movimiento dentro de los mesones y los bariones podría dar lugar a un número ilimitado de partículas.
No obstante, esto nos desvía de lo esencial. A finales de los años cincuenta, los científicos estaban construyendo el equivalente de las tablas periódicas para los mesones y los bariones. Con la invención del modelo de quarks todo ese glorioso caos empezó a tener sentido. La complejidad no es tan interesante como las ideas subyacentes y simplificadoras.
Un ejemplo más familiar: los átomos están hechos de protones, neutrones y electrones. Hay alrededor de 118 elementos descubiertos, más muchos isótopos (elementos con un número variable de neutrones). El hecho de que haya tantas configuraciones de tres componentes fundamentales en los átomos nos dice algo acerca de las fuerzas que los mantienen unidos, pero no nos dice demasiado sobre las leyes más básicas que gobiernan el universo.
A.L.: En su artículo La vida interior de los quarks sugiere que las partículas portadoras de fuerzas también podrían tener generaciones. Tenemos cinco bosones, de momento. ¿Qué será lo siguiente? ¿El descubrimiento del gravitón?
D.L.: En ese artículo para Scientific American, describo la idea de que los quarks, los leptones y las partículas portadoras de fuerzas están hechas de ladrillos aún más pequeños, algunas veces llamados preones. Es muy importante tener claro que no sabemos si esta idea es cierta, así que tus lectores no deberían creérsela. Sin embargo, si es verdadera (una conjetura que sólo puede demostrarse mediante la experimentación), debería haber bosones más pesados. Mis colegas y yo estamos buscando compañeros más pesados para los bosones W y Z (bosones con nombres faltos de imaginación, W´ y Z´). A pesar de nuestros esfuerzos, no hay evidencia de la existencia de esas partículas especulativas.
El gravitón es la partícula hipotética que causa la gravedad. No se ha descubierto aún y es improbable que lo encontremos. La razón es que la gravedad es increíblemente débil comparada con otras fuerzas. La única razón de que la gravedad parezca tan fuerte es que puede combinar los efectos gravitacionales de las partículas de un planeta entero. La fuerza gravitacional entre pares de partículas subatómicas es de alrededor de 10 elevado a -40 veces la fuerza electromagnética. Dada esa gran disparidad, estudiar la gravedad en el reino cuántico es muy difícil.
Hay un problema con esta explicación. Existe la posibilidad de que la debilidad observada de la gravedad sea errónea y que la gravedad en realidad sea tan fuerte como las otras fuerzas conocidas. La gravedad parece débil porque habría dimensiones extra en el espacio y los campos gravitacionales se filtrarían en las dimensiones extras. Esto es simplemente otra idea especulativa no demostrada y nadie debería tomársela en serio. Sin embargo, el hecho de que no sepamos por qué la gravedad es tan débil nos lleva a explorar esas ideas. Echa un vistazo a este vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=5UDUNqwWuNs
Si las dimensiones extras existen (y no hay evidencia de que así sea), será posible ver los gravitones. Esta idea tiene un largo camino por recorrer antes de que nadie empiece a creérsela.
A.L.: ¿Qué hay de los taquiones? Según leí en un libro de Lisa Randall, son un simple error dentro de un sistema.
D.L.: Lisa lleva razón. Los taquiones son partículas hipotéticas que superan la velocidad de la luz y la evidencia empírica de que existan es cero.
A.L.: Usted intenta dar con partículas como los quarks que no sean de tamaño cero. Personalmente, me cuesta comprender cómo puede haber partículas sin masa y que no se puedan dividir en dos partes. Por tanto, la intuición me dice que los preones de los que ha hablado deberían existir, aunque eso tampoco resolvería el problema. Los quarks me recuerdan a las mónadas de Leibniz. ¿Cree de veras en los preones?
D.L.: Soy un entusiasta de la idea de que los quarks y los leptones tengan constituyentes más pequeños, pero debes saber que esto es simplemente una cuestión intuitiva. Las mediciones hasta el momento no muestran evidencia de que la estructura de quarks y leptones tengan subestructuras y deberíamos haberlas visto si los quarks y los leptones tuvieran un tamaño mayor que 1/10,000 veces el de un protón. Así que si los preones existen, los quarks y los leptones deben de tener un tamaño más pequeño que ese.
Es muy importante advertir aquí que el hecho de que mi intuición me diga que es una buena idea, no significa que me la crea. Un buen científico no cree en lo que piensa hasta que no consigue confirmar la idea.
A.L.: Los preones y las supercuerdas podrían ser compatibles entre ellas. De este modo, las vibraciones de las cuerdas podrían crear preones. Me pregunto si la existencia de preones modifica o cambia otras especulaciones como la supersimetría e incluso la materia oscura.
D.L.: Así es. De acuerdo con algunas teorías, los quarks podrían estar hechos de cuerdas. Por otro lado, los quarks podrían estar hechos de preones que a su vez están hechos de cuerdas. O los quarks podrían estar hechos de preones, que están hechos de pre-preones, que están hechos de cuerdas. Puede ser que haya muchos niveles de materia entre los quarks y las supercuerdas. O puede que la idea completa de las supercuerdas sea simplemente un sinsentido.
La existencia de preones es independiente de la supersimetría, aunque si las supercuerdas existen, entonces la supersimetría existe. El “super” de supercuerdas es una contracción de “cuerdas supersimétricas”. Del mismo modo, los preones (si existen) no tienen un impacto relevante sobre la materia oscura, excepto si los preones también constituyen la materia oscura. Ninguna especulación sobre el papel de la materia oscura en la extinción de los dinosaurios debería tomarse en serio. Es decir, no es imposible, pero uno debería poner esa conjetura en la categoría de extremadamente especulativa.
A.L.: ¿La energía oscura es lo mismo que la energía de vacío? ¿Es posible que la energía oscura esconda partículas de algún tipo?
D.L: Nadie sabe realmente qué es la energía oscura. Está relacionada con la energía de vacío, pero esa energía parece ser 10 elevado a 120 veces más grande que la energía oscura. Nadie entiende esa discrepancia y las personas están mirando a los cielos para comprender la energía oscura. Quizás lo descubramos en un par de años, pero es mucho más probable que siga siendo un misterio durante mucho más tiempo.
A.L.: Muchísimas gracias por sus respuestas.
D.L.: La física moderna es un matrimonio entre teoría y experimentación. La especulación teórica tiene su lugar y puede ayudar a que cobren sentido algunos fenómenos aparentemente sin ninguna relación. Pero hay que recordar que la física es una empresa inherentemente empírica. Los experimentos hechos en el LHC y en el Fermilab sobre la materia oscura o sobre la energía oscura nos contarán las leyes que gobiernan el universo. El camino es largo y pasarán décadas, probablemente siglos y quizás milenios antes de que los secretos del universo puedan ser desvelados. Dado que la meta es muy lejana, la clave para la felicidad científica es caminar y disfrutar el viaje.
16 de abril de 2015
Andrés Lomeña
ENTREVISTA CON DON LINCOLN
ANDRÉS LOMEÑA: Es lamentable que aún no podamos disfrutar de sus libros en castellano. ¿Qué obra le gustaría ver en nuestras estanterías?
DON LINCOLN: Me gustaría ver The Large Hadron Collider en español. La comunidad hispánica, tanto la de la península ibérica como la latinoamericana, contribuye enormemente al programa de investigación del LHC. Estaría bien poder contar a esa comunidad su historia.
A.L.: Hay doce partículas elementales (seis quarks y seis leptones), pero además podemos encontrar más de doscientos mesones y bariones. ¿Cuántos tipos de partículas podemos esperar?
D.L.: En principio podría haber miles. Los mesones y los bariones están hechos de quarks. El quark top es tan inestable que no puede ser un componente de una partícula compuesta. Eso nos deja cinco quarks relevantes. Los mesones están hechos de un quark y un antiquark, así que habría unos 25 tipos de mesones (cinco tipos de quarks y cinco tipos de antiquarks). Los bariones consisten en tres quarks. Así que si tomamos todos los tipos de quarks, podría haber 125 tipos de bariones (5x5x5). Sin embargo, estas sólo son las configuraciones más estables de quarks. Si estos pudieran orbitar dentro de los mesones y los bariones, se formarían partículas más pesadas. En resumen, una cantidad creciente de movimiento dentro de los mesones y los bariones podría dar lugar a un número ilimitado de partículas.
No obstante, esto nos desvía de lo esencial. A finales de los años cincuenta, los científicos estaban construyendo el equivalente de las tablas periódicas para los mesones y los bariones. Con la invención del modelo de quarks todo ese glorioso caos empezó a tener sentido. La complejidad no es tan interesante como las ideas subyacentes y simplificadoras.
Un ejemplo más familiar: los átomos están hechos de protones, neutrones y electrones. Hay alrededor de 118 elementos descubiertos, más muchos isótopos (elementos con un número variable de neutrones). El hecho de que haya tantas configuraciones de tres componentes fundamentales en los átomos nos dice algo acerca de las fuerzas que los mantienen unidos, pero no nos dice demasiado sobre las leyes más básicas que gobiernan el universo.
A.L.: En su artículo La vida interior de los quarks sugiere que las partículas portadoras de fuerzas también podrían tener generaciones. Tenemos cinco bosones, de momento. ¿Qué será lo siguiente? ¿El descubrimiento del gravitón?
D.L.: En ese artículo para Scientific American, describo la idea de que los quarks, los leptones y las partículas portadoras de fuerzas están hechas de ladrillos aún más pequeños, algunas veces llamados preones. Es muy importante tener claro que no sabemos si esta idea es cierta, así que tus lectores no deberían creérsela. Sin embargo, si es verdadera (una conjetura que sólo puede demostrarse mediante la experimentación), debería haber bosones más pesados. Mis colegas y yo estamos buscando compañeros más pesados para los bosones W y Z (bosones con nombres faltos de imaginación, W´ y Z´). A pesar de nuestros esfuerzos, no hay evidencia de la existencia de esas partículas especulativas.
El gravitón es la partícula hipotética que causa la gravedad. No se ha descubierto aún y es improbable que lo encontremos. La razón es que la gravedad es increíblemente débil comparada con otras fuerzas. La única razón de que la gravedad parezca tan fuerte es que puede combinar los efectos gravitacionales de las partículas de un planeta entero. La fuerza gravitacional entre pares de partículas subatómicas es de alrededor de 10 elevado a -40 veces la fuerza electromagnética. Dada esa gran disparidad, estudiar la gravedad en el reino cuántico es muy difícil.
Hay un problema con esta explicación. Existe la posibilidad de que la debilidad observada de la gravedad sea errónea y que la gravedad en realidad sea tan fuerte como las otras fuerzas conocidas. La gravedad parece débil porque habría dimensiones extra en el espacio y los campos gravitacionales se filtrarían en las dimensiones extras. Esto es simplemente otra idea especulativa no demostrada y nadie debería tomársela en serio. Sin embargo, el hecho de que no sepamos por qué la gravedad es tan débil nos lleva a explorar esas ideas. Echa un vistazo a este vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=5UDUNqwWuNs
Si las dimensiones extras existen (y no hay evidencia de que así sea), será posible ver los gravitones. Esta idea tiene un largo camino por recorrer antes de que nadie empiece a creérsela.
A.L.: ¿Qué hay de los taquiones? Según leí en un libro de Lisa Randall, son un simple error dentro de un sistema.
D.L.: Lisa lleva razón. Los taquiones son partículas hipotéticas que superan la velocidad de la luz y la evidencia empírica de que existan es cero.
A.L.: Usted intenta dar con partículas como los quarks que no sean de tamaño cero. Personalmente, me cuesta comprender cómo puede haber partículas sin masa y que no se puedan dividir en dos partes. Por tanto, la intuición me dice que los preones de los que ha hablado deberían existir, aunque eso tampoco resolvería el problema. Los quarks me recuerdan a las mónadas de Leibniz. ¿Cree de veras en los preones?
D.L.: Soy un entusiasta de la idea de que los quarks y los leptones tengan constituyentes más pequeños, pero debes saber que esto es simplemente una cuestión intuitiva. Las mediciones hasta el momento no muestran evidencia de que la estructura de quarks y leptones tengan subestructuras y deberíamos haberlas visto si los quarks y los leptones tuvieran un tamaño mayor que 1/10,000 veces el de un protón. Así que si los preones existen, los quarks y los leptones deben de tener un tamaño más pequeño que ese.
Es muy importante advertir aquí que el hecho de que mi intuición me diga que es una buena idea, no significa que me la crea. Un buen científico no cree en lo que piensa hasta que no consigue confirmar la idea.
A.L.: Los preones y las supercuerdas podrían ser compatibles entre ellas. De este modo, las vibraciones de las cuerdas podrían crear preones. Me pregunto si la existencia de preones modifica o cambia otras especulaciones como la supersimetría e incluso la materia oscura.
D.L.: Así es. De acuerdo con algunas teorías, los quarks podrían estar hechos de cuerdas. Por otro lado, los quarks podrían estar hechos de preones que a su vez están hechos de cuerdas. O los quarks podrían estar hechos de preones, que están hechos de pre-preones, que están hechos de cuerdas. Puede ser que haya muchos niveles de materia entre los quarks y las supercuerdas. O puede que la idea completa de las supercuerdas sea simplemente un sinsentido.
La existencia de preones es independiente de la supersimetría, aunque si las supercuerdas existen, entonces la supersimetría existe. El “super” de supercuerdas es una contracción de “cuerdas supersimétricas”. Del mismo modo, los preones (si existen) no tienen un impacto relevante sobre la materia oscura, excepto si los preones también constituyen la materia oscura. Ninguna especulación sobre el papel de la materia oscura en la extinción de los dinosaurios debería tomarse en serio. Es decir, no es imposible, pero uno debería poner esa conjetura en la categoría de extremadamente especulativa.
A.L.: ¿La energía oscura es lo mismo que la energía de vacío? ¿Es posible que la energía oscura esconda partículas de algún tipo?
D.L: Nadie sabe realmente qué es la energía oscura. Está relacionada con la energía de vacío, pero esa energía parece ser 10 elevado a 120 veces más grande que la energía oscura. Nadie entiende esa discrepancia y las personas están mirando a los cielos para comprender la energía oscura. Quizás lo descubramos en un par de años, pero es mucho más probable que siga siendo un misterio durante mucho más tiempo.
A.L.: Muchísimas gracias por sus respuestas.
D.L.: La física moderna es un matrimonio entre teoría y experimentación. La especulación teórica tiene su lugar y puede ayudar a que cobren sentido algunos fenómenos aparentemente sin ninguna relación. Pero hay que recordar que la física es una empresa inherentemente empírica. Los experimentos hechos en el LHC y en el Fermilab sobre la materia oscura o sobre la energía oscura nos contarán las leyes que gobiernan el universo. El camino es largo y pasarán décadas, probablemente siglos y quizás milenios antes de que los secretos del universo puedan ser desvelados. Dado que la meta es muy lejana, la clave para la felicidad científica es caminar y disfrutar el viaje.
16 de abril de 2015
Andrés Lomeña
domingo, 15 de marzo de 2015
ENTREVISTA CON MATTHEW TAYLOR
Entrevista al autor de "Universos sin nosotros: cosmologías posthumanas en la literatura estadounidense".
ENTREVISTA CON MATTHEW TAYLOR
ANDRÉS LOMEÑA: ¿Qué (demonios) es una literatura no antropocéntrica? Usted entiende el posthumanismo como un intento transhistórico para integrar lo humano en grandes redes de significados y también como una hermenéutica sobre lo radicalmente distintas que son las cosmologías literarias. A propósito, ¿cómo llegó a interesarse en un tema tan “extraterrestre”?
MATTHEW TAYLOR: Me encantan estas preguntas, especialmente la primera, ya que mi propia obra se pregunta constantemente qué (demonios) es algo no antropocéntrico, ya sea literario o de otro tipo. No hay una respuesta a esto, pero un viejo proverbio me viene a la cabeza (¿Es de El Paraíso Perdido?): “El camino al infierno está empedrado de buenas intenciones”. Gran parte del actual giro no antropocéntrico corre el riesgo de seguir una ruta igualmente siniestra cuando la huida prometida de lo humano es, a menudo, una fantasía intrínsecamente humana (y humanista). Al igual que la explotadora cosmología a la que quiere reemplazar, ese discurso se apodera con frecuencia de lo no humano o lo natural para cumplir sus propios objetivos, convirtiendo lo no humano en un recurso para “nosotros”. Nuestros intentos de cuidar el mundo o perdernos dentro de él se convierten, paradójicamente, en otra colonización autoconstituida. Esto resulta evidente cuando la imaginación desemboca en nuestra extinción literal, una vida “después” de nosotros o “más allá” de nosotros, el final de la extensión universal de la vida humana consciente. Un panteísmo, a fin de cuentas, pero uno en el que nosotros somos los dioses. Desde Adorno a Hayles, todos han ofrecido ideas parecidas.
Mi interés primordial no es esta desmitificación. Me interesa una versión del posthumanismo que integra lo humano dentro de cadenas del ser más grandes, redes de significados que no están a nuestro servicio ni se convierten en nosotros. Esa perspectiva implica perder simultáneamente la idea de “naturaleza” y “ser humano” cuando la integridad holística explota más allá del contacto supuestamente imposible con el otro. Esto no equivale a decir que lo humano no existe, solamente que es una producción o ensamblaje fundamentalmente no humana, con imbricaciones fluidas que reemplazan las demarcaciones rígidas. La clave, sin embargo, es que esa interdependencia no nos salva ni nos redime; creer eso sería caer en la trampa que he esbozado más arriba. Se trata de la condición de nuestro ser y de nuestra descomposición. La ética no natural puede derivarse de esta ontología. En el mejor de los casos, hay un tipo de humildad negativa (inspirada por fuentes dispersas como el misticismo, la deconstrucción y la teoría de sistemas) que se ocupa de nuestra habilidad para aprehender lo que “somos” (y lo que no somos). Es una forma de acotar los límites del pensamiento.
Ese es el motivo por el que la literatura es importante para mi proyecto: las cosmologías que estudio, por sus modos significativamente asistemáticos, trazan “cosas” posthumanistas (amalgamas extrañas y sin fijar que borran la división entre humano y no humano) y “pensamientos” posthumanistas (esto es, la distancia media impensable o no totalizable entre todo y nada, entre el yo y el no-yo). La ambigüedad tiene que ser un lugar transitado, no algo que resolver o de lo que haya que escapar. Esto significa que los textos literarios no son simples excusas para intervenciones teóricas externas, sino interlocutores (y productores) de experiencias posthumanistas de pleno derecho. Desde esta perspectiva tan poco convencional, el posthumanismo no es un desarrollo tecnológico futuro sino un impulso inmanente para el humanismo (la sombra del antropocentrismo o su hermano gemelo zurdo). De este modo, no existe una literatura no antropocéntrica pura, pero esto también significa que no hay una literatura antropocéntrica pura.
Me temo que aún no he respondido a tu pregunta sobre el origen de mi interés por este tema. Para seguir con el espíritu de las ideas que acabo de comentar, sería conveniente decir que no lo sé, pero eso sería una verdad a medias. La otra media verdad es que mis estudios estaban equitativamente divididos entre biología, física y química por un lado y literatura por otro; mi persistente incapacidad para mantener separadas las ciencias y las letras es muy sintomática en mis actuales investigaciones.
A.L.: Un obstáculo para comprender adecuadamente su libro es que se centra en algunos autores que nunca se han traducido a nuestro idioma. Henry Adams intentó usar la física y la entropía para una nueva teoría de la historia. Del vudú sabemos muy poco, así que los pensamientos de Hurston nos resultan muy poco familiares. ¿Qué puede decirnos de los cuatro grandes autores de su libro? ¿Cuáles son los objetos y seres más importantes en esas cosmologías?
M.T.: No me sorprende que Adams, Chesnutt y Hurston no estén disponibles en español, pero creo que eso no pasa con Poe. Me gusta tener la oportunidad de contextualizar la inclusión de esos autores en mi proyecto, ya que es “americanista” hasta el punto de que examina las formas en las que la lógica del “destino manifiesto” mostró (y continúa mostrando) concepciones nacionales sobre lo humano, lo individual, lo racial y lo especista. Contra el inseparable discurso dominante de conquista progresiva, perfectibilidad y unificación “cosmonacional”, mis autores articulan una contranarrativa o hetero-ortodoxia que imagina la integración en redes posthumanas para representar la derrota (más que la formación) del yo humanista. El contexto estadounidense es un trasfondo importante para las obras de esos autores por los complejos enredos de las innumerables dominaciones de tierras y personas.
Por supuesto, cada uno de los autores responde a ese trasfondo de formas distintas. En el caso de Poe, el universo es una especie de Dios spinoziano difuminado que está en proceso de colapso para revivificar al Ser Supremo; esto es muy explícito en su poema en prosa Eureka, pero sostengo que esos principios son operativos en sus narraciones cortas. Una cosmología así puede sonar pacífica, pero siendo el universo de Poe, los personajes individuales experimentan la reunificación como una amenaza existencial, el horror de que las cosas a nuestro alrededor tengan el objetivo de una fusión destructiva (la imagen paradigmática es La caída de la Casa Usher). Por otra parte, la unidad cósmica de Adams es algo inconcreto que se pierde paulatinamente; mientras que las ficciones de Poe operan de acuerdo con una fuerza gravitacional, la supuesta autobiografía de Adams y las “historias científicas” están gobernadas por una abertura entrópica de los cuerpos individuales y colectivos (aquí la metáfora sería la descomposición radioactiva). A pesar de esas diferencias, Poe y Adams imaginan universos apocalípticos e inhabitables; sus cosmos proyectan la pulsión de muerte.
En la segunda parte de mi libro, sin embargo, analizo la Diáspora de la cosmología africana. Aunque para el autónomo y autoritario yo humanista es igualmente inhabitable, la cosmología deja abierta la posibilidad de la supervivencia humana, a pesar de ciertas transformaciones dramáticas. En los cuentos mágicos de Chesnutt, los esclavos sufren una metamorfosis que los convierte en elementos del medio ambiente con un efecto más bien desastroso (en una historia, un esclavo fugado se convierte mágicamente en un árbol solamente para ser cortado más tarde). Se critica la dominación blanca sobre los negros y los espacios naturales, pero no a través de un holismo ecológico benigno. La naturaleza no existe en estas historias para la humanidad; no es un escape romántico de la modernidad y tampoco es un lugar de asimilación pasiva.
El último gran autor que examino es Hurston, quien, al igual que Chesnutt, usa la tradición mágica, el vudú y el hoodoo para criticar las formas económicas y espirituales del consumismo (así como sus materializaciones racistas y especistas). A diferencia de Chesnutt, Hurston vislumbra un vívido potencial en el vudú, incluso si esa vida sacrifica el autodominio a los circuitos radicalmente extrapersonales del placer y el dolor (ella imagina el vudú como una especie de altar hecho con distintas piezas y habitado por varios seres). En las obras de estos autores, los objetos y los seres juegan roles muy importantes, pero funcionan como sinécdoques para procesos y relaciones posthumanistas.
A.L.: ¿Qué opina de la teoría de los mundos posibles en el contexto de su investigación?
M.T.: Tengo que confesar que sé muy poco sobre la teoría de los mundos posibles en su vertiente filosófica o literaria, pero la obra de Dolezel (especialmente Heterocósmica) atrajo mi atención cuando investigaba para mi primer libro (de hecho, su título era irresistible). Aunque no encuentro el impulso taxonómico de mucho uso en mi pensamiento, fue extremadamente interesante para mí su énfasis en cuestiones sobre posibilidad/posibilismo/inexistencia (cosas que pueden haber sido o que podrían haber sucedido), sobre la naturaleza contextual de la ficción (más que lo textualmente inmanente) y sobre los efectos pragmáticos de la literatura. Dicho esto, esas preocupaciones no aparecen de forma directa en mis textos más que como un compromiso vago para explorar las posibilidades filosóficas de las obras literarias. Digamos que están en un segundo plano. Tu pregunta, no obstante, me obliga a preguntarme si debería traerlas a un primer plano.
A.L.: Estoy intrigado por su próximo proyecto sobre las escalas espaciotemporales y sus consecuencias ético-políticas. Mi suposición es que cuanto más crecen las escalas espaciotemporales en la ficción, más nos acercamos a un sueño de expansión ilimitada. Una vida humana no sería muy importante si estás pensando en escalas como las de la civilización. En este sentido, las macroescalas serían conceptualmente muy peligrosas. Pienso sobre todo en novelas de ciencia-ficción, pero agradecería que me indicara los ejes del libro que prepara.
M.T.: ¡Muy buena suposición! Mi proyecto actual investigará las relaciones entre el planetario y el antropoceno examinando: 1) el discurso de la frontera, circunscrito al globo terráqueo desde el año 1900 aproximadamente. 2) Ficciones de ese periodo que convierten el tiempo y el espacio en horizontes que o bien invitan a una mayor colonización o desorientan al ser humano. Como aún no tengo formado un argumento exacto, te contaré algunas de las preguntas que guían la obra: ¿Hay algo intrínsecamente natural, ético o ecocrítico sobre la idea de “planeta”? ¿Qué ocurre cuando cambiamos el alcance y la perspectiva por marcos mayores o menores? En resumen, ¿cómo “el planeta” constituye un cosmos (un todo ordenado) y un “nosotros” es responsable de este? ¿Por qué termina en una expansión y no en una contracción de la esfera de nuestras preocupaciones éticas y políticas?
Una vez más, no tengo las respuestas totalmente elaboradas, pero soy escéptico, como tú sugieres, del reciente giro “macro” tan evidente en todo, desde el big data a la ingeniería del clima y la retórica de la planetariedad. Parece contraintuitivo que los problemas de escala introducidos por nuestros modos modernos de pensamiento puedan resolverse mediante una escala mucho mayor, una medida más dogmática sobre la totalidad de la situación; esta lógica de la “carrera armamentística” que encuentra soluciones mayores a problemas aún más grandes producidos por soluciones previas parece condenada al colapso. Está claro que la escala de mi proyecto es más bien irónica: empiezo con los discursos de Kant sobre la infinitud, incorporo figuras clave de la ciencia-ficción de principios del siglo XX (H.G. Wells, Mark Twain, Jack London, Olaf Stapeldon, Yevgeny Zamyatin, etcétera) y concluyo considerando cómo este legado anticipa y critica de forma preventiva la andadura del siglo XXI en el planetario (sostengo que el mundo de 1900 fue moldeado por esas mismas ambiciones planetarias). La trampa es que el cambio climático aumenta la temperatura de esas discusiones, así que deberíamos encontrar una alternativa. No estoy seguro de cuál puede ser, pero una humilde (y quijotesca) contracción de nuestras intervenciones planetarias parece una buena opción.
A.L.: También prepara algo sobre la vida sin nosotros. Puedo ver esa idea en autores como Darwin y Burroughs, pero me pregunto por el posthumanismo en Hawthorne. Su cuento sobre la inmortalidad es mi única pista. ¿Por qué Hawthorne? Por cierto, echo en falta a Lovecraft. ¿No ha sido valioso para sus propósitos?
M.T.: El proyecto al que haces referencia ha cambiado ligeramente desde que escribí la descripción que tú has leído (el problema de nuestras sombras digitales es que olvidan seguirnos). Ahora se centrará menos en la vida sin nosotros (un tema que traté brevemente en un artículo anterior) y más en cómo la noción moderna de la “vida” biológica (el principio, esencia o fuerza con la que diferenciamos a los seres vivos de los seres inertes) se convirtió en la angustia central de la ciencia angloamericana y la cultura entre mediados del siglo XIX y mediados del siglo XX. Defenderé que los aspectos más preciados de la vida (su adaptabilidad, su diversidad estocástica, su competitividad, su crecimiento potencial intrínseco y su definición amorfa) también fueron características que la hicieron parecer monstruosa e irónicamente letal. Por tanto, la vida fue considerada no sólo como una norma regulatoria sino como una anormalidad que necesitaba regularse; como sus virtudes eran inseparables de sus peligros, la vida necesitaba controlarse.
Dicho de otro modo, la vida como tal llegó a percibirse como un riesgo para los vivos. Para estudiar este fenómeno, analizaré varias formas de vida (científicas, literarias y cinematográficas) sobre cómo sería la vida si fuera una cosa material más que una nebulosa abstracción. Así, en los capítulos sobre los terrores físicos y metafísicos percibidos por la indistinguibilidad entre lo vivo y lo inerte, su mutabilidad, su sobreproducción malthusiana y su dependencia constitutiva respecto a la muerte, examinaré formas de vida representativas como protoplasmas, cánceres, junglas tropicales, especies invasivas y en cautiverio, planetas vivos e insectos atómicos. También conectaré las filosofías de la vida más notables (incluyendo la perfectibilidad spenceriana, la afirmación nietzscheana, la vitalidad de Bergson y la pulsión de muerte de Freud) con los recientes materialismos, neovitalismos y ecologías profundas, así como con formas afirmativas de la biopolítica. Y puede que te guste saber que Lovecraft se cierne sobre este proyecto; él es una de las figuras clave para pensar “el horror de la vida”.
Aún no he respondido tu pregunta sobre Hawthorne. No me atrevería a etiquetar a Hawthorne como posthumanista, pero en varios momentos se interesó por los universos sin nosotros. En una historia llamada Los nuevos Adán y Eva, por ejemplo, dibuja un mundo en el que nosotros ya no estamos, y a diferencia de mucha ficción apocalíptica reciente, no promete que nuevos nosotros sobrevivan milagrosamente a nuestra pérdida.
A.L.: Me gustaría terminar con una pregunta sobre literatura contemporánea. ¿Qué obras o autores encajarían con las cosmologías actuales?
M.T.: El problema es que ahora la realidad es posthumana, lo que deja poco espacio para las ficciones posthumanistas. Bromas aparte, puedes tener la tentación de asomarte a la reciente ola de ficción postapocalíptica, pero en realidad pienso que gran parte de estas obras son una proyección o alegorización bastante explícita de la angustia adolescente y el aislamiento (desde luego, es una poderosa versión del fin del mundo). Si la ficción especulativa es el estándar, entonces los candidatos obvios serían Thomas Ligotti, Jeff VanderMeer y la llamada New Weird de China Miéville y otros, así como sus equivalentes cinematográficos: True Detective, Rubber (una narrativa “it” contemporánea), Under the Skin, etcétera.
Mis gustos tienden hacia ejemplos menos obvios, obras en las que la erosión de la frontera entre lo humano y lo inhumano está tan entretejida en la lógica del mundo imaginado que casi no puede aparecer como un tema explícito. Tengo en mente cosas como H is for Hawk (que no es una ficción y resulta tan imposible como la mejor de las ficciones) o incluso Le Quattro Volte. En esos textos vemos que el posthumanismo puede significar nuevas formas de conexión, no la ruptura apocalíptica de toda conexión o el impulso colonizador para conectarlo todo a través del nodo de uno mismo.
A.L.: Muchas gracias por darnos respuestas tan humanas a preguntas sobre mundos tan poco humanos.
M.T.: Para mis estudiantes de grado, la última clase del semestre se llama “A modo de conclusión”, así que sería hipócrita ofrecer aquí una conclusión. Al igual que ocurre con las conversaciones más productivas, el final de esta entrevista es una pausa en la que uno reúne los pensamientos antes de continuar. Más que una recomendación final, te diré que si alguna vez descubro dónde puedo hallar eso que he llamado “partido cosmopolítico”, ten por seguro que te lo contaré (siempre que tú me prometas lo mismo). Mi corazonada es que si lo encontramos alguna vez, será más raro, ruidoso y concurrido de lo que imaginamos, tanto que puede que no consigamos un escaño, y mucho menos hacernos oír. Adoro la obra de Bruno Latour (le debo incontables momentos de inspiración), pero no creo que su “parlamento de las cosas” pueda acomodar la extrañeza y singularidad que desvelará su censo actual.
15 de marzo de 2015
ENTREVISTA CON MATTHEW TAYLOR
ANDRÉS LOMEÑA: ¿Qué (demonios) es una literatura no antropocéntrica? Usted entiende el posthumanismo como un intento transhistórico para integrar lo humano en grandes redes de significados y también como una hermenéutica sobre lo radicalmente distintas que son las cosmologías literarias. A propósito, ¿cómo llegó a interesarse en un tema tan “extraterrestre”?
MATTHEW TAYLOR: Me encantan estas preguntas, especialmente la primera, ya que mi propia obra se pregunta constantemente qué (demonios) es algo no antropocéntrico, ya sea literario o de otro tipo. No hay una respuesta a esto, pero un viejo proverbio me viene a la cabeza (¿Es de El Paraíso Perdido?): “El camino al infierno está empedrado de buenas intenciones”. Gran parte del actual giro no antropocéntrico corre el riesgo de seguir una ruta igualmente siniestra cuando la huida prometida de lo humano es, a menudo, una fantasía intrínsecamente humana (y humanista). Al igual que la explotadora cosmología a la que quiere reemplazar, ese discurso se apodera con frecuencia de lo no humano o lo natural para cumplir sus propios objetivos, convirtiendo lo no humano en un recurso para “nosotros”. Nuestros intentos de cuidar el mundo o perdernos dentro de él se convierten, paradójicamente, en otra colonización autoconstituida. Esto resulta evidente cuando la imaginación desemboca en nuestra extinción literal, una vida “después” de nosotros o “más allá” de nosotros, el final de la extensión universal de la vida humana consciente. Un panteísmo, a fin de cuentas, pero uno en el que nosotros somos los dioses. Desde Adorno a Hayles, todos han ofrecido ideas parecidas.
Mi interés primordial no es esta desmitificación. Me interesa una versión del posthumanismo que integra lo humano dentro de cadenas del ser más grandes, redes de significados que no están a nuestro servicio ni se convierten en nosotros. Esa perspectiva implica perder simultáneamente la idea de “naturaleza” y “ser humano” cuando la integridad holística explota más allá del contacto supuestamente imposible con el otro. Esto no equivale a decir que lo humano no existe, solamente que es una producción o ensamblaje fundamentalmente no humana, con imbricaciones fluidas que reemplazan las demarcaciones rígidas. La clave, sin embargo, es que esa interdependencia no nos salva ni nos redime; creer eso sería caer en la trampa que he esbozado más arriba. Se trata de la condición de nuestro ser y de nuestra descomposición. La ética no natural puede derivarse de esta ontología. En el mejor de los casos, hay un tipo de humildad negativa (inspirada por fuentes dispersas como el misticismo, la deconstrucción y la teoría de sistemas) que se ocupa de nuestra habilidad para aprehender lo que “somos” (y lo que no somos). Es una forma de acotar los límites del pensamiento.
Ese es el motivo por el que la literatura es importante para mi proyecto: las cosmologías que estudio, por sus modos significativamente asistemáticos, trazan “cosas” posthumanistas (amalgamas extrañas y sin fijar que borran la división entre humano y no humano) y “pensamientos” posthumanistas (esto es, la distancia media impensable o no totalizable entre todo y nada, entre el yo y el no-yo). La ambigüedad tiene que ser un lugar transitado, no algo que resolver o de lo que haya que escapar. Esto significa que los textos literarios no son simples excusas para intervenciones teóricas externas, sino interlocutores (y productores) de experiencias posthumanistas de pleno derecho. Desde esta perspectiva tan poco convencional, el posthumanismo no es un desarrollo tecnológico futuro sino un impulso inmanente para el humanismo (la sombra del antropocentrismo o su hermano gemelo zurdo). De este modo, no existe una literatura no antropocéntrica pura, pero esto también significa que no hay una literatura antropocéntrica pura.
Me temo que aún no he respondido a tu pregunta sobre el origen de mi interés por este tema. Para seguir con el espíritu de las ideas que acabo de comentar, sería conveniente decir que no lo sé, pero eso sería una verdad a medias. La otra media verdad es que mis estudios estaban equitativamente divididos entre biología, física y química por un lado y literatura por otro; mi persistente incapacidad para mantener separadas las ciencias y las letras es muy sintomática en mis actuales investigaciones.
A.L.: Un obstáculo para comprender adecuadamente su libro es que se centra en algunos autores que nunca se han traducido a nuestro idioma. Henry Adams intentó usar la física y la entropía para una nueva teoría de la historia. Del vudú sabemos muy poco, así que los pensamientos de Hurston nos resultan muy poco familiares. ¿Qué puede decirnos de los cuatro grandes autores de su libro? ¿Cuáles son los objetos y seres más importantes en esas cosmologías?
M.T.: No me sorprende que Adams, Chesnutt y Hurston no estén disponibles en español, pero creo que eso no pasa con Poe. Me gusta tener la oportunidad de contextualizar la inclusión de esos autores en mi proyecto, ya que es “americanista” hasta el punto de que examina las formas en las que la lógica del “destino manifiesto” mostró (y continúa mostrando) concepciones nacionales sobre lo humano, lo individual, lo racial y lo especista. Contra el inseparable discurso dominante de conquista progresiva, perfectibilidad y unificación “cosmonacional”, mis autores articulan una contranarrativa o hetero-ortodoxia que imagina la integración en redes posthumanas para representar la derrota (más que la formación) del yo humanista. El contexto estadounidense es un trasfondo importante para las obras de esos autores por los complejos enredos de las innumerables dominaciones de tierras y personas.
Por supuesto, cada uno de los autores responde a ese trasfondo de formas distintas. En el caso de Poe, el universo es una especie de Dios spinoziano difuminado que está en proceso de colapso para revivificar al Ser Supremo; esto es muy explícito en su poema en prosa Eureka, pero sostengo que esos principios son operativos en sus narraciones cortas. Una cosmología así puede sonar pacífica, pero siendo el universo de Poe, los personajes individuales experimentan la reunificación como una amenaza existencial, el horror de que las cosas a nuestro alrededor tengan el objetivo de una fusión destructiva (la imagen paradigmática es La caída de la Casa Usher). Por otra parte, la unidad cósmica de Adams es algo inconcreto que se pierde paulatinamente; mientras que las ficciones de Poe operan de acuerdo con una fuerza gravitacional, la supuesta autobiografía de Adams y las “historias científicas” están gobernadas por una abertura entrópica de los cuerpos individuales y colectivos (aquí la metáfora sería la descomposición radioactiva). A pesar de esas diferencias, Poe y Adams imaginan universos apocalípticos e inhabitables; sus cosmos proyectan la pulsión de muerte.
En la segunda parte de mi libro, sin embargo, analizo la Diáspora de la cosmología africana. Aunque para el autónomo y autoritario yo humanista es igualmente inhabitable, la cosmología deja abierta la posibilidad de la supervivencia humana, a pesar de ciertas transformaciones dramáticas. En los cuentos mágicos de Chesnutt, los esclavos sufren una metamorfosis que los convierte en elementos del medio ambiente con un efecto más bien desastroso (en una historia, un esclavo fugado se convierte mágicamente en un árbol solamente para ser cortado más tarde). Se critica la dominación blanca sobre los negros y los espacios naturales, pero no a través de un holismo ecológico benigno. La naturaleza no existe en estas historias para la humanidad; no es un escape romántico de la modernidad y tampoco es un lugar de asimilación pasiva.
El último gran autor que examino es Hurston, quien, al igual que Chesnutt, usa la tradición mágica, el vudú y el hoodoo para criticar las formas económicas y espirituales del consumismo (así como sus materializaciones racistas y especistas). A diferencia de Chesnutt, Hurston vislumbra un vívido potencial en el vudú, incluso si esa vida sacrifica el autodominio a los circuitos radicalmente extrapersonales del placer y el dolor (ella imagina el vudú como una especie de altar hecho con distintas piezas y habitado por varios seres). En las obras de estos autores, los objetos y los seres juegan roles muy importantes, pero funcionan como sinécdoques para procesos y relaciones posthumanistas.
A.L.: ¿Qué opina de la teoría de los mundos posibles en el contexto de su investigación?
M.T.: Tengo que confesar que sé muy poco sobre la teoría de los mundos posibles en su vertiente filosófica o literaria, pero la obra de Dolezel (especialmente Heterocósmica) atrajo mi atención cuando investigaba para mi primer libro (de hecho, su título era irresistible). Aunque no encuentro el impulso taxonómico de mucho uso en mi pensamiento, fue extremadamente interesante para mí su énfasis en cuestiones sobre posibilidad/posibilismo/inexistencia (cosas que pueden haber sido o que podrían haber sucedido), sobre la naturaleza contextual de la ficción (más que lo textualmente inmanente) y sobre los efectos pragmáticos de la literatura. Dicho esto, esas preocupaciones no aparecen de forma directa en mis textos más que como un compromiso vago para explorar las posibilidades filosóficas de las obras literarias. Digamos que están en un segundo plano. Tu pregunta, no obstante, me obliga a preguntarme si debería traerlas a un primer plano.
A.L.: Estoy intrigado por su próximo proyecto sobre las escalas espaciotemporales y sus consecuencias ético-políticas. Mi suposición es que cuanto más crecen las escalas espaciotemporales en la ficción, más nos acercamos a un sueño de expansión ilimitada. Una vida humana no sería muy importante si estás pensando en escalas como las de la civilización. En este sentido, las macroescalas serían conceptualmente muy peligrosas. Pienso sobre todo en novelas de ciencia-ficción, pero agradecería que me indicara los ejes del libro que prepara.
M.T.: ¡Muy buena suposición! Mi proyecto actual investigará las relaciones entre el planetario y el antropoceno examinando: 1) el discurso de la frontera, circunscrito al globo terráqueo desde el año 1900 aproximadamente. 2) Ficciones de ese periodo que convierten el tiempo y el espacio en horizontes que o bien invitan a una mayor colonización o desorientan al ser humano. Como aún no tengo formado un argumento exacto, te contaré algunas de las preguntas que guían la obra: ¿Hay algo intrínsecamente natural, ético o ecocrítico sobre la idea de “planeta”? ¿Qué ocurre cuando cambiamos el alcance y la perspectiva por marcos mayores o menores? En resumen, ¿cómo “el planeta” constituye un cosmos (un todo ordenado) y un “nosotros” es responsable de este? ¿Por qué termina en una expansión y no en una contracción de la esfera de nuestras preocupaciones éticas y políticas?
Una vez más, no tengo las respuestas totalmente elaboradas, pero soy escéptico, como tú sugieres, del reciente giro “macro” tan evidente en todo, desde el big data a la ingeniería del clima y la retórica de la planetariedad. Parece contraintuitivo que los problemas de escala introducidos por nuestros modos modernos de pensamiento puedan resolverse mediante una escala mucho mayor, una medida más dogmática sobre la totalidad de la situación; esta lógica de la “carrera armamentística” que encuentra soluciones mayores a problemas aún más grandes producidos por soluciones previas parece condenada al colapso. Está claro que la escala de mi proyecto es más bien irónica: empiezo con los discursos de Kant sobre la infinitud, incorporo figuras clave de la ciencia-ficción de principios del siglo XX (H.G. Wells, Mark Twain, Jack London, Olaf Stapeldon, Yevgeny Zamyatin, etcétera) y concluyo considerando cómo este legado anticipa y critica de forma preventiva la andadura del siglo XXI en el planetario (sostengo que el mundo de 1900 fue moldeado por esas mismas ambiciones planetarias). La trampa es que el cambio climático aumenta la temperatura de esas discusiones, así que deberíamos encontrar una alternativa. No estoy seguro de cuál puede ser, pero una humilde (y quijotesca) contracción de nuestras intervenciones planetarias parece una buena opción.
A.L.: También prepara algo sobre la vida sin nosotros. Puedo ver esa idea en autores como Darwin y Burroughs, pero me pregunto por el posthumanismo en Hawthorne. Su cuento sobre la inmortalidad es mi única pista. ¿Por qué Hawthorne? Por cierto, echo en falta a Lovecraft. ¿No ha sido valioso para sus propósitos?
M.T.: El proyecto al que haces referencia ha cambiado ligeramente desde que escribí la descripción que tú has leído (el problema de nuestras sombras digitales es que olvidan seguirnos). Ahora se centrará menos en la vida sin nosotros (un tema que traté brevemente en un artículo anterior) y más en cómo la noción moderna de la “vida” biológica (el principio, esencia o fuerza con la que diferenciamos a los seres vivos de los seres inertes) se convirtió en la angustia central de la ciencia angloamericana y la cultura entre mediados del siglo XIX y mediados del siglo XX. Defenderé que los aspectos más preciados de la vida (su adaptabilidad, su diversidad estocástica, su competitividad, su crecimiento potencial intrínseco y su definición amorfa) también fueron características que la hicieron parecer monstruosa e irónicamente letal. Por tanto, la vida fue considerada no sólo como una norma regulatoria sino como una anormalidad que necesitaba regularse; como sus virtudes eran inseparables de sus peligros, la vida necesitaba controlarse.
Dicho de otro modo, la vida como tal llegó a percibirse como un riesgo para los vivos. Para estudiar este fenómeno, analizaré varias formas de vida (científicas, literarias y cinematográficas) sobre cómo sería la vida si fuera una cosa material más que una nebulosa abstracción. Así, en los capítulos sobre los terrores físicos y metafísicos percibidos por la indistinguibilidad entre lo vivo y lo inerte, su mutabilidad, su sobreproducción malthusiana y su dependencia constitutiva respecto a la muerte, examinaré formas de vida representativas como protoplasmas, cánceres, junglas tropicales, especies invasivas y en cautiverio, planetas vivos e insectos atómicos. También conectaré las filosofías de la vida más notables (incluyendo la perfectibilidad spenceriana, la afirmación nietzscheana, la vitalidad de Bergson y la pulsión de muerte de Freud) con los recientes materialismos, neovitalismos y ecologías profundas, así como con formas afirmativas de la biopolítica. Y puede que te guste saber que Lovecraft se cierne sobre este proyecto; él es una de las figuras clave para pensar “el horror de la vida”.
Aún no he respondido tu pregunta sobre Hawthorne. No me atrevería a etiquetar a Hawthorne como posthumanista, pero en varios momentos se interesó por los universos sin nosotros. En una historia llamada Los nuevos Adán y Eva, por ejemplo, dibuja un mundo en el que nosotros ya no estamos, y a diferencia de mucha ficción apocalíptica reciente, no promete que nuevos nosotros sobrevivan milagrosamente a nuestra pérdida.
A.L.: Me gustaría terminar con una pregunta sobre literatura contemporánea. ¿Qué obras o autores encajarían con las cosmologías actuales?
M.T.: El problema es que ahora la realidad es posthumana, lo que deja poco espacio para las ficciones posthumanistas. Bromas aparte, puedes tener la tentación de asomarte a la reciente ola de ficción postapocalíptica, pero en realidad pienso que gran parte de estas obras son una proyección o alegorización bastante explícita de la angustia adolescente y el aislamiento (desde luego, es una poderosa versión del fin del mundo). Si la ficción especulativa es el estándar, entonces los candidatos obvios serían Thomas Ligotti, Jeff VanderMeer y la llamada New Weird de China Miéville y otros, así como sus equivalentes cinematográficos: True Detective, Rubber (una narrativa “it” contemporánea), Under the Skin, etcétera.
Mis gustos tienden hacia ejemplos menos obvios, obras en las que la erosión de la frontera entre lo humano y lo inhumano está tan entretejida en la lógica del mundo imaginado que casi no puede aparecer como un tema explícito. Tengo en mente cosas como H is for Hawk (que no es una ficción y resulta tan imposible como la mejor de las ficciones) o incluso Le Quattro Volte. En esos textos vemos que el posthumanismo puede significar nuevas formas de conexión, no la ruptura apocalíptica de toda conexión o el impulso colonizador para conectarlo todo a través del nodo de uno mismo.
A.L.: Muchas gracias por darnos respuestas tan humanas a preguntas sobre mundos tan poco humanos.
M.T.: Para mis estudiantes de grado, la última clase del semestre se llama “A modo de conclusión”, así que sería hipócrita ofrecer aquí una conclusión. Al igual que ocurre con las conversaciones más productivas, el final de esta entrevista es una pausa en la que uno reúne los pensamientos antes de continuar. Más que una recomendación final, te diré que si alguna vez descubro dónde puedo hallar eso que he llamado “partido cosmopolítico”, ten por seguro que te lo contaré (siempre que tú me prometas lo mismo). Mi corazonada es que si lo encontramos alguna vez, será más raro, ruidoso y concurrido de lo que imaginamos, tanto que puede que no consigamos un escaño, y mucho menos hacernos oír. Adoro la obra de Bruno Latour (le debo incontables momentos de inspiración), pero no creo que su “parlamento de las cosas” pueda acomodar la extrañeza y singularidad que desvelará su censo actual.
15 de marzo de 2015
domingo, 7 de diciembre de 2014
ENTREVISTA CON NICHOLAS CARR
Sobre la automatización y los peligros de las nuevas tecnologías.
ENTREVISTA CON NICHOLAS CARR
ANDRÉS LOMEÑA: Me ha decepcionado el título en español de su último libro. Atrapados es menos acertado que su verdadero título en inglés, The Glass Cage (La jaula de cristal). Me imagino que es una referencia a la jaula de hierro de Max Weber.
NICHOLAS CARR: La inspiración para el título La jaula de cristal viene en realidad del mundo de la aviación. Los pilotos actuales dicen que trabajan en “cabinas de cristal”, una referencia al hecho de que están rodeados de ordenadores y la mayor parte de su trabajo implica manejar esas pantallas más que pilotar aviones. Me pareció una buena metáfora sobre cómo la mayoría de nosotros estamos viviendo a través de interacciones con el software y las pantallas. También hay un eco a la jaula de cristal de Weber. Como en la jaula de Weber, la jaula de cristal trata sobre la confusión entre medios y fines. La automatización facilita la satisfacción de nuestros deseos como consumidores, pero nos roba la textura y el significado de las verdaderas experiencias.
A.L.: ¿Es el momento actual una cibernética de tercer orden?
N.C.: Hay un par de diferencias importantes entre lo que está ocurriendo en la actualidad y lo que ocurrió en la historia temprana de la mecanización y la automatización. En primer lugar, la automatización se está trasladando a esferas intelectuales (el trabajo de percibir, analizar y juzgar) como resultado de los avances en informática e inteligencia artificial. En segundo lugar, ciertos algoritmos ocultos están sustituyendo el trabajo. Las tecnologías anteriores que suponían un ahorro en el trabajo eran máquinas con objetivos obvios. No se ocultaban sus intenciones. Los algoritmos del software incorporan las intenciones de los programadores y de sus empleados, pero es imposible para el usuario discernir esas intenciones y saber cómo afectan al software. Tanto si hablamos de la automatización de la sociabilidad de Facebook o de la automatización del descubrimiento de información de Google, ahora somos dependientes de “máquinas” que no comprendemos, lo que aumenta las posibilidades de manipulación.
A.L.: Ha escrito que las tecnologías ya no suponen una gran ventaja comparativa. ¿Qué me dice del ámbito educativo?
N.C.: Lo que escribí en Does IT Matter? es que ciertas tecnologías están condenadas a ser infraestructuras. Su valor depende más de su difusión y estandarización que de su naturaleza privativa, de ahí el declive de su potencial para ofrecer una ventaja comparativa cuando maduran. Esto fue así con las vías de tren y la electricidad, por ejemplo, y creo que también es verdad para la informática. No creo que esa observación tenga una gran relevancia para la educación, pero existe una fe continua y mal entendida en las tecnologías de la computación como una panacea educativa, a pesar de la falta de evidencia de que la inversión agresiva en tecnología proporcione beneficios a los estudiantes. Aunque los ordenadores juegan un rol importante en la educación, pienso que las escuelas deberían ser más un refugio de los medios tecnológicos que una extensión de los mismos.
A.L.: Jeremy Rifkin y otros autores han hablado de cómo afectan las tecnologías al empleo. ¿Qué podemos hacer o esperar del futuro inmediato? Algunos ya hablan de implantar una renta básica de ciudadanía.
N.C.: El empleo y los salarios permanecen muy atados a los ciclos económicos y en Estados Unidos vemos algunos signos esperanzadores en el mercado de trabajo, así que no creo que el futuro inmediato sea sombrío. A largo plazo, las predicciones son menos prometedoras, ya que no hemos visto que los avances en la informática se trasladen en nuevas categorías de empleos bien remunerados. Es fácil hablar de rentas básicas o ingresos mínimos garantizados, pero una política así sería extremadamente negativa. Tal y como sostengo en Atrapados, me sorprende que un mundo sin empleo sería más una distopía que una utopía, incluso si las personas tuvieran rentas garantizadas.
A.L.: El espíritu de su libro me recuerda a La ballena y el reactor de Langdon Winner. ¿Qué obras nos recomendaría?
N.C.: El libro Tecnología autónoma de Winner me ha influido mucho porque proporciona un valor incalculable sobre nuestras percepciones de automatización, así como sobre los efectos de la automatización. Evgeny Morozov y Jaron Lanier han descrito adecuadamente los efectos culturales y económicos de los ordenadores. También recomendaría el libro La plataforma del pueblo de Astra Taylor. Además, me influyeron mucho los primeros escritores sobre tecnología: Sigfried Giedion, Marshall McLuhan, David Noble y Neil Postman, entre muchos otros.
A.L.: ¿Forman sus obras una especie de trilogía sobre los cambios cognitivos producidos por las nuevas tecnologías? ¿Con qué nos sorprenderá más adelante?
N.C.: Si mi obra formara una trilogía, ésta ya estaría completa. Empezaría con El gran interruptor y continuaría con Superficiales y Atrapados. No sé si tengo algo más que decir sobre tecnología, así que si escribo otro libro, tratará probablemente de un tema muy distinto.
A.L.: Gracias por esta entrevista electrónica.
N.C.: Mi bandeja de entrada suele estar saturada por anuncios publicitarios automatizados y son invariablemente estúpidos, así que los mensajes de los periodistas son más que bienvenidos.
Andrés Lomeña
7 de diciembre de 2014
ENTREVISTA CON NICHOLAS CARR
ANDRÉS LOMEÑA: Me ha decepcionado el título en español de su último libro. Atrapados es menos acertado que su verdadero título en inglés, The Glass Cage (La jaula de cristal). Me imagino que es una referencia a la jaula de hierro de Max Weber.
NICHOLAS CARR: La inspiración para el título La jaula de cristal viene en realidad del mundo de la aviación. Los pilotos actuales dicen que trabajan en “cabinas de cristal”, una referencia al hecho de que están rodeados de ordenadores y la mayor parte de su trabajo implica manejar esas pantallas más que pilotar aviones. Me pareció una buena metáfora sobre cómo la mayoría de nosotros estamos viviendo a través de interacciones con el software y las pantallas. También hay un eco a la jaula de cristal de Weber. Como en la jaula de Weber, la jaula de cristal trata sobre la confusión entre medios y fines. La automatización facilita la satisfacción de nuestros deseos como consumidores, pero nos roba la textura y el significado de las verdaderas experiencias.
A.L.: ¿Es el momento actual una cibernética de tercer orden?
N.C.: Hay un par de diferencias importantes entre lo que está ocurriendo en la actualidad y lo que ocurrió en la historia temprana de la mecanización y la automatización. En primer lugar, la automatización se está trasladando a esferas intelectuales (el trabajo de percibir, analizar y juzgar) como resultado de los avances en informática e inteligencia artificial. En segundo lugar, ciertos algoritmos ocultos están sustituyendo el trabajo. Las tecnologías anteriores que suponían un ahorro en el trabajo eran máquinas con objetivos obvios. No se ocultaban sus intenciones. Los algoritmos del software incorporan las intenciones de los programadores y de sus empleados, pero es imposible para el usuario discernir esas intenciones y saber cómo afectan al software. Tanto si hablamos de la automatización de la sociabilidad de Facebook o de la automatización del descubrimiento de información de Google, ahora somos dependientes de “máquinas” que no comprendemos, lo que aumenta las posibilidades de manipulación.
A.L.: Ha escrito que las tecnologías ya no suponen una gran ventaja comparativa. ¿Qué me dice del ámbito educativo?
N.C.: Lo que escribí en Does IT Matter? es que ciertas tecnologías están condenadas a ser infraestructuras. Su valor depende más de su difusión y estandarización que de su naturaleza privativa, de ahí el declive de su potencial para ofrecer una ventaja comparativa cuando maduran. Esto fue así con las vías de tren y la electricidad, por ejemplo, y creo que también es verdad para la informática. No creo que esa observación tenga una gran relevancia para la educación, pero existe una fe continua y mal entendida en las tecnologías de la computación como una panacea educativa, a pesar de la falta de evidencia de que la inversión agresiva en tecnología proporcione beneficios a los estudiantes. Aunque los ordenadores juegan un rol importante en la educación, pienso que las escuelas deberían ser más un refugio de los medios tecnológicos que una extensión de los mismos.
A.L.: Jeremy Rifkin y otros autores han hablado de cómo afectan las tecnologías al empleo. ¿Qué podemos hacer o esperar del futuro inmediato? Algunos ya hablan de implantar una renta básica de ciudadanía.
N.C.: El empleo y los salarios permanecen muy atados a los ciclos económicos y en Estados Unidos vemos algunos signos esperanzadores en el mercado de trabajo, así que no creo que el futuro inmediato sea sombrío. A largo plazo, las predicciones son menos prometedoras, ya que no hemos visto que los avances en la informática se trasladen en nuevas categorías de empleos bien remunerados. Es fácil hablar de rentas básicas o ingresos mínimos garantizados, pero una política así sería extremadamente negativa. Tal y como sostengo en Atrapados, me sorprende que un mundo sin empleo sería más una distopía que una utopía, incluso si las personas tuvieran rentas garantizadas.
A.L.: El espíritu de su libro me recuerda a La ballena y el reactor de Langdon Winner. ¿Qué obras nos recomendaría?
N.C.: El libro Tecnología autónoma de Winner me ha influido mucho porque proporciona un valor incalculable sobre nuestras percepciones de automatización, así como sobre los efectos de la automatización. Evgeny Morozov y Jaron Lanier han descrito adecuadamente los efectos culturales y económicos de los ordenadores. También recomendaría el libro La plataforma del pueblo de Astra Taylor. Además, me influyeron mucho los primeros escritores sobre tecnología: Sigfried Giedion, Marshall McLuhan, David Noble y Neil Postman, entre muchos otros.
A.L.: ¿Forman sus obras una especie de trilogía sobre los cambios cognitivos producidos por las nuevas tecnologías? ¿Con qué nos sorprenderá más adelante?
N.C.: Si mi obra formara una trilogía, ésta ya estaría completa. Empezaría con El gran interruptor y continuaría con Superficiales y Atrapados. No sé si tengo algo más que decir sobre tecnología, así que si escribo otro libro, tratará probablemente de un tema muy distinto.
A.L.: Gracias por esta entrevista electrónica.
N.C.: Mi bandeja de entrada suele estar saturada por anuncios publicitarios automatizados y son invariablemente estúpidos, así que los mensajes de los periodistas son más que bienvenidos.
Andrés Lomeña
7 de diciembre de 2014
sábado, 6 de diciembre de 2014
ENTREVISTA A ROGER BARTRA (ANTROPOLOGÍA DEL CEREBRO)
Al saber que Roger Bartra ha sacado una edición ampliada y actualizada de su ANTROPOLOGÍA DEL CEREBRO en 2014, he recordado que no tenía esta entrevista colgada en la red. Es de marzo de 2007. Era de las primeras que hacía, con todo lo bueno (inocencia, ingenuidad) y lo malo (inexperiencia, preguntas mal planteadas, etcétera) que eso pueda conllevar.
ENTREVISTA A ROGER BARTRA
ANDRÉS LOMEÑA: Usted plantea una hipótesis muy sugerente en Antropología del cerebro. Nos dice que la conciencia no tiene que ver exclusivamente con el funcionamiento del cerebro sino con una disfunción del mismo, que busca un sistema de sustitución en la cultura para vencer dificultades de adaptación y sufrimiento. A esto le llama exocerebro. ¿Qué repercusión ha tenido su tesis dentro de la comunidad científica y entre sus colegas antropólogos?
ROGER BARTRA: Los antropólogos son muy reacios a establecer vínculos con la neurobiología y han preferido los contactos con el psicoanálisis. No conozco ninguna reacción de antropólogos a mis ideas sobre el exocerebro. Mi hipótesis ha sido recibida con gran interés por varios neurocientíficos. Un ejemplo lo puede ver en el texto del Dr. José Luis Díaz publicado en Letras Libres: http://www.letraslibres.com/index.php?art=11919
A.L.: El cerebro se serviría de una prótesis cultural para superar su incapacidad de aprehender el mundo. La cultura sería una suerte de sistema simbólico auxiliar para la mente. ¿En qué medida Internet puede contribuir al desarrollo y adecuación de nuestras vidas?
R.B.: No se trata exactamente de un sistema símbolico auxiliar de la mente, sino del cerebro. No quiero decir que toda la cultura tiene ese carácter. Solamente algunos de sus circuitos. Ciertamente Internet puede en parte ser concebido como una prótesis del cerebro, en la medida en que es una formidable memoria artificial a la que recurrimos constantemente, como lo menciono en mi libro.
A.L.: ¿Tiene el arte un rol privilegiado dentro de esta forma de entender las redes culturales y simbólicas? Supongo que la literatura, por ejemplo, es un amplificador eficaz de los estados de conciencia.
R.B.: Dedico muchas páginas a examinar las funciones exocerebrales del arte, especialmente de la música y la literatura. Ciertamente, son las expresiones artísticas las que pueden revelar mejor las peculiaridades de las redes simbólicas exocerebrales.
A.L.: Los medios son una extensión o prolongación del ser humano, según McLuhan. ¿Cuánto debe a este autor? ¿Qué otras influencias importantes pesan en pensamiento?
R.B.: McLuhan ha hecho aportaciones muy importantes y, especialmente en lo que se refiere a la sinestesia, me han ayudado a configurar mi interpretación. Yo provengo del marxismo y del estructuralismo, aunque hace tiempo que he abandonado esos territorios.
A.L.: Marvin Harris hizo un ejercicio de divulgación de la antropología importante. El materialismo cultural que él defiende despeja misterios aparentes como el de la vaca en la India. ¿Qué limitaciones, si las tiene, ve en su acercamiento teórico?
R.B.: No me ha interesado especialmente el materialismo de Harris. Me estimulan más las iedeas de Clifford Geertz.
A.L.: Usted apuesta por la permanencia de ciertos mitos en la época moderna. ¿A qué clase de mitos se refiere? ¿No sería mejor cambiar las representaciones del “otro” por la convivencia e integración con otras culturas (Es decir, sustituir mitos que tienen que ver con el choque cultural por un multiculturalismo de facto)?
R.B.: Yo no apuesto por la permanencia de los mitos: compruebo que ello ocurre y que es muy importante. Me he referido extensamente en varios libros a mitos que tienen una larga duración: el mito del hombre salvaje, el mito de la melancolía. No creo que podamos “cambiar” las representaciones que tiene una cultura sobre el Otro. A ellas debemos agregar, desde luego, la convivencia (que ocurre de manera cotidiana, lo queramos o no). En cuanto a integrarnos con otras culturas, creo que, también, lo queramos o no, existen flujos masivos que integran a grandes porciones de unas culturas en otras.
A.L.: ¿Qué disciplinas externas ha integrado usted en su visión antropológica?
R.B.: Mis principales influencias provienen de la biología, de la sociología y de la filosofía, pero igualmente importantes son las influencias literarias, de la poesía, la novela...
A.L.: No puedo dejar de mencionar una cierta impresión de silencio que tiene la gramática de Chomsky. Todo el mundo afirma que es uno de los lingüistas más eminentes de la actualidad y que sus ideas han revolucionado la manera de entender el lenguaje. Pero, ¿por qué no se acude a él cuando el lenguaje interviene en casi todas las investigaciones, ya sean sobre la conciencia, la cultura o la filosofía?
R.B.: Yo creo que sí se acude constantemente a Chomsky cuando se discuten los temas de la conciencia. Pero, como lo planteo en mi libro, las ideas de Chomsky más bien han llevado a un callejón sin salida: no hay rastros de su gramática generativa en el cerebro.
A.L.: Con la globalización se están extinguiendo muchas formas culturales. Esto no es nuevo. ¿Llegaremos a un momento histórico en el que la investigación se vea forzada a estudiar la antropología urbana en detrimento del exotismo de etnografías pasadas?
R.B.: Hace mucho que la antropología ha renunciado a centrarse en el estudio de los primitivos. Tengo que admitir que el mundo urbano moderno (y postmoderno) es mucho más exótico y variado que el espacio descrito por las viejas etnografías.
3 de marzo de 2007
ENTREVISTA A ROGER BARTRA
ANDRÉS LOMEÑA: Usted plantea una hipótesis muy sugerente en Antropología del cerebro. Nos dice que la conciencia no tiene que ver exclusivamente con el funcionamiento del cerebro sino con una disfunción del mismo, que busca un sistema de sustitución en la cultura para vencer dificultades de adaptación y sufrimiento. A esto le llama exocerebro. ¿Qué repercusión ha tenido su tesis dentro de la comunidad científica y entre sus colegas antropólogos?
ROGER BARTRA: Los antropólogos son muy reacios a establecer vínculos con la neurobiología y han preferido los contactos con el psicoanálisis. No conozco ninguna reacción de antropólogos a mis ideas sobre el exocerebro. Mi hipótesis ha sido recibida con gran interés por varios neurocientíficos. Un ejemplo lo puede ver en el texto del Dr. José Luis Díaz publicado en Letras Libres: http://www.letraslibres.com/index.php?art=11919
A.L.: El cerebro se serviría de una prótesis cultural para superar su incapacidad de aprehender el mundo. La cultura sería una suerte de sistema simbólico auxiliar para la mente. ¿En qué medida Internet puede contribuir al desarrollo y adecuación de nuestras vidas?
R.B.: No se trata exactamente de un sistema símbolico auxiliar de la mente, sino del cerebro. No quiero decir que toda la cultura tiene ese carácter. Solamente algunos de sus circuitos. Ciertamente Internet puede en parte ser concebido como una prótesis del cerebro, en la medida en que es una formidable memoria artificial a la que recurrimos constantemente, como lo menciono en mi libro.
A.L.: ¿Tiene el arte un rol privilegiado dentro de esta forma de entender las redes culturales y simbólicas? Supongo que la literatura, por ejemplo, es un amplificador eficaz de los estados de conciencia.
R.B.: Dedico muchas páginas a examinar las funciones exocerebrales del arte, especialmente de la música y la literatura. Ciertamente, son las expresiones artísticas las que pueden revelar mejor las peculiaridades de las redes simbólicas exocerebrales.
A.L.: Los medios son una extensión o prolongación del ser humano, según McLuhan. ¿Cuánto debe a este autor? ¿Qué otras influencias importantes pesan en pensamiento?
R.B.: McLuhan ha hecho aportaciones muy importantes y, especialmente en lo que se refiere a la sinestesia, me han ayudado a configurar mi interpretación. Yo provengo del marxismo y del estructuralismo, aunque hace tiempo que he abandonado esos territorios.
A.L.: Marvin Harris hizo un ejercicio de divulgación de la antropología importante. El materialismo cultural que él defiende despeja misterios aparentes como el de la vaca en la India. ¿Qué limitaciones, si las tiene, ve en su acercamiento teórico?
R.B.: No me ha interesado especialmente el materialismo de Harris. Me estimulan más las iedeas de Clifford Geertz.
A.L.: Usted apuesta por la permanencia de ciertos mitos en la época moderna. ¿A qué clase de mitos se refiere? ¿No sería mejor cambiar las representaciones del “otro” por la convivencia e integración con otras culturas (Es decir, sustituir mitos que tienen que ver con el choque cultural por un multiculturalismo de facto)?
R.B.: Yo no apuesto por la permanencia de los mitos: compruebo que ello ocurre y que es muy importante. Me he referido extensamente en varios libros a mitos que tienen una larga duración: el mito del hombre salvaje, el mito de la melancolía. No creo que podamos “cambiar” las representaciones que tiene una cultura sobre el Otro. A ellas debemos agregar, desde luego, la convivencia (que ocurre de manera cotidiana, lo queramos o no). En cuanto a integrarnos con otras culturas, creo que, también, lo queramos o no, existen flujos masivos que integran a grandes porciones de unas culturas en otras.
A.L.: ¿Qué disciplinas externas ha integrado usted en su visión antropológica?
R.B.: Mis principales influencias provienen de la biología, de la sociología y de la filosofía, pero igualmente importantes son las influencias literarias, de la poesía, la novela...
A.L.: No puedo dejar de mencionar una cierta impresión de silencio que tiene la gramática de Chomsky. Todo el mundo afirma que es uno de los lingüistas más eminentes de la actualidad y que sus ideas han revolucionado la manera de entender el lenguaje. Pero, ¿por qué no se acude a él cuando el lenguaje interviene en casi todas las investigaciones, ya sean sobre la conciencia, la cultura o la filosofía?
R.B.: Yo creo que sí se acude constantemente a Chomsky cuando se discuten los temas de la conciencia. Pero, como lo planteo en mi libro, las ideas de Chomsky más bien han llevado a un callejón sin salida: no hay rastros de su gramática generativa en el cerebro.
A.L.: Con la globalización se están extinguiendo muchas formas culturales. Esto no es nuevo. ¿Llegaremos a un momento histórico en el que la investigación se vea forzada a estudiar la antropología urbana en detrimento del exotismo de etnografías pasadas?
R.B.: Hace mucho que la antropología ha renunciado a centrarse en el estudio de los primitivos. Tengo que admitir que el mundo urbano moderno (y postmoderno) es mucho más exótico y variado que el espacio descrito por las viejas etnografías.
3 de marzo de 2007
domingo, 16 de noviembre de 2014
ENTREVISTA CON TIMOTHY MORTON
Entrevista sobre el pensamiento ecológico y la Ontología Orientada a Objetos (OOO).
ENTREVISTA CON TIMOTHY MORTON
ANDRÉS LOMEÑA: Me impresiona que empezara a escribir sobre literatura y alimentación hace ya casi veinte años. Además, usted ha sido uno de los pioneros de la ecocrítica. Debería empezar por pedirle una exposición sencilla de la crítica ecológica.
TIMOTHY MORTON: Empecé a escribir sobre alimentación porque era difícil encontrar una forma precisa de articular lo que quería decir sobre la ecología y la comida es una preocupación ecológica muy obvia. También quise explorar el consumismo, que es el paraguas bajo el que todos nos encontramos desde los últimos doscientos años, concretamente desde el principio de lo que ahora llamamos el antropoceno.
Dejé de escribir sobre alimentación porque estaba un poco saturado de historias sobre consumismo. Todas dicen aproximadamente: “Primero necesitábamos cosas, después empezamos a querer cosas”. Esta idea es muy antigua, no es solamente algo de los últimos siglos (aunque era popular en el siglo XVIII). Reverbera, sostengo ahora, desde el origen de la agricultura, hace unos doce mil años. No creo en la distinción entre “necesitar” y “querer”, así que no puedo decir que las cosas necesarias vengan primero. Y hay toda una ontología de fondo tan desastrosa como violenta en esa idea. Recientemente me di cuenta de que necesitaba hablar sobre el consumismo de nuevo y eso es lo que estoy haciendo en mi nuevo proyecto.
En cuanto a la literatura, es muy sencillo. Hay poemas sobre ecología, poemas sobre la naturaleza, novelas sobre el medio ambiente, dramas con animales y así sucesivamente. Puedes analizar esas obras y así te conviertes de algún modo en un crítico literario ecológico. O puedes hacer lo que yo hago y estar abierto a todo. Puedes estudiar cualquier cosa observando cómo dialoga con la ecología.
La escritura siempre ocurre en un ambiente físico, eso es algo que está bastante claro incluso desde la interpretación deconstructiva más oscura. De hecho, la deconstrucción trata de todo eso en realidad. Para tener lenguaje necesitas la escritura, para tener escritura necesitas todo tipo de contextos... no sólo ideas sobre el lenguaje, el significado y lo que se entiende como escritura, sino superficies inscribibles reales, hojas de papel, tablillas de cera y otros receptores para la escritura. El papel significa árboles y agua. Los árboles significan croloplastos. Los cloroplastos significan luz solar. La luz solar significa... rápidamente descubres una gran red creciente de interconexiones. Eso es lo que yo denomino “la malla”.
No es difícil de entender. Lo que es difícil es fingir que eso no es así. Para bien o para mal, hay muchas extinciones y calentamiento global en la actualidad como para desconectar nuestras mentes y seguir actuando como si aún no lo supiéramos.
Así que todos los textos (Hamlet, Bodas de sangre, Fausto) hablan sobre ecología, tanto si les gusta como si no. Es lo mismo que con el género. Puedes leer cualquier poema y descubrir lo que dice sobre el género, en lugar de reducirlo a poemas sobre mujeres o escritos por mujeres.
A.L.: Su visión de la ecocrítica es desbordante. Combina la ecología con el realismo especulativo y con la ontología orientada a objetos [OOO, en adelante]. Me siento abrumado.
T.M.: Eso también es sencillo. No cuesta entenderlo. Los humanos estamos hechos de todo tipo de cosas que no son humanas (ADN, otras pequeñas formas vivientes, etcétera). Nos encontramos con no humanos y los usamos todo el tiempo: los mangos de las puertas, los gatos, los huracanes, la luz solar... la conciencia ecológica y la política significan prestar atención y explicar esos no humanos. Es importante desarrollar formas de lectura tales como la ecocrítica, y formas de comprensión como la ontología orientada a objetos (OOO), que tienen en cuenta este simple hecho.
Lo que es extraño es la idea contraria: la creencia, increíblemente extendida en la academia y fuera de ella, de que no necesitamos tener en cuenta a los no humanos, que podemos explicarlo todo en función de los seres humanos, que en principio tienen una apariencia muy solemne: el sujeto, la voluntad, la historia, las relaciones económicas (humanas), la voluntad de poder, el Dasein, la episteme... Ésa es la idea que necesitaría llegar a la luz y explicarse ella misma. Es más, hay que explicar lo que ha estado haciéndole al planeta mientras nosotros no prestábamos suficiente atención. En resumen: los no humanos están siempre dentro del espacio social, lo que significa que el espacio social nunca fue verdadera ni exclusivamente humano.
A.L.: Hrushovski sostiene que la literatura no trata solamente sobre el lenguaje, sino que es una integración semántica de marcos y campos de referencia. Aún me pregunto por qué esta teoría no tuvo mejor acogida y creo que puede ser porque la OOO aún no había llegado.
T.M.: La OOO acaba de llegar a los estudios literarios. Hemos llegado muy tarde a la fiesta, principalmente porque hemos estado intoxicados con las ideas antropocéntricas que he esbozado más arriba, donde el significado, la cultura o la historia pueden emanciparse de sí mismas sin acudir a los árboles, la sal o las moléculas.
Espero que con “solamente sobre el lenguaje”, Hrushovski quiera decir las palabras humanas, la gramática y todo eso, ya que yo creo que el mundo es profundamente significativo, “lingüístico”, y creo que los no humanos también tienen lenguaje (¿Acaso no es obvio?). Este punto es un principio de la OOO. La realidad no está hecha de una masa informe y blanda esperando a que los humanos le den forma con sus palabras, pensamientos o acciones. La realidad está hecha de únicas y brillantes entidades que existen por sí mismas y esas entidades nunca son “insulsas”, pues su significado o apariencia están contenidas en ellas.
Puedes aprender mucho sobre esas cosas mirando en la literatura. Escribí un ensayo llamado Una defensa orientada a objetos de la poesía (puedes encontrarlo en Internet). Trata sobre el hecho de que para la OOO, las cosas no están presentes constantemente, sino que parpadean y relucen. Si piensas como Derrida, Heidegger o yo mismo que el mito de la “presencia constante” es muy destructivo, puede que quieras modificar o incluso dejar morir la idea de presencia como una masa atómica fija y sólida (ya sea de un nanosegundo o de mil millones de años, eso no importa). Los poemas son objetos literarios que ponen de manifiesto el modo en que pasado y futuro se solapan en un presente cambiante que no puede ser capturado.
Ésa es sólo una de las muchas maneras en las que la OOO resulta importante para los estudios literarios. Otro aspecto importante es cómo desafía la ortodoxia del arte. El arte de Duchamp nos dice: en realidad no hay arte o belleza, todo es un urinario esperando mi firma (humana) para convertirlo en arte. Hemos estado agrediendo la belleza y la estética durante décadas, pensando que estamos haciendo lo correcto, pero la forma en que lo hemos hecho ha sido profundamente antropocéntrica y violenta. De hecho, hemos estado repitiendo los conceptos de Kant que la OOO no considera nada adecuados, y eso que hemos estado diciéndonos que estábamos tan lejos de Kant como podíamos.
Una aproximación más valiosa sería sostener que el arte y la belleza son intrínsecos a ser una cosa: un cuásar, una tajada de melón o uno de los nuevos instrumentos del álbum Biophilia de Björk. Esto significa que no hay un único estándar de belleza bañado por lo humano, lo cual quiere decir que tenemos que parar de ensañarnos con lo “kitsch”. Necesitamos ser menos “sofisticados” y más sensibles por el bien de las demás formas de vida.
A.L.: Ha usado un haiku de Basho para explicar que el sonido de una rana requiere un oído y una mente que la escuchen, formándose un “mundo”, una red de significados. Usted ha afirmado que la dimensión estética es la dimensión causal. ¿Qué quiere decir eso? ¿Y qué resulta importante en la experiencia literaria, entonces?
T.M.: ¡Cuánto depende!, como dijo William Carlos Williams. Se forma una lista interminable cuando empiezas a pensar en lo que sucede en la literatura. Como las interconexiones pueden ser infinitas, puede haber literalmente infinitos aspectos de un texto literario a los que podríamos prestar atención. Fantástico, así conservaremos nuestro trabajo.
La estética de la causalidad suena algo muy raro, pero eso es sólo porque no estamos pensando en la ciencia moderna, que está basada en Hume. Causa y efecto no son como ruedas dentadas bajo las cosas. Causa y efecto están, más bien, “en frente de” las cosas: las inferimos de las correlaciones en los datos. Un científico tiene que decir: “Hay un noventa y cinco por ciento de probabilidades de que los humanos hayan causado el calentamiento global”. No puede decir que los humanos causaran el calentamiento global porque en un mundo post-Hume, ésa es solamente la misma retórica que el dogma religioso: ¡Cree esto!
¿Qué es la región que flota en frente de las cosas? Lo llamamos la dimensión estética. La intuición nació fuera de la teoría de la relatividad, para la cual el espacio-tiempo es una propiedad emergente de los objetos, no un contenedor neutral de esos objetos. Y la teoría cuántica, en la cual los objetos no se muestran al zarandearlos; estos tiemblan y centellean por ellos mismos, por eso podemos hacer cosas raras como conectarlos. Puedo “unir” dos partículas para que se comporten de forma complementaria, simultáneamente, no importa lo lejos que estén; es un rasgo fundamental de la realidad que destruye la idea de que causa y efecto es un mecanismo que subyace a los objetos.
Así que cuando hacemos arte, estamos interfiriendo directamente con la causa y el efecto. Y cuando estudiamos el arte, estamos estudiando las causas y los efectos. Lo que no hacemos es estudiar algunas agradables pero absurdas golosinas con sabor humano sobre la aburrida tarta cientificista de lo real.
A.L.: ¿Son las Humanidades Digitales una forma de mostrar los “hiperobjetos”? El calentamiento global, por ejemplo, no es un objeto aislado en una novela, pero puede inferirse a través de los datos extraídos de esa novela.
T.M.: ¡Sin duda! Pensar en las bases de datos literarios como hiperobjetos puede ser una forma realmente buena de pensar en las humanidades digitales y en la lectura distante, que hasta ahora han sido ideas en busca de razones para resultar atractivas.
No olvides que una vez que entiendas los hiperobjetos, éstos afectan a cómo comprendes todo lo demás: una taza de té, un verso, una imagen... así que no necesitas pasarte a la lectura distante. También me gusta mucho la lectura atenta y la lectura tranquila.
A.L.: Tom Sparrow dice que el realismo especulativo está reemplazando a la fenomenología. ¿Está de acuerdo con él? ¿Qué implica eso para la literatura?
T.M.: No estoy del todo de acuerdo con Sparrow. Creo que la fenomenología y la hermenéutica están al fin revelando su promesa inicial, que es ir más allá de lo humano. Por ejemplo, la fenomenología es un “idealismo orientado a objetos”: es una forma de mostrar cómo los pensamientos y las oraciones son entidades independientes de la mente que tienen una especie de ADN y algo así como vida propia.
La hermenéutica muestra cómo siempre hemos estado atrapados en redes de significados y en el ser-en-el-mundo. Más allá de eso, podemos discutir que como la dimensión estética no puede desgajarse de las cosas (no es una opción extra que encubre un sabor humano), hay una desconcertante cualidad de espiral, una red necesaria en la que cualquier cosa existe, con o sin alguna otra entidad (humana) observándola, midiéndola o pensándola.
Por tanto, estoy bastante en contra de la idea de que nosotros nos deshacemos de las pobres cosas viejas (la fenomenología) y las reemplazamos con estilosas cosas nuevas (el realismo especulativo). Suena muy sospechoso. Si aceptas que hemos estado haciendo eso los últimos doce mil años, creando más calentamiento global al intentar evitar el calentamiento global (por decirlo de la manera más breve y paradójica posible), te vuelves escéptico con toda esa “conmoción de lo nuevo”.
A.L.: Bertrand Russell criticó a Meinong por la inflación ontológica de sus objetos inexistentes. ¿Cuál es la posición de la OOO aquí?
T.M.: Bueno, no soy el policía de los objetos, así que no soy quién para decir qué objetos son reales y cuáles no. Sólo estoy interesado en lo que significa “ser real”. Ésa es la posición de la OOO. No queremos dictarte lo que existe, así que Meinong puede quedarse con sus objetos inexistentes, ¿por qué no? Además, Russell es muy alérgico a la idea de la contradicción, que puedes detectar en su postura frente a Meinong. Si la contradicción es algo intrínseco al ser de una cosa, una vez más, es Russell quien tiene que dar alguna explicación, no Meinong.
No me asusta que pueda haber posibilidades infinitas. Y la OOO las produce. Según nuestra perspectiva, vivimos en un universo que podría contener una regresión infinita y una progresión ilimitada de “objetos envueltos en objetos envueltos en objetos envueltos en objetos”. ¡Voilà!
Es el otro mundo, de posibilidades cerradas y con un único objeto para gobernarlos a todos (átomo, Dios, humano, lo que sea), el que realmente me asusta.
A.L.: ¿Es la metalepsis útil para su análisis? Salirse de un marco de realidad para entrar en otro parece muy sugerente.
T.M.: Sí, me encanta la idea. Le he dicho a mis estudiantes de doctorado que trabajen con ella durante años. Como creo que la causalidad es estética, creo que los términos retóricos como la metalepsis en realidad describen la formación de los cristales o cómo se esfuman los agujeros negros. La metalepsis recontextualiza y describe de forma bella y radical la “exaptación” evolutiva, donde una vejiga natatoria puede llegar a ser un pulmón sin intentar ser un pulmón ni tenerlo como objetivo o propósito.
A.L.: ¿Qué será lo próximo?
T.M.: Ecología oscura: serán mis nuevos pensamientos sobre ecología y es el núcleo de un argumento que he mantenido durante años sobre la conciencia ecológica. También estoy escribiendo algo sobre Björk.
A.L.: Gracias por esta lección rápida de ecocrítica y OOO.
T.M.: Es un momento fantástico para ser académico en el ámbito de las humanidades. No desesperes y no caigas en el nihilismo, que en la actualidad se ha convertido en el número uno de las disputas culturales. El momento siguiente ha llegado, sólo que aún no te has dado cuenta.
16 de noviembre de 2014
Andrés Lomeña
ENTREVISTA CON TIMOTHY MORTON
ANDRÉS LOMEÑA: Me impresiona que empezara a escribir sobre literatura y alimentación hace ya casi veinte años. Además, usted ha sido uno de los pioneros de la ecocrítica. Debería empezar por pedirle una exposición sencilla de la crítica ecológica.
TIMOTHY MORTON: Empecé a escribir sobre alimentación porque era difícil encontrar una forma precisa de articular lo que quería decir sobre la ecología y la comida es una preocupación ecológica muy obvia. También quise explorar el consumismo, que es el paraguas bajo el que todos nos encontramos desde los últimos doscientos años, concretamente desde el principio de lo que ahora llamamos el antropoceno.
Dejé de escribir sobre alimentación porque estaba un poco saturado de historias sobre consumismo. Todas dicen aproximadamente: “Primero necesitábamos cosas, después empezamos a querer cosas”. Esta idea es muy antigua, no es solamente algo de los últimos siglos (aunque era popular en el siglo XVIII). Reverbera, sostengo ahora, desde el origen de la agricultura, hace unos doce mil años. No creo en la distinción entre “necesitar” y “querer”, así que no puedo decir que las cosas necesarias vengan primero. Y hay toda una ontología de fondo tan desastrosa como violenta en esa idea. Recientemente me di cuenta de que necesitaba hablar sobre el consumismo de nuevo y eso es lo que estoy haciendo en mi nuevo proyecto.
En cuanto a la literatura, es muy sencillo. Hay poemas sobre ecología, poemas sobre la naturaleza, novelas sobre el medio ambiente, dramas con animales y así sucesivamente. Puedes analizar esas obras y así te conviertes de algún modo en un crítico literario ecológico. O puedes hacer lo que yo hago y estar abierto a todo. Puedes estudiar cualquier cosa observando cómo dialoga con la ecología.
La escritura siempre ocurre en un ambiente físico, eso es algo que está bastante claro incluso desde la interpretación deconstructiva más oscura. De hecho, la deconstrucción trata de todo eso en realidad. Para tener lenguaje necesitas la escritura, para tener escritura necesitas todo tipo de contextos... no sólo ideas sobre el lenguaje, el significado y lo que se entiende como escritura, sino superficies inscribibles reales, hojas de papel, tablillas de cera y otros receptores para la escritura. El papel significa árboles y agua. Los árboles significan croloplastos. Los cloroplastos significan luz solar. La luz solar significa... rápidamente descubres una gran red creciente de interconexiones. Eso es lo que yo denomino “la malla”.
No es difícil de entender. Lo que es difícil es fingir que eso no es así. Para bien o para mal, hay muchas extinciones y calentamiento global en la actualidad como para desconectar nuestras mentes y seguir actuando como si aún no lo supiéramos.
Así que todos los textos (Hamlet, Bodas de sangre, Fausto) hablan sobre ecología, tanto si les gusta como si no. Es lo mismo que con el género. Puedes leer cualquier poema y descubrir lo que dice sobre el género, en lugar de reducirlo a poemas sobre mujeres o escritos por mujeres.
A.L.: Su visión de la ecocrítica es desbordante. Combina la ecología con el realismo especulativo y con la ontología orientada a objetos [OOO, en adelante]. Me siento abrumado.
T.M.: Eso también es sencillo. No cuesta entenderlo. Los humanos estamos hechos de todo tipo de cosas que no son humanas (ADN, otras pequeñas formas vivientes, etcétera). Nos encontramos con no humanos y los usamos todo el tiempo: los mangos de las puertas, los gatos, los huracanes, la luz solar... la conciencia ecológica y la política significan prestar atención y explicar esos no humanos. Es importante desarrollar formas de lectura tales como la ecocrítica, y formas de comprensión como la ontología orientada a objetos (OOO), que tienen en cuenta este simple hecho.
Lo que es extraño es la idea contraria: la creencia, increíblemente extendida en la academia y fuera de ella, de que no necesitamos tener en cuenta a los no humanos, que podemos explicarlo todo en función de los seres humanos, que en principio tienen una apariencia muy solemne: el sujeto, la voluntad, la historia, las relaciones económicas (humanas), la voluntad de poder, el Dasein, la episteme... Ésa es la idea que necesitaría llegar a la luz y explicarse ella misma. Es más, hay que explicar lo que ha estado haciéndole al planeta mientras nosotros no prestábamos suficiente atención. En resumen: los no humanos están siempre dentro del espacio social, lo que significa que el espacio social nunca fue verdadera ni exclusivamente humano.
A.L.: Hrushovski sostiene que la literatura no trata solamente sobre el lenguaje, sino que es una integración semántica de marcos y campos de referencia. Aún me pregunto por qué esta teoría no tuvo mejor acogida y creo que puede ser porque la OOO aún no había llegado.
T.M.: La OOO acaba de llegar a los estudios literarios. Hemos llegado muy tarde a la fiesta, principalmente porque hemos estado intoxicados con las ideas antropocéntricas que he esbozado más arriba, donde el significado, la cultura o la historia pueden emanciparse de sí mismas sin acudir a los árboles, la sal o las moléculas.
Espero que con “solamente sobre el lenguaje”, Hrushovski quiera decir las palabras humanas, la gramática y todo eso, ya que yo creo que el mundo es profundamente significativo, “lingüístico”, y creo que los no humanos también tienen lenguaje (¿Acaso no es obvio?). Este punto es un principio de la OOO. La realidad no está hecha de una masa informe y blanda esperando a que los humanos le den forma con sus palabras, pensamientos o acciones. La realidad está hecha de únicas y brillantes entidades que existen por sí mismas y esas entidades nunca son “insulsas”, pues su significado o apariencia están contenidas en ellas.
Puedes aprender mucho sobre esas cosas mirando en la literatura. Escribí un ensayo llamado Una defensa orientada a objetos de la poesía (puedes encontrarlo en Internet). Trata sobre el hecho de que para la OOO, las cosas no están presentes constantemente, sino que parpadean y relucen. Si piensas como Derrida, Heidegger o yo mismo que el mito de la “presencia constante” es muy destructivo, puede que quieras modificar o incluso dejar morir la idea de presencia como una masa atómica fija y sólida (ya sea de un nanosegundo o de mil millones de años, eso no importa). Los poemas son objetos literarios que ponen de manifiesto el modo en que pasado y futuro se solapan en un presente cambiante que no puede ser capturado.
Ésa es sólo una de las muchas maneras en las que la OOO resulta importante para los estudios literarios. Otro aspecto importante es cómo desafía la ortodoxia del arte. El arte de Duchamp nos dice: en realidad no hay arte o belleza, todo es un urinario esperando mi firma (humana) para convertirlo en arte. Hemos estado agrediendo la belleza y la estética durante décadas, pensando que estamos haciendo lo correcto, pero la forma en que lo hemos hecho ha sido profundamente antropocéntrica y violenta. De hecho, hemos estado repitiendo los conceptos de Kant que la OOO no considera nada adecuados, y eso que hemos estado diciéndonos que estábamos tan lejos de Kant como podíamos.
Una aproximación más valiosa sería sostener que el arte y la belleza son intrínsecos a ser una cosa: un cuásar, una tajada de melón o uno de los nuevos instrumentos del álbum Biophilia de Björk. Esto significa que no hay un único estándar de belleza bañado por lo humano, lo cual quiere decir que tenemos que parar de ensañarnos con lo “kitsch”. Necesitamos ser menos “sofisticados” y más sensibles por el bien de las demás formas de vida.
A.L.: Ha usado un haiku de Basho para explicar que el sonido de una rana requiere un oído y una mente que la escuchen, formándose un “mundo”, una red de significados. Usted ha afirmado que la dimensión estética es la dimensión causal. ¿Qué quiere decir eso? ¿Y qué resulta importante en la experiencia literaria, entonces?
T.M.: ¡Cuánto depende!, como dijo William Carlos Williams. Se forma una lista interminable cuando empiezas a pensar en lo que sucede en la literatura. Como las interconexiones pueden ser infinitas, puede haber literalmente infinitos aspectos de un texto literario a los que podríamos prestar atención. Fantástico, así conservaremos nuestro trabajo.
La estética de la causalidad suena algo muy raro, pero eso es sólo porque no estamos pensando en la ciencia moderna, que está basada en Hume. Causa y efecto no son como ruedas dentadas bajo las cosas. Causa y efecto están, más bien, “en frente de” las cosas: las inferimos de las correlaciones en los datos. Un científico tiene que decir: “Hay un noventa y cinco por ciento de probabilidades de que los humanos hayan causado el calentamiento global”. No puede decir que los humanos causaran el calentamiento global porque en un mundo post-Hume, ésa es solamente la misma retórica que el dogma religioso: ¡Cree esto!
¿Qué es la región que flota en frente de las cosas? Lo llamamos la dimensión estética. La intuición nació fuera de la teoría de la relatividad, para la cual el espacio-tiempo es una propiedad emergente de los objetos, no un contenedor neutral de esos objetos. Y la teoría cuántica, en la cual los objetos no se muestran al zarandearlos; estos tiemblan y centellean por ellos mismos, por eso podemos hacer cosas raras como conectarlos. Puedo “unir” dos partículas para que se comporten de forma complementaria, simultáneamente, no importa lo lejos que estén; es un rasgo fundamental de la realidad que destruye la idea de que causa y efecto es un mecanismo que subyace a los objetos.
Así que cuando hacemos arte, estamos interfiriendo directamente con la causa y el efecto. Y cuando estudiamos el arte, estamos estudiando las causas y los efectos. Lo que no hacemos es estudiar algunas agradables pero absurdas golosinas con sabor humano sobre la aburrida tarta cientificista de lo real.
A.L.: ¿Son las Humanidades Digitales una forma de mostrar los “hiperobjetos”? El calentamiento global, por ejemplo, no es un objeto aislado en una novela, pero puede inferirse a través de los datos extraídos de esa novela.
T.M.: ¡Sin duda! Pensar en las bases de datos literarios como hiperobjetos puede ser una forma realmente buena de pensar en las humanidades digitales y en la lectura distante, que hasta ahora han sido ideas en busca de razones para resultar atractivas.
No olvides que una vez que entiendas los hiperobjetos, éstos afectan a cómo comprendes todo lo demás: una taza de té, un verso, una imagen... así que no necesitas pasarte a la lectura distante. También me gusta mucho la lectura atenta y la lectura tranquila.
A.L.: Tom Sparrow dice que el realismo especulativo está reemplazando a la fenomenología. ¿Está de acuerdo con él? ¿Qué implica eso para la literatura?
T.M.: No estoy del todo de acuerdo con Sparrow. Creo que la fenomenología y la hermenéutica están al fin revelando su promesa inicial, que es ir más allá de lo humano. Por ejemplo, la fenomenología es un “idealismo orientado a objetos”: es una forma de mostrar cómo los pensamientos y las oraciones son entidades independientes de la mente que tienen una especie de ADN y algo así como vida propia.
La hermenéutica muestra cómo siempre hemos estado atrapados en redes de significados y en el ser-en-el-mundo. Más allá de eso, podemos discutir que como la dimensión estética no puede desgajarse de las cosas (no es una opción extra que encubre un sabor humano), hay una desconcertante cualidad de espiral, una red necesaria en la que cualquier cosa existe, con o sin alguna otra entidad (humana) observándola, midiéndola o pensándola.
Por tanto, estoy bastante en contra de la idea de que nosotros nos deshacemos de las pobres cosas viejas (la fenomenología) y las reemplazamos con estilosas cosas nuevas (el realismo especulativo). Suena muy sospechoso. Si aceptas que hemos estado haciendo eso los últimos doce mil años, creando más calentamiento global al intentar evitar el calentamiento global (por decirlo de la manera más breve y paradójica posible), te vuelves escéptico con toda esa “conmoción de lo nuevo”.
A.L.: Bertrand Russell criticó a Meinong por la inflación ontológica de sus objetos inexistentes. ¿Cuál es la posición de la OOO aquí?
T.M.: Bueno, no soy el policía de los objetos, así que no soy quién para decir qué objetos son reales y cuáles no. Sólo estoy interesado en lo que significa “ser real”. Ésa es la posición de la OOO. No queremos dictarte lo que existe, así que Meinong puede quedarse con sus objetos inexistentes, ¿por qué no? Además, Russell es muy alérgico a la idea de la contradicción, que puedes detectar en su postura frente a Meinong. Si la contradicción es algo intrínseco al ser de una cosa, una vez más, es Russell quien tiene que dar alguna explicación, no Meinong.
No me asusta que pueda haber posibilidades infinitas. Y la OOO las produce. Según nuestra perspectiva, vivimos en un universo que podría contener una regresión infinita y una progresión ilimitada de “objetos envueltos en objetos envueltos en objetos envueltos en objetos”. ¡Voilà!
Es el otro mundo, de posibilidades cerradas y con un único objeto para gobernarlos a todos (átomo, Dios, humano, lo que sea), el que realmente me asusta.
A.L.: ¿Es la metalepsis útil para su análisis? Salirse de un marco de realidad para entrar en otro parece muy sugerente.
T.M.: Sí, me encanta la idea. Le he dicho a mis estudiantes de doctorado que trabajen con ella durante años. Como creo que la causalidad es estética, creo que los términos retóricos como la metalepsis en realidad describen la formación de los cristales o cómo se esfuman los agujeros negros. La metalepsis recontextualiza y describe de forma bella y radical la “exaptación” evolutiva, donde una vejiga natatoria puede llegar a ser un pulmón sin intentar ser un pulmón ni tenerlo como objetivo o propósito.
A.L.: ¿Qué será lo próximo?
T.M.: Ecología oscura: serán mis nuevos pensamientos sobre ecología y es el núcleo de un argumento que he mantenido durante años sobre la conciencia ecológica. También estoy escribiendo algo sobre Björk.
A.L.: Gracias por esta lección rápida de ecocrítica y OOO.
T.M.: Es un momento fantástico para ser académico en el ámbito de las humanidades. No desesperes y no caigas en el nihilismo, que en la actualidad se ha convertido en el número uno de las disputas culturales. El momento siguiente ha llegado, sólo que aún no te has dado cuenta.
16 de noviembre de 2014
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